De camping
Soy un bisexual practicante, tengo novia y ella no sabe de mis correrías
homosexuales. Hasta que ocurrió lo que voy a contaros, tan sólo era bisexual de
tendencia, me atraía la belleza, tanto masculina como femenina, era como a mí me
gusta decir, simplemente sexual.
Lo que voy a relatar sucedió un fin de semana en un camping del norte. Llegamos
al camping el viernes sobre las seis de la tarde, montamos nuestra tienda, y
cuando estábamos tomando un refrigerio, llegaron los vecinos de parcela. Una
madre con sus dos hijos, una espléndida parejita de mellizos, de 22 años. Nunca
habían estado de camping por lo que montar la tienda se les estaba haciendo un
poco difícil, así que decidí echarles una mano.
El chaval era rubio, fibrado, de aprox 1.80 mts. y estaba tan bueno que no fui
capaz de quitarle los ojos de encima, hasta que apareció su hermana en
pantalones cortos y la parte superior del bikini, increíble. A mí me costaba
disimular mi incipiente erección, y durante todo el proceso de montaje de la
tienda, fui provocando roces involuntarios con Miguel, que así se llamaba,
mirando tímidamente su torso, su culo, su paquete apretado en un bañador tipo
boxer. Al terminar yo me fui a mi parcela con mi novia y nos sentamos a comer
algo.
Cuando terminó Miguel de colocar su campamento, gritó mirando hacia mi:
- Mamá, voy a darme una ducha!
Esa mirada mientras lo decía yo la interpreté como una invitación sexual, no
estaba seguro, tenía la adrenalina a tope, de todos modos tenía que comprobarlo.
A los 5 min. le dije a mi novia que iba a ducharme, y que tardaría, ya que me
gusta mucho quedarme debajo de la ducha los minutos muertos, cogí mis cosas de
aseo y me encaminé hacia los baños. Las duchas son cabinas individuales, y en el
hall de dichas cabinas están los lavabos colectivos, así que cuando entré, allí
estaba Miguel con una toalla a la cintura, lavándose los dientes antes de entrar
a la ducha, lo saludé muy nervioso y entré en una de las cabinas, no me dio
tiempo a cerrar la puerta y oí a Miguel decirme:
- He visto cómo me mirabas mientras montábamos la tienda así que ahora no te
hagas el tonto.
- ¿Cómo? -contesté.
Entró en la cabina que yo ocupaba y cerró la puerta. Yo ya me había quitado la
camiseta y el bañador, estaba empalmadísimo y avergonzadísimo y por tanto de
espaldas a la puerta y a Miguel. Se arrimó totalmente a mí y empezó a tocarme el
pecho, yo sentía su miembro presionarme el culo a través de la toalla que
llevaba, con una mano me seguía tocando el pecho, los pezones, el abdomen,
mientras que la otra ya la tenía con sus dedos abrazándome la polla, era una
sensación increíble. Se separó, me agarró por la cintura y me puso de frente a
él, me besó apasionadamente mientras me agarraba las nalgas y me las separaba,
una y otra vez. Yo le retiré la toalla, sentí su polla sobre la mía, calor,
presión... me dejé caer de rodillas, le besé el abdomen, el inicio del suave
vello púbico, sentía su polla en mi cuello, en mi barbilla, y por fin en mi
boca, era una sensación indescriptible y muy soñada, mi primera mamada, sentía
en mi legua su glande, las aristas, las venas, disfruté mucho, y Miguel a la
vista de su cara también.
Tras mi dedicación en exclusiva a su polla, estaba preparado para la siguiente
sensación anhelada desde hacía mucho tiempo, ser penetrado, se lo pedí
susurrante. Me di la vuelta y me apoyé en la pared, con el culo en pompa,
extraje de mi neceser un bote de Aftersun, y se lo tendí. Miguel después de
verter en su mano gran cantidad de crema, empezó a extenderla con toda la palma
por la raja de mi culo, arriba y abajo, luego con dos dedos, finalmente con uno,
el que poco más tarde introdujo en mi culo lentamente con suavidad, dentro,
fuera, dentro, fuera, dos dedos, dentro, fuera, por fin sentí el calor de su
glande, apoyado en mi culo, entrando en mi culo, lo hacía con relativa
facilidad, pues yo aunque virgen, me solía introducir diversos objetos durante
mis masturbaciones, sentía su polla deslizarse en mis entrañas, hasta que sus
huevos toparon con los míos, estaba totalmente dentro de mí, sentía como
palpitaba su miembro, era delicioso.
Comenzó un ligero vaivén que fue increscendo y acabó en un mete saca brutal, que
gracias al ruido del agua cayendo, no montaba escándalo. Yo me masturbaba, por
fin se corrió dentro de mí, me agarró la polla y siguió con la masturbación que
yo había iniciado, me corrí, me abrazó por la espalda y mantuvimos esa postura
durante un par de minutos que me supieron a gloria. Por fin me arrodillé y
comencé a lavarle la polla como si fuera mi más preciado tesoro, en ese momento
lo era.
Terminados de ducharnos entre sonrisas y caras de complicidad, regresamos por
separado cada uno a nuestra tienda. Fue un fin de semana que no olvidaré jamás,
el sábado otras dos duchas, y otra el domingo, memorable.
Después de esta experiencia, me desinhibí bastante, y procuro disfrutar de un
buen tío siempre que puedo, no es muy a menudo, pero bueno, ya os contaré más
correrías que me han ido pasando.
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