Hola, espero que al momento de escribir esto pueda transmitirte el mismo sentimiento de excitación que me da al recordarlo; me llamo Alejandro, vivo en la ciudad de México y tengo 21 años. Mido 1.78, delgado, cabello negro y lacio, piel blanca, ojos miel, nariz recta, buena nalga y un pene de 19 cm. que me ha dado muchos momentos de felicidad. Todo empezó cuando tenía 15 años, cuando terminé la secundaria mis padres decidieron que debía entrar a un colegio para varones ya que sería una buena forma de complementar mi educación. Los primeros días fueron un poco difíciles por las bromas pesadas que tienes que soportar para que te acepten en los grupos, pero como yo estuve en el equipo de americano en mi escuela anterior ya estaba acostumbrado a las pruebas de aceptación; además duró muy poco, sólo hasta que los grandes se aburrieron de jugar con nosotros. En los días siguientes conocí a personas muy agradables con quienes formé un buen grupo de amigos, ellos eran Carlos (un chico como de 1.75 delgado y rubio, con un buen trasero y cara de ángel), Eduardo (un poco bajo, blanco, de cabello castaño muy serio y estudioso) y Jesús (gordito, moreno, cachetón y con un buen sentido del humor); con ellos hacía tareas, estudiábamos y salíamos los fines de semana a ligar con chicas en centros comerciales o fiestas. Jesús era mi mejor mejor amigo, con él hablaba por teléfono en las tardes y a veces salíamos a jugar fútbol cuando no había algo mejor que hacer, siempre hubo especial confianza entre nosotros, era un verdadero amigo para mí. Con Eduardo no había tanta comunicación, siempre estaba callado y a todo lo que decíamos contestaba que sí y la verdad eso me molestaba un poco a veces. Mi relación con Carlos era muy buena, aunque no como la que tenía con Chucho, todos los días a la salida del colegio caminábamos juntos hacia nuestras casas y aunque era un camino largo (45 min.) íbamos sin problema y sin prisa platicando de cientos de cosas; habitualmente yo pasaba a su casa a descansar y tomar agua, a veces sentía feo y lo acompañaba a comer, ya que siempre estaba solo. Un día, antes de emprender nuestro largo recorrido, Carlos me dijo que tenía que ir al baño, yo pensando en lo largo del camino lo acompañé. Cuando llegamos al baño parecía que no se aguantaba, sacó su pene de forma sorpresiva y empezó a orinar, yo lo miré de reojo mientras hacía lo mismo, me sentí muy extraño y mi boca produjo un poco de saliva, como cuando algo se te antoja, eso me pareció extraño y repulsivo, ya que hasta el momento yo había llevado una vida heterosexual común, no le di importancia e iniciamos nuestro camino a casa. Esa noche mientras dormía, soñé que Carlos y yo estábamos sentados en una banca y que nos besábamos, de pronto soñé que no traíamos pantalones y que juntábamos nuestros penes mientras seguíamos besándonos, obviamente ese sueño terminó con una eyaculación que me despertó, ya no dormí más esa noche, me la pasé dando vueltas y pensando qué me sucedía, nunca me había pasado algo así. Los días pasaron y yo lo olvidé, venían nuestros primeros parciales y no había tiempo para pensar en algo más que en ellos. Yo estaba un poco mal en matemáticas, así que pensé decirles a todos que estudiáramos juntos, y así fue, quedamos de vernos en casa de Eduardo el sábado para estudiar ahí los cuatro; el sábado a las 12:00 como habíamos quedado llegué a casa de Lalo muy puntual y me encontré con la sorpresa de que Carlos y Jesús no irían, me dio un poco de hueva quedarme, pero no tenía salida. Entramos a su habitación, había una mesita con tres sillas, una cama individual, un closet, T.V. en fin era muy ameno, pero el objetivo era estudiar. Pasó un par de horas explicándome, y conforme pasaba el tiempo me di cuenta que no era tan aburrido como yo pensaba, es más, hasta la estaba pasando bien; por ahí de las 4:00 su mamá nos llevó una pizza para que comiéramos sin perder el tiempo. Comimos, conversamos un rato y nos pusimos a jugar Nintendo para despejarnos un rato, todo iba de pelos pero de pronto lo hice perder en el juego por estar con mis bromas, él se enojó mucho, así que se me aventó encima para «castigarme por mi traición». Cuando me di cuenta estábamos muy pegados y Eduardo había empezado a hacer un vaivén con sus caderas casi imperceptible, de pronto juntó su mejilla a la mía y se recargó, pero yo en ese momento me separé de él y sugerí que continuáramos, me sentía realmente incómodo, así que no pasó mucho antes de que le dijera que tenía que irme. Cuando llegué a mi casa estaba muy confundido, en la noche cuando me acosté, empecé a imaginarme qué habría pasado si hubiera seguido el juego de Eduardo, después de todo era bien parecido y con buen cuerpo, empecé a recordar mi sueño con Carlos y pensaba en qué se sentiría al estar con un chico haciendo el amor, me dieron ganas de masturbarme y lo hice pensando en ellos dos; fue increíble, cuando terminé eyaculé muchísimo, pero luego de eso vino la reflexión, ¿qué estaba pasando conmigo? En ese momento ser gay era una idea que no me agradaba en absoluto, además empecé a pensar en mi familia y todas esas cosas que seguramente ya sabes. Así que esa noche decidí firmemente no volver a ver a nadie de mi sexo más que como amigo. Pasó el tiempo y me fue super bien en las pruebas, además ya no había pensado en mis preferencias desde que lo prometí (dos semanas antes) y había una chica de una escuela cercana que me estaba moviendo el tapete, no podía ser mejor. Camino a casa Carlos me propuso meternos a un nuevo club deportivo que habían abierto cerca de su casa, era genial, preguntamos y a la tarde siguiente estuvimos ahí listos para ser todos unos atletas, la verdad el club era un poco chafa, no había más que natación, aeróbicos, jazz, y karate; yo elegí natación y el karate, pero a los pocos días se cambió a natación conmigo porque su profesor no le enseñaba nada. En las clases estábamos en el mismo carril y aprovechábamos para platicar cuando estábamos descansando, habitualmente rozaban nuestros cuerpos, ya fuera una pierna o un brazo y alguna vez la espalda, un día cuando terminamos fuimos a ver a las chicas que hacían ejercicio y había dos o tres con muy buen cuerpo, de pronto Carlos se fue; mientras estábamos en las duchas pude ver en mi amigo una linda erección a través de la toalla y cuando entró a la regadera y retiró su tapa vi algo que me encantó, aún más que cuando la vi la primera vez, él se enjabonaba mientras yo veía a pocos metros un hermoso pene muy parecido al mío en lo largo, blanquito, sin circuncisión, con un lindo vello rubio alrededor y los testículos recogidos por el frío, era hermoso ver cómo el agua lo recorría. – ¿Qué me ves? – gritó de pronto Carlos un poco extrañado. – No mames Carlos, si yo fuera gay tendría mejores gustos – comenté mientras reía. – Pendejo – contestó él riendo también – ya me quisieras. Me quedé pensativo. Esa noche en mi cama estuve pensando en el bonito miembro de mi amigo mientras tocaba el mío que estaba semierecto, lo hice por mucho tiempo, y cuando vi, lo tenía lleno de lubricante seminal, se me antojó probarlo así que pasé mi dedo índice por la cabeza de mi falo y luego de recorrerlo un poco, metí mi dedito en mi boca; esto era muy excitante, de pronto como rayo, llegó a mi mente el recuerdo de Eduardo y me prendí, tomé una almohada, la puse entre mis piernas, y comencé a moverme, inventando un final diferente de lo que me había pasado en casa de Lalo; de pronto llegó mi papá y me vio, sonrió levemente y se fue, esperé un poco y cuando vi que las luces estaban apagadas continúe mi tarea, aunque esta vez hubo más remordimientos al final. La tarde siguiente cuando llegó de trabajar comenzó a preguntarme cosas de las relaciones y todo eso, a los pocos minutos sacó de la bolsa de su abrigo una caja de condones, la puso en la mesa y me explicó (por milésima vez) todo eso de los embarazos y las enfermedades; al final me dijo que yo podía hacer lo que quisiera con mi vida mientras tuviera cuidado y no dañara a nadie. Cuando le platiqué a Jesús por teléfono estaba muerto de risa y no dejaba de decirme que mi papá ya me quería ver cogiendo con una vieja, que le diéramos ese gusto «vámonos a la zona» (la Zona Rosa es un lugar en México donde puedes encontrar muchos prostíbulos, bares, antros y cabarets) repetía mientras reíamos como un par de idiotas. A la mañana siguiente tomé mi cajita, la puse en mi mochila y me fui a la escuela, todo transcurrió normal, Jesús se encargó de decirles a todos lo que mi papá me había dado y empezaron a mirarme con respeto, como si yo fuera ya todo un hombre. Carlos estaba un poco extraño, cuando llegamos a su casa en la tarde me invitó a comer, me dijo que llamara a casa y que dijera a mamá que iba a estar con él. Antes de comer estuvimos jugando baloncesto en el patio trasero de su casa, pero él no habló mucho, cuando nos metimos fuimos directo a su cuarto, de pronto mientras veía su colección de tarjetas de porristas sacó un par de revistas porno, me invitó a verlas y me dijo: – Deja eso, al fin ya eres un hombre. Me pareció extraño pero en ese momento no importaba mucho, empezamos a hojear cada quien la suya, yo veía de reojo su bulto a través de su pantalón, ya había despertado su amiga. Estábamos recargados en la cabecera de su cama rozando nuestros brazos como en natación, era muy excitante para mí ver como Carlos tocaba su verga cada vez con más frecuencia, hasta que hubo un momento en el que ya no quitó su mano del aparatito, lo sobaba por encima del pantalón a todo lo largo. Cuando miraba la revista vi en una foto a un tipo tratar de meter su gigante pene en la vagina de una puta, era increíblemente grande aquel palo, sin pensarlo le dije a mi amigo: – Este si que es grande, ¿verdad? – En qué cosas te fijas siempre Alex. – No, para nada, es sólo que me gustaría tenerlo así para hacer disfrutar a todas las viejas. – ¿Y cuánto mide el tuyo? – No sé, unos 20 cm. – Aaah cabrón, ¿apoco? – Yo creo, nunca lo he medido. – A ver vamos a medirlos. Se levantó y empezó a buscar una regla, mientras lo hacía estaba diciéndome que no podía ser que el mío fuera más grande que el suyo, que él había visto bien mis manos. Buscó unos minutos y al no encontrar me dijo: – Bueno, vamos a compararlos. Inmediatamente después de decirlo abrió su pantalón y sacó su pene que ya estaba perdiendo tamaño. Yo reía, un poco por los nervios, pero no me pareció mala idea. Carlos empezó a masturbarse para recuperar tamaño, yo solo lo miraba, cuando lo tuvo totalmente erecto me dijo que ya era el momento, yo me acerqué un poco pero no se podía ver bien cuál era el más grande, así que yo, recordando mi sueño le dije a Carlos que los juntáramos para ver bien, él aceptó. Cuando estuvieron juntos nuestros penes empecé a sentir lo tibio que estaba el suyo (que por cierto sí era más grande), cuando noté que Carlitos se iba a separar le dije: – Mira qué chistosos se ven juntos. Y los tomé con mi mano. Carlos se jaló por completo y trató de cerrar su pantalón pero en eso me miró y se puso a reír. – Ya ves como sólo piensas en eso. Yo me enojé y me abalancé sobre él, a la mitad de la lucha yo estaba tan excitado que no pensaba más que en tenerlo, todo siguió, de pronto comenzó el vaivén de caderas, yo seguía luchando hasta que de pronto sentí algo extraño, Carlos se vino sobre mi pantalón. Yo me saqué mucho de onda, me separé y vi el semen en mi pantalón, Carlos no sabía qué hacer, le dije: – No te preocupes, solo préstame un pantalón. Carlos fue al armario, sacó un pantalón y me lo dio, me quité el mío mientras él hacía lo mismo ya que también estaba manchado, de pronto me iluminé, miré su cara, él desviaba su mirada pero caminé lo suficiente hasta estar juntos, lo tomé de los brazos y esperé a que me mirara, cuando lo hizo le sonreí y le di un beso en los labios que correspondió, al principio un poco suave, pero conforme pasaron los minutos aumentaba la intensidad. Carlos empezó a acariciarme el cuerpo, yo tocaba sus nalgas mientras metía mi lengua a su boca y colocaba mi pierna derecha entre las de mi amigo para rozar su pene con mi muslo. Él quitó mi playera y empezó a besarme el cuello y el pecho, yo cerré mis ojos y disfrutaba de aquel momento (el primero de mi vida) mientras le tocaba el pene con dificultad. Al fin, solo con mi semi bikiny azul marino, me dejé caer a la cama; Carlos desabotonó su camisa y fue sobre mí, era hermoso sentir su pene mojado junto al mío, separados únicamente por dos finas telas, acariciarlo no solo con las manos sino con todo el cuerpo era sensacional. Su pecho estaba tibio y comenzaba a emanar sudor como el mío. De repente subí mis pies hasta su cintura y bajé su trusa blanca, aunque he de confesar que él me ayudó mucho, también me quitó mi última prenda. Juntamos nuestros cuerpos y nos quedamos quietos unos segundos sintiéndonos el uno al otro, rompí esa quietud con otro beso. Carlos luego de unos instantes bajó para buscar mi pene, erecto como nunca antes, le dio un beso y luego lo metió a su boca mientras decía: – No sabes cuánto tiempo te esperé. Yo no podía más, así que le dije que me prestara el suyo para pagarle el placer que me estaba dando, así comenzamos un 69, hasta ahora el mejor de mi vida, hubo momentos en los que sentí su garganta en la cabeza de mi pene, era riquísimo. Sentí que me venía pero no dije nada, quería que me probara, cuando empecé a eyacular Carlos se separó y mi semen cayó en mi vientre, cuando terminé sacó su pene de mi boca y se sentó sobre mi abdomen, comenzó a hacer letras sobre él con mi semen como tinta, yo mientras tanto contemplaba sus nalgas redondas, blancas y sin vellos, pasando mi mano por ellas. Carlos se volteó, y sin separarse lo suficiente se empezó a tallar contra mi vientre y abdomen para batir sus nalgas y la parte baja de sus huevos con mi leche. Luego se acostó sobre mí una vez más. Ya estaba quedándome dormido cuando casi gritando me dijo: – ¿Nos bañamos? La idea me encantó pero mi respuesta se la di apretando mi sexo contra el suyo, me levantó de la mano y fuimos abrazados hasta la regadera. Cuando nos metimos empezamos a jugar, besarnos, lamernos, tocarnos. De pronto me dijo: – Te tallo la espalda? Me encantó la idea así que lo dejé hacerlo, cuando lo noté su pene estaba muy cerca de mis nalgas, podía sentirlo así que apliqué el viejo truco del jabón. Me agache y él de inmediato metió su mano entre mis nalgas y comenzó a sobarme, me metía los dedos con cuidado, y eso me volvía loco, cuando sentí la cabeza de su pene, salí corriendo de la ducha, saqué un condón de mi mochila y se lo puse, aunque no le gustó la idea, poco después empezó a penetrarme muy rico y suave mientras me masturbaba con la mano derecha, yo me metí el dedo medio a la boca y gemí de placer todo el rato. Cuando salimos de la ducha yo me disponía a penetrarlo, pero escuchamos la puerta, era su mamá, nos vestimos rápidamente y salimos a saludar, al poco tiempo su mamá subió a su recámara y yo me despedí, Carlos me acompañó a la puerta, ahí nos besamos y nos tocamos por encima de las ropas unos minutos y luego me fui. Afortunadamente aún faltaban más de dos años para terminar la preparatoria. Así que lo más probable es que vuelvas a saber de mí. Escríbeme si quieres a alex21mexdf@yahoo.com.mx
