EL ÁNGEL CAÍDO

SEGUNDA PARTE

"Un oráculo no puede ordenar nada criminal"    -Ovidio-

Recordareis que en la primera parte se sugirieron dos continuaciones alternativas. De entre los mails recibidos una  mayoría optó por la opción "¿.?" y de entre estos interpreté que había una corriente  que añadía un nuevo enfoque a la opción, el resultado, después de modelarlo en la imaginación, es el relato que aquí se muestra.

IX

 ...Su nombre es Lucio. Una gota de sudor le recorre la mejilla. Adolfo le espera en la calle con el motor en marcha. Tiene que hacerlo rápido... no hay que entretenerse... No tenía por qué hacerlo él... en el fondo no desea hacerlo, pero Adolfo es el jefe y le ha elegido a él... Adolfo sabe lo que todos tienen que hacer... es mejor hacerle caso... todo irá bien... "hijoputa maricón... te equivocaste con nosotros... a ver si puedes con esto".

 El ruido es como el de un petardo, pero algo más seco y rotundo. La bala impacta en el brazo derecho de Antino y lo que por el momento le ha salvado, en el instante que abre esa puerta, sólo puede ser un pensamiento de amor, que le hizo girarse para admirar, quizás por última vez, la hermosura del alma de su chico, si no, sería su corazón el que hubiera recibido aquel plomo maldito. Cae al suelo e intenta ocultarse tras la puerta... se mueve veloz... el dolor es hueco y brota la sangre. Con las piernas como única defensa, empuja  e intenta cerrar el acceso...

 - ¡Mierda!, - ladra Lucio, que ha visto al muchacho al fondo de la estancia.

 Hace presión contra la puerta que se quiere cerrar. Ve cómo el chico corre hacia él, con un objeto largo, curvo y punzante... le parece una espada... ¡un alfanje sarraceno!... no puede ser... El cañón de la pistola asoma entre la puerta a medio cerrar, Lucio ya no puede ver a Tasio...

 Un dolor cortante en la mano hace que esta se afloje y suelte el arma que porta... Lo demás ocurre con inmediatez. La pistola cae en el suelo de la vivienda y la puerta se cierra completamente. A Lucio le sangra la mano, tiene un corte profundo. Tiene que largarse de allí... Ahora lo importante es escapar... si es que le queda algo de suerte a este puto día que le está tocando vivir... La puerta del ascensor se acaba de abrir... Un motorista vestido de rojo con una caja plana y cuadrada en sus manos... Le empuja, la caja se cae... Lucio se mete en el ascensor y desaparece.

 - ¡Cabrón!... ¡Será perro el tío... la que me ha liado...!

 El repartidor de pizzas está muy  enfadado, el envío ha quedado destrozado, así no lo puede entregar. Una de las puertas de las viviendas se abre y sale una anciana de esas que se tiñen el pelo de gris azulado.

- ¡Pero qué ruidos son estos!... ¿qué es lo que pasa hijo?.

- Nada señora... que un desgraciado de esos que siempre van con prisa me lo ha tirado todo...

- ¡Por favor!... Entre la televisión de uno... la música del otro... esto se está convirtiendo en una casa de locos...

 La Anciana vuelve a su casa renegando entre dientes. El repartidor espera el ascensor, ya se ha cansado de pulsar el timbre de Antino sin ninguna respuesta. Les dirá en el local que le vuelvan a llamar.

 

X

 Tasio está muy nervioso, su amigo está perdiendo mucha sangre. Antino tapona como puede la herida con un cojín.

 - Tranquilo valiente. Ve al cuarto de baño y trae un botiquín que está en el armario bajo el lavabo.

 Tasio ya está de nuevo a su lado, ya tiene las vendas en sus manos. El herido le da instrucciones de cómo debe hacerlo y él pone sumo interés en la cura de urgencia. La sangre parece que ha dejado de brotar con esa preocupante intensidad.

 - Tasio por favor, coge el teléfono y marca: memoria tres.

 El muchacho le pasa el inalámbrico después de haber escuchado los tonos. Antino lo acerca a su oreja con la mano izquierda.

 - ¿Eres tú, María?... Por favor pásame con Jaime si es que tengo la suerte de pillarle en casa......... Gracias..... Buenas noches Jaime...... Sí.... sí... perdona pero es una urgencia, en realidad te llamo por que estoy herido, he tenido un accidente con un arma, no sé si tengo la bala alojada en el brazo... No, no puedo hacer eso, ya te explicaré, y tú no llames a nadie, tráete tus herramientas y me reparas aquí... Gracias Doc, te debo una más.

 - ¿Por qué no llamamos a una ambulancia también?... y a la policía...- dice Tasio que no comprende muy bien el modo en que está actuando su amigo.

 - Escúchame. Tengo que contarte más cosas de mí. ¿Recuerdas de lo que hablábamos antes de que nos interrumpieran...?.

 - Sí... Lo del día y la noche, o el arriba y abajo... dios y diablo.

 - Exacto, bueno pues decíamos que esa dualidad es como el mundo y que además parece estar contenida en todas las cosas y en las personas también, como lo femenino y lo masculino, creo que sabes que los hombres también tenemos hormonas femeninas y a su vez las mujeres tienen de las nuestras... pero no es de hormonas de lo que te quiero hablar... es tal vez un poco del bien y el mal de lo que yo quiero hablar... Perdona creo que estoy dando muchos rodeos para lo que te quiero decir... Creo que estoy un poco mareado...

 - No hace falta que me expliques nada ahora... has perdido mucha sangre.... espero que tu amigo no tarde en llegar...

 Antino cierra los ojos durante algunos minutos.

- Tasio, yo soy antropólogo... ¿sabes lo que es?.

- ¿El que estudia al hombre y su cultura?.

- Sí, algo así.... eso es en antropología social, que es de lo que quiero hablar... y en especial de los sistemas religiosos y de la arqueología como medio de investigación... Esta labor es costosa y muy difícil de financiar... a no ser que trabajes para una universidad... o los libros que publiques tengan éxito. A mí me gusta este trabajo con pasión y no tenía suficiente dinero para financiarme... entonces utilicé mi parte de diablo y robé algo muy valioso...

- Tienes que descansar Antino... estate tranquilo... yo también he robado algunas veces... tengo que ponerte otra venda, esa está empapada...

- No te equivoques Tasio... no se debe robar... Yo lo encontré en un territorio de un país cuyas leyes le hacen ser propietario de lo que se encuentre en los yacimientos... hice algo peor, le robé a un país entero y a pesar de todo, pienso que eso no es lo peor, lo grave es que me descubrieron y me tuve que marchar de allí por la puerta falsa y con el botín al hombro... Todo esto que te cuento ocurrió hace diez años... mi vida había cambiado desde entonces... todo ese asunto parecía haberse solucionado por el paso del tiempo...  y el pago de algunos sobornos... o chantajes, depende del punto de vista... Tasio, ayer cuando llevé al mimo al hospital tuve que declarar ante unos policías que se presentaron allí... a uno de ellos le conozco...

 - Espeera... No te muevas... Así, con esta otra venda encima te dejará de sangrar.

 El rostro de Antino parece haber languidecido, la palidez hace que se puedan notar aun más unos ocultos e innatos rasgos infantiles que provocan ternura y compasión en el muchacho que le cuida. La espera se hace interminable para Tasio, que preocupado, vigila el sueño de su amigo.

 

XI

 Ya ha llegado el doctor. Antino ya está en la cama con una botella de suero inyectada en su brazo sano. La bala le había atravesado el brazo, la herida fue limpia, sólo un orificio entre el bíceps y el hueso. El médico dice que se recuperará, que aunque ha perdido bastante sangre Antino lo soportará. Pide a Tasio que le deje unos momentos a solas con el herido.

Antino le explica la parte mala, la violencia, los odios de lo sucedido desde ayer hasta ahora, pero por el momento omite el lado bueno: su amor a Tasio. Y eso es algo que sospecha el Doctor, Jaime, su ex-amante, su amigo de la época universitaria.

 - ...Sí... De acuerdo, comprendo que no quieras problemas con la policía por lo del asunto de Chipre... Pero dime: ¿Quién es Tasio?.

 - Él es mi amigo.

 - ¿Tu amigo?. ¿Cómo de amigo?, ¿como tú y yo cuando nos conocimos en la fiesta de Aeronáuticos?.

 - Creo que es más que eso.

 - Tú sabrás lo que haces, ten cuidado, te estás empezando a acumular problemas en muy poco tiempo... El chico es una preciosidad, eso es indiscutible. Pero no olvides que esta sociedad es clasista y nos tiene divididos en diferentes rebaños, al poder no le gusta que mezclemos nuestras castas, ya sean de raza, religión, equipos de fútbol o por edades, cada uno ha de estar con los suyos para que así no sepamos demasiado unos de otros y nos de por pensar que somos iguales. Qué mejor muestra que la condena a muerte de Sócrates por corromper a los jóvenes y te aseguro que poco le importaban a ellos las preferencias sexuales del filosofo, fue porque les contaminaba con sus ideas... Mi consejo es que olvides al muchacho y seas un buen chico que no cause problemas.

 - Tú siempre igual, te explicas de tal manera que  parece que tus consejos son para no hacerte caso. De cualquier forma voy a tener que dejarle, tengo que salir del país, el subcomisario Andrade no deja de presionarme.

 - ¿Dónde vas a ir?

 - Creo que estaré mejor en la casa de Marrakech hasta que la policía se olvide de mí.

***

 La noche profunda ya hace tiempo que ha invadido la habitación, sólo la luz de la luna menguante ilumina los dos cuerpos semidesnudos. Antino duerme en el lado derecho de la cama, la única prenda que le cubre es un pantalón corto. A su lado Tasio, con los calzoncillos que le prestó a medio bajar, se toca íntimamente mientras observa el cuerpo y los sueños de su amigo. Para Tasio satisfacerse sólo tres veces en un día es demasiado poco y ya tiene ganas de hacerlo aquí, en la cama de su amigo. 

 Sólo la luna espía sus juegos, sólo la brisa acaricia su piel, son movimientos llenos de aliento que hacen que brote el zumo del querer, son amores al viento que envuelve las semillas del venerado pecado de Onán.

 

XII

 Marrakech

La mayoría de los musulmanes del Magreb han sido siempre suníes de rito malequita y de inspiración sufí, estos nada tienen que ver con el creciente auge del fundamentalismo islámico en aquellas tierras. Los amigos de Antino pertenecen a una cofradía sufí que aún mantiene cierto poder político entre las autoridades locales de un pequeño pueblo de la provincia de Marrakech a los pies del Alto Atlas. 

 El jardín de la casa es un fértil oasis de palmeras datileras. Un muchacho de rasgos bereberes le ofrece un cesto con fruta y una nota, es la bienvenida de uno de sus amigos. Da unas monedas al chico. Observa los andares moriscos del efebo que desaparece tras las puertas del alto muro que rodea el jardín.

 Antino piensa en lo ocurrido en los últimos días mientras desgaja una naranja ayudándose de los dientes. Recuerda cuando Tasio le contó que acababan de detener a su madre por trafico de drogas y que a él le buscaban los servicios sociales de la Comunidad para internarle en un colegio. Recuerda el momento en que tomó la decisión. Cuando todo se tornó oscuro, cuando todo fueron problemas y volvió a surgir su parte diablo y volvió a mezclarse en los sórdidos ambientes, los sobornos, las falsificaciones de documentos, el cobro de deudas de antiguos favores a siniestros funcionarios... Pero ya todo pasó, la paz que se respiraba en el jardín hacía que todo eso pareciese muy lejano a pesar de que sólo habían pasado dos semanas desde que cayó la estatua viviente de una pedrada y él salió en defensa del mimo. A partir de ese momento se originaron una serie de sucesos intercalados, unos son de amores, otros de odios. Todo fue vivido con mucha intensidad.

 - ¡Tasio!... ¿llevas aquí mucho rato?.

 - ¡Que ahora soy Ángel!... sólo dos minutos... sólo te miraba.

 - Eso es sólo para el pasaporte, tú siempre serás Tasio el Príncipe Valiente, el ángel que salvó mi vida.

 - Anda dame un gajo.

 La mano izquierda del hombre trasporta el trozo de naranja hasta los dulces labios de Tasio.

 - Gracias. Voy a salir un rato.

 - Okey Mackey. Recuerda que a las tres nos traen la comida.... ¡Toma, llévate una!, - termina diciendo Antino mientras lanza el cítrico que Tasio recoge con acierto.

  Ve cómo se marcha el chico, parece como si todavía anduviera por el parque del Retiro, viste muy parecido, sus zapatillas deportivas, su pantalón de chándal azul con raya blanca y su camiseta de bakala, regalada por Antino, como el resto de la ropa. El chico se dirige hacia el pequeño mercado que hay en la parte alta del pueblo. Le apetece dar un paseo por aquel lugar singular, que le recuerda al Rastro madrileño.

 Se mezcla entre los viandantes, los compradores, los vendedores, los aromas de especias, los colores de telas y cueros tintados. Le miran ojos pintados con kol y le susurran palabras en árabe,  en francés o en alguna lengua berebere que no acierta a comprender. Sólo una palabra le hace girar la cabeza.

 - ¡Eh amigo!... ¡amigo!. Is mi Kalim, soy tu guía. Yo hablo español. Yo trabajo para amigos de Antino... Tú puedes venir conmigo...

Es el muchacho que llevó las frutas a casa de Antino. Tasio no lo conoce, pero a él sí parece conocerlo, aquel golfillo de 15 o 16 años vestido con vaqueros y un chaleco de marroquinería sobre la piel desnuda de su torso. Tiene los ojos grandes y negros que brillan picardías, el pelo lleno de rizos del mismo color y la piel tostada por el sol. Rezuma simpatía en sus gestos y su sonrisa trata de cautivar la confianza de Tasio.

 - Yo te enseñaré el pueblo... ven con Kalim... no te cobraré ni un dirham... sólo me pagarás cuando visitemos la ciudad de Marrakesh... ahora todo gratis amigo...

 - ¿Y a dónde podemos ir en este pueblo?.

 - Yo puedo hacer que subamos a alto del minaret, o comprar hachis y en ciudad chicas... ¿has probado ya chicas?.

 - ¿Hay alguna piscina en este pueblo?.

 - ¿Piscina?... nadador... sí piscina, muy buena piscina... ven con Kalim.

Callejean hasta salir a las afueras y continúan por un camino pedregoso que serpentea por el interior del oasis, hasta una finca rodeada de un no muy alto cercado de erosionados ladrillos con color de desierto. En el interior hay una alberca de regadío con el agua a medio rebosar y una casa a medio derruir rodeada a su vez por un muro más alto que parece ocultar un frondoso jardín. 

*

  Ya son las tres de la tarde. Fátima, la mujer de su amigo Abdul Shair ya ha traído la comida a la mesa del patio, el cuscús parece apetitoso y el cordero desprende un aroma mezclado de cúrcuma y jengibre, ha sido elaborado según una receta tradicional de su familia originaria de los mozárabes andalusíes de Granada. Fátima ya se marcha y al salir coincide en la puerta con Tasio que a su vez se despide de Kalim.

 - Hasta mañana Kalim.

 - Veo que ya conoces a mi nieto. Puedes confiar en él, es un buen chico... pero un poco travieso, no le dejes hacer todo lo que piensa.

 - Sí señora... - dice Tasio apenas conteniendo la risa a causa de las muecas que hace Kalim a espaldas de su abuela.

*

 Tasio toma asiento en la mesa frente a Antino y mira la comida con los ojos muy abiertos mientras se relame los labios, luego mira a su amigo con esa sonrisa suya de cuando rebosa alegría.

 -Veo que ya tienes amistades. ¿Qué tal?, - dice Antino también sonriente de ver al muchacho tan resplandeciente.

 - Bien... estupendo... ¿Qué tal tu brazo?.

 - Bien, pero el médico me ha dicho que aún lo he de tener escayolado dos semanas más... Así que: estupendo... ¿..eh?... ...venga... cuenta, cuenta...

 - Luego te cuento... vamos a comer...

 - Vale, pero come despacio muchacho... ¿Por dónde estuvisteis?.

 - Luego nos vamos a echar la siesta un rato... ¿no?... pues en la cama te cuento con pelos y señales... Como dirías tú: No es un tema de conversación para la mesa...

*

 La cama es un tatami de dos por dos metros de superficie, una almohada grande y algunos cojines, toda ella está cubierta por una mosquitera que cuelga del techo, produce la sensación de estar en el interior de una khaima. Tasio ayuda a desvestirse a Antino, como un enamorado escudero, hasta dejarle en calzoncillos, el hombre luce un slip de rayas blancas y negras que resalta el atractivo de su cuerpo herido. Tasio También se queda en paños menores y se tumba en su lado izquierdo. Antino se fija en que el slip blanco del muchacho esta manchado de tierra.

 - No sé por qué me da, que has tenido una buena aventura esta mañana...

 - Sí.... Me lo encontré en el mercado... Y me llevó hasta un sitio que llaman el jardín secreto de Ibn Tudmar... - sonríe - ... Yo creía que íbamos a la piscina, pero en realidad no son más que unas ruinas, pero es muy bonito... tienes que venir conmigo, ya verás... nos ocurrió algo muy extraño, pero eso es otra cosa...  luego te contaré... El caso es que me dijo que un contenedor de agua que allí había era la piscina... y a mí casi me entra la risa... Pero no quise molestarle por que él estaba orgulloso del sitio... ¿Te gusta así como lo cuento?.

 - Sí Tasio, serás un buen narrador, continua por favor.

 - Bueno pues entonces recordé que no había traído bañador y se lo dije y él sólo decía: "sí bañador... sí bañador". Y mientras se quitaba la ropa... se quitó también los calzoncillos... y se metió en el agua. Así que yo hice lo mismo, me lo quité todo y al agüita fresca... bueno no tan fresca, la verdad es que era caldo... sabes... Kalim tiene la picha sin pellejo, siempre se le ve todo el capullo y la tiene muy grande... bueno pero no tanto como la tuya... te molestará el calzoncillo... mejor que te lo quite...

 - Gracias.

 - Jo... cómo se te ha puesto... Así que... Bueno sigo... Estábamos los dos desnudos en el agua, que era muy  transparente y le podía ver muy bien el capullo ese circuncinosequé que te digo... y a mí de mirarle se me empezó a poner tiesa... ¡uff!... espera yo también me voy a quitar esto... ya... Y él, que se me queda mirando y dijo algunas palabras en árabe creo, el caso es que con la mano hace así... - dice Tasio al tiempo que gesticula con su mano el internacional símbolo de la masturbación, - ... y yo, no sé... me sonrió... y salgo un poco del agua... y me siento sobre el borde de la alberca... y me tapo un poco poniendo así la rodilla... y él se me acerca... también se le estaba poniendo gorda... no veas qué pito... se sienta a mi lado y me aparta la rodilla para verme... y me dice: "deja a Kalim"... y bueno pues yo le dejo y él empezó a hacerme una paja... ¿quieres que te la haga más rápido?

 - Así, despacio... tigre...

 -Y entonces noto como me está metiendo el dedo de la otra mano por aquí abajo... sabes, me empezó a hacer así, como cosquillas en el agujerito, yo nunca suelo tocarme por ahí, pero como lo hacía Kalim da mucho gusto... sí...

 Tasio está de rodillas contando la historia al tiempo que su mano acaricia aquello tan grande de su Antino, para hacer más explícito el relato introduce un dedo de la mano izquierda bajo los apretados testículos del hombre, en busca del lugar más secreto... Mete la punta del índice y realiza unos movimientos circulares muy suaves. Antino parece haberse abandonado a los caprichos de aquel muchacho, parece como si sus piernas se abrieran un poco para permitir los juegos de aquel joven narrador que tanto placer le proporciona con actos y palabras llenas de cándidas obscenidades. 

 - Así... ¿ves?... es la ostia... y me decía cosas en árabe muy bajito y suave... ¿y sabes lo que hizo?.

 - ¿Qué?.

 - Me dio un beso. Pero me besó en los labios como si fuera una chica.

 - ¿Y te gustó?.

 - Al principio no... no sé... pero luego sentí que me daba más gusto cada vez que me besaba... ¿Quieres probar?.

 - Sí.

 El muchacho se tumba casi por completo por encima del hombre, que aparta su brazo herido, para dejar sitio a ese cuerpo blanco y mullido. La mano de Tasio no suelta el miembro de su amigo que con tanto cariño gusta sujetar y acariciar, le gusta tanto como si fuera la suya, es su polla grande, la de su amigo querido. Despacio los labios se besan unos a otros y ahora es Antino el que toma una aptitud mas activa... Al sentir esos labios tan delicados y frescos no puede hacer menos que saborearlos, deleitarse y deleitar, ahora él vuelve a ser el maestro y su lengua enseña al muchacho que se frota excitado contra su cuerpo. La única mano que Antino puede usar busca ocultos lugares al igual que las lenguas entre las bocas, se entretiene entre la raja de las nalgas virginales. Tasio se frota... La mano le toca... Él toca... Ellos se besan... La polla grande escupe... Y la pequeña se derrama entre sus piernas y el cuerpo de su amigo.

 Tasio parece dormir. Está boca arriba, con los ojos cerrados, por su cuerpo resbalan gotas de semen. Antino mira el colgajo aún goteante del chico, todavía no está totalmente lacio, está en una pose intermedia que le da aún más belleza. Un impulso le hace ir hacia allí, quiere verlo más de cerca, quiere probarlo. Antino se ha colocado de tal manera que su cabeza está entre los muslos del chico. Una gota se escurre por los testículos hasta la ingle, la lengua chupa aquella piel tan suave e inexplorada llevándose consigo el semen adolescente.

 - ¿A qué sabe?, - dice Tasio que le mira intrigado.

 - No sabría decirte... es dulce y salado... es delicioso y asqueroso...

 - Es como el mundo... dios y diablo... Yo lo quiero probar. - dice Tasio recordando pasadas conversaciones.

 - Sigue contándome lo de Kalim y tú en la piscina, que yo mientras te limpio esto...

 - ¿Por dónde iba?.

 - Él te besó.

 -Ah sí... Él me besaba al tiempo que me hacía una paja... pero no besa como tú, es distinto, era un poco mas bruto... ¿Te la has metido toda en la boca?....ooohh... da mucho gusto...

 - Tranquilo amigo...

 -Aah... y como te decía, me besaba y me la pelaba... aah.... y con su otra mano me metía el dedo en ese sitio... sí, así... como lo estás haciendo tú... y entonces...

 La boca de Antino se ha llenado del néctar, el hombre ha querido probarlo a la templada temperatura que sale del sexo del muchacho y su sabor, su mixtura y su olor a jovencito macho, son aún más agradables para el instinto que lo que se pudiera haber imaginado.

 Después de descansar unos minutos Tasio comienza a ver que en su amigo hay una nueva y  fantástica erección, le atrae en sobremanera jugar él ahora con aquella gruesa tranca, fuerte, enhiesta, ya la está conociendo tan bien que desea ahora explorarla con su lengua, juguetearla, chupar aquellas prietas bolas que cuelgan. Lo que pensaba está ocurriendo, se ha dejado llevar por un instinto salvaje, lujurioso. Restriega su rostro por los genitales que palpitan, que son como un animalito que Tasio tiene bien amaestrado, su boca se llena de aquella carne roja empapada de babas y otras secreciones. Sus labios se embeben de testículos, pieles, pliegues, conductos y sobre todo el rojo capullo, que encaja en sus labios como si estuvieran hechos el uno para el otro.

 Y luego empieza a beber de la fuente que llena en este momento su alma, el elixir hace erupción inundando su boca, resbalando por la comisura de sus labios le inicia en ancestrales y genéticos secretos más allá de la razón, mas allá de la lógica, sólo instinto, sólo corazón.

 

 

XIII

 - Hay algo más que no te he contado.

 - ¿Sobre qué?. Dime.

 - Bueno, pues luego yo le hice una paja a él...

 - Por supuesto, eso ya me lo imaginaba...

 - Y después nos dimos otro baño y luego nos vestimos. Me dijo que podíamos explorar el jardín interior de la casa, pero había que saltar un muro bastante alto y que no debíamos hacer ruido por si había alguien... ¿No te enfadaras?...

 - No me puedo enfadar contigo, pero tengo miedo de que te metas en problemas. ¿Qué es lo que pasó?.

*

 

El Jardín Secreto de Ibn Tudmar.

Ibn Tudmar fue un dirigente almohade que condujo a los al-muwahhidun (los partidarios de la unicidad) a luchar contra los almorávides con objeto de conseguir una reforma religiosa que reelaborara el dogma islámico, esto ocurrió en el año mil ciento y pico de nuestra era. La hacienda en ruinas de este relato fue una de sus residencias mientras duró el conflicto, antes de que derrocaran a la dinastía de los almorávides. Ahora es un lugar olvidado por la historia y tal vez abandonado de la mano del hombre, gracias a los supersticiosos cuentos de viejas que hablan de que es mejor no ir por allí. 

Primero escaló Kalim el muro y cuando estuvo en lo alto, después de echar un vistazo tras él, ofreció la mano al muchacho español  para ayudarle a trepar. Desde allí podían ver la casa y las palmeras que sombreaban asilvestrados naranjos y limoneros que a su vez abrazaban las  ramas de matosos granados en flor y de fondo las sugerentes montañas del Atlas. Tasio permaneció durante un rato hechizado por el antiguo embrujo del paisaje. Kalim miraba a Tasio.

Descendieron, y en el último tramo, Tasio cayó sobre su trasero y grito: - ¡Ay!.- Y Kalim le chistó poniendo su dedo en la boca y después le ayudó a levantarse y a limpiarle la parte trasera del pantalón. Tasio tomó ahora la delantera en la exploración y su guía se sonrió moviendo la cabeza y cruzándose de brazos mientras en su idioma materno pensaba: ¡Qué chico este!. 

La entrada principal daba a un patio interior que en tiempos hubo de tener un techado de madera, ahora carcomido. Tan sólo quedaba en horizontal alguna viga cubierta por una madre selva vieja como el lugar. Al fondo se podía ver la casa mejor conservada, sólo las grietas de su fachada indicaban de cierto abandono exterior. La puerta estaba dentro de un arco ojival y parecía cerrada, pero Tasio la empujó y entró seguido de Kalim, que le sujetaba el brazo por detrás, para intentar que no fuera tan deprisa en sus pisadas. Vieron entre la penumbra del lugar que estaban en un amplio pasillo central que comunicaba con otros que surgían a derecha e izquierda, además de cuatro puertas que permanecían cerradas, pues fueron comprobadas por los muchachos. Avanzaron y tomaron el primer pasillo de su izquierda, de nuevo varias puertas, pero esta vez, en la primera que Kalim probó suerte, su picaporte  se abrió.

Accedieron a una sala cuyo suelo estaba cubierto por una alfombra y multitud de cojines forrados por telas bordadas con arabescos, sólo había eso y un narguile de tres boquillas serpenteantes. No tenía demasiado polvo el lugar, que parecía habitado y esto preocupó a Tasio. Kalim le explicó que aunque estuvo varias veces en la alberca e incluso en el jardín, jamás había entrado a la casa pues circulaban leyendas de estar habitada por ifrits, que son una especie de genios traviesos de antiguos mitos musulmanes. Luego se empezó a interesar por la arguila, dejando a Tasio en esotéricos pensamientos de espíritus y lámparas maravillosas, mientras Kalim soñaba con el buen precio que podría obtener por ella en el zoco de Marrakech, al tiempo que examinaba las boquillas y la cazoleta que contenía cenizas de tabaco y melaza, y en esto se escuchó un ruido que provenía de la puerta de entrada a la casa y después las voces en árabe de dos hombres.

Tasio hizo ademán de asomarse al pasillo y Kalim se lo impidió mientras cerraba la puerta que les podría ocultar. Se quedó detrás de Tasio, muy pegado a su espalda,  ajustándose al trasero respingón con sus partes, le sujetó con una mano en el estomago y de la otra usó el dedo índice y lo puso en la boca de su protegido para indicarle silencio. Kalim, que es un poco más alto, apoyaba la barbilla en el hombro de Tasio y así ambos miraban por la pequeña ranura entre puerta y cerco.

Eran tres hombres, dos de ellos de mediana edad y vestidos con chilaba y con las capuchas sobre sus cabezas, parecían obligar a andar al tercero que iba entre ellos, un joven de unos 17 ó 18 años, muy guapo, de rostro pedomórfico, con el pelo corto y rubio y unos ojos azules que recordaban a los mares del norte. Vestía unos vaqueros, nada más, incluso sus pies estaban descalzos. Sobre su pecho sin vello lucia un colorido tatuaje: Era un ángel con un hermoso rostro asimétrico, una parte dulce e inocente y la otra irradiaba una belleza salvaje y lujuriosa.

Tasio y Kalim contuvieron las respiraciones cuando los hombres pasaron apenas a un metro de su puerta, para luego desaparecer tras la última del final del pasillo. Kalim pensó que era el mejor momento para marchar sin ser descubiertos, no quería líos y menos en los que estuviera implicado el muchacho español, su abuelo le castigaría si algo le llegara a ocurrir. Le dijo a Tasio que debían marcharse en silencio y este acostumbrado que estaba a moverse entre traficantes y otros delincuentes parecía ignorar el peligro y sugirió espiarles. Kalim no quiso parecer un cobarde delante de ese chico más pequeño y le convenció para hacerlo a través de las ventanas traseras del edificio, según calculó, alguna de ellas sería la fuente de luz de la habitación donde estaban los hombres.

No tardaron en encontrar la ventana que correspondía y se ocultaron tras un exuberante granado que les permitía ver, sin ser vistos, lo que ocurría en aquella habitación. Kalim volvió a colocarse como antes, detrás de su amigo, quizás aun más cerca si pudiera ser y Tasio notó aquello que se acoplaba tan bien en la raja de la parte alta de sus muslos, pero prefirió ignorarlo por el momento, pues sus intereses de espionaje le tenían más intrigado.

En el interior de la habitación los hombres trataban con desprecio a aquel muchacho, le hablaban de forma vejatoria y le obligaron a desprenderse del pantalón. Los chicos pudieron verle completamente desnudo, pues al parecer ni siquiera tenía ropa interior. Luego uno de los hombres cerró las contraventanas de madera y ya no pudieron ver nada más.

Tasio se dio la vuelta para mirar a su amigo a modo de pregunta de lo que ocurría allí y rozaron sus cuerpos de tan cerca que estaban. Kalim sugirió que debían salir del lugar aquel y que casi sería mejor no comentar lo sucedido, aunque algo por dentro le retenía allí, tan cerca de aquel muchacho apetitoso. Pero era mejor escuchar a la razón y aprovechando una leve separación de los cuerpos huyeron del lugar sin apenas hacer un ruido, como un par de gatos en sus correrías.

*

 

 - Ayúdame a vestirme. Tenemos que hablar con Kalim.

 - Le dije a Kalim que no te diría nada... - dice Tasio con su tono de voz de cuando hay problemas.

 - ¿Entonces por qué me lo has contado?.

 - Puede que le hagan algo malo al chico que había allí.

 - Bien. Entonces habrá que hacer algo... ¿no crees?.

 - Sí.

 - Vale. Pues vete a buscar a Kalim y se lo explicas, ya encontraremos la forma de que él no se meta en problemas. Y os venís para aquí derechos. Sabes cuál es su casa, ¿verdad?.

 - Sí. Vive con sus abuelos en casa de Fátima yAbdul.................................................................................

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El Angel Caído

SEGUNDA PARTE

 

IX

  La Libertad, el Libre Albedrío, es la elección de la humanidad.

 

X

- ¿Donde está el bien? ¿dónde está el mal?.... ¿Quién es Caín?... ¿quién es Abel? -Tararea Antino parte de una canción que se bajó de Internet el otro día, mientras observa cómo el ordenador realiza un scandisk, windows se ha colgado otra vez.

 - Pues mejor que cada uno le ponga el final que le de la gana. - dice Tasio sonriente como si hubiera tenido una genial idea.

 - Eso que dice Tasio es trascender el maniqueísmo, ¿no te parece, Antino?, - dice Bórax mientras juguetea con una estupenda reproducción de una pistola star.

 - ¡Tasio, te quiero, eres único en tu especie! ¡Qué estado de Gracia, Dios mío! - suelta Antino gesticulando de forma teatral.

 - No os cachondeéis de mí porque sea el más joven ...¡eh! - dice Tasio pensando que bromean con él.

 - No te enfades Tasio, no es cachondeo, quizá algún día lo comprenderás, si no lo entiendes ahora, vuelve a leer el cuento y tal vez algo nuevo hallarás. - explica Bórax tan místico como se pone él en algunas ocasiones.

 - No me enfado... Es que eres un poco pesado y ya tienes a Antino loco de hacerle pensar tanto con el dichoso cuento.

 - Vale, me doy el piro, tortolitos. - se despide Bórax mientras pasa su mano por su reciente cabeza pelada.

 - Me voy contigo... espérame... que he quedado con Roy... Toma, que te dejas el mechero ese tan violento que tienes. - dice Tasio mientras se dirige con Bórax a la puerta.

 - Gracias Tasio por participar en el cuento con nosotros, realmente eres lo mejor que me ha podido pasar en la vida. - le dice Antino.

Tasio vuelve hacia atrás y besa en los labios a su amigo Antino, es la primera vez que lo hace así, delante de alguien más, este beso no se identifica con nada sexual, es sólo que siente cariño por su amigo y quiere dejar claro que todo lo que pasó entre ellos aquel día, hace ya un año, y que ahora están utilizando para hacer un relato, es algo que, para bien, jamás olvidará.

 

XI

 Bajan en el ascensor y Bórax se queda mirando al hermoso muchacho.

 - Si quieres no me contestes Tasio... ¿Vosotros dos seguís con lo vuestro?.

 - Bórax... sabes que no me importa contarte a ti mis cosas... Lo del sexo lo hacemos en algunas ocasiones, creo que es en los momentos en que los dos nos sentimos... no sé... sólos.

 - Pero a ti te gusta Roy, ¿verdad?... ¿Cómo se toma eso Antino?.

 - Aunque me guste Roy... con él todavía nada... Y Bueno pues Antino ya sabes cómo es, sabes que él es para mí un maestro y yo su discípulo.

 El ascensor termina su viaje en el  piso bajo y Bórax se ofrece a llevar al chico hasta la calle Huertas, que es donde ha quedado con Roy. Mientras bajan por las escaleras hasta el garaje, Tasio vuelve a retomar la conversación.

 - Te decía que recuerdo muy bien todo lo que él me explica, ya no soy tan crío, y lo del cuento que escribes, si lográis terminarlo, quizá lo entenderé... Antino dice que hay que crear las cosas y hacerlas crecer sin apropiarse de ellas y que hay que actuar sin esperar nada a cambio... Eso es lo que me ha enseñado y me he dado cuenta que actuando así me van mejor las cosas y suelo conseguir lo que deseo... Él dice que eso es así, porque de esta forma todo se mueve, circula, no se estanca y entonces la riqueza de cualquier bien es compartida por todos...

 - ¿Y has puesto eso en práctica para lograr que la relación que tienes con Roy sea como tú verdaderamente deseas?...Chaval!... ¡Es que se nota mucho que estás coladito por él!.

Ya están en el interior del coche y Tasio se queda mirándole como si le hubiera dado una buena idea.

 - Pues la verdad es que creo que así no actuó con él, me quedo bloqueado cuando estoy a su lado... cierto, la cosa se estanca.

 - Ya sabes lo que tienes que hacer.

 - Gracias Bórax.

 Bórax observa desde su coche cómo se alejan los muchachos... caminan despacio... no parecen tener un rumbo fijo. El alma de Bórax suspira, parece que olfatea el amor. Arranca su vehículo y desaparece entre el trafico de la gran ciudad.

 

 XII

 - ¿Que podíamos hacer? - dice Roy a su amigo que hoy encuentra especialmente guapo. Roy quiso conocer a Tasio desde el primer día que lo viera por el parque del Retiro, hasta aquel momento en que se atrevió a hablar con él, con la excusa de la bici, con la excusa de contar lo de aquel hombre, Antino, el que salvó al mimo. Los pensamientos de Roy respecto a lo que siempre ha sentido por Tasio han estado siempre encarcelados por ese terrible monstruo que es la represión de las ideas y de los sentimientos. Pero hoy ha notado algo distinto en su amigo. No está tan tenso como otras veces. Le nota como si flotara y con una alegría inusual casi contagiosa.

 - Me da absolutamente igual, Roy, elige tú si quieres... Hemos quedado para vernos, ¿no?... Pues aquí estamos, me da lo mismo lo que hagamos...

 Roy no sabe muy bien cómo interpretar esas palabras, pero al mismo tiempo siente que le acaban de dejar una puerta abierta a cualquier cosa que desee.

 - En mi casa no hay nadie... Si quieres... podemos alquilar una película... - por fin lo ha soltado.

 - Vamos. ¿Has visto ya la de Abre los Ojos?

 - No, pero dicen que es muy rara. Bueno vamos al video club y ya veremos...

 

XII

Roy vive en la plaza de Santa Ana, cerca del video club, y no han tardado mucho en terminar eligiendo otra película de más acción y ciencia ficción, quedaron de acuerdo en alquilar algo sobre alguna amenaza fantasma, de algún espacio exterior, pero no sé qué conversación o de dónde puede venir la idea de volver a ver Matrix.

En casa hacen palomitas de microondas y disfrutan una vez más del estupendo guión y sus fantásticos efectos. Roy se comporta como un perfecto anfitrión que extrema cuidados para la satisfacción de su invitado. Quiere agradarle, que se sienta a gusto y que le valore a él, sus cosas y sus atenciones. Cuando termina la película continúan viendo un poco de algún estúpido programa de la televisión. Creo que la mantienen encendida por ahogar en cierto modo un sospechoso silencio que se nota en el ambiente. Y Tasio reacciona.

 - ¿Por qué no quitamos ese rollo?.

  Y Roy la apaga pulsando con el mando. Ahora el silencio se puede palpar alrededor de los muchachos, alrededor de sus cuerpos lozanos que desean sentir una muestra, una señal que les diga cómo hacer para que ocurra aquello que los dos tanto desean.

 - Roy...

 - ¿Qué?...

 - ¿Dónde está el water?.

 - Ah... sí... ven... - dice Roy que se levanta para guiarle hasta el aseo.

Tasio orina con la puerta del baño abierta, su amigo espera su turno a poco menos de dos metros de él. Luego le toca a Roy y Tasio se queda por allí curioseando los frascos y botecitos que hay en un estante y se da cuenta que su amigo tarda demasiado en terminar, es más, aún no ha logrado expulsar una sola gota.

 - ¿Qué te pasa?.

 - No puedo.

 - ¿Y eso? - dice Tasio arrimándose a él para ver lo que le ocurre.

 - ¡Hala!... No me extraña. ¿Quieres que me salga fuera?.

 - No... quédate... si quieres... no sé...

 - Eso tendrías que aflojarlo un poco, dicen que si no te puedes hacer daño en la próstata... - dice Tasio aunque no muy seguro de que eso sea verdad.

 - ¡Joer!... no puedo mear...

 - Mira... a mí también se me ha puesto... menos mal que yo ya había orinado. Será mejor que te deje mear sólo.

Tasio vuelve al salón. Desde allí puede escuchar cómo Roy vacía la vejiga como puede, parece que echa más fuera, que dentro del inodoro.

 - ¿Ya?.

 - Sí... Bueno, pero esto sigue igual...- dice señalando hacia su bulto.

 - Si quieres nos hacemos una paja. - dice Tasio que ahora se siente seguro de sí mismo y de lo que siente su amigo.

 - Vale.... Mejor que vallamos a mi habitación... no creo que regresen tan pronto mis padres, pero por si acaso... 

 - ¿Vamos ya?.

 

XIII

En la alcoba, se sientan sobre la cama. Tasio ve cómo su amigo se desabrocha el pantalón, se lo baja un poco y le mira los calzoncillos que parecen a punto de reventar. Roy se baja también ese slip que ya está manchado por alguna de esas gotas que nos salen en estos momentos de excitación. Roy comienza a tocarse y echa una mirada fugaz al amigo que le observa.

 -Yo me voy a quitar toda la ropa... ¿Me puedo quedar en pelotas?.

 - Sí... Claro... Haz lo que tú quieras, Tasio. - le contesta Roy, que aún está más excitado si se pudiera, al escuchar las palabras de aquel muchacho con el que siempre ha soñado, en tantas soledades que compartió con su mano, aquella habitación y su imaginación.

Ahora Roy está viendo cómo Tasio le brinda un espectáculo de ropa que cae al suelo como  cáscara de un fruto prohibido que descubre un delicioso manjar. Roy también decide aligerarse de más ropa hasta que los dos muchachos quedan totalmente desnudos.

Los dos están tumbados en esa misma cama y apoyan sus nucas en la cabecera, sus cuerpos son muy similares, tal vez Roy  es algo más alto, pero su aspecto de niños ya creciditos y con atributos más que adultos en sus genitales duros y estirados les hacen parecer muy iguales. Para Roy tocar a ese muchacho es casi como tocarse a sí mismo, a su espejo, a sus deseos que tanto tiempo ha contenido.

 - Si quieres te la hago yo... dicen que así da más gusto...

 - Sí... estoy seguro que da más gusto... Tú la tienes más grande que la mía... ¿Me dejas que te toque yo primero?.

 - Vale, luego te la hago yo...

Tasio toma en su mano esa carne dura, al tiempo que mullida, la masturba con dulzura, con amor, cuidando que su dueño se sienta gustoso de esa caricia mucho más que amistosa y complaciente. 

El hermoso Tasio, el de los ojos de esmeraldas, el muchacho de la calle, el amigo de Antino, mira ahora ese miembro de su también querido Roy, y  admira ese falo tan apropiado para introducirse en lugares oscuros. Una fuerza irresistible, que algunos llaman lujuria, hace que Tasio se incline hacia aquello que quiere hacer más suyo todavía. 

Roy no puede evitar sentir y ver con sus ojos las intenciones de su amigo, que cada vez acerca más su cabeza hasta el ángel mojado de su entrepierna.

La boca de Tasio no lo puede evitar y engulle aquella pieza que se amolda  en sus labios como si fueran una parte más de ellos. Lo lava con su lengua, se amamanta de él, lo explora de arriba a abajo, lo descapulla, lo abraza, lo acuna, lo vuelve a lavar y se desborda.... Borbotones de templada leche inundan su boca...

 - Tasio, que me viene... que te mancho... - apenas acierta a decir Roy preocupado de que a su amigo no le agrade aquel elixir que ya está recibiendo y que resbala por la comisura de esos labios de carnosa belleza, por ese rostro lleno de gracia y sensualidad.

 -¿A qué sabe?.

 - No sé decirte... es dulce y salado... es delicioso y un poco asqueroso. - le contesta Tasio que piensa, pero omite decir, que es como el mundo, dios y diablo... todo esto acompañado de una extraña sensación, como si ya hubiera ocurrido antes.

- Yo lo quiero probar.  

 Y se baja el telón.

***

Bórax
agradece a todos los que han participado en esta función.

SUELO CONTESTAR A QUIEN ME ESCRIBE