Alfonso, el ángel dormido

 

Lo conocí hace cuatro años aproximadamente. Fue más o menos en el verano de 1997. Por aquel entonces yo pasaba muchas temporadas en casa de mi familia, en Salamanca, y gracias a mis viajes tuve la suerte de conocerle.

 Al principio la relación q tenía con Alfonso era muy lejana. Él era el hermano pequeño de Ana, una chica muy maja que se casó con mi primo después de 3 años de novios.  Alfonso tenía por aquel entonces 11 años y era un chico normalito, como todos. Era castaño, delgado y algo bajito para su edad. Tenía una cara muy expresiva, debido en gran parte a sus dos ojazos marrones. Era muy tímido y hablaba poco cuando venía a casa de mi primo.

 Al principio no me fijé en él mucho más de lo normal. A veces venía con su hermana para recoger en casa de mis tíos a mi primo, pero nada más. Yo antes, ya me había sentido atraído por otros chicos jóvenes, de 15 ó 16 años, pero cuando le conocí, pensé que eso nunca me podría pasar con él por varias razones. Primero porque no me pareció ser demasiado guapo y segundo porque era muy cercano a mi, familiarmente hablando.

 La primera vez que pasé mucho tiempo con Alfonso fue en una acampada que organizaron mi primo y Ana a los seis meses de haberse casado. Fuimos cerca de Extremadura a un camping muy pequeñito. Allí estuvieron Ana y mi primo con otras dos parejas pasando un fin de semana. Ese Sábado mi otra prima, su novio y yo decidimos ir al camping para pasar el día con ellos. Ana pensó que su hermano se lo pasaría muy bien un día en el campo, así que habló con nosotros para que fuéramos a su casa  a buscar a Alfonso.

 Pasamos un día genial. Me reí mucho con todo el mundo y además me pasó algo curioso, en una tarde me bastó para conocer al verdadero Alfonso. Era un chico simpatiquísimo y muy inteligente. Descubrí un carácter increíble dentro de él. Era imaginativo y muy despierto a la vez que tímido. Los dos nos compenetramos mucho desde el primer momento, pero yo todavía no sabía que acababa de conocer a la persona de la que más tarde me enamoraría apasionadamente.

 Poco a poco fui pasando más tiempo con Alfonso. Siempre que yo aparecía por Salamanca, él venía a verme a la casa de su hermana y de mi primo. Yo siempre que iba a verles a Salamanca me quedaba a dormir en la casa de Ana y de mi primo, a sí que cuando llegaba me lo encontraba allí esperándome. La confianza aumentó mucho, yo cada vez pasaba más tiempo en su casa con el ordenador , y él se quedaba a dormir casi siempre en casa de su hermana Ana, en la misma habitación que yo.

 Yo por aquel entonces solo me fijaba en Alfonso como en un amigo. Yo sentía que había encontrado un buen amigo. Amigos y solamente amigos. Fue posteriormente cuando me enamoré de él. Yo le ayudaba las vacaciones con sus deberes y le contaba los problemas que tenía en mi trabajo o con mis amigos. Él me hablaba de su familia y del colegio. Desde muy pronto descubrimos que había algo que nos unía mucho a los dos. Yo perdí a mi madre a causa de un cáncer cuando tenía 14 años y él  nunca conoció a su padre, ya que este murió en un accidente un mes antes de que Alfonso naciera. Eso, aunque pueda parecer una tontería, nos unía mucho. Me imagino que sucederá mucho entre las personas q pasan por situaciones parecidas. No lo sé, a nosotros nos sucede eso.

 Con el tiempo nos habíamos hecho muy amigos, lo compartíamos prácticamente todo. Creo que fue más o menos por entonces cuando me di cuenta de que Alfonso era muy especial para mí. Sus pensamientos y razonamientos no era normales para su edad.. Tuve interesantes conversaciones con él sobre muchos temas. Casi todas por la noche antes de dormirnos. Siempre dormíamos los dos solos, en un cuarto con dos camas. Allí hablábamos de los amigos, de la familia  o incluso de temas más complicados, como la existencia de Dios y el sentido de la vida. Puede parecer un poco ridículo pero bueno........  es curioso que Alfonso aún siendo tan joven, entendiera siempre con facilidad lo que yo pensaba. Intercambiábamos opiniones o debatíamos temas y otras veces hablábamos de música o de la tele. Nos contábamos todos los problemas y aunque normalmente no podía ayudarme, él me comprendía y me preguntaba muchas cosas, interesado creo, por conocer el mundo de los adultos. Yo por entonces tenía 20 años más o menos y ya llevaba varios trabajando y viviendo sólo.

 

Así pasaron los meses. El tiempo había transcurrido rápido y Alfonso ya tenía 13 años. Nos veíamos una vez al mes más o menos, pero aprovechábamos para hacer cosas que nos gustaban mucho a los dos, como pasear por el campo hablando de la naturaleza o escuchar música en su casa o en casa de mi primo.

 

Fue por esa época cuando empecé a sentirme atraído físicamente por él. Su cuerpo era muy bonito. Medía más o menos 1.65 y era de complexión fuerte. Su pelo es castaño y liso, y su piel muy suave y de color claro.

 

Recuerdo que la primera vez que le toqué siendo consciente de que me gustaba su cuerpo, fue una vez después de luchar en broma. Desde que le conocí luchábamos de vez en cuando. A veces en la cama de su hermana y de mi primo, otras veces en el sillón o donde surgiera. Hemos librado verdaderas batallas entre los dos. Nos agarrábamos y empujábamos intentando inmovilizar al contrario. Era gracioso y muy cansado pero nos lo pasábamos bien. Ese día cuando luchábamos Alfonso se hizo daño en la espalda al chocar con la mesilla. No se enfadó pero se quejó un rato retorciéndose de dolor. Yo como otras veces le pedí perdón preocupándome por su espalda. Cuando vi que no era serio, empecé a hacerle cosquillas en broma. Él se empezó a reír pronto.

 

Le agarré y le empecé a dar un masaje medio en broma. Recuerdo que era verano y  que Alfonso no tenía la camiseta puesta. Habíamos luchado mucho y estábamos sudando. Comencé a masajearlo sin pensarlo y él se estiró suspirando de alivio. Yo le apretaba con firmeza intentando relajar sus músculos. Los hombros y más tarde los brazos también fueron masajeados. Le dije que si seguía y me dijo que sí, así que pasé a las piernas sin darle importancia. Poco a poco fui subiendo a los glúteos donde paraba el masaje para saltar a la otra pierna con mis manos. Cuando le tocaba cerca de la entrepierna él pegaba un respingo por las cosquillas y se reía mucho. Luego se colocaba otra vez para que yo siguiera. Le dije que me molestaban las bermudas y que si se las quitaba sería mejor. Creo que yo ya estaba muy excitado. Él sin pensarlo respondió quitándoselas con rapidez.

 

Dios.......aquello era increíble. Yo ya le había visto desnudo muchas veces pero ......... no sé, nunca me había excitado. Por la cara interior de los muslos aparecían débiles y cortos pelillos rubios. Tenia las piernas fuertes y estaba muy moreno, color miel. Como diría un poeta: tantas horas de piscina habían dorado su piel al sol de Castilla. Le masajeé mucho rato. Sobre todo las piernas. Cuando subía las manos del gemelo a las muslos y luego a los glúteos gozaba como nunca. Una de las veces que subí mis manos hasta los glúteos le retiré sin preguntarle el calzoncillo que llevaba puesto. Su calzoncillo era blanco, de esos de algodón fino que venden en los mercadillos. Ya antes de quitárselo se le veía el culo a través de la fina tela, pero al retirar las gomas e introducirlas en su rajita    puff...... me sentí genial. Él no se movió nada, sólo se rió.

 

Parecía que llevara puesto un tanga blanco....resultaba muy gracioso verle ahí tumbadito. Tenía tan morena la espalda y las piernas y luego ......ese culito tan blanco.  Seguía muy quieto con los ojos cerrados mientras yo analizaba su culo durante el masaje. Tenía un culo muy duro. Perfecto podría decir. No tenía nada de pelo y era muy redondito. Increíble su belleza. Los hoyuelos de sus glúteos hacían que estos parecieran dos muslos de pollo, lisos y redondeados. Le acaricié hasta que me cansé. Creo incluso que cuando me aseguré de que no miraba, aproveché para acercar mi cara a su culo y empaparme de su olor. Ese olor se me quedó grabado para siempre. El olor de su cuerpo tan joven y fresco, el olor de la lucha.......y de su sudor............ ese olor es indescriptible.

 

Ninguno de los dos le dio importancia al masaje de aquel día. Alfonso siguió como hasta entonces viniendo a dormir a casa de su hermana. Alfonso fue creciendo y en poco tiempo paso a ser un jovencito muy atractivo. Tenía 14 años y se movía con mucha gracia. Yo ya sabía que él era heterosexual, lo supe por sus comentarios cuando habíamos hablado alguna vez de sexo. Físicamente también empezó a desarrollarse pronto y su curiosidad por todo aumentó aún más si cabe. Para su edad parecía mayor. Siempre me llamó mucho la atención su personalidad crítica e inconformista. Tenía muy claras muchas cosas que algunos chicos de su edad estoy seguro que jamás han pensado. Por ejemplo, Alfonso había jugado desde pequeño al fútbol, igual que sus hermanos mayores y cuando cumplió los 14 años creo que fue, tuvo problemas en casa cuando dijo que quería dejarlo. Decía que se cansaba de tantos entrenamientos y de madrugar los fines de semana. Sus hermanos se opusieron mucho; como si su decisión tratara de acabar con una tradición familiar. Pero lo consiguió. Alfonso tenía sus propias ideas y le enfadaba mucho que no le dejaran decidir sobre algo que le interesaba a él mismo. Por aquella época comenzaba a salir con sus amigos los fines de semana. Yo entendía sus ganas de divertirse y le ayudaba a convencer a su madre para que le dejara salir por las noches.

 

Cuando paso un tiempo empecé a sentir raro a Alfonso. Seguíamos hablando pero no como antes. Se estaba convirtiendo en un adolescente, creo; Y por algún motivo, Alfonso empezó a distanciarse un poco de mí. Me imagino que necesitaba más tiempo para pensar en él mismo y esas cosas. Supongo que a todos nos ha pasado alguna vez. Él ya no pasaba tanto tiempo conmigo, pero todavía seguíamos entendiéndonos bien. Podríamos decir que se convirtió en un adolescente rebelde o algo así.

 

 La música le encantaba y aún hoy sigue gustándole mucho. Desde siempre coincidimos en los mismos gustos musicales, sobre todo oímos música cañera, como punk y rock. Hay gente que piensa que yo le influía  mucho, pero yo sigo creyendo que no tanto. De hecho él sabe bastante más que yo de música. A lo mejor nos hemos influido mutuamente, quién sabe.

 

Había empezado a dejarse el pelo largo y vestía ropa descuidada. Todavía hoy viste igual. Si tuviéramos que definir su modo de vestir, los entendidos dirían que Alfonso era punk o heavy.

A Alfonso le empezaron a interesar muchas cosas que antes no eran nada para él . El alcohol,  tan nombrado en las canciones que oíamos, era algo que empezó a ser normal con sus amigos los fines de semana. Los estudios quedaron relegados a un segundo plano. Comenzó a salir con una chica un poco mayor que él y a mí me pareció estupendo. Me contó muchas cosas de ella. Le gustaba mucho y no paraba de hablar de ella, sobre todo al principio. Luego seguí notando algo raro, a veces le veía distante conmigo. Decía que le gustaba estar sólo y  que no le pasaba nada, así que nos empezamos a ver menos. Seguíamos hablando por teléfono de vez en cuando pero no como antes.

Yo seguía pasando temporadas en casa de mi primo y de la hermana de Alfonso, pero mis visitas cada vez eran menos frecuentes. Fue por esta época cuando empecé a darme cuenta de que estaba locamente enamorado de él. Nunca antes había sentido el amor con tanta fuerza. Ahora comprendía realmente a la gente que hacía locuras por el amor. Intenté por todos los medios que Alfonso no notara nada, pero no sé si lo conseguí. Me comportaba como nunca antes lo había hecho. Me convertí en un gran actor, creo, ahora que lo pienso. Cuando estaba cerca de él era la persona más feliz del mundo, pero cuando me separaba el mundo se me caía a los pies.

 

Todavía él venía a dormir conmigo alguna vez. Yo esos días los pasaba observándole en todo su esplendor. Su joven cuerpo me hipnotizaba al entrar por la puerta. Le comparaba con una estatua griega. Su mirada arrogante y su cuerpo despertando de la infancia me atraía como nunca. Durante esas noches hablamos menos. Nos limitábamos a contarnos cosas sin importancia. Él estaba cambiando su forma de ser creo que por la adolescencia, y yo disfrutaba sólo con mirarle. Fue por aquel entonces cuando comencé a gozar físicamente con su presencia. Muchas de esas noches, por no decir todas, yo me masturbaba cuando Alfonso dormía. Simplemente el hecho de que estuviera junto a mí me excitaba mucho. Al principio sólo con mirarle me bastaba para disfrutar, pero pronto empecé a rozar su cuerpo.

 

Recuerdo perfectamente las estrategias que seguía para provocar el orgasmo. Casi siempre esperaba a que se durmiera viendo la tele. Yo ya sabía sus costumbres perfectamente así que no me resultó difícil saber su rutina. Él siempre escuchaba música antes de dormir, casi siempre con los cascos y con la luz apagada. Yo esperaba en el salón a que pasara un rato o me acostaba antes haciéndome el dormido hasta que oía su respiración durmiendo. Normalmente tardaba en dormirse tres cuartos de hora o como mucho una hora. Cuando pasaba un margen de tiempo considerable yo comenzaba la función. Poco a poco se convirtió en una costumbre para mí. Siempre que dormía cerca de él me masturbaba. Era el mejor momento del día. A veces deseaba que llegara la noche sólo para eso. No sé dónde leí una vez que el sueño es mucho más profundo durante las dos primeras horas, no lo recuerdo pero lo cierto es que me vino muy bien saberlo.

 

Yo cada noche aprovechaba para acercarme a su cuerpo y olerlo. Comencé oliéndole la cara y el cuello. A veces me venía una ráfaga de aire de su aliento, aquello me ponía a cien. Cuando todo esto pasaba en verano el placer aumentaba, ya que era muy normal que Alfonso se tapara (cuando lo hacía) sólo con una sabana muy fina, casi transparente. Si todo esto sucedía en invierno tenía que buscarme triquiñuelas para conseguir levantar el edredón. Unas veces lo hacía tirando poco a poco y otras haciéndole cosquillas para que cambiara de postura. Casi siempre lo conseguía, no era muy difícil. Las primeras veces me contenté con masturbarme mientras le miraba, pero como siempre suele pasar pronto de todo se cansa uno. En cuanto fui cogiendo confianza comencé a tocarle. ........umm aquello sí que era gozar. Los primeros días sólo le tocaba las piernas o los glúteos, para mí aquello ya era una maravilla. Ni que decir tiene que yo eyaculaba mucho antes, así que en  muchas ocasiones repetí varias veces la operación. Hubo días que pasé más de dos y tres horas disfrutando. Hay que tener en cuenta que Alfonso se movía de vez en cuando interrumpiendo la función, así que tenía que esperar un tiempo para comenzar de nuevo.

 

Recuerdo aquellas noches como bacanales de auto-sexo, y aún siendo yo la única figura que participaba activamente,  aquello era para mí como una auténtica orgía prohibida. El riesgo de ser pillado por el resto de la familia o por el propio Alfonso me hacía gozar mucho más de lo normal.

 

Pronto comencé a tocar a Alfonso mucho más. Primero le susurraba al oído algo bonito como: “niño bueno duérmete” o algo así; Luego buscaba la postura más cómoda para tocarme, a la vez que estiraba el brazo para alcanzar las zonas que me atraían. Era francamente difícil conseguir que no se moviera nada. Cuando él estaba profundamente dormido era cuando yo más disfrutaba. A veces conseguía tocar partes de su cuerpo que nunca antes había tocado, como su culo o las ingles. ......puff aquello era entonces increíble.

 

Por fin un día me di cuenta de que una circunstancia jugaba muy a mi favor. Había veces que Alfonso dormía de forma mucho más profunda que otras, al principio no le di importancia, pero pronto descubrí que solía ser los fines de semana, sobre todo viernes y sábados. Relacionando los datos me di cuenta de algo. Alfonso dormía como un tronco especialmente los días que bebía alcohol con sus amigos. Ja ja, era sencillo. Yo sólo debía esperar con ansiedad los fines de semana para disfrutar como un enano.

 

Esas noches disfruté de mis mejores orgasmos. Simplemente masturbándome recibí los que hasta ahora han sido mis mayores placeres físicos. Me he acostado con más gente, pero nunca he disfrutado tanto. Debe ser por que nunca el amor fue tan aparejado al sexo como con Alfonso.

 

Cuando se acostaba los fines de semana a veces no escuchaba ni música. Además se dormía con mayor rapidez. Alfonso estaba ahí a mi lado casi desnudo y profundamente dormido. Normalmente empezaba a tocarle una pierna con suavidad. De los nervios era normal que yo tuviera las manos frías, así que a veces me las calentaba antes metiéndomelas entre las piernas. Cuando todo estaba listo le rozaba lentamente subiendo por la pierna. Yo ya llevaba tiempo haciendo esto, así que podríamos decir que por aquel entonces tenía ya bastante práctica. El comienzo era  lo más difícil. Cuando llevaba ya un rato tocándole lo normal era que no se moviera. A mi me gustaba mucho verle bien el culo, así que debía o bien levantarle las gomas y enganchárselas en la rajita, o bien bajarle el calzoncillo. Siempre la primera vez lo intentaba con un movimiento rápido. A veces fallaba pero lo normal era que no se moviera, como mucho daba algún pequeño suspiro.

Debo recordar que todo esto lo hacía en una casi total oscuridad. Como mucho contaba con la escasa luz que provenía desde el patio. La luz de la cocina de algún vecino que se colaba por la persiana de la habitación. En esas penumbras yo sólo podía guiarme con el tacto y por el oído. Siempre atento para escuchar los suspiros de Alfonso antes de moverse.

 

La mayor parte de las noches lo que hacía era bajar cuidadosamente su calzoncillo, casi siempre con pequeños tironcitos hacia las piernas. Su piel era extremadamente suave, y siempre estaba muy calentito. Recuerdo el tacto de mi mano al acariciar lentamente su glúteo. Como pasaba de una nalga a otra con sumo cuidado. Yo me recostaba o me ponía de rodillas observándole y acariciándole mientras me masturbaba. Él no hacía nada casi nunca. Como mucho cuando le tocaba en la rajita buscando su ano se estremecía poniendo tenso el culo. Luego suspiraba y lo volvía a relajar. A veces se giraba y me tocaba esperar un rato a que volviera a suspirar profundamente dormido. Era entonces cuando yo aprovechaba para tocarle por delante. Primero por fuera del calzoncillo, cualquier bulto que pareciera sospechoso era investigado. Alfonso me ayudaba sin saberlo. Lo normal era que una parte del calzoncillo comenzara a hincharse como indicándome donde debía tocar más.

Yo incluso me arriesgué en algunas ocasiones a bajarle la goma par ver esa obra de arte. Su pequeña colilla casi sin pelo y medio hinchada era preciosa. Le rozaba la piel, su fina piel virgen hasta que su erección era total. Yo mientras me tocaba aguantando lo máximo que podía, que no era mucho.

 

Otras veces lo masturbaba a él desde fuera del calzoncillo. Buscaba la base de su pequeño pene y comenzaba a frotar arriba y abajo. Su cuerpo ya había empezado a desarrollarse levemente y el color de su pene se oscurecía con el tiempo. No estaba circuncidado y la piel se amontonaba de forma muy graciosa cubriendo su glande. Su pubis apenas contaba con unos negros y débiles pelillos. Creo que sólo una vez logré que él eyaculara. Fue magnífico verle estremecerse y suspirar en sueños a la vez que su pene dejaba caer un par de pequeñas y sabrosas gotas de presemen.

 

Con el tiempo fui asegurando mis pasos y perfeccionando el método. Variaba el proceso lo poco que podía. Empezaba por delante y luego pasaba a atrás o al revés. Otras veces me acercaba hacia su cabeza mientras me tocaba. Estiraba mi cuerpo para acercarme a su cara. Lo hacía con mucho cuidado para no tocar su cama al moverme. A veces conseguí que sus labios tocaran mi glande al menos un poquito. En cuanto lo hacía un par de veces Alfonso solía relamerse y cambiar pronto de postura.

 

Recuerdo un día especial. Aquella noche yo estaba cansado y me dormí de verdad. Sobre las 3 de la mañana me desperté soñando con algo, no recuerdo el qué. Miré al lado y vi que en su cama ya descansaba Alfonsito. Era muy arriesgado tocarle, ya que no sabía cuanto llevaba dormido pero no sé porqué comencé el rito. Comencé por delante y cuando me cansé de tocarle los testículos decidí besarle en la boca. Lo hice varias veces y en una de ellas noté cómo suspiraba. Pronto me retiré y observé con sorpresa como Alfonso se giraba hacia el otro lado colocándose en posición fetal y exponiendo su culo hacia mí. La sábana estaba ya en el suelo a sus pies. Decidí entonces que debía atacar. No podía dejar pasar una oportunidad como esa. Quién me iba a decir a mí que esa noche iba a tocar la gloria.

 

Le bajé de un tirón su estúpido calzoncillo. Recuerdo que era azul clarito y que estaba muy desgastado. Más le valía no llevar nada, pensé. Alfonso sólo respondió al tirón con un leve suspiro y contrayendo más aún las piernas. Debíais haberlo visto. Ojalá alguna vez observéis algo tan maravilloso. Su cuerpo de color miel encogido. Tumbado sobre su lado derecho. Mostrando al aire su blanco culito y encima, de esa manera tan provocativa. No podía desaprovecharlo. Mirando su culo comencé a masturbarme. Disfrutaba sólo acercando la cara para poder oler su calzoncillo bajado a media altura entre las rodillas y su pequeño culo. No terminaba ahí el espectáculo. Entre sus piernas, que estaban unidas formando casi una sola pieza, aparecía una pequeña bolsita de piel dorada y sin vello.  Sus pequeños testículos le daban un toque gracioso a la obra de arte que se me mostraba. Yo seguía masturbándome mientras pensaba que aquello era maravilloso. No me hacía falta tocarle para gozar o..........quizás sí?.

 

Cuando llevaba un rato empecé a estirar mi brazo libre hacia sus piernas. Le rocé cerrando los ojos para poder oír con claridad cualquier posible suspiro que me avisara a tiempo. Me lo jugaba todo. Alfonso podía despertar al tocarle, o símplemente cambiar de postura y estropearlo todo. Lo hice con cuidado y lo conseguí. Primero le rocé la parte más suave de sus piernas. Lentamente hacia arriba y hacia abajo. Después le toqué las nalgas con cuidado. Cuando me cansé del tacto de su piel, me incliné para acercarme a sus testiculitos. Una vez que tomé la medida cerré los ojos y se los lamí lentamente.  Uhm.........qué sabor. Así debe saber el mejor manjar del mundo. Su sabor, su sudor  y su pequeña hombría. Lo estaba chupando todo.

 

El placer estaba siendo increíble pero faltaba todavía lo mejor. Tenía que eyacular de un momento a otro. Decidí muy a mi pesar, creerme que debía retrasarlo un poco más; así que paré de tocarme. Esa tarta tan blanquita se merecía una buena guinda, así que barajé mis alternativas.

 

Por fin me decidí por investigar nuevos campos. Alargué mi brazo hasta tocar nuevamente sus nalgas. Tenía que hacerlo con mucho cuidado; Ya  antes había comprobado que cuando mis movimientos eran más torpes y le tocaba con menos delicadeza Alfonso reaccionaba apretando el culo. Era normal que aunque él durmiera, su cuerpo reaccionara contrayéndose al notar un objeto extraño en contacto directo. Además lo que yo intentaba era separar lentamente sus nalgas para que me dejaran ver su ano. Lo hacía despacio. Cada vez un poquito más separadas. Cuando él contraía las nalgas al tensar los músculos, yo dejaba de hacer fuerza hacia los lados. Era  muy difícil, pero yo tampoco podía soltar del todo, ya que perdería el recorrido ya andado. Así continué  unos segundos hasta que por fin observé el agujerito en todo su esplendor. Era maravilloso. Por fin pude descubrir su secreto, tan carnoso y misterioso. No tenía nada de pelo, .......... parecía de juguete. Mientras una mano sujetaba sus nalgas la otra decidió acercarse hacia mi glande para, no sé.......quizás lubricarse. Embadurné mi dedo central con el lubricante más natural que existe y miré su culo. Después, una vez comprobado que mi dedo estaba bien resbaladizo, miré la cabeza de Alfonso que descansaba plácidamente. Volví a mirar su culo y...... acerqué la mano hasta que mi dedo tocó su piel. Lentamente apreté hacia dentro. Pensé que su carne iba a ofrecer más resistencia, pero no. Era increíble que mi dedo entrara con tanta facilidad dentro de Alfonso. En pocos minutos había conseguido tener una parte de mi cuerpo dentro de él. De la persona que más quería del mundo.

 

 Decidido ya a terminar comencé a masturbarme frente a él. Con la mano pegada a su culo, y el dedo estirado tan dentro como podía, conseguí el placer más grande del mundo. Mientras que con una mano proporcionaba placer a mi cuerpo, con la otra notaba los latidos de su corazón dentro del ano. Después de  unos minutos de satisfacerme por fin acabé. 

Ya casi sin cuidado le subí su calzoncillo azul, le tapé con la sábana y me acosté feliz.

  

Fin

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Esto que os he contado es real. Vosotros podéis creerlo o no, a mi me da francamente igual. Yo estuve allí.

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