Con la familia (I)

Llegué a casa hacia las 6 de la tarde y sólo encontré a mi padre tirado en el sofá viendo la tele. Le saludé y subí directamente a mi habitación para ducharme y ponerme cómodo después de un día intenso. Siempre he sido un chico delgado, aunque últimamente gracias al gimnasio mis músculos comenzaban a marcarse y llevaba camino de parecerme a mi hermano, que después de dos años de gimnasio tenía una musculatura más que considerable.
Después de ducharme, me envolví en una toalla y me dispuse a buscar un chándal, pero todos estaban sucios así que bajé a preguntar a mi padre si había lavado alguno. Pero al llegar abajo encontré a mi padre dormido, lo cual me cabreó porque suponía que tenía que ir a buscar yo mismo ropa limpia. Me encaminé a la habitación de mi padre, con la esperanza de encontrar algo que ponerme y así fue, me puse un chándal que me quedaba algo grande, pero para ir por casa bastaría. Bajé y me senté al lado de mi padre en el sofá, que seguía durmiendo, y me puse a ver la tele.
Llevaba un rato haciendo zapping cuando me fijé que por el agujero de los calzoncillos de mi padre se veía una parte de su polla. La verdad es que mi padre nunca se ha mostrado pudoroso con sus hijos y yo ya estaba acostumbrado a ver su miembro en la ducha; era bastante gordo y con un tamaño normal y reposaba sobre unos huevos grandes y con muy poco de vello. En ese momento me asaltó la idea de saber cuánto podía llegar a crecer aquella polla que desde pequeño había admirado con curiosidad, así que sin pensarlo, acerqué mi mano al agujero y empecé a acariciar el miembro flácido de mi progenitor. Con mucha delicadeza lo rodeé con mi mano y lo saqué poco a poco de dentro del slip, dejando al descubierto una polla que ya empezaba a crecer. Gracias a mis caricias, notaba como la polla de mi padre iba adquiriendo dureza e iba creciendo entre mis manos. Cuando ya estaba bastante morcillona empecé, poco a poco, a retirar el prepucio, dejando al descubierto un glande rosado y húmedo, que se hinchaba por momentos; una vez retirada toda la piel y con el miembro ya bastante crecido miré la cara de mi padre, seguía durmiendo. Esto me tranquilizó y volví a mi trabajo empezando a realizar una lenta paja a mi padre para que no despertara, que llevó a que su polla alcanzara su máximo tamaño y grosor. Calculé unos 19 cm, uno más que yo, y bastante gorda además. En esos momentos me pregunté como iba a volver a meter todo eso dentro del slip sin que mi padre se diera cuenta y empecé a asustarme; me encontraba en una situación muy extraña para mi: por una parte, estaba asustado, pues mi padre podía despertar en cualquier momento y encontrarme con su polla en la mano; por otra, me excitaba la idea de tener entre mis manos una polla ajena, tan grande y que encima era la de mi progenitor.
En ese momento, mi padre empezó a moverse y yo solté su polla rápidamente apartándome de él. Cuando adquirió conciencia de donde se encontraba miró su entrepierna y vio el resultado de mi “curiosidad”; a continuación me miró y dijo:

  • Vaya, ¡mira como se me ha puesto! Debería estar teniendo un sueño agradable, pero no entiendo como se me ha salido del calzoncillo.
  • No sé, jaja, ¿con qué soñabas? – dije yo sin mucha convicción.
    Mi padre lo notó y me miró. Entonces me di cuenta de algo en lo que no había caído hasta el momento, estaba empalmado y mi padre acababa de notarlo.
  • Y bien, ¿tú que soñabas hijo? Porque veo que estás igual que yo…
    No supe que contestar y noté que me ponía rojo como un tomate. Mi padre se acercó a mí y me acarició mientras decía:
  • ¿Todo esto me lo has hecho tú? Tienes mucha habilidad, jaja.
    Yo seguía avergonzado, sin poder articular palabra.
  • No te preocupes, no estoy enfadado – prosiguió mi padre -, ¿por qué lo has hecho?
  • Por… – las palabras no salían de mi garganta -, porque… La vi y me pregunté como sería cuando estuviera dura.
  • Jajajaja – mi padre empezó a reír -, ¿y qué te parece? Está bien ¿no?
  • Sí… Bueno… – la verdad es que no sabía que decir.
  • Por lo que veo tú también estás más o menos como yo, te viene de familia.
  • Jaja – reí, intentando quitar hierro a la situación ya que mi padre parecía de lo más tranquilo.
  • Bueno, ¿quieres mirarla un poco más? – prosiguió mi padre.
  • No hace falta, jaja – ya empezaba a tranquilizarme, mi padre no se había enfadado -; ya la he visto bien.
  • En realidad, para apreciarla bien debes verla junto con los huevos – dijo mi padre entre risas -, así ves el conjunto entero y puedes apreciarlo.
    Y dicho esto, se levantó y se quitó la poca ropa que llevaba: los calzoncillos y una camiseta; y se sentó nuevamente a mi lado, apoyándose y dejando toda su poya al descubierto.
  • Ves, aquí lo tienes. Ahora puedes verlo bien.
  • Sí… – contesté yo.
    Tenía a mi padre delante desnudo y con una erección brutal, la situación se había vuelto distendida y la excitación que sentía me hizo preguntar:
  • ¿Te importa que eche atrás el prepucio para verla mejor?
  • Claro que no hijo, jajaja – rió mi padre -, después de todo, para ponerla así ya lo habrás hecho.
  • Sí… – volví a sentir vergüenza en ese momento, pero el gesto que hizo mi padre con su cabeza, invitándome a coger su miembro me llevó a cogerlo y a retirar nuevamente la piel que cubría ese rosado y sabroso prepucio. Me quedé observándolo durante un minuto.
  • Bueno, ¿qué hacemos? – mi padre me sacó de mi embobamiento -, ¿me dejas que vaya a quitarme el calentón que me has puesto o terminas lo que has empezado, jajajaja?
    ¿Hablaba en serio? No lo sabía, pero yo quería ver esa enorme polla correrse, quería ver salir la leche, quería oír los jadeos de mi padre y ver su cara de placer.
  • ¿Me dejas que la explore un poco más? – pregunté pícaramente.
    Mi padre rió.
  • ¿Y que más quieres explorar? Esto ya no hace nada más. O se continúa con el trabajo o va perdiendo fuelle.
  • Pues yo la veo igual de dura todo el rato – repliqué.
  • Eso es porque estás tú aquí, sosteniéndola y… quieras que no… soy humano, jajaja.
  • Entonces, ¿te gusta que sea yo quien esté aquí…?
  • Jajajaja, eres mi hijo; siempre estoy bien contigo – dijo mi padre, sonriéndome afectuosamente.
  • Pues déjame, por favor.
    Dicho esto, acerqué mi boca al glande de mi padre y pasé la lengua sobre él. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo y, a continuación, me lo metí todo en la boca provocando un agudo gemido de mi padre. Quería comerlo, devorarlo, pero no estaba seguro de que mi padre me dejara continuar con lo que estaba haciendo.
    No obstante, mis dudas se disiparon al instante, ya que mi padre empezó a acariciar mi cuerpo llegando a mi entrepierna e introduciendo su mano por debajo del pantalón. Noté como su mano acariciaba mi polla y empezaba como podía una paja. Yo intenté moverme para que llegara mejor, pero finalmente mi padre dijo:
  • Hijo, vamos a hacerlo bien.
    Me hizo levantarme y me quitó toda la ropa, para luego acostarse en el sofá e indicarme que yo también lo hiciera pero en sentido contrario. Íbamos a hacer un 69 bestial. Una vez tuve nuevamente delante de mí su miembro lo engullí sin pensarlo, mientras notaba como mi padre descapullaba varias veces mi polla y a continuación se la metía en la boca. ¡Qué sensación! Tenía una enorme polla, dura y caliente en mi boca; y me estaban haciendo una mamada bestial, nada más y nada menos que mi padre. La excitación invadió mi mente y aceleré la velocidad de mi mamada; mi padre paró de chupar y empezó a gemir diciendo:
  • Joder, hijo, ¡qué bien lo haces! ¡Voy a correrme ya!
    Ésta afirmación me hizo chupar con más dedicación, quería probar esa leche. Al momento, sentí que la polla de mi padre se hinchaba más e inmediatamente empezó a expulsar su leche dentro de mi boca. Mi padre aulló de placer, y yo me afanaba por tragarme aquel líquido que tanto trabajo me había costado conseguir.
    Cuando la cosa se calmó y el miembro de mi progenitor empezó a perder dureza dentro de mi boca, y padre recuperó un poco las fuerzas y me dijo:
  • Ahora me toca a mi devolverte el favor, jajaja.
    Y se digirió nuevamente a mi polla, para terminar con mi excitación. No sé si fue por la lujuria del momento o por todo lo acontecido, pero al poco de que empezara a chuparme, avisé a mi padre de que llegaba a mi fin; a lo que él respondió chupando con más fuerza. El orgasmo llegó como una explosión de sensaciones, nunca había sentido nada igual; fue la mayor corrida de mi vida y mi padre se la comió toda.
    Una vez dejó mi miembro limpio, mi padre se incorporó y yo hice lo propio, luego añadió:
  • Hijo mío, ¿cómo no te entró curiosidad por mi polla antes? Jajajajaja.
  • No sé – añadí yo jocoso -, pero ya te digo que quiero estudiarla en profundidad, jajaja.
  • Por supuesto que sí, que no te quepa duda que la conocerás junto con otras partes de mi cuerpo. Además, yo también tengo curiosidad por conocer más a fondo tu cuerpo, jejeje…

Y dicho esto, nos dirigimos a arreglarnos antes de que llegara el resto de la familia.

CONTINUARÁ…

miguelete_am89@hotmail.com

Deja una respuesta