Hola. Tal y como les prometí, aquí está la segunda parte de mi historia, la cual recuerdo como si hubiese sido ayer, y que día a día me pesa mi conciencia por no haberla podido continuar en el tiempo.
Después del episodio en la regadera ya no tuve dudas, me enamoré como un idiota de Erlend. No había cosa que él dijera o hiciera que pudiese molestarme, una sola palabra que saliera de su boca era música para mis oídos…
Esa tarde, almorzamos sin pronunciar una sola palabra. Aunque con los ojos le estaba suplicando «dame más amor, por favor», preferí no forzar una situación que hubiese podido resultar embarazosa, dado que nuestra familia estaba presente.
Durante la noche yo dormía en el salón de nuestra habitación, Erlend dormía en una de las habitaciones con su mamá y mis tíos y mi prima en la habitación contigua. Después de media noche él se levantó y me despertó con un beso. Fue algo arriesgado, pero estuvimos en el salón besándonos y acariciándonos casi dos horas, expuestos a que alguno de los que estaba durmiendo se despertase y nos sorprendiese, aunque (lo admito) eso le agregó algo más de emoción al momento.
Al día siguiente después del mediodía, partimos de regreso hacia nuestra ciudad, (en ese momento empecé a sentir las primeras brisas de una nostalgia que luego se convertiría en huracán…) llegamos casi a medianoche y casa quién tomo rumbo a su casa.
Paso un día, dos, tres… Pensaba que me iba a dar un infarto si no lo veía, además tan sólo en seis días se regresaría a Dinamarca. El cuarto día coincidimos en casa de mi prima. Mis tíos estaban saliendo hacia el supermercado y mi prima aprovecharía la ocasión para escaparse un rato con su novio (God bless him…) Entonces Erlend y yo nos quedaríamos un buen rato solos.
Por un momento no me conocí. Aun mis tíos no habían salido y ya me había lanzado a los brazos de Erlend, entonces él me detuvo y me dijo que esperáramos un poco; si pude notar que ya había montado su carpa dentro del pantalón. En lo que mis tíos salieron cerré con llave, candado y puse una silla detrás de la puerta… Me asusté por lo que sabía que vendría, pero más fuerte que el miedo fue el deseo: lo tomé de la mano y lo llevé a la habitación de mi prima (si ella supiera…).
Me le declaré, no sé que mi hizo, pero logró que en esa semana pasara de hetero a homo, dejara a mi novia (lo que no le afectó en lo más mínimo…) y cambiara mi percepción de… todo. Él hizo lo propio y sellamos nuestro amor con un beso largo que empezó a extenderse a otras áreas. Le quité la camisa y le besé poco a poco sus tetillas sonrosadas, su cuello, su abdomen plano y perfecto… luego le quité el pantalón y besé sus piernas, sus pies, sus muslos y luego, lo mejor. Cuando le quité los boxers quedó ante mi, totalmente desnudo, el hombre más bello del mundo. Es imposible que haya otro hombre tan bello como él, la perfección es él. Un pene precioso, no es grande, unos 15 ó 16 CMS, para mí perfecto (no me gustan los penes tan grandes), unos testículos suaves y duros a la vez (contradictorio, no?) sin un sólo pelo… Tal y como lo imaginé pero mejorado. No pude evitar la tentación y me lo comí enseguida. Además de ser mi primera vez, creo que estaba tan emocionado que lo lastimé un poco pero eso lo excitó más. Él gemía y me decía cosas como «I love you» «Don’t stop» y otras cosas que balbuceaba en danés y que no entendí.
Yo estaba en el cielo sólo con sentir su pene entre mis labios; lo besaba, lo lamía, lo chupaba… Cuando de pronto Él se tensó mucho y presionó mi cabeza, entonces supe lo que venía… no sé cuantos chorros de su exquisita leche inundaron mi boca ( qué cosa más sabrosa!). Cuando terminó, pudo probar su leche cuando nos unimos en un beso larguísimo. Y después me dijo: cógeme, quiero ser tuyo…
En eso me empezó a quitar el pantalón y luego el bóxer (que ya estaba mojadísimo) y me dio sexo oral un rato, aunque ya yo estaba listo desde hacía rato. Tomó un bote de crema que tenía mi prima en una mesita y me empezó a darme en el pene, luego él se dio en su agujerito (con mucha destreza ya se había metido los dedos antes) cuando estuvo listo me lo hizo saber y entonces me acomodó y luego se acomodó él con pies al hombro (gracias a las pelis pornos, el muy desgraciado se conocía mil y una posiciones que yo ni sabía) pero que va… ya eso no fue el cielo, sino una droga (no las he probado pero imagino que debe sentirse así) estar dentro de él era más que tener sexo, era un símbolo de que él me pertenecía y yo a él, era la compenetración total… él me miraba y reflejaba mis pensamientos. Fue un momento sublime que me hizo concluir que era feliz.
Luego él quiso hacerme suyo y le dije la frase que, hasta hoy, me tiene atado a él (aunque no esté) : «Ya soy tuyo desde hoy y para siempre». Me dio crema en mi agujero y lo trabajó por un rato, fue como una sesión de masajes que me puso a punto, fui yo quien le tuvo que gritar: «cógeme, por favor» fue cuando me penetró. No me dolió aunque si me ardió un poco, pero casi enseguida comencé mi viaje de nuevo… Qué cosa tan rica el ser poseído por Erlend. No me imagino siendo pasivo con otro hombre que no sea él, tal vez activo… Al rato un orgasmo mutuo sellado con un beso nos hizo volver a la realidad. Ya habían pasado casi dos horas y mis tíos estarían al llegar. Estábamos tan sudados que decidimos tomar una ducha que nos sirvió para besarnos y acariciarnos más.
Como a la media hora llegaron mis tíos, pero en ese tiempo nos pusimos a conversar; tanto de nosotros como de mí y de él, por separado. ¿Qué sería de nosotros? ¿Cómo haríamos para estar juntos? ¿Qué diría nuestra familia si ‘salíamos del closet’? Él me dijo: vente conmigo. Le dije que no porque no estaba preparado. Por más que me rogó llorando que me fuera, que allá la gente es más ‘open mind’, no pude decirle que sí. Con todo el dolor de mi alma no pude.
Ya faltaban dos días para su partida y yo me estaba muriendo por eso; él también. Me amenazó con decirle a todos lo nuestro si yo no aceptaba. Eso me asustó mucho y mi reacción fue gritarle y decirle que no había sentido nada, que sólo fue sexo y ya. Sé que fui un cobarde pero me invadió el miedo a ser descubierto. Yo tenía una buena vida (que perdí, por cierto) antes de que el llegara ese diciembre y sentí miedo de perderlo todo.
Él no me creyó pero me dijo que no lo iba a intentar más, pero que me iba a estar esperando. Y yo de imbécil le dije: no me esperes.
Él se fue y no volvió más a nuestro país. Se despidió con el beso más amoroso pero más triste que he recibido y dado. Desde ese día lo he llorado en silencio. Me esperó mas de un año, pero a mí me tomó más tiempo asimilarme como lo que soy, un gay que está enamorado como un desgraciado. Cuando me sentí preparado, recibí noticias de que ya está siendo feliz con otro joven…
Con la madurez y los golpes que me ha dado el tiempo, les aconsejo: si están en una situación similar a la mía, no se paren por lo material o por la opinión de otro, el amor verdadero es uno sólo y a veces no espera… Mientras tanto aquí estoy yo, deseándole que sea feliz, aunque si no le va bien, soy yo quién lo espera ahora, TOTALMENTE SEGURO DE QUE LO AMO Y DISPUESTO A SACRIFICAR TODO CUANTO PUEDA POR ÉL. TE AMO, ERLEND!!!
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