Amor en la Estancia
...Hola amigos lectores. Desde ya gracias por leer mi relato. Lo que he
hecho aquí fue retomar la historia de una novela bastante conocida y
centrarme en dos personajes que me llamaron la atención, cambiando la
historia, y estableciendo una relación entre ellos... Considero que les va a
gustar... Lo que me interesó fue no fue explayarme en el sexo sino realizar
una historia en torno a este... Es una novelita corta... Disfrútenla
Capítulo I
Don Francisco era un hombre de carácter violento, un hombre peligrosamente
impulsivo, cuyo valor, mil veces probado en la lucha con los hombres y con
las bestias, le ha rodeado de una aureola tal de prestigios entre la gente
del campo, que sus mas insignificantes acciones se comentaban delante del
fogón de todas las cocinas.
La gente del pueblo no lo querían porque el criticaba a todos con esa
intolerancia irritante...
Para Don Pancho todos eran personas de poca distinción, con poca cultura y
de humildísima cuna.
Los gauchos le temían y nadie se atrevía a contradecirlo, ya que las
consecuencias podían ser gravísimas.
En cierto viaje a Europa, Don Pancho se casó con una inglecita rubia y
delicada. Juntos fueron a vivir al campo de regreso en Argentina y tuvieron
un hijo al que llamaron Panchito.
Lamentablemente, y por culpa de Don Pancho como dicen las malas lenguas, la
hermosa Lady falleció una noche casi inesperadamente, teniendo Panchito unos
pocos meses de vida.
Aquel mísero chico fue criado por su padre de tantas comodidades y de tantos
cuidados que a los 5 años era ya un hombrecito vivaracho y perverso, un
hombrecito que cascoteaba a las gallinas y hacía aullar a los pobres perros
de la estancia.
Panchito tenía los mismos ojos azules y el mismo cabello que su madre, pero
la nariz y esa boca pequeña de labios fruncidas eran de su padre.
En lo moral el niño reveló muy pronto su herencia paterna. Era malo,
impulsivo, y al igual que su padre, en momentos de enojo, arrojaba a la
gente lo primero que encontraba a mano.
Cuando Panchito cumplió 8 años, y a pesar de la energía de su carácter, el
padre resolvió enviarlo a Buenos Aires, a un internado para que completara
sus estudios.
Cuando Panchito cumplió 17 años, quiso volver al lado de su padre, pero éste
al ver que el ambiente del campo podría echar a perder todo lo que había
aprendido, decide enviarlo a Alemania a estudiar medicina.
Capítulo II
Así pasaron seis años mas, seis años que para el hijo parecieron seis
siglos. Una carta anunciaba su llegada en el mes de ‘octubre’
El mes transcurrió lentamente, pero el día llego finalmente
Don Pancho pegó un grito de aquellos con los que manda a todo el mundo, y
desde la cocina vino al trote un chico de tipo indígena, de unos quince años
y con un cuerpo muy formado por el trabajo duro del campo. Calzaba unos
botines viejos pero sin medias, y cubierta la cabeza con un sombrero ya
desgarrado y que dejaba traspasar unos mechones de cabello. El chico era un
peoncito de la estancia, hijo de la cocinera, y nunca había tenido otra
educación que la de la llanura.
-Donde estabas vos?- preguntó Don Pancho con mal humor, una vez que el niño
se ha cuadrado en su presencia, con el sombrero en la mano y los talones
juntos
-Estaba con mamá seor...
-¡Que estabas haciendo!
-Estaba con mamá seor...
-Bueno, átame los botines
-Si, seor...
Y Luciano, que así se llamaba el chico, se arrodilló en el suelo
entregándose a la tarea de atar los botines a su patrón, servicio que viene
desempeñando a conciencia desde hace largos años.
Luciano tiene múltiples ocupaciones en la estancia, por que, como es un
chico, todo el mundo se cree con derecho a mandarlo.
El ruido de un coche anunció la llegada de Panchito, y su padre corrió a
recibirlo. Claro que Panchito ahora se había convertido en todo un hombre,
joven, atractivo, y con un cuerpo delgado y marcado. El conjunto es bello y
varonil. Aquella nariz y esos labios llenan de orgullo al padre, que sonríe.
El reencuentro fue muy grato, aunque durante la cena, sus ojos no pudieron
dejar de enviarse miradas con un dejo de extrañeza o quizás, mejor dicho, de
odio encubierto.
La cuestión es que Panchito regresaba a su hogar luego de que a los 8 años
lo hayan echado de su casa, solo en una ciudad que no conocía.
El sueño que todo lo puede, condujo a Panchito a su cuarto, a un cuarto
preparado para él, que solo contaba con una cama y una mesita circular.
El joven se sentó en la cama y comenzó a reflexionar... ¡De verdad que su
padre había sido injusto! ¡De verdad que lo había tratado igual de mal que
trataba a todos sus peones!
Pero algo era cierto: el era grande ahora...
‘Yo no he tenido libertad alguna’, piensa Don Panchito, ‘yo no he podido
divertirme como lo hacen todos los muchachos en Europa, por culpa de mi
padre. El debió darme mayor independencia’
Entre tanto pensamiento, cayó tendido en la cama.
Capítulo III
A la mañana siguiente un golpe lo despertó casi en seco.
-¡Pum pum pum! Don Panchito, recuérdese que es tarde! ¡Pum pum pum!
-Que, que hay? Preguntó Don Panchito
-Soy yo, le traigo el mate, despiértese
-Ya voy, ya voy
De pie en el umbral, en cabeza y con un mate en la mano, está un personaje a
quien el joven no puede reconocer en un principio.
-Güen día- dice, presentando el mate y sonriendo con sus grandes dientes
blancos
-Buenos días, hijo. Vos sos Luciano no?
-Si, seor, si
Y torna a reír con su sonrisa sana, con aquella risa que parece querer
estallar a cada instante. Luciano tiene tan solo un pantalón corto y algo
ajustado porque estaba trabajando desde temprano y el rocío había producido
que se le adhiera la poca ropa que llevaba.
-Es tarde no?, vuelve a preguntar Don Panchito
-Si, tarde, deben ser como las jonce... contesta Luciano
-¿Y el viejo?
(Luciano abre los ojos y cambia la vista hacia otro lado manifestando que no
entiende a quien se refiere)
-El viejo, sí- replica Don Panchito sonriente –El viejo, mi padre, el
patrón-
-Ah! El patrón! Montó a caballo hoy de mañanita, como a las cinco. Yo mismo
le ensille el caballo. Me encargó que lo dispertara a usted y todo.
-Ah si? ¿Y no ha vuelto?
-No seor, pero no creo que vuelva en el día de hoy, solo quedamos usted y yo
seor
-Ah veo, y cuéntame como están todos los demás?
-Bien seor, bien
-Y Marcelina? La hija de Don Sandas? Ya debe de tener tu edad o no?
-Pues si seor, está grande la señorita
Y Don Panchito luchando con los pensamientos que se entrecruzan en su mente,
frunce el seño de una manera que termina asustando al pobre muchacho.
-Voy pa la cocina a enllenar el mate- dice Luciano
-No, quedate
Y Don Panchito continúa el interrogante en tono insistente y suave:
-¿Y que tal? ¿Es linda?
Luciano hace un mohín de indiferencia con su bocaza enorme
-Dicen que es güena moza, pero a mi no me parece
-¿Y...?- continúa Panchito cada vez mas interesado ¿por qué le dicen la
‘señorita’?
-Ah! Yo no se, debe ser por lo orgullosa
-¿Por orgullosa?
-Si, seor
-¿Y porque?
-Ay! Yo no se seor
-¿Cómo que no sabes?
-No sé, don Panchito, li asiguro
-¡Mentís! (Y don panchito le clavó una de sus miradas). Luciano se dirige
hacia la puerta temblando –Decime!
-Vea Don, el patrón no quiere que hablen mal de ‘la señorita’, que el patrón
se enoja...
Don Panchito vacila un momento y agrega, muy convincente:
-Yo no te digo que hables mal, tontito. Te digo solamente que me expliques
porque es que es tan orgullosa
Luciano hace un puchero terrible y replica entre dientes con voz lastimosa:
-El patrón me va a castigar, Don Panchito
El joven se levanta de la cama entonces, y Luciano asustado, retrocede un
paso.
-Vamos, no seas tonto. Decímelo todo y te doy un peso- y la mano fina y
cuidada del caballero acaricia nerviosamente el pecho del niño Luciano.
-¡Vamos hombre, cuénteme!
Los ojos grandes y llorosos de Luciano buscan humildes a través de los ojos
de Panchito y vuelve a repetir sollozante:
-El patrón me va a pegar, don Panchito...
El joven se ríe con su perversa sonrisa y torna insinuante:
-Nadie te pegará, yo te defiendo...
Mientras decía esto acariciaba lentamente la cara de Luciano que aún
lloraba, aunque ahora en silencio.
Lo sentó en la cama y lo tranquilizó mientras suavemente acariciaba su
cuerpo, ese cuerpo de niño golpeado por la vida, pero a la vez tan suave,
que de seguro buscaba alguien que lo quiera y por una vez en tanto tiempo,
no le pegara.
-Gracias seor, dijo Luciano
-No me digas señor, dime Panchito
-Si seor Panchito
Una sonrisa humilde y tan pura salía de la cara de Luciano, que Don Panchito
no pudo resistirse a todo aquello que venía sintiendo.
Capítulo IV
Miró fijamente al chico y lo besó suavemente en los labios. Acompañó con sus
manos un recorrido por todo el pecho del niño mientras que tomando sus
manos, las condujo a su cintura.
Luciano en realidad tenía mas miedo del castigo que podría llegar a recibir,
que de lo que estaba pasando.
Lentamente fue quitando la ropa desgarrada que tenía Luciano, y dejó al
descubierto un miembro hermoso, tan suave, tan puro, tan grande...
Sin pensarlo dos veces, comenzó a besar eso que tanto había deseado. Al cabo
de unos minutos, la pasión pudo mas que todo y se introdujo la verga en la
boca.
Luciano lloraba aún, pensando que lo que estaba haciendo estaba mal, pero no
quería contradecir al hijo del patrón.
El chico nunca había tenido un contacto sexual, y estaba realmente asustado.
El muy pobre no supo que hacer ante esa sensación extraña y en tan solo un
segundo acabo en la boca de Don Panchito, todo lo que tenía reservado.
Panchito tan solo se quedo quieto porque en cuestión de un momento, su boca
se vio inundada de un líquido, dulce en verdad. Y es que Luciano había
eyaculado en la boca de su patroncito.
-Perdón seor, perdón... no me vaya a pegar
-Pero no! Luciano, yo quiero que con migo te sientas seguro, bien, vení
quiero que sientas esto
Don Panchito tomó al chico y lo abrazó mientras en el oído le dijo:
-Con migo no te tenes que preocupar, acá estoy yo para protegerte y amarte
Luciano dejó de llorar. Su extraña mirada de niño inocente le produjo aún
mas deseo y mas amor al hijo del patroncito.
Tras un momento de silencio, esta vez fue Luciano quien tomó la iniciativa.
Beso al joven en la boca de una forma romántica y violenta a la vez. Sus
movimientos eran torpes, pero quería hacerlo.
Lentamente fue bajando por el abdomen del que ahora era su patroncito, a
medida que le desabrochaba la camisa. Por momentos paraba para tan solo
abrazarlo y sentirse querido, y Panchito no hacía otra cosa que decirle que
era lo mas lindo que había conocido.
-Seor, gracias, seor- Dijo Luciano con su inconfundible vocabulario
campestre a medida que llegó a la zona del pantalón.
Con mucha inocencia, tomó entre sus manos el gran miembro de su patroncito,
y comenzó a besarlo hasta que se animó y comenzó a lamerlo.
Movía sus labios al compás del cuerpo de Panchito, y no lo hacía nada mal.
Al cabo de un tiempo donde sus cuerpos ya estaban juntos, pudieron sentirse.
El patroncito tomó de la cintura a Luciano y con mucha suavidad, le colocó
su miembro en la entrada de las nalgas.
-Seor por favor no me lastime, no quiero dolor
-Luciano, no te preocupes, te va a gustar
Y así fue. Le introdujo todo su pene en una sola embestida y Luciano gritó
como nunca, pero no de dolor.
Sus cuerpos se movían frenéticamente mientras entraba y salía el miembro de
Panchito, y dos únicas palabras resonaban en aquel cuarto: ‘Te Amo’
No pudieron contenerse y acabaron el uno arriba del otro y realmente fue
como un renacer para ambos.
Se miraron, se besaron nuevamente, y en un profundo abrazo quedaron tendidos
en la cama.
Nunca mas se separarían.
Capítulo V
Al año de estar juntos falleció Don Pancho el patrón de la estancia, y su
hijo se hizo acreedor de las tierras.
Luciano, siempre a su lado, lo ayudó en los trabajos del lugar; ahora en
igual poder de decisión que Panchito, auque le costó asumir que ya no habría
dominación por parte del viejo Don Pancho.
Finalmente eran felices, los dos. La persona que les había tratado tan mal
ya no estaba. Solo se tenían el uno para el otro, y una vida por delante,
llena de amor.
Fin.
-.Gracias.-
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