A veces nosotros, los jóvenes, podemos sentirnos agobiados, cansados e incluso deprimidos por situaciones que nos puedan pasar en la vida. En mi caso así ha sido durante este año. Todo el mundo con el año 2000, que si fin de milenio… nada me llenaba. Mis padres siempre estaban demasiado ocupados y mis amigos de siempre ya no eran lo que eran.
Entonces acabé el curso y con él, todo un largo verano por delante. No tenía muchas ganas de ir a ningún sitio. El curso tampoco me había gustado mucho. Sin embargo, un día recibí una llamada de unos familiares que viven en la costa sur de España. Me invitaban a pasar unos días con ellos. No tenía muchas ganas pero al final acepté.
Era el día 3 ó 4 de julio cuando llegué en autobús. Me estaban esperando mis tíos y mis primos. Yo ya había estado con ellos otras veces: Navidad, Semana Santa… pero por alguna razón sentí que había sido buena idea pasar unos días con ellos. Lo que sucedió después confirmó lo que había presentido.
Tengo que decir que, durante mi estancia allí, me lo pasé genial hasta el punto de tener nuevas metas en mi vida.
Los primeros días fueron normales. Mis primos estaban conmigo, jugabamos, íbamos a la playa. Mis tíos tenían la costumbre de reunirse a menudo con amigos y conocidos muy amenudo. A veces en casa o incluso en cualquier otro local o restarurante. Esa frecuencia hizo que conociera a mi amigo Israel. A Israel ya lo conocía de otros viajes que había hecho pero no había tanta amistad como para hablar más de lo necesariamente indispensable. Así que nos saludábamos, decíamos algo y cada uno iba por su parte. Pero nada me hacía sospechar que en este viaje la cosa iba a cambiar.
No recuerdo bien cual fue el primer encuentro con él en este último viaje. Sólo recuerdo que se me acercó muy alegre, con esa sonrisa juvenil que nos caracteriza. Él tiene 15 años, es rubio de pelo rizadillo, medirá unos 1’75 y pesará unos 70 y pocos. No se le marcan los pectorales pero tiene un cuerpo bien formado. Sus ojos castaños claros también reflejan toda la inocencia de un chico de 15 añitos.
Un día fuimos a la playa. Bueno a la playa íbamos muchos días. De entre todos esos, dos fueron maravillosos. El primero fuimos con nuestros familiares. En la playa no hacíamos muchas cosas: charlabamos, tomabamos el sol. En eso que vimos un puesto donde alquilaban motos de agua. Nos costó un ojo de la cara pero al final pudimos disfrutar de ella por dos horas. La cuestión estaba en que Israel no tenía la edad suficiente para conducirla y yo sí. Él se enfadó un poco con sus padres por este asunto hasta el grado de no quererse montar en la moto. Así que, después de un poco de esfuerzo por mi parte, le convencí y se montó conmigo. Comencé a poner la moto en marchá y él como si nada. Asi que le di un acelerón que casi lo tiro. Como no quería más sobresaltos, él se me agarró bien fuerte de la cintura. A veces casi sentía su pecho tocando mi espalda de lo fuerte que se sujetaba. Yo la verdad es que me encontraba de maravilla: en alta mar, a gran velocidad en una moto acuática, con un chico guapisimo, el sol, la costa… de ensueño vamos. Otro día fuimos a la playa solos y nos encontramos con otros dos chicos conocidos que tambien estaban muy bien pero no pasó nada fuera de lo normal.
Los días iban pasando y nuestra amistad iba creciendo. Yo nunca pensé que Israel pudiera ‘entender’ y yo nunca le dí motivos para creer que yo si entendía. De todas formas, una noche sucedió algo que cambió mi forma de pensar. Sus padres cenaron en casa de mis tíos y, por lo general, solían charlar muy avanzada la noche. Yo estaba algo cansado asi que me fui a mi cuarto. Entonces entró Israel. Me dijo que ya estaba cansado él tambien y que se estaba aburriendo un poquillo. Yo también me estaba aburriendo. Seguimos charlando de tonterías hasta que de repente sugirió un juego muy divertido: mandar mensajes a un chico que conocíamos los dos. Los mensajes los mandamos desde mi móvil porque ese chico no lo tenía, así no podría saber quién los mandaba. Pero no eran mensajes del tipo: vigila quien llama, o para asustar. Nada de eso. Se trataba de mandar mensajes eróticos y… gays. A mi, desde luego, me encantó la idea y sólo en pensar en que podía resultar aquello me entusiasmaba. Al principio los mensajitos eran suavecitos: ‘Hola guapo. Donde estas? Te estamos esperando en el local XXX’. Nosotros no pensamos que respondería pero sí lo hizo. ‘Quienes sois?’ Por un momento, crei que íbamos a destapar las pasiones ocultas de un chico. Volvimos a escribirle: ‘No te hagas el tonto, ya sabes quien somos. Estamos locos por volverte a ver en acción y ver ese culito peludo que tienes’. Todos los mensajes eran idea original de Israel. Cuando me iba dictando todo aquello me daba la sensación como que entendía porque esas cosas… no sonaban mucho a un chico que le van las chicas. Él estaba más entusiasmado que yo mismo. Verle así me causaba un sentimiento de satisfacción difícil de explicar. Así continuamos mucho tiempo. El chico en cuestión iba respondiendo pero no se mojaba mucho, no seguía la corriente. Un día le dijimos que éramos nosotros y pareció tomárselo bien pero todavía hay bastante cochineo al respecto, sobre todo porque Israel y yo estábamos todo el día juntos. Aquella anécdota fue genial. No se puede decir que fuera algo propiamente pornográfico pero la simple idea de poder haber destapado a un chico sus ‘preferiencias’ sexuales y de haber pasado un tiempo con el chico que más quería hacía de la situación muy muy muy erótica.
El broche de oro fue el día que me invitó a dormir en su casa. Israel tiene bastantes amigos pero no de tanta confianza para que los padres los admitan a dormir en su propia casa. Quizá la amistad que tenían con sus familiares y mi conducta influyeran de alguna manera. A pesar de la diferencia de edad ( 5 años ) sus padres no tuvieron reparo en ello. Ademas, como yo no aparento 20 años sino muchos menos, quizá haya contribuido a que fuera bien aceptado entre ellos. Cenamos y estuvimos charlando o jugando. Como Israel tiene varios hermanos, había mucho jaleo, y me lo pasé muy bien. De hecho el sólo estar con Israel merecía la pena. A la hora de dormir yo me fui a la habitación de Israel, los dos solos. En su habitación había una litera. Yo no tenía ni idea de quien dormiría alli, asi que le dije a Israel que yo quería dormir en la parte de arriba. Mis 3 hermanas (mas mayores que yo) y yo habiamos dormido en camas normales y me apetecia subirme en la parte de arriba. Entonces él me dijo: No, no, tu duermes en la parte de abajo y yo también. Me quedé mudo. Entonces comprendí que habia una cama nido debajo de la litera. Yo dormi en la litera y él en la cama nido, justo a mi lado. Seguimos hablando de cosas hasta que nos quedamos dormidos.
Yo me habia puesto un pijama y él dormia en calzoncillos. Eran las 3 de la madrugada cuando me desperté. Raramente me levanto en la madrugada. Me levanté totalmente mojado en semen y no era para menos. Estaba durmiendo con un pedazo de chico! Y que chico: tenia las piernas recogidas, su cabeza apoyada en la almohada mirando hacia mí y sus manos una a cada lado de su cuerpo. Qué visión! Tuve miedo al principio por lo que aquello podría suponer pero no tuve elección. Era una ocasión única y no era cuestión de perderla. Asi que, cobré valor, me acerqué a él, y le besé en los labios. Estuve un ratillo, saboreando sus labios jóvenes y dulces. Su aliento me entró por la boca, sintiendo como parte de su ser entraba en mí. Menuda experiencia! Hasta temblaba un poco de la emoción. Cuando noté que se revolvía, me aparté, creyendo que se iba a despertar, cosa que afortunadamente no ocurrió. Pero no contento con eso, empecé a acariciarle. Cojí su mano con la mia y mis pies se enredaban en los suyos. Si hubiera venido alguien me hubiera hecho el dormido. A veces sucede que uno se acerca mucho a otro mientras duerme aunque no se quiera. Tampoco vino nadie. Asi estuve toda la noche, incluse me atreví a acaricarle el paquete y metí mi mano en su culo, rozando la rajilla del mismo. Fue genial!!! Tanta fue mi excitanción que, sin ser del todo una experiencia sexual, me volví a correr. Menudo cuerpo, menuda juventud… por fin volvía a sentir alegria despues de tanto tiempo. Estuve toda la noche mirándole, mirando cómo respiraba, acariciándole el pelo rizadillo rubio, tomándole de la mano, rozando sus pies… Apenas pude dormir.
Al dia siguiente, todo continuó como siempre, aunque no todo seguía siendo lo mismo. Algo había cambiado y era que me había enamorado. Nunca le dije nada de lo que sucedió ni tampoco le revelé qué fue lo que sentí y todavia siento por él. Temo que la buena amistad que hemos iniciado y conservado sea interrumpida por absurdos tabues sociales que se nos han impuesto desde pequeños. Aunque algunas actitudes suyas me parecieron propias de un homosexual, en el fondo, creo que es lo contrario o incluso me atrevería a decir que mitad de cada. Uno no puede saber con certeza absoluta lo que hay en el corazón de la otra persona hasta que no le explica lo que uno siente. Por mi parte prefiero seguir asi, quién sabe qué puede pasar el dia de mañana.
Quizá haya muchas cosas que contar acerca de mi amigo Israel. Podría contaros de adonde íbamos a tomar refrescos, de cómo nos metíamos en chats de gays en cyber-cafes, de cómo íbamos juntos a ver campeonatos de futbito que hacian en la playa, de cómo nos íbamos juntos en moto a dar vueltas y a correr como locos mientras el típico dominguero nos insultaba por la ventanilla (mientras yo me agarraba a él para no caerme y deseaba que ese instante fuera eterno, no acabara nunca o como decia el filosofo Nietszche que se repitiera en el ‘eterno retorno’ de las cosas). Muchos recuerdos maravillosos que espero no olvidar nunca y los que todavia esperan. Ojalá pudiera contaros más cosas pero uno no puede saber quién leerá esto. Si alguna vez, Israel, lees este relato que aunque improbable no es imposible, te pido que no me guardes rencor por lo que siento por ti, que al menos podamos ser los buenos amigos que hasta ahora hemos sido. Sé que es difícil entender mis sentimientos pero no puedo negarlos. Ojalá sintieses lo mismo por mí. De todas formas, yo sigo esperando pacientemente. Si algun dia lees esto y es un sentimiento correspondido no dudes en decírmelo por favor. Si no es así, no me nieges tu preciosa amistad.
Esperando que ese dia llegue me despido de ti, querido Israel, con un beso en los labios, aquél beso furtivo que te di mientras dormías inocentemente.
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