El calor en el Nile Hilton del Cairo era
insufrible. Sabía que era jueves, dia excelente
para "cruising" en el lobby del hotel
y en el mall contiguo. Me había informado de los
"gays points" para no pasarla mal en los
dias de trabajo que tendría en la capital
de Egipto.
Comencé a caminar distraidamente
y en verdad había mucha efervescencia,
miradas furtivas, cruces de miradas, era
todo un "safari". Como a las 9 de la
noche vi un lindo chico de 1.78 con ese
color oscuro de los arabes y las piernas
largas de los egipcios. Ojos claros, pelo
negro y de gran belleza. Todo un faraón
pero con una imagen sensible y que provocaba
cuidar. Vestía jean y un polo. Me
acerqué y él me respondió
en perfecto inglés a la pregunta intrascendente que le
había hecho. Cruzó las piernas,
me invitó a sentarme junto a él. Conversamos y
entendí que estudiaba Ciencias
Políticas. Tenía una mirada espectacular, sus
modales eran suaves sin ser afeminados
y tenía unos labios absolutamente
sensuales y húmedos.
Le dije que por qué no íbamos
a conversar más tranquilos a mi habitación. Me
contestó que le encantaría
pero que estaba esperando un amigo. El cual
efectivamente llegó, a los pocos
minutos. Tenía una complexión militar y no
hablaba inglés. No era guapo. Al
ver que la situación me dejaba al margen
decidí ser cortés con Ahmed
-así me dijo se llamaba- y me despedí. El quiso
decirme algo pero se despidió también.
Decidí no volver a pasar por el
mall y me concentré en el amplio lobby del hotel
para ver si encontraba alguna compañia
agradable. Tenía muchas ganas de ligar.
Habían muchos chicos a la caza
de diversión pero Ahmed me había dejado con
los estándares altos. Ninguno me
satisfacía.
Salí a pasear por el borde el Nilo
y una plaza muy movida; pero el calor era
insoportable. Me prometí no volver
al mall pues no quería volver a ver a mi
príncipe egipcio con su tosco militar.
Sin embargo regresé y para mi sorpresa
Ahmed estaba sólo, sentado bajo el
reloj del mall. Su amplia sonrisa iluminó
el ambiente y el brillo en sus ojos me
indicó que lo que pasaría
sería superagradable.
Me acerqué lentamente con una gran
sonrisa.
Me dijo que me había estado esperando
desde hacía una hora y media. Que
había despedido a su amigo y que
ya estaba por irse pensando que no volvería.
Cuando le iba a responder me dijo que
si todavía quería que conversáramos
tranquilamente en mi habitación.Le
dije que sí y hacia ella nos dirijimos.
Era muy elegante al caminar y tenía
un aplomo natural que me gustó mucho no
obstante sus 18 años, según
me había contado. Era atlético pero no bodybuilder.
Apenas entramos en la fresca habitación
me dio un beso tierno con sus labios
sensuales, delgados y húmedos.
Había un calor en el ambiente que surgía de
nuestra sensualidad. Frotamos nuestras
mejillas mientras nos abrazabamos y
buscabamos con nuestras manos estrecharnos.
Sentí su erección y él la mía.
Mi lengua jugueteaba maliciosamente con
sus labios y dientes mientras trataba
de desabrocharle la correa que rodeaba
su delgada cintura.
Me pidió que me sentara y me fue
quitando la ropa mientras hacía lo mismo con
la suya y me miraba fijamente a los ojos.
La sensualidad iluminaba nuestros cuerpos.
Era velludo pero no en el pecho.
Usaba un calzoncillo bikini a la antigua
un poco grande sin embargo se le veía
muy atractivo. Lo miré bien cuando
se quitó las medias.Tenía unos pies
huesudos pero muy excitantes. Me dio la
espalda y comenzó a frotarse
contra mi verga mientras besaba su cuello
y jugaba con su pelo corto,
crespo y duro. Su boca buscó la
mía mientras mi pecho sentía el calor de
su espalda. Nos fuimos a la cama y nos
perdimos en un sinfín de sensaciones.
Sus labios eróticos aprisionaron
mi pija con firmeza y docilidad mientras que su
lengua jugaba con mi cabeza. Yo iba descubriendo
su calor interior con uno de
mis dedos mientras buscabamos una posición
para comenzar un 69 apasionado.
Sus ojos reían mientras su lengua
y la mía jugaban con las respectivas pollas.
La sensualidad podía sentirse en
el ambiente.
Suavemente se echó de espaldas
y levantó sus piernas invitándome a penetrarle.
Ingresé suave y acompasadamente
mientras lamía sus dedeos y la planta
roja de sus pies oscuros. Había
una música común entre los dos, la del deseo
que se va satisfaciendo.
Se volteó boca abajo y se puso en
cuatro para sentir mejor mi penetración
mientras yo tocaba su miembro erecto y
húmedo. Comenzó a hablar en árabe
mientras sus ojos me miraban con atención.
Poco a poco sus duras nalgas se
fueron ablandando mientras le corría
la paja.
Eyaculé suave y abundantemente. Agradeció mi calor.
Instintivamente me eché boca abajo
y sus manos tomaron firmemente mis caderas
mientras me penetraba con la misma suavidad
y vigor que yo.
No duró mucho su firme movimiento
rítmico pues su semen pujaba por salir.
El abrazo en el cual nos perdimos fue
eterno. A los pocos minutos ambos estabamos
erectos nuevamente y comenzamos un nuevo
69...
- - -
El primer encuentro había terminado
y si bien Ahmed me dio un teléfono me fue
imposible comunicarme con él los
días subsiguientes. Salí de El Cairo con la
tristeza de no verlo y sabiendo que sería
difícil volver a encontrar a mi amante
egipcio pues él no iba al Nile
Hilton con regularidad. Además estudiaba
interno durante la semana.
Para sorpresa mía la empresa para
la cual trabajo decidió volver a enviarme
a Egipto. Lamentablemente llegaría
un viernes en la mañana (el día de la movida
es el jueves en la noche) y volvería
un miércoles. Me resigné a buscar un
sustituto para Ahmed.
En la noche del segundo día bajé
al lobby temprano, luego de una agotadora
jornada de trabajo, para iniciar mi cacería.
Había algunos obvios "taxi boys" y
uno que otro egipcio machista pero nadie
particularmente guapo. Comencé a
pasear por el "mall" adyacente y el cruce
de miradas comenzaba a hacerse
más intenso. Cuando volví
al lobby encontré en que estaba por iniciarse una
vistosa ceremonia de celebración
matrimonial en la que los novios desfilan
precedidos por músicos y bailarines
finamente ataviados mientras les lanzan
monedas. Es un espectáculo muy
interesante y decidí pararme cerca a una de
las colu mnas para verlo. Cuando estaba
inspeccionando a cada uno de los
bailarines, había uno muy guapo,
y bajo su pantalón rojo abombachado se intuía
un paquete importante, crucé la
mirada con un lindo chico de ojos verdes y rubio.
Sólo podía ver su rostro.
No era tan alto como yo y Ahmed pero tenía una carita
de bebe. La segunda vez que nos cruzamos
me llenó con una mirada maliciosa
y una sonrisa pícara. Me distraje
un momento con las danzas orientales y
cuando volví a buscarlo había
desaparecido.
Esta por abandonar mi lugar para tomar
un café cuando sentí que en medio de
la multitud que me rodeaba una mano se
posaba en mi órgano. Giré y vi esos
lindos ojos verdes a escasos centímetros
y una sonrisa espectacular. Con
habilidad se colocó entre la persona
que estaba delante mío y yo. Apoyó
firmemente sus nalgas sobre mí
y comenzó a moverse al compás de los sones.
En medio de un grupo de gente nadie podía
darse cuenta de lo que estaba
pasando. Cuando mi paquete estaba al palo,
él puso su mano sobre sí
nuevamente y dirigiéndome una mirada
pícara y me indicó que
abandonáramos el grupo.
Así lo hice y nos fuimos a pasear
por el jardín. Este también se llamaba Ahmed y
hablaba inglés. A diferencia del
primer Ahmed me explicó con claridad que
necesitaba ayuda económica para
sus estudios. Era como de 1.75, delgado,
estaba totalmente vestido de gris con
unos pantalones que le debía costar
esfuerzo ponérselos pues le quedaban
tremendamente apretados y eso lo
hacía ver espectacularmente sexy.
Mientras caminábamos no menos de
3 o 4 hombres nos quedaban mirando
con complicidad.
Me explicó que el sexo entre hombres
estaba prohibido en Egipto (los
"caminantes" que llenan el Nile Hilton
los jueves por la noche parecían ignorar
esto) así que coordinamos para
llegar a mi habitación con sigilo pues el
personal del hotel podía no ser
de confianza.
Cuando nos reunimos en la oscuridad de
mi alcoba sólo iluminada por una
bella luna, teniendo como fondo los miles
de transeúntes que pasaban por la
ribera del Nilo le daba una sensación
muy oriental a la atmósfera caliente.
Ahmed (II) era más profesional que
mi primer Ahmed. Con éste todo había sido
espontaneidad, excitación. Con
aquel comenzabamos mas estudiadamente a
excitarnos con sofisticación.
Me quitó la ropa con calma mientras
hacía lo mismo con la suya y se autoexcitaba
con las manos. No quería
que lo tocara, todavía. Se comportaba como un experto.
Una vez desnudo y aún sentado en
el sillón de la habitación terminó de desnudarse
ante mi vista. Tenía unas nalgas
maravillosas. Era totalmente lampiño y su miembro
era importante.
Se paró de espaldas a mí,
se agachó y comenzó a jugar con su ano metiendose
los dedeos mientras gemía de placer.
Se volteó abruptamente. Se pegó a mí y
comenzó a besarme por cada poro
de mi cuerpo.
Cuando llegó al pene hizo un trabajo
de manos y boca maravilloso. Cuando lo
había puesto suficientemente duro
me pidió que me sentara en la cama y él
mirándome se introdujo mi pene.
Era un culo muy estrecho y hasta que no sintió
todo el paquete dentro no comenzó
a moverse con frenesí mientras se sobaba
los pechos y pedía que le apretara
con dureza las nalgas.
Comenzamos un jadeo maravilloso mientras él comenzaba a masturbarse.
Decidí parar y comecé a besarle
y sobarle. Lo puse boca abajo y lo penetré
mientras le besaba el cuello y la espalda.
El giró la cabeza para besarnos
mientras se esforzaba para que mi pene
entrara más aún.
Nos volvimos y lo eché boca arriba
en la cama y coloqué sus piernas en mis
hombros. Mi posición favorita.
Ahmed II era realmente bueno en la cama
y un pasivo extraordinario. Lo penetré
mientras le miraba los ojos y él
abría cada vez más las piernas ayudándose con
sus manos.
El bullicio de la gente apagaba nuestro
jadear. La eyaculación imporante llegó
como culminación de un placer muy
grande.
* * *