PATAS (JUANO EN MAD)

Autor: Chapero16

Fecha original: 30 de noviembre de 2006

-Lo que más me gusta son las patas de los tíos, ¿sabes Dani? Y cuando vienen a follarme y no me gustan las patas me pongo ya de mala hostia, qué quieres que te diga, pero me callo y aguanto, porque las pelas son las pelas. Y al revés, cuando viene un tío con las patas buenas ya sólo con eso ya me empalmo, te lo juro y ando a ver de que la cosa gire para poder agarrarle las patas, y chupárselas lo más posible, y lo que sea… yo creo que es por Iván, ¿sabes?, porque desde muy chico yo lo que más veía eran las patas del Iván, porque el Iván estaba todo el día en patas, en invierno y verano, desde que yo me acuerde y comía así y todo y yo me agachaba para mirarle las patas debajo del mantel, sabiendo que si me pillaban que era eso me iban a dar de hostias, pero eso me la traía floja. Y por eso en cuanto el Iván se iba a la habitación yo me iba detrás, sólo para verle las patas, bueno que eso ya te lo conté en Bilbo, pero lo he pensado después y ahora pienso que él se pensaría que yo iba para verlo pajearse y eso, para ver si sacaba la polla, y por eso se cabreaba, me imagino… pero no, yo entonces en eso no pensaba, porque no sabía… me apretaban los huevos cuando miraba a mi hermano y también cuando cerraba los ojos y pensaba en sus patas. ¿Tú te has fijado bien en las patas del Iván, Dani?

-Sí…

-¿Pero tú te has fijado bien?

-Que sí… (Tampoco me apetece mucho contarle que yo llegué a ir a los pisos de la Mari sólo por ver las patas del Iván, o sea que mira si sabré yo….)

El que habla es Juano, claro, que se ha presentado aquí, sin avisar y tampoco está mal, porque yo le invité bien cuando nos despedimos en Bilbo, pero no pensaba, y precisamente ahora, que estoy bastante confuso de todo, pero claro, qué tiene que ver… el caso es que Juano está total de los nervios porque el Iván no ha vuelto a aparecer, ni siquiera a pedir pasta, ni llamar ni nada y éste se ha plantado aquí sin más, porque lo de su hermano es total, ya sabes, de sicólogo, yo creo…

-Cuando íbamos al pueblo, en verano, había río y teníamos una barquita de mierda, ¿sabes? Pero a mí me encantaba, porque teníamos que meternos los dos apretados y sólo había dos maneras de ponerse y la mejor era cuando yo me ponía delante de él, de espaldas a él y sus patas por fuera de las mías y como remaba él yo podía tocárselas todo lo que quisiera, y me pasaba, claro, hasta que un par de veces me lo dijo: “-Tío, deja ya de sobarme, ¿no?” pero lo decía medio riendo y yo ponía cara de tonto, ¿qué iba a hacer?. Además, en el pueblo teníamos que dormir en la misma cama y aunque yo jamás le toqué nada hasta aquella vez que él me cogió a mí, ya te conté, pues yo estaba todo el rato como temblando, sobre todo en la siesta, porque de noche lo normal era que me quedara frito y no me enteraba, normal. Una vez me desperté y nos habíamos movido mucho y yo no sabía ni dónde estaba, pero tenía la cabeza justo al lado de su muslo, totalmente encima y me quedé flipado porque yo nunca le había visto tan cerca, lo que es a centímetros, tú prueba, verás, el slip se le había movido y por un lado lo tenía casi caído y se le notaba un montón la polla, yo creo que aquella fue la primera vez, también, que me fijé en la polla del Iván, lo que es en la polla en sí misma, tú me entiendes, entonces no tenía nada de pelos en el cuerpo, ahora casi tampoco y se veía todo como mucho más grande, mucho más bonito. Yo me separé un poco –sólo un poquito, no podía más- sólo para poder tocarle y le puse la palma de la mano en el muslo lo más suave posible, pero no me atrevía a acariciar, porque se despertaría y aparte de que me forraba a hostias, eso pensaba yo, yo me iba a morir de vergüenza…

Está enfermo este chaval, eso está claro. Y ya me lo veo venir, se va a empeñar en que busquemos al Iván por todo Madrid y no hay nada, nada, nada, que me apetezca menos en este momento. Pero los problemas empezaron desde por la mañana, cuando llegó sin avisar porque, no flipes, se ha venido así, como está ahora en el salón, con un jersey, las zapas sin calcetos y un pantalón lo más cortito posible, o sea un vaquero cortado a tijera, de tía, justo por debajo de los webos sin slip ni pollas, como no sea un tangazo, que no creo, y una mochila enana que yo no sé si traerá algo más ahí. Pues debajo de casa hay siempre una panda de enanas, no tan enanas, que están ahí todo el puto día tomando tóxicos y que a mí no me dicen nada porque ya me encargué de pararlas el primer día que se me pusieron por delante. Bueno, pues claro, llegó el Juano vestido así y el escándalo. Y yo escándalos aquí, ni uno. Casi se lo follan ahí abajo las tías, se le abalanzaron las muy putas y no paró la cosa ahí porque el Juano subió por las escaleras –no coge ascensores- y ellas detrás, menos una lista que se adelantó por el ascensor y le salió al encuentro justo cuando yo abría la puerta, o sea, que si no estoy yo se lo tira allí mismo…

-No te preocupes, Dani, estoy acostumbrado… (el tío impasible, él va a lo que va…)

-¿A qué? (yo, por preguntar)

-A las tías éstas. Son todas unas calientapollas. Siempre están igual…

Joder, es que como vaya por la calle vestido así, o sea desvestido así, no me extraña que se le tiren las nenas, los nenes y hasta los porteros, no me extraña que gane la pasta gansa que dice que gana, para él y para su hermano y que no le dejen ni para dormir, que dicen que pasa. Está a mi lado con los pies subidos en la mesita y es todo patas, unas patas perfectas. Visto aquí así, en Madrid, este tío está buenísimo, pero o sea, buenísimo, no es una manera de hablar, o ha cambiado en tan poco tiempo o yo estoy ya como una puerta y me estoy rayando, o las dos cosas… y te juro que no me apetece nada esto ahora, pero es que nada…

-Quítate las zapas si quieres, Juano…

-¿No te importa?

-No…

Se las quita con muchísimo cuidado y vuelve a poner las patas donde estaban. Lo he hecho adrede, sabes, quiero verle los pies, quiero vérselos ahora y son … son la oxtia, unos pies grandes, bonitos, poderosos…

-O mejor, Juano, ¿por qué no te das un duchazo, tío? Estarás harto de viaje…

-Muchas gracias, Dani, eres un buen tío.

Lo que soy es un cabrón, me parece. Una hora antes estaba super seguro de que yo no quería follar absolutamente con nadie de ninguna manera. Ahora ya no. Oí la ducha y tuve que cortarme para no ir, porque mi cuerpo me pedía ir allí, no veas… pero no hice nada hasta la noche. Lo más sencillo siempre es lo más normal, ¿no? Cuando estaba acostándose le dije desde la puerta:

-¿Quieres que durmamos juntos?

-¡Claro!

Él ya estaba desnudo, porque se acababa de quitar el pantaloncito ése, que era lo único que llevaba y yo me bajé el boxer. Me abrazó enseguida y empezó a besarme, pero yo le retiré muy despacio y le tumbé de espaldas, porque quería chuparle los pies, quería estar con sus patas, no sé si se entiende esto. Yo no sé si nunca he tenido tantas ganas de follar como esta vez, no sé por qué. Estar con sus pies y con sus patas me excitó tanto que creí que iba a tener que correrme antes de seguir, pero no. A él también, a él también le excitó muchísimo y mientras follábamos, yo dentro de él, yo pensaba “cada uno es lo que es. Este tío no es un polla, como algunos, o un boca, como otros, que los hay. Este tío es un patas, como su hermano, hay que entrarle por las patas, hay que darle por las patas y por eso va así por la calle, en patas. Lo va diciendo…” luego un orgasmo super lleno precisamente con la cara muy cerca de sus patas y luego él un orgasmo larguísimo, con ruido, con aliento y luego su voz, un poco nerviosa:

-Dani…

-¿Qué?

-Mañana vamos a buscar a Iván, ¿Vale?

***