BILBO (III)

El gimnasio, M. y N.

Autor: Chapero16

Fecha original: 16 de junio de 2006

Yo estaba encima de la cama, en bolas, leyendo y dándome un poco en la polla, sin pensarlo, y de repente entró Marco. O sea, de repente no, llamó y entró, pero todo seguido y no me dio tiempo a nada y me dio muchísimo corte, pero se me pasó enseguida. El iba nada más que con el slip de la casa y se le notaba un pollón y una mano la llevaba colgando ahí, o sea con el pulgar metido por el slip y eso y desde donde yo estaba, tumbado de lado, la vista de su body era como un monumento, o sea. Está bastante más bueno que yo -a mí me gusta decir las cosas como son- un cuerpo casi perfecto, fuerte pero sin señalar, moreno todo pero con un color de piel acojonante. La cara no gran cosa, pero cuando la mueve, cuando sonríe, superatractiva, porque los ojos bailan como con la boca, no sé… Bueno, se sentó en una esquina de la cama y a mí me pasaron dos cosas: me empalmé mucho más de lo que estaba y me puse rojo porque lo noté un montón, me dio un porrazo de deseo sin control y sé que yo, en aquel moment, hubiera hecho cualquier cosa… pero están acostumbrados a todo y éste ni se inmutó y me dijo a lo que venía:

-Hey, Dani, si quieres ver, están follando en el gimnasio…

-¿Y eso?

-Es que hay peña que les gusta que les vean y el gimnasio está abajo y se ve desde arriba de la escalera. ¿Pillas?

La ostia. Aquí todo el personal habla como en telegrama, las palabras justas… llegamos arriba de la escalera y estaban otros tres, dijeron Hey y a mí me dejaron pasar delante y Marco se quedó detrás de mí y se apoyó en mi espalda, yo creo que apretándose, pero a mí me gustó, que se apretara, digo, porque lo hacía con mucha delicadeza. Había un hombre como de 40 ó 50 y dos chicos dándole. El tío era fuerte, pero todo músculo y muy fibrado, exagerado, de gimnasio.

-Dani tío, ésos son M. y N., no viven aquí, pero vienen mucho. Son pareja y siempre trabajan juntos. Son muy buenos…

-Ya lo sé. Les conozco

-¿De qué? ¿de follar?

-No, de un trabajo. Hace poco estuvimos juntos en Barcelona haciendo un cuadro. Un cuarteto

-Hey, ¿Pero todavía existe eso?

-Qué quieres que te diga, yo es la primera vez que lo he hecho…

-¿Y ellos?

-Ni idea. No hablan mucho. ¿Es verdá eso de que sólo trabajan juntos?

-Siempre. Lo mismo para follar que para modelar hay que cogerlos a los dos. Si no, no van. La gente ya lo sabe. Son muy buenos, hacen de todo y siempre están dispuestos…

-Ya vi

Desde arriba M. y N. parecían iguales. Uno se la chupaba al hombre haciendo florituras con la lengua y el otro le comía el culo casi con los mismos movimientos, los dos igual de empalmados, los dos igual de delicados. El hombre miraba para arriba de vez en cuando, porque sabía que le estábamos viendo. Era lo que quería: hacerlo con dos pavos y con público. El siguiente cambio de postura no lo había visto yo nunca: el hombre se tendió boca arriba en una colchoneta y M. y N. se pusieron a pisarle, con delicadeza pero con bastante energía: el pecho, el cuello, ponían los pies sobre él, uno por uno y los movían haciendo presión, una vez apoyados. Cuando llegaron a la cara, el tío ya se puso bastante loco, se nota que le encantaba eso y chillaba el cabrón. Le pisaban todo, la boca, la nariz, los ojos, las orejas y el tío a la vez sacaba la lengua y chupaba lo que podía de los pies. M. y N. seguían superempalmados y con cara de estar haciendo un trabajo a conciencia, como si estuvieran escribiendo a máquina o algo, yo creo que sin emoción ninguna…

El tío debía ser de pies, porque lo siguiente fue que se sentó en el suelo y M., frente a él, empezó a pajearle sólo con las plantas de los pies, mientras N., de pie y abierto de patas a la altura de su coco, le metía la polla en la boca sin agarrarse a nada. Me dio por mirar un poco a los demás, porque yo soy curioso, ya se sabe, y todos estábamos más o menos empalmados o a media asta y a ellos, que llevaban el slip de la casa, se les notaba más. A nosotros nos pasa eso, como a todo el mundo y no le damos importancia, sobre todo ellos, que no lo esconden para nada, aunque se toquen, y cuando estás entre ellos, pues tú igual. Marcos había bajado los brazos y me rodeaba la cintura, pero era tan jodidamente natural como lo hacía que no pensabas nada y varias veces me soplaba el pelo, como si estuviera respirando, y me lo retiraba con la punta de los dedos, pero no era sexo, no sé cómo explicarlo, era como un toque de amigo nada más y sólo hacía un día que nos conocíamos.

Siguieron mucho rato los del gimnasio, pero sin penetración ninguna y debía estar todo hablado o planeado, porque, cada vez que parecía que el hombre iba a correrse, todos pasaban a lo siguiente sin dudarlo y a mí lo que me llamaba más la atención, igual que la otra vez, era que M. y N. siempre están lo mismo, todo el rato, por mucho que dure la cosa, igual de empalmados y nada, pero es que nada, de descontrol, y si alguno de los dos se baja un pelín, que eso sólo lo nota uno que sabe de qué va esto, pues se dan un poco el pico, se tocan y enseguida se levantan otra vez.

Al final se corrieron primero N. y luego M. en la cara del mister y luego se colocaron los dos para prepararle la corrida a él, uno dándole lengüetazos a la polla y el otro metiéndole la zarpa por detrás, que el tío tardó en correrse, pero cuando le llegó lo hizo estrepitoso, con berridos, temblores y toda la pesca…

Bastante más tarde, cuando entramos en el salón, estaban M. y N. los dos sentados en un sillón, acariciándose, casi uno encima del otro y M. atravesado y con una pierna colgando fuera, me saludaron los dos con la mano abierta cuando me vieron entrar y no me acerqué porque ví que se habían puesto adrede bastante apartados de los demás. Al lado de la ventana estaba Juano con cara de pensativo o de aburrido y era una imagen guay porque el sol caído le daba en el pelo revuelto y él llevaba un bañador pequeño muy caído con los cordones colgando. Uno rubio que yo no había visto casi nada se levantó de un grupo y fue con Juano y empezó a hablarle al oído muy despacio y luego Juano decía que no con la cabeza.

Era un chico alto muy bien modelado con las patas muy largas y unos pies perfectos, con el slip de la casa y muy poco paquete. Se sentó en el brazo del sillón de Juano y empezó a tocarle suavísimo con una mano, primero el hombro haciendo círculos, luego los cordones del bañador, luego la pierna, el muslo por dentro, la mejilla, el muslo otra vez… Juano le dejaba tocar, pero seguía diciendo que no con la cabeza y estuvieron así un rato. Cuaquiera podía entender lo que pasaba allí, pero a nadie le interesaba, yo creo. Después Juano se levantó y vino muy despacio hasta donde yo estaba. Seguía con el bañador caído y a mí me parecía que estaba más bueno que nunca. (Bueno, cada rato que pasaba en aquella casa sin hacer nada, a mí me parecía más bueno todo el mundo, ya ves) y resultó que estaba entusiasmadín porque venía su hermano. Le esperaba de tarde y ya estaba tardando y salió a ver si llegaba.

Luego le perdí de vista hasta la noche que estaba yo en la

habitación y oí las voces, me asomé a la ventana y les vi, Juano suplicándole al Iván que se quedara y el otro diciendo que tenía que salir, que le esperara si quería pero que iba a volver muy tarde, que no hiciera el memo y que se acostara. Juano había ido a buscar la pasta y se la estaba dando. El Iván me pareció que estaba bastante más delgado, igual de bueno y yo no le recordaba tan macarra, con la ropa superajustada, las zapas supergordas, el pelo la tira de largo y mogollón de collares…

Un rato después Juano llamó a la puerta, hecho polvo. Llevaba sólo el slip de la casa y pensé que iba o venía de trabajar, pero no, cuando venía su broder no cogía a nadie. Quería más o menos que nos fuéramos él y yo a buscar a su hermano por Bilbo y había que quitarle esa idea del coco, porque fácil que se iba a encontrar lo que no quería. Le vi yo al Juano bastante rayadura porque no paraba de decir que no entendía porque Iván no quería acostarse con él. Entonces ya le dije yo:

-¿Has pensado que no quiera acostarse contigo porque es tu hermano? ¿Has pensado eso? ¿Eh?

-Joder!!! ¿Entonces porque empezó conmigo? ¿para dejarme tirado? Fue él el que empezó conmigo ¿no?

Y se echó a llorar como un cabrón

Era difícil contestar a eso y yo no soy de hablar por hablar, o sea que me acerqué a él y le abracé. Y me abrazó, Y siguió llorando. Y le dije que se quedara allí, a esperar a su hermano, con la puerta abierta. Y nos liamos. Pero no nos liamos a lo bestia, no, sino poco a poco. Nos tocábamos y nos poníamos. Nos acariciábamos y nos poníamos. Casi sólo recuerdo que él lloraba un poco de vez en cuando y lo que pensaba yo. Yo pensaba cosas tan absurdas así: que cuál de los dos, él o yo, tenía más ganas; que cuál de los dos hermanos estaba más bueno y cuando pensaba en lo que me había gustado el Iván, pues me excitaba mucho, y si pensaba en ellos dos follando, pues me excitaba más todavía y luego pensaba que él, Juano, estaba tan excitado porque estaba todo el rato pensando en su hermano y que era mejor así, y seguí pensando que sería mejor no besarle nada porque no le iba a gustar, pero fue él el que me dio boca con bastante hambre y entonces ya seguimos más sueltos hasta que nos corrimos… y luego nos quedamos dormidos.

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