Algunos miran las cosas como son
y se preguntan por qué.
Yo prefiero ver las cosas como podrían
ser,
y preguntarme por qué no.
Bernard Shaw
Muchas veces lo pensé, pero yo decía
“Nada que ver, que onda compadre”, y filo.
Pero me devoraba esa parte de mí,
y lo más extraño era que así me sentía yo,
me
sentía mejor. Ni siquiera me di
cuenta cómo ni cuando me dejó de atraer jugar a la
pelota, porque el fútbol, verlo,
me sigue gustando, pero ahora tengo otros intereses,
otras cosas me satisfacen.
Recuerdo que cuando Andrés llegó
a mi curso, me impresionó tanto, que su imagen
me quedó grabada como esos recuerdos
que uno tiene y que permanecen en la
memoria como fotografías. El Andrés
era de mi barrio y nos conocíamos de chicos,
sin embargo nunca fuimos grandes amigos,
hasta que entramos en la media, ahí nos
hicimos mejores amigos. El era diferente
a mí, era más violento, más retraído también,
además tenía otros amigos,
unos locos terriblemente pesados.
Pero algo siempre en él me atrajo.
Puede ser su personalidad, No sé, Pienso:
“Me gustaría ser como el Andrés”.
Y me pregunto después por qué.
¿Por qué parecerme a él?
Me atrae su personalidad, como habla, su seguridad,
incluso cuando se peina con gel me gustaría
que a mí me quedara el pelo igual que
a él. ¿No será que
me gusta él? Por favor, eso es ser maricón. Qué onda,
nada
que ver. Sin embargo, siempre lo miro,
y cuando lo miro me sonrío. Me causa gracia.
Lo peor que de repente, mientras lo miro,
como que me despierto y me descubro
con la boca abierta y la mirada perdida,
con una sonrisa mal hecha, mirando al
Andrés. Ahí me entra el
miedo: que alguien me vea cómo miro al Andrés. Claro
porque pueden pensar que soy maricón.
Uhhhhh, como se reirían de mi.
Me dirían maricón, fleto,
maraco, mostacero, me aislarían, me tendría que ir
lejos
de aquí, donde nadie me conozca....
me gustaría en todo caso, así me alejo de todos
estos pelotas que me caen mal. Pero estaría
lejos del Andrés, y eso sería triste.
Tendré que quedarme acá.
Después de la clase de educación
física, en las duchas, me siento junto al Andrés,
y cuando se saca la ropa yo lo miro. A
mí me gustaría tener un cuerpo así. Osea, no
es que me guste el Andrés, ni loco,
pero me gustaría tener su cuerpo, su físico, sus
piernas, lo bonito que es él. Pero
no me gusta él, eso que quede claro.
Lo peor que me pasa en las duchas es que
lo miro porque yo quiero mirarlo, y no
porque por casualidad tuve que verlo.
Es decir, lo miro. Y yo me pongo tremendamente
nervioso. Eso me da miedo, pero ¿Por
qué me pone nervioso ver a mi compañero
desnudo? Si mirarlo no es malo. ¿O
lo es?
Lo que pasa es que me da vergüenza
mirarlo, pero por que???!!!!
Si somos hombres. Siento la sensación
que debe sentir el que mira lo que no debe.
¿Por qué siento aquello?
Si acá todos somos hombres. No sé qué onda, pero mirar
a los hombres es super maricón.
Nada que ver. Definitivamente chao.
Sin embargo, me he dado cuenta que no sólo
me gusta su forma de ser, sus salidas,
lo espontáneo de sus comentarios,
la seguridad de sus palabras, la capacidad para
que otros le respeten; También
me están importando sus cosas.
Por ejemplo, supe en el barrio que sus
padres pelean mucho y que piensan separarse.
Debe ser tremendo para él. Lo increíble
es que no se le nota que tiene problemas, no
lo demuestra, y por eso me cuesta mucho
entrar en su intimidad. Decirle por ejemplo
“Oye Andrés, ¿cómo
has estado?” y él me respondiera “Mira Nicolás, la verdad
es que
no es estoy tan bién, tengo algunos
problemas, quisiera contártelos, porque confío en ti.
Quisiera contarte mis problemas, para
que me ayudes” Y la verdad que me encantaría
que me los contara, que confiara en mí,
porque me preocupa, quiero que esté bien. Me
gustaría estar más cerca
de él. No me refiero a lo físicamente, sino a estar
cerca de él,
en cuanto a su persona. Que confíe
en mí, que me necesite.
Así estaría mas cerca de
él.
Sin embargo, me pregunto por qué
me gustaría que me tuviera confianza, que me
contara sus cosas. Me pregunto por qué
me gustaría que me necesitara. Y la verdad
es que no tengo respuesta. Lo único
que sé es que, si así fuera, yo me sentiría muy
feliz. Pero no puedo ingresar en su mundo
privado, no puedo penetrar en su vida
intima, el Andrés tiene una especie
de coraza, porque a pesar de sus problemas, la
verdad que al mirarlo, no pareciera que
los tuviera. Siempre está contento,
participando en las cosas del colegio,
siempre en todas partes. Sin embargo, yo le
noto, en su mirada, en el fondo de sus
ojos, que algo le falta. Un punto de sus ojos me
revela, sólo a mí, que tras
todo lo que conocemos del Andrés, hay otra persona que
quiere salir, que quiere vivir, no sé,
es algo que siento o que presiento, pero que
sólo yo siento.
Y esto es lo peor de todo, ésto.
Que paso hablando todo el tiempo del Andrés, que
termino siempre pensando en él.
Todas las cosas que hago, hasta lo más absurdo,
termina finalmente con su nombre. Eso
me pone muy nervioso. Siento miedo, porque
no sé por qué me pasa. Eso
me amarga.
Veo a mis hermanos, el Joaquín
y el Aníbal, y no sé qué pensar porque los veo
preocupados de otras cosas, y no tan pendientes
de algún amigo. Claro que si de
amigos se trata tienen muchos, y se nota
que se quieren mucho, se defienden a brazo
partido, van a jugar a la pelota, se quieren
todos ir a estudiar a Valparaíso, ya se
imaginan en un departamento, todos tienen
pololas, las pololas se conocen entre sí,
salen a bailar todos juntos, a la misma
discoteque, salen para las mismas partes. Y el
que termina con su polola o se pone a
pololear muy fuerte y se sale de esta especie
de rutina, lo reprenden. Y así
es, todos tienen que hacer lo mismo. Pero, ¿Por qué
todos tienen que hacer lo mismo? Estudiar
y pololear en la semana, el viernes y el
sábado encontrarse en algún
pub y luego ir a bailar con las pololas, el domingo ir a
jugar a la pelota, y de vuelta la misma
semana. Qué se yo, pareciera que todos
hicieran lo mismo. Pero ¿Todos
tenemos que hacer lo mismo? ¿Qué pasa con el
que no sigue esta rutina? ¿Y yo?
¿Por qué ando tan distraído? ¿Por qué
me
interesan otras cosas?
Para mí un día perfecto sería
más estando sólo que demasiado acompañado, y eso
¿es raro? Pensar así ¿Es
estar enfermo o medio loco? Sí, para mí un día perfecto
sería estando más bien solo...mmmm...
aunque en realidad no: un día perfecto sería
estando con el Andrés, no sé,
viendo revistas, escuchando música, viendo videos de
MTV, o salir a andar en bicicleta
por la carreta del cobre, hacia Coya y llegar
terriblemente cansados a tierras blancas,
pedirle agua a la señora que vive en el
cerro, y después seguir internándonos
hacia la cordillera y llegar hasta donde pocos
han llegado, a ese lugar que sólo
el Andrés y yo conocemos. Es un lugar hermoso,
porque se ve todo el valle, toda la ciudad,
está lleno de árboles y como premio al
cansancio y al calor hay una vertiente
de cómo diez metros de alto, donde corre
agua limpia, cristalina, fresca, hermosa
como esos momentos.
Recuerdo el verano pasado, fue genial.
Confianza. Eso es lo que he perdido en
la gente. Ya nadie es igual para mí. Tal vez lo
que pasa es que antes no me preocupaba
de las personas, sin embargo hoy a todos
los veo diferentes, todos tienen defectos
y problemas, como yo. Acá en este pueblo
la gente es muy rara.
Sin embargo yo al Andrés le contaría
todo. O sea todas mis cosas, bueno quizás no
todas... y la más importante de
todas no podría decírsela.
Me gusta subir el cerro en bicicleta, por
la carretera del cobre, ver la ciudad desde
arriba me provoca un sensación
muy placentera. El viento, que rompe en mi cara,
renueva mi espíritu, siento ganas
de abrir mis brazos y tirarme hacia la ciudad desde
las alturas, y planear. El sol y el aire
son mi única compañía, algún bicho del pasto
y
nada más. El río, los cerros,
la ciudad, los colores, si hasta me parece agradable la
ciudad desde acá arriba, se me
olvida por completo que la detesto.
Este lugar tiene algo especial, es mágico,
me llena de energía y siempre hago el
mismo circuito. Mejor la paso cuando vengo
con el Andrés, obvio, y no tanto por la
competencia sobre quien llega primero.
Es porque conversamos de todo, los dos
solos, y esa es una forma de tener una
intimidad. Así, esos paseos son sólo nuestros
y no los compartimos con nadie. Lo que
se habló, lo que vimos y vivimos es solo
nuestro y de nadie más. El domingo
por la tarde lo pasaré a buscar.
Las materia en el colegio se me están
haciendo fáciles, claro que estudio más que
antes. Pareciera que tengo más
tiempo. En realidad lo tengo. Me siento super feliz,
sé que estoy enamorado, pero también
sé que na’ que ver, ¿cómo compartir esta
felicidad? Me pregunto si algún
día seré feliz completamente, a luz de todo el mundo
y no solamente en mi propio rollo. O por
lo menos con la persona que quiero.
Es fácil cuestionarse, pero muy
difícil encontrar respuestas –si es que las hay- pero
estoy seguro que seré feliz algún
día, o por lo menos viviré momentos de felicidad.
- Es al final del arco iris – Leí
en un viejo libro de cuentos-, al final del arco iris es
donde vive la felicidad. El arcoiris ya
lo encontré, solo me falta llegar hasta el final
para encontrar la felicidad.
* * *
Firmado: Astroboy (Chile)