A los 15 años
A los 15 años descubrí lo bueno que era despertar a mi sexualidad.
La idea del internado lejos de casa después de haber cursado en una escuela secundaria normal me
parecía terrible, pero ahí descubrí grandes cosas.
Hoy era el gran día, ingresaría al internado. Mis padres me acompañaron hasta la escuela donde me mostraron mi habitación, era realmente grande, 5 camas, un gran placard, unos escritorios y unos sillones muy cómodos.
A los pocos minutos llegaron los demás chicos; Ezequiel, un muchacho rubio de 16 años
con rostro de niño; Pablo, de estatura media, bien formado, también de 16 pero
más desarrollado, ya con sombra de barba; Gerardo, de 15 pero muy alto y fornido, de
voz gruesa y ojos verdes; Mariano, 16, todo un rebelde de pelo crespo y desalineado y
Simón, una dulzura de muchacho, 16 años, ojos azules, muy dulce al hablar y educado.
Nos presentamos unos a otros, sorteamos las camas y a mí me
tocó junto a la pared y al lado de Ezequiel. Mi excitación era bastante grande, por un lado, por todo lo nuevo de la situación y por otro porque estaría en una habitación con 4 muchachos hermosos con los cuales compartía todo.
A medida que pasaban los días nos íbamos conociendo cada vez
más, cada uno tenía lo suyo, ya para esa altura los había visto a todos desnudos ya que no teníamos ningún pudor si estábamos en la habitación que era el lugar en que
más tiempo pasábamos si no estábamos en clases, siempre había alguno que estaba en paños menores o semidesnudo de acá para allá. Ezequiel era algo introvertido, muy hermoso, con todo su
vello rubio de pies a cabeza; Pablo era un tipo alegre, siempre jugando bromas;
Gerardo era estudioso y el más deportista, siempre haciendo abdominales;
Mariano, el más sucio, siempre su ropa tirada por todos lados y evitaba bañarse cada vez que podía; y
Simón era un poeta, escribía poesías que nos recitaba a todos todo el tiempo; y luego estaba yo, que era el organizador de todas las travesuras. Y una noche
organicé una buena, juntamos algo de dinero entre todos y compramos en el supermercado una botella de tequila, por supuesto estaba prohibido terminantemente tener bebidas en el internado, así que esa noche aprovechando que era viernes
organicé una partida de poker en nuestra habitación, así podríamos tomarnos el tequila y fumar a gusto.
El juego había empezado y como no jugábamos por dinero pusimos la regla de que el que perdiera primero debería hacer lo que el ganador quisiera.
Bueno, quiero decir que nunca fui bueno para el poker, pero Mariano resultó que
sí, así que fui la victima esa noche. Había perdido después de jugar durante tres horas, nos habíamos tomado toda la botella de tequila y estábamos todos en slip,
sin remera y súper borrachos. Mariano era el encargado de decidir la prenda, y
él sabía que lo que más me molestaba era su ropa sucia tirada por todos lados, así que decidió lo siguiente. Aprovechando que esa tarde no había agua en la escuela por unos arreglos que estaban haciendo, nadie se había podido bañar, por lo que su prenda consistía en que todos se sacaran el slip y que me lo hicieran oler durante 10 segundos cada uno. Bueno, cabe aclarar que no podía decir que no; además,
más que una prenda iba a ser un placer, y así fue, uno a uno se desnudaron frente a
mí y pusieron sus slips en mi nariz. Mi estado de excitación no podía ser más grande, olí uno a uno los slip de mis compañeros, primero
el de Gerardo, olía a sudor y a orín, algo ácido, típico de un deportista, supongo. Luego el de
Simón, olía a perfume, casi sin olor a transpiración ni orín, sin embargo me
tocó oler el de Mariano, que olía a semen mezclado con un poco de sudor y orín, era un olor fuerte, Pablo olía a adolescente,
tenía unas grandes bolas y un gran miembro que habían dejado un olor embriagador en la tela, y por
último el de Ezequiel, que básicamente olía a semen, es más, tenía una mancha blanca y fresca de semen, cosa que me extrañó y a la vez
disfruté con locura. Así fue la prenda, pero como demostré pasarla sin chistar, se tiraron
todos sobre mí para darme una pequeña golpiza de esas que se dan los amigos pero que
terminó mal ya que rompieron mi cama. Los insulté a todos reclamándoles a dónde dormiría, pero enseguida Ezequiel me ofreció dormir con
él, cosa que acepté gustoso. La sola idea de dormir con ese hermoso muchacho rubio de pies a
cabeza me puso de nuevo a cien, tanto que no podía disimular mi erección.
Rápidamente salté a su cama para disimular la carpa que tenía entre mis piernas, me acosté de costado y apagamos las luces para dormir. Rápidamente todos empezaron a roncar y Ezequiel era uno de ellos, supongo
que por la cantidad de alcohol que habíamos tomado. Yo, a pesar de mi excitación, no pude evitar dormirme hasta que al amanecer algo me despertó, la habitación estaba algo clara, me permitía ver a Ezequiel a mi lado, o mejor dicho, sobre
mí. Sí, el muy guacho tenía su cabeza sobre mi pecho y su pierna sobre mis piernas. Sentía una agradable sensación de presión y calor que me puso al palo de nuevo. No podía creer que
tuviera a ese ángel con cara de niño sobre mí y eso no es todo, con su lengua lamía mis tetillas y con su mano derecha me tocaba la panza, el ombligo
e introducía sus dedos por debajo de mi slip, tarea que le resultó fácil por el abultamiento que yo
tenía. Yo hacía lo imposible para que no se diera cuenta que estaba despierto, pero a
él no parecía importarle, estaba abocado a su tarea.
Sentía todo el calor de su piel sobre mi piel y el olor de su
cuerpo era una mezcla de dulce y sexo (que emanaba su pija). Sus suaves dedos jugaban con el pelo de mi pubis,
bajó más y empezó a sobar mis huevos, los amasaba suavemente hasta que los soltó para agarrar mi pija, corrió mi prepucio fácilmente ya que estaba todo lubricado con presemen y empezó a pajearme lentamente. Yo para esa altura sentía una mezcla de placer indescriptible y de temor de que alguno de los otros chicos nos vieran ya, que en la habitación ya había bastante claridad, podía verse todo perfectamente, pero como Ezequiel
tenía su cabeza sobre mi pecho, no podía ver que yo lo veía.
Bajaba y subía mi prepucio, tocaba la punta con un dedo y lo alejaba formando hilos de semen en la punta de su dedo.
Al costado de mi pierna podía sentir algo muy caliente y que ejercía una cierta presión, era su pija desnuda sobre mi pierna que ya estaba empezando a dejar su baba sobre mi
piel. Él aceleró un poco la sobada y me vine como un loco sobre su mano y mi estomago, pero el show no
terminó ahí, él juntó toda la leche que pudo de mi ombligo, se puso boca arriba y con mi semen
lubricó su pija para masturbarse de forma casi bestial, una y otra vez su respiración se aceleraba cada ves
más y al cabo de unos minutos se recuesta nuevamente sobre mí y acaba sobre mis testículos desnudos llenándolos de semen que era tanto que se escurrió hasta mi culo.
Subió su slip, sobó mis huevos una vez más desparramando su leche por todo mi pubis y luego subió mi slip, y se
quedó dormido sobre mí.
Ya entrada la mañana, desperté, me levanté, fui al baño a orinar y pude ver todos mis pelos pegados por la leche seca de mi amante dormido, lo que me puso a cien de nuevo.
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