APROVECHAR LA OCASIÓN

Antes de nada, dejad que me presente. Me llamo Andrés, tengo treinta años, estatura mediana, pelo castaño, dos veces por semana voy a un gimnasio para mantenerme en forma y trabajo en un estudio de arquitectura desde hace un año. Desde estudiante me he ido montando mis rollos y no me quejo, pero siempre había deseado tener una de esas aventuras que leo en los relatos pero nada de nada. Realmente pensaba que no podía ser. Pero bien, hace poco me ocurrió algo inesperado, aquello que tanto deseaba y nunca llegaba. He tardado en decidirme, pero ahí va.

Ya os he dicho que trabajo en un estudio de arquitectura, concretamente en la ciudad de Barcelona. El trabajo es agobiante porque no paran las visitas, consultas de clientes y teléfonos y a parte de ir con el jefe a visitar obras, me encargo sobre todo de revisar los presupuestos. Sería por el mes de octubre, que hablando con mi jefe, le comenté la dificultad que tenía de estar tranquilo unas horas, que no podía empezar una revisión y terminarla sin que nadie me interrumpiera. Me entendió perfectamente y aseguró que buscaría la solución. Al día siguiente entra en mi despacho, me entrega unas llaves diciéndome "Toma, aquí está la solución a tu problema". Me quedé con una cara extrañada y siguió: "Mira, estas son las llaves de un apartamento-estudio que tengo en la costa. Aparte de utilizarlo en verano con la familia, también tengo habilitado un taller como si fuera aquí en el trabajo. De vez en cuando, voy a hacer algún proyecto cuando necesito tranquilidad. Una tarde a la semana vas allí. Te llevas lo necesario y para cualquier consulta o problema, utilizas el móvil o internet porque también hay ordenador".

Me quedé bastante sorprendido de la confianza y lo acepté. Pensé que era bueno para mí y demostrar que puedo hacer bien mi trabajo, y por tanto asegurarme el sueldo. Pero bien, dejemos esto y continuemos. Decidimos que en principio iría los miércoles. Llegó el día, cogí el coche y me presenté en media hora en la dirección que me indicó. Era en primera linea de mar, en un complejo de apartamentos con un gran jardín interior y piscina comunitaria. Todo muy bien cuidado. Antes de nada pasé por la portería como me había dicho el jefe para presentarme y no pensaran que había alguien extraño en el apartamento. Era un matrimonio mayor y con ellos había un chico árabe de unos 20 años que se encargaba del mantenimiento. Tal apartamento, en realidad era un dúplex. En la primera planta había un gran salón, cocina, baño y una habitación. El salón y la habitación daban a una terraza con grandes cristaleras. En la parte superior otro baño, el taller-estudio y otra terraza. La vista era magnífica. La luz que entraba por las cristaleras, a pesar del tiempo casi invernal, invitaba a trabajar.

Al cabo de dos horas salí a fumar a la terraza. Me asomé a la baranda y vi en la terraza del dúplex de al lado dos chicos liados con libros y papeles. Iban sin camiseta porque el sol calentaba bien. Más bien delgados, pero muy bien formados. Me presenté y ellos me dijeron que cada miércoles iban al apartamento de uno de los padres a estudiar, ya que repetían segundo de bachillerato (deduje por tanto que deberían tener 18 años, si bien aparentaban menos) y aunque les iba mejor que el curso pasado, las mates y la física se les atragantaban un poco. Como sin querer me preguntaron una duda y se lo expliqué, pensando en lo buenos que estaban, me despedí y entré a trabajar de nuevo.

A la siguiente semana llamaron a la puerta y me pidieron de nuevo que les aclarara algún problema que tenían con la física. De nuevo les aclaré el problema y se fueron. A la semana siguiente cambié el día y en lugar del miércoles tuve que ir el martes. Empecé mi trabajo y al cabo de un rato oigo una música ensordecedora en el dúplex vecino, lo cual impedía concentrarme. Llamé a la puerta y me contestaron que entrara, que estaba abierta. Me quedé sin saber qué decir. Estaban David y Joel (los chicos de los miércoles) desnudos en el sofà y mirando una peli porno. No sé cómo, pero les pude decir que bajaran la música y salí sin más. Está claro que ya no pude concentrarme. Sólo pensaba en la imagen que vi y me picaba la curiosidad de saber a quién debían esperar. Disimuladamente, desde el estudio miré la cristalera del salón de los chicos y vi que entraba el chico de mantenimiento del que les hablé al principio. Se desnudó, se estiró en la alfombra y David y Joel empezaron a jugar con su polla. Empezó a crecer de tal manera que nunca había visto algo igual. Al cabo de un rato de jugueteo sacó un chorro de leche que resaltaba sobre su piel morena. Se limpió y David se estiró en el suelo. El jardinero se colocó a cuatro patas y empezó a mamarle aquella polla blanca y no muy grande. A la vez, Joel empezó a follarle. Estaba que no podía más, hubiese bajado a participar, pero lógicamente no podía. Al terminar vi que buscaban la cartera y le pagaban un dinero.

La semana siguiente, el miércoles, no vi a los chicos. Pensé que deberían tener vergüenza. Al irme, me encontré con Yassir (que así se llama el chico árabe de mantenimiento). Saqué valor de no sé dónde y le comenté que me habían dicho que también hacía mantenimiento personal, y yo necesitaba sus servicios. Lo entendió perfectamente y subimos de nuevo al dúplex. Fuimos al baño, empezamos a lavarnos mutuamente y de nuevo pude ver aquella polla. Le hice una paja allí mismo. Casi no me cabía en la mano. Luego fuimos al salón y le hice una follada como nunca había hecho. Estaba excitadísimo, la tenía dura como nunca y me corrí después de un mete y saca frenético.

Lo bueno aún estaba por llegar. Al miércoles siguiente, llaman a la puerta David y Joel. Me piden de nuevo si les puedo ayudar y no me hacen ningún comentario. Yo no sabía qué hacer, pero me callé y les expliqué lo que me pedían. Estaba con mi polla a reventar y sólo tenía ganas que se fueran para hacerme una paja o llamar a Yassir para calmar mi sed. Al terminar recogen sus libros y apuntes y Joel me explica que Yassir les contó que me gustaban los chicos. Me quedé de piedra y maldecía al jardinero por chivato. David continuó hablando y me pidió que para pagarme las clases no les importaba estar conmigo, todo lo contrario, querían que les follara a los dos. Ellos siempre se la metían a Yassir, pero al revés nunca, porque con aquel pedazo de polla que tenía no se atrevían, y entre ellos ya lo habían hecho, pero querían otra cosa. Sin dudarlo les dije que aceptaba. Dos culitos jovencitos que no podía despreciar. Qué oportunidad se me presentaba! Qué cuerpos pude ver al desnudarse! Estaba con la polla tiesa y dura como el día anterior. Empecé con Joel. Lo puse tumbado de espaldas en la mesa y yo de pie. Empecé a metérsela con cuidado y con bastante lubricante. Entró con facilidad, no la tengo excesivamente grande. Qué gusto! Le dije a David que se pusiera de pié en la mesa ya que quería chupársela. Era una polla de unos 14 cm, blanca , fina y con poco vello. Se corrió pronto y me mojó todo el pecho. Yo seguí follando a Joel. Gemía de placer, decía que le gustaba mucho.

Después de tomar algo y descansar, me follé a David, mientras el otro me iba besando las tetillas y pajeando a David. Igual de maravilloso. En todos los años, nunca había disfrutado tanto como aquellos dos últimos días. Esto duró hasta las vacaciones de Navidad. Trabajo, clase y... premio! Cada miércoles así.

Después de las vacaciones ya no han venido más. Bien, un día llamaron para decirme que habían aprobado todo y que sus padres habían decidido que estudiarían en casa de David. Siempre me queda el consuelo de Yassir, que sí que continúa de mantenimiento, y con las herramientas que tiene, lo cuida todo muy bien.

 

 

 

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