UN ADOLESCENTE MARAVILLOSO


Qué tal amigos!! Meses atrás les relaté mis experiencias con mi primer y gran amor David. Pués bien, ahora quiero compartir con ustedes lo que me pasó con un hermoso adolescente que conocí seis semanas atrás. 

Estaba yo en el supermercado comprando algunas cosas, cuando de repente mi carrito de compras chocó con otro que era llevado por un chico guapísimo de piel blanca y con una cara angelical. Lo mejor de todo era que vestía unos pantalones cortos y pude ver sus hermosas piernas, con unos muslos y pantorrillas bastante desarrollados, tal y como me gustan. El asunto es que nos pedimos excusas y al alejarnos no pude evitar voltear la cabeza para verlo otra vez y, para sorpresa mía, noté que él también me miraba. Inventé unas palabras y me le acerqué. Entablamos una conversación anodina, sin temas de importancia, pero que para mí resultaba excitante porque notaba que el chiquillo estaba coqueteando conmigo. Me dijo que andaba con su madre, así que aceleré la conversación y le dije que era una lástima, pero que debía terminar la compra pero, y si quería le podía dar mi teléfono para que siguiéramos conversando. El chiquillo aceptó, anotó mi celular y nos despedimos.

Llegué a mi apartamenhto y mi mente sólo recreaba imágenes de ese chico tan apuesto que acababa de conocer. Un par de horas después sonó el celular, lo tomé y era él. Hablamos mucho. Me dijo que le había caído bien. Nos dijimos nuestros nombres y edades. El se llama Guillermo y tiene 17 años. Quedamos de vernos para seguir conversando. Le dije que la idea no me gustaba mucho, puesto que él era casi un niño y yo un adulto de 32 años, pero me respondió que no importaba, que tendría cuidado. Aunque aún no habíamos tocado ningún tema relacionado con sexo, era obvio que él sabía en lo que se estaba metiendo, así que seguí adelante.

Al otro día, sábado en la mañana, lo recogí en el lugar que habíamos acordado. Le propuse que fuéramos a mi departamento, para sentirnos cómodos y almorzar allí mismo. Accedió. Llegamos, entramos. Me puse a observarlo detenidamente y la verdad es que era hermoso. Delgadito, pero con cuerpo bien formado. Nos sentamos en el sofá grande de la sala y empezamos a conversar. Al rato de estar en eso le dije que tenía que confesarle algo, me preguntó qué era y le dije que era homosexual, que no acostumbraba a meterme con adolescentes pero que él me había gustado desde que lo vi. También le dije que si eso para él era un problema, que me perdonara y que en ese mismo momento lo llevaría de vuelta al sitio donde lo recogí. Para mi sorpresa, me dijo que no, que él también era gay y que le gustaban los hombres mayores. Me habló de un primo de su madre, de unos 35 años, que lo había iniciado y con el que había tenido algunas experiencias a los 16 años (masturbaciones y mamadas, nada de sexo anal). Eso me puso caliente y le tomé las manos, me acerqué a él y lo besé. Me respondió el beso tiernamente y estuvimos unos minutos jugando con nuestras lenguas hasta que me le despegué un poco y empecé a desvestirlo. Primero le quité el suéter y acto seguido le acaricié su pecho y le chupé las tetillas. Luego le quité los zapatos, las medias y los pantalones jeans que tenía puestos, dejando al descubierto sus hermosas y desarrolladas piernas. Empecé a acariciarle y besarle cada centímetro de su cuerpo, que de verdad es hermoso. Ese chico no tiene una sola libra de más en su anatomía. Sus brazos, su espalda, sus piernas, todo su cuerpo es delgado pero con músculos firmes. Me arrodillé frente a él, le bajé y le quite los boxers, dejando al descubierto su hermoso pene, de bastante buen tamaño. Me metí su miembro en la boca y al compás de chupetones y relamidas le acariciaba los huevos. El gemía de placer. Yo chupaba y rechupaba, degustando la tranca de mi muchacho, hasta que me agarró por la cabeza y se tensó. Sabía que se venía, así que concentré las chupadas en el glande hasta que se vino abundantemente en mi boca. Tragué todo su jugo y seguí chupando hasta dejarle el palo limpio, para después ponerme de pie y plantarle un soberbio beso en la boca. Le pregunté que si le había gustado y me dijo que acababa de tener la mejor corrida de su vida. Me desvestí y lo llevé a la habitación. Me tiré en la cama y le dije que ahora era su turno. El muchacho se acostó a mi lado, agarró mi mástil por la base y empezó a chupármelo. Dios mío, que placer!!!... Chupaba como un profesional. Ejercía una succión tan fuerte con su boca que pensé que me iba a venir al instante. Mientras me chupaba la tranca, yo le acariciaba las pantorrilas y los muslos, le besaba y le chupaba los dedos de los pies hasta que no pude más y me vine en su boca. Chorros y chorros de leche salieron de mi palo y él se lo tragó todo, ni una gota se desperdició. Después nos pusimos a conversar y al rato repetimos las mamadas, pero esta vez en un soberbio 69 que disfrutamos a cabalidad. 

Cuando terminamos con el sexo, nos preparamos unos sándwiches en la cocina y hablamos de muchas cosas. Me dijo que siempre le han gustado los hombres, pero que como es muy discreto las personas no se percataban de su homosexualidad. Le dije que él me gustaba mucho y que quería volver a verlo. Aceptó y me dijo que yo lo había tratado muy bien, además de que había disfrutado muchísimo todo lo que habíamos hecho. Llegó la hora de irnos, así que nos besamos por última vez y lo llevé cerca de donde lo había recogido. Desde entonces nos hemos vuelto a ver 3 veces más y cada día el sexo es mejor. No ha habido penetraciones, pero la verdad es que no quiero apresurar las cosas, estoy seguro de que eso llegará en el momento propicio.

Me faltó decirles que hace poco terminé con una relación de años, con una persona a la que todavía amo. Sin embargo, desde que conocí a Guillermo, las cosas son más llevaderas y con él estoy superando el “trauma”. Lo mejor de todo es que él está consciente de todo y me acepta, sin recriminaciones ni exigencias. Guillermo, definitivamente… eres un adolescente maravilloso!! 




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