Biblioteca Pública
Segunda Parte
[...] Estábamos tan a gusto, que no oímos que se abría la puerta del WC y una
voz masculina gritaba "Os la habéis cargado, chicos": ¡¡¡ERA EL BIBLIOTECARIO!!!
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Mi compañero y yo nos quedamos de piedra. No sabíamos qué hacer, así que optamos
por callarnos y esperar a que todo pasase. El bibliotecario, pegando fuertemente
en la puerta del baño, siguió gritando: "Pequeños cabrones, abrid la puerta
ahora mismo".
Ya no tenía sentido seguir callados, así que obedecí y entorné la puerta. El
bibliotecario de mi pueblo está bastante bien: tiene poco pelo en la cabeza y
lleva gafas pero tiene algo especial que le hace parecer atractivo. Nos miró
fijamente y exclamó: "¿Cómo os atrevéis...? ¿Cómo os atrevéis...?".
Yo ya me estaba temiendo lo peor, cuando el hombre continuó: "¿Cómo os atrevéis
a chuparos las pollas sin llamarme a mí para participar?".
Mi compañero estaba tan sorprendido y tan aliviado a la vez que empezó a reír.
Yo le imité y empezamos a besar al bibliotecario. Éste mostraba una erección de
caballo. Empezó a quitarse la ropa y a lamernos los cuerpos. Los tres gemíamos
sin parar. Nuestro "jefe" se bajó los calzoncillos y mostró una polla
descomunal. No bajaría de 20 centímetros. Era deliciosa. Lo descubrí cuando me
puse de rodillas y le chupé todo su miembro sin parar. Su capullo entraba y
salía de mi boca continuamente. Su tronco estaba caliente y palpitaba de placer.
Mientras yo le hacía esa mamada, mi joven compañero le besaba en los labios con
fuerza. Alargué mi mano y le empecé a meter un dedo a mi compañero en su culito.
Él gimió más y desde ese momento, los tres nos hicimos una sola persona. Me
levanté y frotamos nuestras tres pollas a la vez. Era maravilloso ver tres
trozos de carne enormes palpitar y mojar nuestras manos.
El bibliotecario me levantó en brazos del suelo y me metió de golpe su polla. Yo
gritaba. Me estaba encantando. Me golpeó contra la pared una y otra vez. Quería
desgarrarme con su nabo. Yo veía las estrellas de puro gozo. Mi compañero se
pajeó y salpicó toda la espalda del bibliotecario con su leche calentita.
De este modo, nuestro bibliotecario favorito se corrió con tanta fuerza que noté
cómo llenaba todo mi cuerpo con su semen. Sentí llenarme de calor y expulsé mi
propio semen en la boca de mi follador.
Después, los tres nos acercamos y nos besamos todos a la vez. Ahora era un beso
dulce, fruto del profundo cariño que había surgido entre los tres.
Estuvimos un buen rato besándonos dentro del baño. Pasados unos minutos, nos
vestimos y salimos de allí para continuar nuestras lecturas como si no hubiese
pasado nada.
Mi compañero y yo nos quedamos hasta que cerraron la biblioteca. El
bibliotecario nos dijo "¿Os acerco a algún sitio en el coche?" Y nosotros
respondimos que no hacía falta, y que guardase sus fuerzas para la semana
siguiente, cuando los tres nos volveríamos a juntar para volver a disfrutar del
sexo como aquella tarde.
Mi compañero me dio la mano y nos fuimos juntos, caminando hacia nuestras
respectivas casas, para descansar y soñar con esa experiencia maravillosa que
habíamos descubierto en la biblioteca.
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