Mi colega canario

Cuando me tuve que ir a vivir a Las Palmas se me vino el mundo encima, no sabía si iba a aguantar viviendo en una isla, aislado de la gente. Pero al empezar en el instituto, enseguida cambié de opinión, la gente de allí era lo mejor. Pronto empecé a hacer nuevos amigos, sobre todo uno, mi colega Carmelo. Yo tenía 17 años y él 18. Él era el típico tío al que todos se quieren parecer… Guapo, deportista, buen tío, le gustaba a todas las tías.. era lo mejor. Yo me parecía mucho a él. Nos gustaban las mismas cosas, y pensábamos igual sobre muchas cosas, por eso nos caímos bien desde el principio. En un puente me dijo que si me apetecía ir a pasar los días de fiesta con él y su novia a un chalet que tiene en una zona de playa, al sur de la isla. Y por supuesto, le dije que si. Fuimos con las motos, que casualmente él tiene una TZR, como yo. Llegamos al chalet. Era bastante grande, tenía una buena piscina en el jardín, y estaba en primera línea de playa. Una playa bastante grande, de esas largas, con mucha arena y poca gente. Carmelo tenía en su habitación una tabla de surf, le pregunté y me dijo que tenía otra, siempre que iban unos días allí le gustaba surfear un poco. A mí, la verdad, me gustaba aquello, pero no tenía ni idea de surf. Me dijo que me enseñarían entre él y un colega australiano del barrio, que fue quien le enseñó a el… A la mañana siguiente, algo me cayó en la cara y me despertó. Abrí los ojos, y escuché la voz de Carmelo.. -Venga! que ya nos tienen que estar esperando!! Miré y vi a Carmelo en slips. Estaba buscando en el armario, sacó un traje de neopreno, se bajó el slip, y empezó a ponerse el traje. Mientras lo miraba desnudo, empecé a sentir una erección. Tenía un cuerpo perfecto. Era muy guapo, hasta su novia se enfadaba porque todas las tías le miraban. Tenía una cara perfecta, todo proporcionado, los dientes perfectos, unos ojos grandes y verdes, el pelo negro, de punta, y un aro en la oreja izquierda. Tenía un cuerpo muy atlético y fibrado, un culo duro y perfecto, y los brazos fuertes y marcados. Se subió el traje hasta la cintura y se dejó la parte de arriba colgando, sin abrochar. Se dio la vuelta, con otro traje en la mano y me dijo: – Toma! este te vendrá, no? Tú tienes más o menos la misma talla que yo… Y lo dejó sobre la cama. Yo afirmé. Mientras tanto, contemplaba sus abdominales, marcados, tersos, y con una piel lisa y dorada al sol. En ese momento me sentí atraído por él. Me hubiera gustado ser Carmelo, mirarme en el espejo, y ver a él. Me sentí muy excitado, y me quedé en la cama, viendo como andaba por la habitación cogiendo las cosas. -Va tío! ahí te dejo el traje, ahora pillas la tabla. No tardes!! Yo le dije que sí, que ya iba. Cuando oí cerrarse la puerta, me levanté, miré en su cama, y allí estaba el slip que se acababa de quitar, y la ropa que se quitó por la noche. Aprovechando que estaba sólo en la casa, me desnudé por completo y comencé a ponerme su ropa, me puse sus slips, sus calcetines, sus pantalones, sus zapatillas… Todo lo que había llevado el día de antes. Me sentía aun más excitado al vestir su ropa, olía a él. Me puse sus gafas de sol y fui al espejo a mirarme. Al verme vestido con su ropa sentí que era él, me imaginé que yo era Carmelo y que tenia su cuerpo. El paquete se me salía.. Me fui a su cama, me saque la polla, y me hice una paja, así, vestido con lo que hace un rato había llevado él. Luego, dejé todo como estaba, me puse el traje, pillé la tabla, y bajé a la playa. Allí estaba Carmelo, de pie, agarrado sobre su tabla clavada en la arena y con el traje por la cintura. En el agua estaba ya su colega, el australiano. Tenia también 18, se llamaba Alex. Llegué donde ellos, nos presentamos. Y estuvimos toda la mañana en el agua, me estuvieron enseñando a surfear, que me costó un poco, pero luego nos divertimos bastante. Pasamos el día juntos, por la tarde vinieron la novia de Carmelo y la hermana de Alex. Después fuimos a cenar todos juntos, y estuvimos por ahí, de fiesta. Llegamos cansados a casa, y me quedé durmiendo en el sofá. Al rato me desperté, y mientras iba hacia la habitación escuché un ruido en la habitación de matrimonio. Con cuidado me asomé, y vi cómo estaban él y su novia en la cama, y ella comenzaba a bajarle los pantalones. Me escondí un poco y me puse a mirar cómo se tocaban una vez desnudos. Observé por primera vez, cómo la polla de Carmelo empezaba a ponérsele dura, empecé a cascármela. El tío, totalmente empalmado, tenía una polla espectacular, no exageradamente larga, pero sí lo suficientemente gorda. Mientras yo le miraba, él se acercó a ella, la besó, y empezó a metérsela, empezaba despacio, acariciándola, pero conforme fueron pasando los minutos, aceleraba el ritmo. Yo estaba a punto de reventar, pero no me quería correr, quería llegar empalmado al final. Carmelo la cogió fuerte, y empezó a follársela, a un ritmo frenético, yo sentía ahora envidia de ella, quería que me hiciera lo mismo. Comenzó ella a gemir, al rato, él también, el orgasmo estaba cerca, y yo comencé a cascármela más fuerte. Ella gemía, y él soltó de repente un alarido… Yo tan excitado por la escena, me corrí también, y me fui de allí antes de que me vieran. Al día siguiente, bajamos también a la playa, y continuamos con la lección de surf… pero, al llegar la tarde, hacía mal tiempo, y decidimos irnos antes. Dijimos de ir a la piscina, y bañarnos un rato, para quitarnos el agua salada. Al llegar a la piscina, Carmelo empezó a desabrocharse el neopreno, y se volvió a quedar desnudo delante de mí. Yo me quité el traje también, él se metió bajo la ducha de la piscina, yo me quedé otra vez clavado, admirando aquel cuerpo… Me quedé pensando en que aquella polla que ahora estaba flácida en aquel tío tranquilo, la noche anterior había sido una bestia, y había follado salvajemente. La escena del polvo se me pasó por la mente y empecé a empalmarme. Carmelo, en lugar de tirarse al agua, se acercó a mí. Yo me moría de vergüenza, le dije: -Carmelo, tío…yo… (intentando dar explicaciones) Él me hizo un gesto de silencio, me cogió de la nuca, y comenzó a darme un beso largo y húmedo, recorriendo toda mi boca con su lengua. Me quedé sorprendido. Me dijo: – Tú tranquilo, vamos dentro. Entramos a la habitación y me siguió besando, lo vi de frente, nunca lo había visto tan cerca… Joder! me pareció un dios!! qué bueno que estaba!!! Era imposible que un tío estuviera tan bueno como Carmelo. En eso que me cogió y me tumbó en la cama, me tocó un poco la polla, que se me puso a cien. Me cogió las piernas y las puso sobre sus hombros. Me dijo: – Tú tranquilo, que no te vas a arrepentir. Se escupió sobre la mano y me restregó sus babas por el ojo de mi culo, yo estaba excitadísimo, estaba casi a punto de correrme. Y él cogió su empalmada polla con la mano, la descapulló un poco, la posó sobre la entrada del culo, y empujó, noté cómo aquella barra de carne me entraba, mientras tanto, iba viendo su cara y su cuerpazo, cómo se movía, hacia delante y hacia atrás, para meterme toda esa polla dentro de mí. Estuvimos follando en distintas posturas, evité tocarme la polla para no correrme. Después de una larga hora follándome, volvimos a la postura de antes. Me volvió a sujetar las piernas, me cogió fuertemente de las caderas, haciendo fuerza con sus brazos. Me la volvió a meter, me miró a los ojos, y empezó a follarme muy fuertemente, como si fuera lo único que le interesara hacer en la vida. A cada embestida era como si me me marcara con un hierro quemando, el culo me ardía. Y él cada vez aumentaba más el ritmo. Me apretaba con sus manos con una fuerza que llegaba a hacerme daño, y él me follaba, no descansaba, era como si en él se hubiese despertado un instinto salvaje, que no le dejara pensar en otra cosa que no fuera follarme. Yo me acordaba de cuando lo vi con su novia, y ahora, era yo el que estaba ahí, siendo follado por aquella maravilla de la naturaleza que era Carmelo. De pronto, Carmelo se puso serio, comenzaba a sudar, y me follaba muy fuertemente, me estaba reventando, pero me gustaba, me sentía dominado por aquella bestia que era la maquina del placer. Noté cómo se le aceleraba el pulso, comenzaba a respirar más rápido, empezó a apretarme las caderas con sus manos, me cortaba la circulación de la fuerza que hacía. Los músculos de todo su cuerpo se tensaron, la visión de ese cuerpo fuerte, joven y sudoroso follándome, casi me hace morirme allí mismo. Parecía como si centrara toda la energía de su cuerpo en su polla, y esta liberara toda la fuerza concentrada. De repente, abrió la boca, cogió una bocanada de aire… suponía lo que estaba apunto de llegar… Cerró los ojos y empezó a apretar los dientes, y se paró en seco.. con la polla clavada hasta el fondo de mí. Justo en ese instante, una ola de líquido caliente empezó a entrarme, se extendía por dentro de mi culo, yo no sabía qué podía haber ya mejor que eso… Carmelo, se acababa de correr dentro de mí. Poco a poco, esa fuerza que me hacía en las caderas fue aflojando, y antes de sacarme la polla, encanchó la mía con una mano, hizo un movimiento hacia abajo… y me pegué tal corrida que le salpicó hasta en su cara. Se dejó caer junto a mí, cansado y extasiado. Nos quedamos así un buen rato, quizá una hora…. creo que incluso nos dormimos. De repente, noto un suave masaje en mi polla… Abro los ojos, y ahí estaba otra vez Carmelo, intentando ponerme caliente. Y llegó, se sentó en un sillón y me dijo, «ven». Sólo su mirada ya decía lo que pretendía… Sentado en el sillón empezó a manosearse la polla, volviendo a empalmarse. Me dijo que me acercara, y yo me acerqué. Me hizo ponerme de rodillas delante de él y me dijo: – Mira mi polla! Te gusta, eh? venga, tócala!! Y empecé a tocársela, a descapullársela, arriba y abajo. Cuando la tuvo tiesa del todo me dijo: – Ahora vas a ser buen cachorrito, y me la vas a mamar. Y seguido a esto, cogió mi cabeza con su mano por la nuca, y me obligó a bajar la cabeza hacia su empalmada polla. No dude ni un segundo, y me la metí en la boca, empecé a metérmela, lamiéndola todo lo que era de larga con mi lengua. Mientras él jadeaba de placer, desde aquí, la vista de Carmelo era aun más explosiva si cabe. Pero él no me dejaba separarme de la polla, me obligaba a seguir mamando. Realmente me sentía como un cachorro, un cachorro salvaje que necesita mamar del lobo para seguir. Me sentía fuera de mi persona, nunca me había excitado tanto. Tenía otra vez la polla a reventar. Seguí mamando y succionando, y de repente, él empezó a decir: – Bien!!! cachorrito, lo haces bien! Esto va a tener su premio!! Y comenzó a jadear, yo que lo noté, aumente el ritmo, y le lamía el frenillo con la lengua, para que se excitara más. Él empezó a respirar rápidamente, su polla quemaba mi boca, estaba ardiendo, aquello era fuego! Seguí y seguí, y cuando volvió a tomar aire, conteniéndolo, yo hice un pequeño gesto hacia atrás, pero él me agarró con las dos manos de la nuca y apretó mi cara contra su polla, me la metió toda. Me rodeó la cara y la nariz de vello púbico, y yo masajée y apreté sus huevos. En ese instante, noté como aquella polla palpitaba, temblaba, y comenzó una erupción violenta de semen caliente que inundó toda mi boca. Lo paladeé con gusto, pero salía tal cantidad que no me quedó más opción que empezar a tragar. No sé qué sabor tenía aquello, era muy caliente, viscoso, y un poco agrio. Pero no me importaba en absoluto, era el semen caliente que Carmelo, aquel cuerpo del placer, había fabricado exclusivamente para mí. Habría matado en aquel momento por tener su leche en mi boca. Y él me la estaba ofreciendo. Mi obligación como su cachorro era tragármela toda sin desperdiciar una sola gota. Además, ese fue el momento más excitante de toda mi vida. ( si quieres dar tu opinión… fotos_aust@hotmail.com)