La ruleta rosa (II)

Yo hacía como que le escuchaba, pero todo lo que procedía de esa chica me daba completamente igual. Guillé decía que se sentía muy atraído por ella, que era su fantasía sexual en sus masturbaciones, pero que nunca se había atrevido a decirle nada porque él sabía que todos los chicos del colegio andaban detrás de Clara. Sinceramente yo no lo comprendía, porque Guillermo con su casi metro ochenta de altura y ese cuerpo podía con la chica que quisiera. Era un morenazo muy proporcionado y con las facciones de su cara muy marcadas. Lo que yo decía, cualquier chica hubiera caído rendida a sus pies, incluso algún chico. Eso solo lo sabía yo, y mejor que nadie.

Estuvimos un par de horas hablando sobre Clara. Yo a regañadientes le decía que lo intentara que el “no” ya lo tenía, que no había nada que perder. Eso es lo que cualquier buen amigo le hubiera dicho aunque a mí no me hacía gracia la idea. No recuerdo cuando, pero nos quedamos durmiendo hasta la mañana siguiente.

El ruido de la ducha me despertó. Supuse que era Guille arreglándose para ir a clase. Detrás de él entre yo a asearme, y cuando salí el ya estaba vestido y con un vaso de zumo en la mano.

• ¿Estas listo?.- me preguntó
• Sí, si… dame  cinco minutos.- le respondí dirigiéndome a mi habitación.

La mañana fue como cualquier otra, solo que yo no podía sacarme de la cabeza esa imagen de Guillermo en mi sofá, manchado de sí mismo y con la respiración entrecortada. Estuve bastante ausente durante varios días, pues no terminaba de creerme que algo así hubiera ocurrido.

Tan solo un par de semanas después, fui un domingo a bañarme en la piscina de su casa. También estaba su hermano pequeño, Ignacio. Era 15 meses menor que Guille y la verdad es que no tenía nada que envidiarle. Aquel jovencito de 14 años ya prometía desde bien pequeño. Estuvimos horas dentro del agua, hasta que Ignacio se fue a echarse la siesta.

Los padres de Guille no estaban en casa. Algo que nunca terminé de comprender. A mí jamás me dejaban quedarme solo y ellos siempre andaban a sus anchas. Yo estaba subido en una colchoneta hinchable cuando Guille vino hacia mí. Llevaba algo en su mano pero no supe que era su bañador hasta que estuvo a mi lado.

Primeramente pensé que era una imaginación mía. Que no estaba desnudo en el agua. Pero me equivocaba. Lanzó su bañador al césped y me invitó a hacer lo mismo. Siempre he intentado averiguar porque nunca supe decir que no a cualquier proposición de Guille, pero sin mediar palabra me quite el mío y lo lancé junto al suyo. Me daba miedo que sus padres aparecieran, pero el me dijo que había ido a pasar el día a casa de unos amigos.

Desnudo como me encontraba no quise volver a subirme a la colchoneta. Yo sabía que mi pene era menor al suyo y estando en el agua, era lo menos indicado. De repente Guille se abalanzó sobre mí y me hundió la cabeza en el agua. Salí como pude, y tras toser por el agua que había tragado le hice lo mismo. Comenzó una batalla campal de aguadillas, empujones y rozamientos.

Mi miembro no tardo en reaccionar, la sorpresa fue que el suyo tampoco. Dos chavales desnudos, en erección y solos en una piscina. Yo sabía que mi relación con Guille no era normal, pero nunca habíamos llegado a esta situación. Seguimos un buen rato con nuestra guerra, y sin saber bien porque le agarré su miembro con mi mano. Él se quedo parado, inmóvil y me miró a los ojos. Pensé que iba a golpearme, no sé porque había tenido que hacer eso.

El introdujo su mano en el agua y la posó sobre la mía apretándomela contra su pene. No comprendía nada. Sin apartar su mirada de mis ojos, comenzó a mover su mano, y por tanto la mía, dejándose masturbar por mi mano. Hice un amago por retirar la mano, pero me la apretó con fuerza. Mi mano funcionaba sola y Guille se recostó sobre la pared y se dejo hacer. Echó su cabeza hacia atrás y me dejo hacer mi faena.

Estaba masturbando a mi mejor amigo como si no hubiera nadie más en el mundo. Pronto comenzó su jadeo, el sabía que me gustaba, y que esa respiración agitada podía conmigo. Empecé a aumentar el ritmo y él me agarró la mano por la muñeca. Escasos segundos después empezó a convulsionar y a eyacular. Podía verlo a través del agua, pero no quería perderme un segundo de las caras que ponía. Eran tan eróticas.

Sin mediar palabra, apoyó sus manos en el borde de la piscina y se elevó sobre el, mostrándome un maravilloso trasero. Me sorprendió ver que también lo tenía bronceado. Jamás hubiera imaginado que Guille hiciera nudismo.

Tardó varios minutos en salir, pero de pronto apareció con dos refrescos y vestido con un nuevo bañador.

• ¿Te apetece uno Martín? -. Dijo ofreciéndome una de las latas.
• Si claro.- contesté

Odiaba que Guille hiciera como si no hubiera ocurrido nada después de lo que acababa de pasar. Esto me hacia sentirme peor. Él había sido quien lo había empezado todo, y ahora hacia como si nada. Tomé mi refresco, y en cuanto lo hube terminado me fui a casa.

Otra noche más sin dormir, sin poder sacarme de la cabeza aquella erótica situación, tuve que masturbarme para poder dormir tranquilamente. Los días siguientes transcurrieron con normalidad.

Una tarde sin motivo aparente Rocío, nos avisó que sus padres se iban de vacaciones y que quería hacer una fiesta en su casa. Sería una especie de merienda-cena por la tarde. Teníamos 16 años y a nadie le iban a dejar quedarse hasta las tantas.

Su madre nos había dejado merienda preparada para todos, incluso Rocío había sacado el equipo de música al jardín, para poder bailar y divertirnos en la piscina. En la fiesta había mucha gente que yo ni siquiera conocía. Pero a medida que pasaba la tarde se fueron marchando hasta que nos quedamos los habituales del grupo.

Jaime, Guille y yo seguíamos en el agua. Y Rocío, Clara e Ignacio estaban en el jardín. Guille había tenido que traerse a su hermano también a la fiesta, porque para variar, sus padres tampoco estaban en casa.

• Oye chicos se esta haciendo de noche. Salid ya y comamos algo-. Dijo Rocío

Salimos del agua y fuimos al interior de la casa. Estábamos mojados, por lo que Rocío nos dijo que no pusiéramos algo seco antes de entrar. Cogí mi bolsa y fui al cuarto de baño de la chica que les limpiaba en casa. Estaba secándome y poniéndome ropa seca cuando alguien llamó a la puerta. Era Guille y me pedía que le dejara entrar que necesitaba ir al baño.

Me hice de rogar y le invité a que se fuera a otro baño, pues había varios en la casa, pero terminé cediendo y haciendo lo que Guille me pedía. Yo ya lo tenía asumido, y siempre acababa haciendo lo que él quería. Entro corriendo, cerró con llave y se puso a orinar justo de espaldas a mí. Yo hice como si nada, incluso me sentí apurado, pues yo hubiera sido incapaz de poder orinar delante de nadie.

Una vez hubo terminado, se giró y se quedó observándome mientras me vestía. Me incomodó y el lo notó. Me senté sobre la taza y empecé a secarme los pies, pero Guille seguía allí de pie. No sé que miraba, pero estaba empezando a hartarme.

No podía creerlo, pero cuando levante la mirada de mis pies, Guillermo estaba con el bañador bajado a media pierna y una gran erección. Le miré a la cara y fue lo peor que pude hacer. Guille sonreía, con esa sonrisa con la que sabía que yo me derretía y siguió acercándose a mí. Su pene estaba a treinta centímetros escasos de mí, por lo que impulsivamente lo agarré firmemente.

Guille me hizo un gesto como de consentimiento y echó su cabeza hacia atrás. Volvimos a repetir la historia de aquel día en la piscina. Yo le masturbaba mientras el disfrutaba, pero esta vez no hubieron jadeos, pues ambos sabíamos que nuestros amigos, incluso su hermano, andaban por casa.

La escena era de película, pero yo quise llegar más allá. Así que acerque mi boca a su miembro y lo introduje en ella. Había visto millones de felaciones en películas, pero jamás había realizado una. Guille quedó perplejo, imagino que él tampoco se esperaba algo así, pero yo estaba excitado, hubiera hecho cualquier cosa que me hubiera pedido en ese momento. Apoyó sus manos en mi cabeza y me apretó contra él. Algo que calentó más aun la situación.

Yo puse cada una de mis manos sobre sus nalgas, y no se si bien o mal, estuve varios minutos realizando la misma acción. Con su miembro dentro de mi boca, levanté la mirada y le miré a los ojos. Tenía sus ojos clavados en los míos y se le notaba extasiado, estaba disfrutando tanto como yo de ese cruce de miradas. Como era de esperar Guille empezó a temblar, por lo que yo ya sabía lo que me esperaba. El empujaba mi cabeza hacia él, pero yo no estaba por la labor de que eyaculara en mi boca, por lo que me aparte justo segundos antes de que el comenzara. Me fue inevitable mancharme.

Menos mal que yo continuaba desnudo, pues antes de que empezara todo esto estaba poniéndome algo de ropa seca. Mi cuello y mi pecho no corrieron la misma suerte, ni si quiera mi abdomen porque conforme Guille eyaculaba sobre mí, yo empecé a hacerlo también, sin ni siquiera haberme tocado.

No puedo describir realmente como me sentía en ese momento. Por un lado estaba excitado, acababa de realizar algo que deseaba de hace tiempo y me encontraba empapado en semen juvenil, algo que inevitablemente me provocaba morbo. Pero por otro lado me sentía utilizado. Guille había recurrido a mí como la otra vez y ni siquiera se había dignado a tocarme. Una vez terminó, se subió el bañador y salio del cuarto de baño.

Esto sí que me hizo sentir mal. Porque aunque era cierto que yo me había dejado utilizar por él, no soportaba que jamás dijera ni una sola palabra. Me limpié, me vestí y salí del baño. Cuando llegue al comedor ya estaban todos por allí bailando y comiendo algo de lo que la madre de Rocío había preparado.

Agarré el primer trozo de pizza que vi y fui a la cocina a por un vaso de agua. Detrás de mí vino Rocío. Yo estaba nervioso por si alguien podía sospechar algo de lo que acababa de ocurrir.

Rocío era una chica bastante guapa. Morena, de ojos oscuros y a pesar de no ser muy alta, estaba bastante proporcionada y muy desarrollada para su edad. Me preguntó si me gustaba la fiesta, a lo que asentí y le di las gracias por invitarme. Ella cogió una silla y la puso junto a mí, que estaba apoyado en el banco de la cocina.

No sabría decir cuanto, pero estuvimos como una hora hablando de todo un poco, pero yo la noté diferente. Ella estaba como insinuante, no sé, muchas veces Guille me había dicho que Rocía andaba detrás de mí, pero jamás le había dado la más mínima importancia, pero creo que no se equivocaba.

Poco apoco el tema de conversación fue cambiando y directamente me preguntó si tenía novia, o alguna chica que me gustara. Yo era tímido, y mucho más para estas cosas, por lo que lanzaba respuestas esquivas, y le propuse volver al comedor.

Una vez en el comedor, me di cuenta que solo estaban Ignacio y Jaime. Ni Guille ni Clara andaban por allí. Con la excusa de tener calor salí de nuevo al jardín. No tenía que haberlo hecho, pero mi instinto fue mayor que mi razón.

Tumbados en una de las hamacas estaban Clara y Guille. Como era de esperar, estaban besándose exageradamente, incluso Guille tenia apoyada su mano derecha en un pecho de ella. Quise morirme en ese momento. Odiaba a Clara y él lo sabia. Así que entré de nuevo, recogí mis cosas y me marché corriendo a casa, sin despedirme de nadie.

Estaba harto de terminar yéndome a casa solo y como no llorando, por aquel tío que solo me utilizaba para satisfacerse sexualmente. Cerré de un portazo mi habitación saqué una libreta del cajón y escribí: “Nunca más”. Subrayé tantas veces esas dos palabras que terminé por traspasar el papel. Por un momento pensé que se me había ido la cabeza, por que escribía y escribía sin sentido. Lancé el bolígrafo y la libreta al suelo y me tumbé en la cama. Llorando me dormí.

A la mañana siguiente no fui a recoger a Guillermo, ni nunca más lo hice. Todo el mundo se extrañó de nuestro distanciamiento, y empezaron a surgir los rumores sobre mi homosexualidad debido al numerito que monté en la fiesta, pero a mi me daba igual. Poco a poco fuimos perdiendo el contacto, hasta que apenas nos saludábamos por el pasillo. Pocas semanas después Guillermo dejó el colegio. Ya tenía dieciséis años y decidió que era mejor ganarse la vida como carpintero ayudando a su padre. Lo cual me facilitó bastante las cosas, porque ahora solo nos cruzábamos de vez en cuando por la urbanización.

Mis dos años de instituto fueron de lo más aburrido. Continuó mi amistad con Rocío y con Jaime. De hecho Rocío se convirtió en mi gran confidente, incluso empezó una relación con Jaime, pero no llegaron a nada serio.

Como siempre he sido buen estudiante, no me resultó nada difícil adaptarme al instituto y pasar mis exámenes con cierta facilidad. Los tres estudiábamos la misma modalidad así que siempre nos echábamos una mano unos a otros, sobre todo a Jaime que era al que más le costaba.

Sabía de Guillermo por medio de Jaime y de Rocío, ellos me contaban que habían quedado con ellos, que se habían ido a no seque sitio… Sí, ellos. Porque desde ese mismo día de la piscina Guille y Clara fueron pareja. Por lo que contaba Rocío, no les iba nada mal y se pasaban el día juntos, así que se habían distanciado un poco de ellos, aunque continuara la relación.

Un día volviendo a casa del instituto tropecé con Clara y unas amigas en la puerta de unos grandes almacenes. Y aunque yo hice todo lo posible porque no me vieran, no lo conseguí.

Ella estaba charlando con unas amigas cargadísimas de bolsas de compra, y yo pasé como si nada prestando atención a la música que sonaba en mi mp3. Con mucha discreción baje el volumen y continué andando como si nada. Pero fue inevitable oír sus risas y cierto murmullo. No sé bien si lo imaginé yo, o fue real pero oí la palabra “maricón”.

Clara era una persona que nunca había sido santo de mi devoción, por lo que quise creer que había sido imaginación mía. Aunque yo bien sabía que después de mi numerito de la piscina los rumores habían comenzado a correr. Era un tema que no me preocupaba lo más mínimo y mucho menos si provenía de toda aquella gentuza.

Pocos meses después de que Guille hubiera dejado de estudiar, Clara también lo hizo. Cierto es que ella tampoco había sido buena estudiante nunca, pero por lo menos le ponía empeño y lo intentaba. Mi madre me contó que la había visto trabajando en la caja de un supermercado, pero yo nunca la vi.

Jamás olvidaré mi última nochevieja en Alicante. Ya teníamos 18 años y mis padres eran bastante más considerados con las horas de entrada y de salida a casa, por lo que me permitieron alquilar una casa rural en la montaña e ir allí a disfrutar del año nuevo. En un principio iríamos los tres de siempre con nuevos amigos que habíamos hecho en el instituto, pero pocos minutos después de estar allí, Jaime me dijo que a lo mejor también se pasaban Clara y el maldito Guille.

No me podía creer que fuéramos a encontrarnos de nuevo, lo cual me ponía muy nervioso. Sobre las ocho empezamos con los preparativos de la cena y a las diez, ya estaba todo listo. Avisé al resto para que fueran poniendo la mesa y yo mientras fui a ducharme.

Recogí la ropa que me había comprado especialmente para la ocasión y mi toalla y entre en el baño. Encendí el grifo para que se fuera calentando el agua y me desnudé. Estaba tan tranquilo enjabonándome el cuerpo cuando vi a través de la mampara de la ducha a Guillermo. No podía creer que hacía el allí. Estaba de pie, inmóvil y mirándome de arriba abajo mientras yo me duchaba.

En un primer momento no supe como reaccionar, apagué el grifo y me quedé mirándolo fijamente a los ojos. Esos ojos que tantos disgustos me habían traído. Hacía casi un año y medio que apenas nos habíamos visto pero el no había cambiado mucho, quizás algo más musculado debido a su trabajo, pero poco más.

Su ropa era bastante informal para un día como hoy, pues llevaba un pantalón de sport. Ambos nos mirábamos fijamente sin decir absolutamente nada, cuando el bajo su mano hasta su pantalón y agarrándose el miembro por encima de la ropa, lo apretó entre sus dedos.

No sé si yo tenía que haber tomado esto como una señal, pero en ese momento sí supe como reaccionar. Le miré de arriba abajo como con desprecio y me di la vuelta. Encendí el agua y continué con mi ducha. No iba a permitir nunca más que el volviera a utilizarme, estaba convencido y no iba a consentir que tiraran por tierra una vez más mi dignidad.

Todavía no logro entender como me contuve para no girarme, pues realmente yo sabía que aun no le había conseguido olvidar. Terminé mi ducha y cuando salí Guille ya no estaba allí. Me vestí con toda la paciencia del mundo y fui a la zona común. Una vez allí, Rocío se disculpo. Me dijo que Clara y Guille habían venido pero que le llamaron por teléfono y tuvieron que salir corriendo, que no habían dado explicación alguna.

Una sonrisa sarcástica se me dibujó en la cara, y aunque todos me miraron con cara extraña, acerque una silla a la mesa e invité a los demás a que hicieran lo mismo. La cena y la fiesta fueron un éxito. Bailamos, bebimos y dormimos donde pudimos, toda la noche de risas y muy animados. Sobre todo yo, que había conseguido plantarme y demostrar que no iba a volver a pasar por encima de mí nadie. Al menos eso creía yo en ese momento.

Con la preparación de los exámenes finales, me uní a Rocío más que nunca. Ella me ayudó muchísimo con las materias de examen y yo a ella con un novio que tuvo que la había tratado muy mal. La aconsejaba como si yo supiera algo de relaciones. Aunque bien cierto era que quizás no supiera mucho de relaciones, pero sabía perfectamente lo que era sufrir por amor.

El gran problema surgió al aprobar la selectividad. Los tres nos examinamos juntos y nos fue bastante bien, solo que mi nota de corte era excesivamente alta y no pude entrar en la universidad pública de Alicante, por lo que tuve que irme a estudiar a una universidad en Valencia. Esto provocó un gran distanciamiento entre mis amigos y yo.

Aún se me llenan los ojos de lágrimas recordando la fiesta de despedida que me organizaron Jaime y Rocío, pero sobretodo por aquellas palabras que me dijo mi gran amiga. Ya habíamos terminado todos de cenar, de beber y de bailar, y la gente comenzaba a irse de mi casa. Jaime se acercó y me dio un emotivo abrazo, deseándome mucha suerte en mi nueva vida. Pero sin duda el plato fuerte fue Rocío. Se abalanzó sobre mí y me abrazó, con toda su alma, y susurrándome al odio me dijo:

• Espero que todo te vaya muy bien, seguro que allí encuentras alguien que te haga muy feliz. Jamás hemos hablado del tema, pero yo… Siempre lo supe. Te quiero.

No pude ni contestar, porque justo en ese momento rompí a llorar. La abracé con todas las fuerzas que me quedaban, y sin saber porqué, la besé. Ha sido la única vez en mi vida que he besado a una mujer. Pero una persona como rocío lo merecía.

Las primeras veces que bajaba a Alicante a ver a mi familia quedaba con ellos, pero poco a poco nos fuimos distanciando, hasta que perdimos el contacto completamente.

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