En el autobús

Mi experiencia más excitante fue cuando fui a Río en mayo pasado. Iba en autobus y, apenas había llegado a la estación para comprar el boleto vi a un chico muy interesante y excitante: alto, moreno, cara bonita, ojos verdes, piernas deliciosas y sonrisa amigable. También él me observaba atentamente. Pero qué podía hacer. Estaba por viajar a Río esa tarde y no creía posible volverlo a ver.

La sorpresa fue grande cuando, al volver, vi que estaba nuevamente y que se diriía al mismo autobus que yo. La excitación se agrandó. Cuando estaba ya sentado trataba de ver donde se sentaría. No pudo creer cuando se me acercó y me pregutó si no podíamos sentarnos juntos. Obviamente le dije que no había ningún problema y que no esperaba a nadie. Comenzamos una conversación más o menos agradable sin dar detalles sobre nuestras preferencias sexuales.

Ya estabamos viajando cuando me adormecí y como a las 2 de la mañana sentí una mano que recorría mi cuerpo. Al comienzo pensé que era un sueño; pero la insistencia no me dejaba otra hipótesis de que mi cuerpo estaba siendo tocado por el bello ejemplar que tenía al costado.

Me acariciaba lenta y cariñosamente como si fuera la primera vez que lo hacía. Sus ojos verdes se veían más intensos en la oscuridad de la noche solo interrumpida por las luces de los autos que de vez en cuando nos cruzábamos.

No permanecí inmóvil. Mi mano comenzó a explorar su cuerpo que había observado tanto y me había excitado tanto también. Su pene estaba duro como una roca. No pude resistir y comenzé a chupar la enormidad de su gruesa herramienta. Mientras él trataba con desesperación de meter su mano por mi jean para acariciar mi trasero.Yo deliraba como un famélico en un banquete. No sabía que más hacer. Menos mal estabamos sentados en la última fila del autobus y ello permitía mayor libertad de movimientos, lo que procurábamos hacer en el mas absoluto silencio. Afortunadamente el autobus no iba muy lleno y no había nadie cerca a nosotros.

Me puse de rodillas para poder trabajar mejor el fabuloso miembro con el que me estaba gozando. El no podía contener su satisfacción. Decidimos no esperar más y venirnos juntos. Comenzamos una masturbación mutua y él vino muy rápido. Su leche era abundante y caliente. El comenzó a trabajarme y me decía que quería darme tanto gozo como el que yo le había proporcionado. Hasta que me vine.

Luego de descansar un rato me murmuró al oído que quería llenar mi culo con su inmenso pene. Al comienzo sentí miedo pero luego de sentir su excitación decidí dejarlo hacer lo que quería. Saqué un condón de mi billetera y vestí su herramienta que ya estaba goteando presemen. Traté de lubrificar mi culo con mi saliva y el ritual de la penetración comenzó. Debo confesar que gozo siendo penetrado pero nunca lo había hecho sin lubrificante. Su pene simplemente no pudo entrar en mi culo no obstante todos los intentos.

Al final decidimos masturbarnos mutuamente. El me besaba con una lengua tan salvaje como la de un león mientras los dos jugábamos con nuestros penes. Nos venimos otra vez los dos.

Luego de ello descansamos un rato y ya el omnibus llegó a Río. Nos despedimos amablemente pero nunca nos dijimos cómo nos llamábamos ni dónde vivíamos.