Un cachorro caliente
Nada más parar y bajar del vehículo, el bello muchacho me abre la puerta, como
es su obligación, para eso le paga mi padre, no para que me devore con los ojos,
aunque su bello rostro permanezca indiferente. Pero ya se enterará, lo que le he
hecho sufrir ahora no es nada con lo que te espera. Inicio el movimiento como
para bajar del coche, pongo las piernas fuera y en lugar de salir giro el cuerpo
para coger el bolso escolar ; me estiro y la corta camiseta se sube aún más; por
el rabillo del ojo observo como miras mis piernas, mis muslos y el inicio de las
nalgas, incluso los calzoncillos quedan a la vista; permanezco así el tiempo
suficiente para que puedas contemplarme bien, y al salir me fijo y veo el bulto
que tienes en la entrepierna, empiezo a caminar hacia la lujosa puerta de
entrada, me detengo y te digo:
-Pablo, dentro de una hora esté preparado, tengo ganas de salir.- te llevas la
mano a la gorra y contestas educadamente:
-Lo que usted ordene, señorito Jorge.- pero bajo sus palabras educadas y su
gesto de aparente respeto, sus ojos brillan altaneramente, te crees superior a
mi por tu edad, pero yo te enseñare cual es tu sitio. Continuo andando hacia la
casa sabiendo que mira mi cuerpo y lo desea con toda sus ansias.
Mi padre se niega a despedirle, dice que es un buen empleado y buena persona,
que te han recomendado gentes muy importantes, pero yo no puedo aguantar sus
disimulados aires de superioridad; por otro lado quizá sea mejor, así puedo
hacerle sufrir, ponerte los dientes largos, procurarte el viejo tormento de lo
verás pero no lo catarás. Subo a mi dormitorio y me doy un baño de agua tibia y
abundantes sales, después de secarme me miro en el espejo del dormitorio; tengo
un cuerpo de curvas bien marcadas, pechos erguidos y bien puestos, bonitas
piernas y caderas anchas, sin exageración y un rostro atractivo, pero lo que
hace enloquecer a los hombres es el halo de niño adolescente e inocente y
sensual que emana de mi, soy un chico ardiente, sexual, y sin que haga nada para
demostrarlo, se nota y eso atrae a los hombres como la miel a las moscas.
Me pongo un vestido de baño ceñido y una amplia camiseta ; hoy tengo que estar
mas atractivo que nunca: cumplo 19 años, y para celebrarlo estare en la casa de
la playa con un grupo de compañeros del cole que luego me hará disfrutar de los
placeres del sexo ; para que la fiesta sea completa, lo tendré esperando en la
puerta varias horas, sabiendo que yo estoy gozando con otros hombres.
Todavía me da risa recordar que hace unos días, al salir del colegio con unos
amigos íbamos en la limusina hablábamos mientras el conducía, de repente se me
ocurrió una idea:
-Pare al lado de la carretera y bájese del coche.-le ordené con voz seca,
naturalmente obedeció inmediatamente; mi acompañante se extrañó
-Espera cinco minutos y estaremos en mi casa.- pero cuando los cuatro nos
sacamos la verga y empezamos a masturbarnos . El sitio no estaba muy oscuro y
podías ver perfectamente como le hacíamos y oír nuestros gritos de placer. La
expresión de su cara era todo un poema.
Me miro por última vez en el espejo, todavía es pronto para ir a la casa de
playa, así que me iré primero a tomar una copa en el puerto. Al llegar al coche,
estás esperándome con la puerta abierta, hago ver que se me ha metido algo en el
zapatilla , me agarró de su brazo, me inclino un poco y agito el pié, noto como
se te agita la respiración y me dan ganas de reír. Entro en el coche y entonces,
muy educado, me dices:
-Si me permite decirlo señorito , va usted muy bonito para su cumpleaños.- le
miro extrañada, nunca hasta hoy te habías atrevido a decirme nada que pareciese
algo personal. Quizá tenga que tomar alguna medida para ponerte en tu sitio.
En el establecimiento al que he ido a tomarme algo, no hay nadie interesante, me
tomo un par de copas y salgo al cabo de un rato, cuando entro en el coche rocía
el interior con un spray.
-¿Que haces? te pregunto “
-Me parece que hay algún moquito en el interior.- arrancamos camino de la casa
de playa y de repente me entra un sueño terrible, pienso que las dos copas que
me he tomado no han sido como para eso; intento despejarme moviéndome en le
asiento, el fuerte olor del spray me marea, lo llamo por el teléfono y le digo
que pares para darme un paseo y espabilarme, le giras y me mira; una sonrisa
sardónica baila en su boca, no me obedece, voy a decirle algo pero el sopor se
apodera de mi y me duermo.
Cuando despierto tengo la mente confusa, no se donde estoy, tengo la boca seca,
poco después me doy cuenta de que yazgo tumbado en una cama, me voy a levantar y
no puedo moverme, me espabilo algo más y compruebo que estoy atado de pies y
manos a la cama formando un aspa, mediante unas cuerdas que sólo me permiten un
escaso movimiento; me fijo en que la persona que me ha atado me ha encintado
muñecas y tobillos para evitar que me haga daño y que estoy completamente
desnudo.
El temor me asalta, no recuerdo lo sucedido, pero podría estar en manos de un
maniaco sexual o algo peor. Me fijo en los detalles, tratando de adivinar donde
me hallo: la cama es un mueble grande, sin rasgos distintivos, está situada en
el centro de una habitación grande, no puedo ver cuanto, porque está iluminada
únicamente por un foco situado encima de la cama que deja el resto en la
penumbra, entre las tinieblas me parece ver una mesa y sillas. No se oye nada,
espero impaciente, alguien tendrá que venir. Finalmente oigo un ruido, como una
puerta, luego pasos y una sombra que se acerca; el corazón me palpita a mil por
hora, el miedo me atenaza, tiemblo como una hoja al viento, lentamente la sombra
entra en el círculo de luz y lo veo. Toda la ansiedad, el temor se convierten en
furia:
-¡Maldito hijo de puta! ¡Así que eres tú! ¡Suéltame inmediatamente!
Me miras tranquilamente durante un tiempo, con una media sonrisa en el rostro,
su mirada me recorre el cuerpo de arriba abajo; se lo que estás pensando y eso
me enfurece más todavía.
-¡Acabarás en la cárcel, cabrón! ¡Te denunciaré!
Sin decir nada se acerca a la mesa que se entrevé en la oscuridad, y vuelves con
un vaso y una jarra de agua, echas ostensiblemente agua de la jarra al vaso y me
preguntas con voz amable:
-¿Tiene usted sed, señorito ?,
Efectivamente, tengo una sed tremenda y al ver el trasiego de agua me la ha
aumentado, noto la boca pastosa, la lengua reseca.
-Si, dame agua.
El extraño funcionamiento de la mente: no te digo que me sueltes,
subconscientemente se que no lo vas a hacer, ahora lo mas importante es beber.
Me pones el vaso en la boca, lo inclinas lentamente y unas pocas gotas caen en
mis labios, luego lo quitas.
-¿Qué haces imbécil? dame más.- te increpo mientras te miro con odio.
-No señorito , ahora las cosas han cambiado, si quiere agua tiene que pedirla
por favor y decirme “amo y señor”, siempre que me hable tienes que decírmelo;
recuerde, para que le de agua tiene que decir: “por favor dame agua mi amo y
señor”
-Estás loco si crees que te voy a decir eso.- contesto enfurecido.
-Bien, no tengo prisa.
El acerca una silla y se sientas al lado de la cama. Pasa un rato, la sed es
cada vez más fuerte, intento pensar en otra cosa, pero no puedo, tiro con furia
de las ataduras, pero no consigo nada, le insulto y amenazo, pero permaneces
indiferente, recurro a la seducción.
-Pablo, yo se que quieres disfrutar de mi cuerpo, dame agua, desátame y follaré
contigo y no te denunciaré.
Me mira, sonríe y niegas con la cabeza. Pasa el tiempo; mi lengua es un trozo de
esparto reseco en mi boca, no puedo tragar, no tengo saliva. Pienso: es sólo una
frase, cuando me suelte lo denunciaré y lo meterán en la cárcel por secuestro.
Me decido.
-Por favor dame agua mi amo y señor.- te digo con voz apenas audible.
Se levantas y me das agua; bebo un par de vasos, está riquísima, nunca pensé que
beber agua fuera tan delicioso. Me quedo satisfecha, casi estoy a gusto. Después
de dejar vaso y jarra se sienta en la cama y con las yemas de los dedos empiezas
a acariciarme los pechos, sus dedos van dibujando caprichosas líneas, se acercan
las tetillas , luego los chupa; intento pensar en otra cosa, pero no puedo
evitar que el pene se ponga duro, continua jugando con ellas y te decides a
incluir el pene, lo tocas ligeramente, los dejas, los pellizcas, te alejas.
No le digo nada, no quiero que te des cuenta de que el juego me ha excitado;
noto el pene henchido y duros como la piedra, pero cuando se inclina y los chupa
de nuevo no puedo contener una exclamación de placer; luego vas descendiendo por
mi cuerpo con la boca y sus manos sin dejar un centímetro por acariciar; cuando
llegas al pene, ya lo tengo mojado.
Cuando empieza a acariciarme pensé en insultarte y gritarte que me dejara, pero
comprendí que mientras no me poseyeras, mientras no disfrutaras de mi cuerpo no
me soltaría, así que decidí colaborar y terminar pronto con esto. Su boca
empieza a trabajar por mi pene chupando y lamiendo y al cabo de pocos minutos
estoy al borde del orgasmo; entonces me dejas, se pone en pié y se desnudas.
Veo tu verga, grande, tiesa, erguida; pienso que dentro de poco la tendré dentro
de mi culo y aumenta mi deseo. Te arrodillas al lado de mi cabeza y colocas el
capullo junto a mi boca y me rozas los labios sin decir nada. También sin decir
nada empiezo a chuparla; me la meto todo lo posible en la boca, chupo, la saco,
vuelvo a chupar sólo el capullo; está riquísima, me produce un gran placer
tenerla en la boca, sólo lamento no poder ayudarme de las manos para mejorar la
mamada. A veces me sujetas la cabeza y me penetra como si me estuviera follando,
otras me deja a mi aire, en ambos casos disfruto de su verga.
Noto que estás a punto de correrse, su polla cabecea deseando soltar su carga,
gimes suavemente y sus manos se crispan en mi cabeza; chupo con más intensidad y
empiezas a soltar descarga tras descarga de leche en mi boca, no paro, para que
sú disfrute sea completo, y a punto de atragantarme oigo su suspiro de
relajación y paras de eyacular. Ha alcanzado el placer, pienso, ahora me toca a
mi.
Efectivamente, después de recuperarte vuelves a mi pene y empiezas a recorrerlo
a lengüetazos; enseguida me pongo a tono otra vez, y mas cuando con el dedo
empiezas a recorrerme la regata del culo, encuentras el ojete y empiezas a
acariciármelo , y tras ligera presión, ya tengo el esfínter dilatado de
anteriores experiencias en el colegio, me penetra. Se concentra en el pene con
la lengua y el culo con el dedo; ya estoy punto, me voy a correr... y se paras.
Me quedo paralizado por la sorpresa y el enfado. Levantas la cara, me miras y
dices:
-¿Quieres que continúe?
-¿Qué haces?, claro que quiero mas.
-Pues pídemelo. Ya sabes como, pero ahora tienes que decir “soy un cachorro
caliente y tu eres mi amo y señor”
Me quedo callado. Tengo en la mente una nube roja de ardor sexual e ira; pienso
en mandarte a la mierda, no voy a aguantarlo más. Entonces con el dedo empiezas
a darme ligeros toques, en el pene, en el culo; casi no puedo respirar de deseo,
al final pienso es sólo una frase, ya me vengaré.
-Soy un cachorro caliente y tu eres mi amo y señor.- farfullo de forma
incomprensible.
-No te he entendido, dilo más claro.
-Soy un cahchorro caliente y tú eres mi amo y señor.-le repito a gritos.
Inicias de nuevo tu trabajo; estoy a punto de reventar, noto el sexo inflamado,
el pene está a punto de reventar, me lo acaricia suavemente con la lengua,
apenas lo tocas, me penetras por el culo, ahora con el dedo pulgar; me retuerzo
sujeto por las ataduras, ya casi me viene; noto que disminuye la intensidad de
su caricia y sin esperar grito desesperadamente:
-Soy un cachorro caliente y tu eres mi amo y señor.
Continua acariciándome y me corro como un loco alcanzando uno de los orgasmos
mas fuertes de mi vida mientras grito inarticuladamente “soy un cachorro.......
Después de la excitación quedo tendido en la cama, descansando, me entra sueño y
duermo un rato, no se cuanto, luego un ruido me despierta; le veo sentado en la
mesa, estás comiendo y eso me hace darme cuenta de que tengo un hambre canina.
-Pablo dame de comer, tengo hambre.
Me miras con gesto indiferente y continuas comiendo, como si nada. Me decido.
-Por favor mi amo y señor, dame de comer.
Se levanta y vienes hasta la cama con un bol y una cuchara en la mano. Te
sientas en la cama y me das varias cucharadas de una especie de gachas; no se a
que tienen gusto, pero lo mismo da, tengo tanta hambre que no me importa. Me
preguntas:
-¿Te gusta tu cena de cumpleaños?
Te detienes sin darme más hasta que contesto con acento humilde
-Si mi amo y señor, me gusta mucho.
Cuando acabas de darme la comida desapareces durante unos minutos y cuando
vuelve lleva algo en la mano, una caja de regular tamaño, acercas la mesa a la
cama y sacas de la caja un bote como de cosméticos, un calentador eléctrico a
pilas y me estremezo cuando veo lo último: un vibrador-consolador Pones el bote
a calentar y al cabos de unos minutos lo retiras, lo destapas y se acerca a mi,
hundes dos dedos en el y me untas las zona anal con abundante cantidad de
vaselina caliente.
El contacto de la casi ardiente sustancia con todos los rincones de la zona
erógena es excitante, luego dejas el bote que se mantenga caliente y coge el
vibrador-consolador, lo untas con mas vaselina y me lo acerca al culo . Antes de
tocarme, de rozarme siquiera, ya tengo los labios apretados para evitar gemir;
se la capacidad de proporcionar placer que tiene el aparato y me da miedo y
deseo al mismo tiempo. Cuando me lo pasas por la raja del culo, lentamente, de
abajo a arriba hasta llegar no puedo evitarlo, un gemido se escapa de mi boca.
El calor de la vaselina unido a la vibración del consolador vencen en segundos
mi intención de resistir; sin poderlo evitar abro las piernas buscando un
contacto mas íntimo con el aparato.
Lo vas moviendo lentamente, ahora aprietas un poco más, ahora aflojas, ya me lo
metes un poco en la raja apretando con la roma punta inicias una amago de
penetración que hace que levante las caderas todo lo que puedo, facilitando su
entrada. El maldito aparato y tu habilidad manejándolo me tienen excitado al
máximo ¡como me gustaría que me follaras con él hasta correrme!, pero no,
continuas moviéndolo lentamente; cuando estás llegando otra vez al pene para
mamarmelo, me abro de piernas todo lo que puedo para sentir mejor su contacto;
en ese momento lo retira, aparta tu boca y el aparato que más deseo del mundo,
veo que sus ojos están fijos en mi, y grito:
-¡Soy un cachorro caliente y tú eres mi amo y señor!
Inmediatamente el dulce objeto de mis deseos me acaricia otra vez, en premio a
mi obediencia me lo metes casi totalmente en el culo, arrancándome un grito de
placer y deseo, pero enseguida lo sacas y vuelves al lento peregrinaje por mi
culo. Cambias de posición, y sin dejar de acariciarme con el vibrador acercas la
boca a mis tetillas te vas directamente a por un pezón y lo muerdes causándome
dolor y placer simultáneamente, me miras y me preguntas:
-¿Te gusta, perro?
-Si, me gusta mucho.- respondo lleno de pasión.
Entonces me muerdes fuerte, muy fuerte, grito, más de sorpresa que de dolor, y
cuando veo tu mirada, añado:
-Si, me gusta mucho, mi amo y señor.
-Has sido muy malo, muy malo y todavía no has aprendido a ser bueno, así que voy
a tener que castigarte.- vas primero a las manos y luego a los pies y cambias
las ligaduras de sitio de manera que ahora quedo en la misma posición, pero boca
abajo y con las ligaduras mas largas, tengo mas capacidad de movimiento. Sigo
con ansiedad tus manipulaciones deseando que termines pronto para que vuelvas a
manejar el consolador; cuando otra vez lo noto avanzando camino del ojete me
pongo a cuatro patas, ofreciendo mi trasero, y al pararse y presionar gimo de
gusto, aprietas un poco más, me muevo contra él y suavemente, con dulzura me va
penetrando; la vibración genera una serie de ondas placenteras que desde el culo
se expanden, primero al pene y luego a todo el cuerpo. Cuando detienes el
vibrador casi lo estoy esperando, y rápidamente grito:
-Soy un cachorro caliente y tú eres mi amo y señor.
Oigo una especie de silbido y un fuerte dolor en la nalga, te miro con ojos
llorosos y veo en tu mano una varita con la que me has golpeado.
-Ya te he dicho que habías sido malo y debes pagar el placer con dolor
Vuelves a conectar el vibrador y a penetrarme por el culo; el gusto que me da me
hace olvidar el dolor del golpe; cuando me lo has metido casi del todo lo vas
sacando lentamente; al sacarlo del todo nuevamente empiezas a introducirlo, te
paras y exclamo:
-Soy un cachorro caliente y tú eres mi amo y señor.
Otra vez el dolor, y enseguida el bálsamo del placer. Como notas que estoy a
punto de correrme con las caricias en el culo, lleva al mano hasta el pene y
otra vez inicias el ritual, yo grito la consigna y llegan el dolor y el placer
asociados. Pierdo la noción del tiempo, me mantienes al borde del orgasmo
durante minutos, horas o días, no lo se; de cuando en cuando me aplicas otra vez
vaselina caliente y continuas con el ciclo, consigna, dolor y placer, haciendo
que en mi mente calenturienta se confundan las tres cosas en una sola, a veces
sin que me retires el vibrador grito la consigna que trae consigo el dolor
porque luego el placer parece más intenso. Al final, después de una eternidad,
colocas el vibrador contra el culo y me dejas que me corra, aullando como una
perro caliente alcanzo un orgasmo casi doloroso y me desplomo sobre la cama.
No se cuanto tiempo estoy durmiendo cuando me despierta el dolor; estás a los
pies de la cama, desnudo, tienes el vibrador en una mano y la varita con la que
me ha golpeado en la otra y la polla tiesa, preparado.
-Ven aquí, me ordena
-Si mi amo y señor.- respondo
Me doy cuenta de que no tengo las ligaduras, por lo que puede ir hasta donde
estás. Cuando llego a los pies de la cama me da el bote de vaselina y me manda:
-Ponte
-Si mi amo señor.- respondo sumiso
Mientras me estoy untando la vaselina caliente por el pene y el culo me golpeas
un par de veces con la varita, no me hace mucho daño pero siento como se me
humedece el pene, el placer está cerca.
-Ponte en facha que te voy a follar, ¿qué eres?
-Soy un cachorro caliente y tú mi amo y señor
Me pongo a cuatro patas y acerco el pene a su verga, me roza en la regata del
culo, me golpeas con la varita.
-Métetela, perra.
Metiendo la mano entre las piernas cojo la verga, la encaro a mi culo y muevo
las caderas hacía atrás para que me penetre, está dura y rica; mientras me va
penetrando otro varetazo me pone a cien, empiezo a moverme culeando cuando
siento un vibrador en la boca, me tocas ligeramente como preludio de placer,
luego lo va metiendo poco a poco dándome un gusto inenarrable, sólo me falta una
cosa.
-Soy un cachorro caliente y tu eres mi amo y señor.- exclamo entre suspiros.
El varetazo se suma a los placeres de la verga y el consolador en mi boca,
continuo moviéndome y a los pocos minutos oigo su suspiros, está a punto, y
enseguida se corres; por alguna razón que no comprendo, no tienes interés en
aguantar. Me sacas el pene del culo, golpeándome con la varita
Tengo las nalgas ardiendo, noto el calor que producen los continuos golpes que
casi ya no me duelen, le miro con gesto implorante, y te ruego:
-Más fuerte, mi amo y señor.
La escena, mi placer, mis deseos, mi sumisión le excitan y su verga se levanta
otra vez.
-Chúpamela.- me ordenas
Me doy la vuelta y te agarro la polla con la mano izquierda; está riquísima, no
muy dura todavía, pero impregnada de sus jugos y los míos; empiezo a chuparla
con frenesí mientras con la mano derecha manejo el consolador. Sin abandonar la
verga, guturalmente, digo la frase “soy un perro.....”, no entiendes las
palabras, pero me comprende, me golpeas con la vara, pero esta vez en la
espalda. Es un dolor nuevo que me lleva al paraíso, y como su polla ya está otra
vez preparada y se que no tardar en eyacular nuevamente, me introduzco el
vibrador totalmente en el culo y aprieto las piernas fuertemente, y así las
vibraciones alcanzan todos los puntos erógenos y con la boca llena de su pene
emito sonidos guturales, en tanto en mi cerebro resuena la frase “dame placer,
mi amo y señor”; el golpe me alcanza en el costado y parte del pecho y me
arranca un grito animal de dolor... y placer, mientras descargas tu leche en mi
boca, me hace descargar mi leche.
Ha transcurrido un año, y en ese año han sucedido muchas cosas, he conocido a a
muchos chicos del colegio.
Lo que veo en el colegio me gusta, a los chicos de gran belleza; el cálido sol
de verano ha bronceado, sus cuerpos hermosos, resaltado por un vestido de baño
me preparo para bajar al playa.
En ese momento se abre la puerta y entra mi amo. El corazón salta en mi pecho.
Me mira de arriba abajo, sonríes y mientras te desabrocha la bragueta, ordena:
-Chúpamela, perro.
-Pablo, este no es mo.....-empiezo a decir.
La bofetada resuena en toda la habitación, apenas me ha dolido, pero ha
conseguido que le pene se me pare. Me arrodillo delante de el, que ha conseguido
sacarse la verga ya tiesa y preparada, la cojo y empiezo a masturbarlo e
inmediatamente me la meto en la boca y la chupo mientras con la otra mano me
pajeo. No pienso que puede entrar una criada, incluso mis padres puede venir a
buscarme; soy un cachorro caliente, mi amo y señor me ha llamado, y el resto del
mundo no tiene importancia. Debes de llevar muchos días sin descargar, porque
enseguida noto los síntomas de que te vas a correr; empiezas a soltarme chorros
de leche en la boca mientras continuo chupando, otro y otro, su eyaculación
parece no tener fin. Trago tanto como puedo a pesar de lo cual un hilillo de
semen se desliza de mi boca y cae sobre la camiseta y el pantalón, no pasa nada.
Le estoy dando placer a mi amo y señor y gozando yo al mismo tiempo, es lo único
importante.
Cuando acabamos y retira su pene de mi boca, me pregunta con ironía:
-¿Te ha estado buena tu cena de cumpleaños, perro?
Sin embargo en mi respuesta no hay ni asomo de ironía, es la pura verdad:
-Si mi amo y señor, ha sido exquisita.
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