Con la familia (II)

Desperté de repente sobresaltado al oír abrirse la puerta de la habitación de al lado; sería mi hermano que acababa de llegar de fiesta. Oí claramente como se acostaba y a los pocos minutos su respiración se tornó regular, signo inequívoco de que se había dormido. Un pensamiento me asaltó súbitamente y decidí, una vez más, seguir mis impulsos.
Hacía unas cuantas horas, sentado en el sofá de mi casa, había tomado también la decisión de llevar a cabo lo marcado por mis instintos y el resultado había sido realmente inesperado; lo que empezó para mí como un simple juego acabó convertido en una situación realmente curiosa que yo pensaba explotar al máximo.
Es por ello que, nuevamente, había seguido mis impulsos y me había encaminado a la habitación de mis padres. Mi madre se encontraba fuera de la ciudad por trabajo y sólo imaginar a mi padre, solo, desnudo, con ese pecho velludo, su estómago firme y ese trancón entre las piernas me hacía delirar.
Abrí sigilosamente la puerta y me colé dentro, cerrando a mi paso. Mi padre dormía plácidamente en su cama tapado tan sólo por una sábana. Me acerqué, estaba boca abajo, dejando su culo en mis manos. Retiré la sábana poco a poco, aún no quería despertarlo, y apareció ante mí ese culo que la tarde anterior había manoseado tímidamente. Era un culo sin prácticamente vello, redondo y generoso; empecé a acariciarlo lentamente con una mano, mientras que metía la otra entre las piernas y acariciaba sus grandes huevos y lo que podía de su polla. Tranquilamente fui acercándome a su agujero y mi excitación fue en aumento, humedecí mi dedo con saliva y lo froté contra el ano de mi padre; lentamente fui abriéndome camino en sus entrañas hasta que logré introducirlo todo. Notaba como las paredes del recto aprisionaban mi dedo y pensé en lo placentero que resultaría meter allí dentro mi polla. A la vez, también me di cuenta de que la polla de mi padre había empezado a crecer y al intentar sacar el dedo descubrí que mi pequeña faena le había despertado.
Mi padre empezó a moverse y al darse la vuelta pude liberar mi mano aunque con ello perdí de mi vista ese apetitoso culto. No obstante, para compensarme, mi padre me puso delante una jugosa polla que ya había empezado a crecer. Miré a mi padre, que con un gesto me invitó a acompañarle en la cama, me desvestí y me tumbé junto a él. A continuación me dio un beso prolongado mientras que con su mano cogía mi miembro, que ya estaba a mil, y lo sobaba a su gusto.

  • ¿Qué tal hijo? – me preguntó sonriendo, no podías dormir ¿verdad?
  • No – contesté mirándolo maliciosamente.
  • Bueno, pues vamos a aprovechar que has venido para continuar lo de esta tarde.
  • Estoy completamente de acuerdo – corroboré -, tu culo me estaba resultando muy interesante.
  • Jajajajaja, luego sí quieres continúas con él. Ahora tiene aquí algo que requiere tu atención – dijo señalando su polla, que ya se encontraba en su máximo esplendor.
  • ¿Cuánto te mide exactamente? – pregunté; ahora la veía más grande que por la tarde.
  • Un poco más de 20 cm, ¿por?
  • Jajaja, ¡casi acierto! Yo había calculado unos 19.
  • Pues sí hijo, te ha faltado un poco – respondió riendo -, la tuya debe estar sobre los 18 ¿me equivoco?
  • Sí, 18’2 – respondí orgulloso -, pero la tuya es mucho más gorda q la mía. No sé si podré hacerla entrar en mi culo.
  • Por supuesto que sí – afirmó mi padre categórico -, voy a ponerme de inmediato a trabajar ese delicioso trasero para que en un rato puedas sentir toda la polla de tu padre en tu interior, ¿te parece bien?
  • ¡Vamos allá!
    Y me abalance a comerme ese pedazo de carne caliente colocándome sobre mi padre, de manera que en el momento en que yo me introduje su miembro en mi boca noté como su lengua empezaba a explorar mi culo virgen. Un torrente de sensaciones inundó mi mente; por un lado, mi boca chupaba con dedicación ese enorme pedazo de carne que casi no podía contener, dejándolo sólo de ve en cuando para saborear los huevos de mi padre; por otro, notaba como mi padre iba introduciendo cada vez más su lengua dentro de mí, hasta que por fin se atrevió con un primer dedo. Que decir que para mi culo, aquello fue doloroso a la vez que placentero. Se trataba de la primera vez que alguien metía algo allí, aunque me tranquilizó saber que era mi padre el que lo hacía, ya que aplicaba el máximo cuidado y delicadeza en ir preparando mi culo para aquella enorme verga.
    Así, yo seguí chupando cuando me hube recuperado del dolor, y mi padre fue introduciendo ese primer dedo dentro de mi culo y provocando en mi sensaciones indescriptibles que casi me hacen llegar al orgasmos ante de hora. Posteriormente, mi padre introdujo un segundo dedo y continuó el proceso de dilatación hasta que, satisfecho, me dio una palmada al culo y me dijo:
  • Hijo, espero que hayas lubricado bien la polla de tu padre, porque en un minuto va a estar toda dentro de ti.
  • Sí, pero no sé, ¿no me dolerá mucho? – pregunté inseguro.
  • No te preocupes, tú relájate – dijo mi padre acariciando mi miembro -; vamos, túmbate.

Mi padre me hizo acostarme de lado y levantó una pierna que apoyó en su torso. Lamió mi agujero por última vez, y se dispuso a entrar delicadamente en mi culo. Primero fue despacio, sentí la cabeza de su pene presionando mi ano virgen; cada vez hacía más y más fuerza hasta que, de repente, entró. En ese momento sentí un dolor increíble, pero me contuve, sabiendo que un grito despertaría a mi hermano que dormía al otro lado del pasillo. Mi padre me miró comprensivo y me susurró:

  • Tranquilo, voy a quedarme quieto y cuando tú me digas continúo.

La verdad era que mi padre sólo había conseguido meter la punta, y aunque era un glande considerablemente grande, la parte más gorda aún estaba toda por entrar. 20 cm de polla estaban llamando a mi culo y yo, a pesar del dolor, quería tenerlos todo dentro de mí. Así que cuando me hube recuperado un poco indiqué a mi padre con la cabeza que podía continuar y volví a sentir como empujaba, esta vez más suavemente, y como su miembro iba entrando dentro. El dolor, aunque persistente era ya mucho menor y conseguí soportarlo hasta que mi padre me dijo:

  • Hijo, ya está toda dentro. ¡Eres un campeón!
  • Genial, ahora espera un poco para que me acomode.
  • Ok. No hay problema, tómate tu tiempo. ¡Que esto es para disfrutarlo!

Respiré hondo y me relajé. Sentí la polla de mi padre dentro de mí. La sentí viva, caliente, llena de fuerza… Cerré los ojos y asentí, dispuesto a disfrutar al máximo. Mi padre comenzó a embestir mi culo sin miramientos, primero más lento y luego aumentando la velocidad; yo alucinaba. Jamás había sentido nada igual; abrí los ojos y vi a mi padre, acaricié su torso, me sonrió y le dio más fuerte; yo no pude aguantar más y me corrí como nunca reprimiendo mi grito. A los 2 minutos mi padre se vino en mi culo, inundándolo de leche caliente y abundante. Al terminar me besó y me dijo:

  • ¡Qué culo tienes! ¡Mencanta! Jajajaja, ¿quieres probar el mío ahora?
  • ¿Ahora? Tú estás loco. Necesitó descansar y reponerme – le contesté como pude.
  • Jajajaja, es normal hijo. Te he dado mucha caña, pero no he podido resistirme. Mi polla encaja tan bien en tu culo…
  • De maravilla – dije observando que ya había vuelto a su estado de flacidez -; tú también estás cansado ¿eh?
  • Un poco, jeje. Venga, ahora a dormir y mañana más.
  • Ok. Buenas noches papá.
  • Buenas noches hijo.

Y así, me dirigí a mi cuarto. A los 2 minutos ya estaba dormido presa del cansancio.

CONTINUARÁ…

miguelete_am89@hotmail.com

Deja una respuesta