Mis dos chicos (II)
Hola, me llamo Carlos, soy el que en un bar miraba a dos chicos guapos llamados Luis y José. En este relato os voy a contar lo que pasó después, porque al cabo de unos años nos volvimos a ver los tres, pero uno de ellos (Luis) ya estaba casado y tenía dos niños bien guapos, aunque eran pequeños, de 4 y 8 años. Él no me dijo nada cuando hablábamos por teléfono, quería decírme a la cara que me quería desde aquel día pero nunca se atrevió a decírmelo. En cuanto a José, le veo casi todos los días, pero sólo hablamos de lo que sucede en la semana, él me pide unos consejos y como yo a él, pero la verdad es que también estoy enamorado de él y muchas veces se lo digo, pero creo que él no me hace caso, y no sé por qué, es más, creo que sin Luis no haría nada con él, la verdad, me gustaría hacerlo con él de vez en cuando, pero creo que no quiere.
Bueno, la cosa empieza, así que os voy a decir que esta historia nunca la voy a olvidar, nunca, porque siento amor y ternura hacia estos dos chicos, y creo que me he enamorado de ellos.
Me llama Luis al teléfono y me dice:
- Carlos, ya estoy aquí y quiero verte, ¿dónde quedamos?
Yo le dije que donde nos conocimos el primer día. Dijo Luis:
- Vale, allí a las 12 de la noche, ya que es Viernes y hay buena marcha.
- Vale, a las 12 quedamos en ese bar.
Llegó el viernes y al primero que vi fue a Luis, voy hacia él y me encuentro con una sorpresa, estaba acompañado de su mujer, y me dice:
- Carlos, te presento a Ana; Ana, te presento a Carlos.
Yo en ese momento pensaba que íbamos a estar los tres solos y que íbamos a hacer el amor los tres, cosa que no fue así, pero me quedé helado y me callé, salude a Ana y le di dos besos; la verdad, ella era guapa y muy simpática, y no volví a decir nada ya que mi plan era estar con él y con José.
En ese momento llega José y nos saluda a Luis y a mí, él tampoco conocía a la mujer de Luis, y Luis le presentó a José, se dieron dos besos y se saludaron, José me miró con cara de decepción y no supo qué decir, así que se puso al lado mío y no dijo ni media palabra.
Entonces Luis dijo:
- Oye, ¿qué os pasa a los dos que no decís nada?.
Yo le dije que nada, que estábamos esperando a que hiciéramos algo los cuatro, ya que estaban aquí. Entonces José se le ocurrió una idea y dice:
- Oye, ¿nos vamos a tomar algo por ahí y estamos de marcha toda la noche?.
Yo le dije:
- Vale, de acuerdo.
Y Luis dice:
- Sí, vale, pero a mi mujer no le gusta estar hasta las tantas, así que estamos un rato con ella y después la llevamos a casa de sus padres.
Yo le dije:
- Vale, pero esto hay que celebrarlo los cuatro, ya que no hemos ido a tu boda y tengo pensado montar una fiesta por todo lo alto, así que mañana podíamos quedar en un restaurante y cenar los cuatro y después de marcha.
Luis preguntó a Ana que si mañana nos fuéramos los cuatro a cenar. Ella dice:
- Vale, pero no estaré mucho tiempo, por los niños, ya que uno de ellos está un poco malito.
Entonces Luis pregunta:
- ¿Y dónde vamos ahora? decir un sitio.
Yo les dije:
- Vamos a este otro, que es más romántico para vosotros dos. -y me dice Ana:
- ¡Te gusta mucho lo romántico, ¿eh?!.
- La verdad es que sí, me va mucho lo romántico, pero también me gusta la marcha y todo eso. Bueno, entonces, ¿vamos o no?
Entonces me dijeron los tres que sí. Bueno, la cosa es que estuvimos los cuatro ahí hablando durante una hora o cosa así, pero al final Ana dijo:
- Señores, yo ya marcho para casa que es tarde y tengo que mirar al niño.
Y Luis dijo:
- Esperarme aquí que enseguida estoy con vosotros.
Nos levantamos de la silla para despedirnos de Ana y le dije:
- Encantado de haberte conocido, Ana, ya sabes dónde tienes una casa y un amigo para lo que sea, venga que descanses Ana.
Y José le dijo lo mismo que yo.
Nos quedamos solos José y yo, y charlamos un rato hasta que viniera Luis, entonces José me pregunta:
- Oye Carlos, ¿qué te pasa? te he visto raro con Luis.
- Nada.
- Sí, Carlos, te pasa algo, te conozco muy bien y casi sé cómo piensas, anda, dime qué te pasa.
Bueno, yo no supe qué decirle, así que no me quedó más remedio que decir la verdad.
- Mira José, pensaba en esto, yo quería estar con vosotros dos y hacer después el amor, me gustó cuando nos conocimos la primera vez, y cuando vi a la mujer de Luis se me vino el mundo encima, y de los planes que yo tenía de esta noche ya no se puede hacer nada, así que prefiero estar como amigo y no hacer nada. Es esto lo que me ha pasado, y espero que me entiendas, José.
- Me lo imaginaba Carlos, que querías estar sólo con nosotros dos y hacer el amor después, pero él está ya casado, así que tenemos que aceptar que su mujer, Ana, va hacer el amor con él.
- Sé que tienes razón y que tengo que aceptar a la mujer de Luis, y sé que él nos quiere, que la primera vez que lo hicimos lo pasamos los tres muy bien, y sé que Luis está enamorado de nosotros, pero sólo será nuestro mejor amigo, y eso me gusta, que sea nuestro mejor amigo.
En ese momento llega Luis y nos dice:
- Ya estoy aquí. ¿A dónde vamos? que este bar está bien par mi mujer, pero para mí necesito marcha, así que vámonos a nuestros lugares de marcha.
Entonces José dice:
- Vamos a la disco, que hay una fiesta.
- Vale, vamos para allá. -dije yo.
Nos fuimos a la discoteca y entramos, pedimos unos cubatas, menos Luis que ya se había reformado un poco, ya no era como antes, que se tomaba dos o tres cubatas. Bueno, la cosa es que nos fuimos a un apartado y estuvimos los tres bailando un poco, y así durante una hora, pero yo no dejaba de pensar que podíamos hacer el amor los tres, y empecé a estar casi callado, y a pararme, se me quitaron las ganas de bailar, así que me fui a un asiento que había en un rincón donde podía ver a mis dos amigos bailar.
Pero Luis vino y me dijo:
- Carlos, ¿qué te pasa?, te noto raro, ya no quieres seguir bailando y casi no me has dicho nada y te lo he notado, también he notado que José está raro, a ver, ¿qué te pasa?, quiero que me lo digas.
La verdad es que tenía escrito en la cara lo que yo quería de él y de José, pero le dije:
- Que no me pasa nada, Luis. Estoy un poco cansado y aburrido, y sólo quería estar con mis mejores amigos, tenía ganas de verte.
- Mira Carlos, no me creo eso de que estés cansado o aburrido, lo que pasa que no me lo quieres decir, pero sé qué es lo que estás deseando en estos momentos, porque lo tienes escrito en la cara, así que dime ya la verdad.
No supe qué responder, así que decidí decirle la pura verdad:
- Mira Luis, yo esperaba estar sólo con vosotros dos, contigo y con José. Al ver a tu mujer, mis planes se vinieron abajo. Lo que quería es hacer el amor con vosotros dos, ya que estoy muy enamorado de vosotros, pero no te preocupes por esto, sé que tú me quieres, aunque no me lo hayas dicho nunca, pero ahora estás casado y ya no quieres hacer el amor con nosotros dos, es por eso que me siento así, y lo siento Luis, no es mi intención ponerte triste, pero me ha gustado verte de nuevo, y comprendo que ya no quieras hacerlo, porque ahora le das todo tu amor a tu mujer, que es muy simpática y muy guapa, así que te felicito con todo mi corazón.
Bueno, ya solté todo, y me quedé a gusto, ya no sabía cómo decirlo, pero al poco rato nos dijo José:
- Oye, podíamos irnos a otro lado.
- Sí, a tu casa, José, ya que ahora estás viviendo solo y no tienes a tus padres... -dijo Luis.
- Vale, vamos a mi casa y así os enseño cómo me ha quedado.
Yo supe lo que quería hacer Luis, y le dije:
- Luis, no quiero obligarte a hacer lo que no quieres, no es mi intención que lo hagas por mí, y es más, es que parece que te estoy obligando a hacerlo, y no quiero eso.
- Carlos, hago el amor con mi mujer, pero siempre he querido hacer el amor con vosotros dos, así que ahora me apetece hacerlo, y no es por que tú me estés obligando, no, lo haré con mucho gusto y siempre que vengas lo haremos, no quiero que te preocupes por esto de que yo esté casado con Ana, también me apetece hacerlo con mis mejores amigos, que estoy también enamorado de vosotros dos.
- Vale Luis, no me voy a preocupar por esto, sólo era que yo pensaba en eso y estoy muy enamorado de ti y de José.
Bueno, la cosa es que llegamos a casa de José y nos enseñó toda su casa, la verdad es que era muy acogedora y muy bonita aunque sea pequeña, pero para una persona estaba muy bien.
Entonces José dice:
- Sentaros en el salón que enseguida vengo.
Me quedé solo con Luis, y dijo:
- Carlos, quiero darte un beso.
- Mira Luis, por eso no te preocupes, dámelo ya, que tengo unas ganas de besarte...
Entonces empezamos a besarnos y a tocarnos todo nuestro cuerpo, en ese momento llega José y nos ve dándonos unos besos, y nos dice:
- Oye, ¿para mí no hay de esos besos?
Me levanté y le di uno. Los tres nos empezamos a calentar y empezamos a quitarnos la ropa hasta quedarnos desnudos. La verdad es que tienen un cuerpazo los dos, José y Luis, están para comérselo, pero ésta vez duró el sexo mucho tiempo más que la primera vez que lo hicimos, Luis había aprendido a hacer más posturas que a mí me excitaban mucho, y José aprendió a acariciar mejor que la primera vez, más romántico, aunque la primera fue también genial.
Nos tiramos haciendo el amor los tres mucho tiempo. Terminamos y recogimos la casa de José para que no la tuviera descolocada y nos fuimos. Se me ocurrió una idea, ya que eran las 8 de la mañana y hay que descansar, porque el sexo nos dejó a los tres fatigados, les dije:
- Oye, ¿por qué no nos vamos a la churrería y nos tomamos un chocolate con churros? y así, Luis, si a tu mujer le gustan los churros, pues le llevas unos cuantos.
- Sí, a Ana sí le gustan los churros, y tienes razón, cielo, le voy a coger unos cuantos.
La cosa es que ya nos despedimos y nos fuimos cada uno a su casa para descansar un poco de la marcha que tuvimos esa noche, y que nos queda la cena del día siguiente.
Pero eso os lo contaré en mi próximo relato, espero que mi segundo relato de mi encuentro con José y Luis les haya gustado mucho.
Si tienen alguna experiencia y quieren contármela, aquí les dejo mi e mail:
andres_florencio_garcia2@hotmail.com