Soy un chico chico bastante joven,
pues cuento tan sólo con 17 años.
Mido 1.76 y peso 60 Kg. Antes de
comenzar mi aventura quisiera dejarte
claro, amigo lector, que me considero,
y en verdad lo soy, un hombre en
todos los sentidos. Todo ocurrió
un miercoles por la tarde cuando, tras
haber comprado unos regalos de
Reyes en unos grandes almacenes, fuí a
un gran local que está al
lado de éstos, y que aglutina varias tiendas
y boutiques. Estuve largo tiempo
viendolo todo, novedades, chorradillas,
etc... cuando descubrí por
casualidad al alzar la vista del escaparate
a un hombre que produjo que me
fijara en él. Me daba la espalda pues
caminaba en dirección contraria
a la mía. Creo que lo debí hacer con
demasiado descaro, pues la postura
de aquella persona cambió de un giro
y de perfil se puso de frente.
En ese momento y por primera vez, como
sospechando que podía haberle
molestado, dirigí mi mirada hacia arriba
hasta llegar a los 1.82 que medía.
Cuando nuestros ojos se encontraron
me sobrecogí con un extraño
temblor y quedé maravillado de sus profundos
ojos marrones claros con un aro
de verde. Su pelo era castaño claro. Su
graciosa nariz era ligeramente
aguileña. Una leve sonrisa se dibujó en
su boca y yo la imité, entonces
él respondió sonriendo con ímpetu
provocando mi carcajada. A los
pocos instantes me preguntó con aire
irónico mientras seguía
sonriendo:
- ¿Tanto te gusto?
Por supuesto el corte que me invadía
en aquellos momentos era
indesciriptible e intenté
explicarle que no pensara mal, que lo que
ocurría era una cosa sencilla,
pero los nervios me lo impidieron,
produciendole emotivas carcajadas.
Me dijo que me tranquilizara y me
invitó a que se lo contara
más despacio tomando algo en una cafetería.
Yo acepté y poniendome su
mano derecha sobre mi hombro me condujo allí.
Aquel personaje de 26 años
prometía ser un excelente amigo pues su
simpatía y amabilidad llegaron
pronto hasta lo más profundo de mi ser.
Estuvimos largo rato conversando
en la cafetería. Yo me encontraba muy
a gusto y no tenía ninguna
prisa. Estuvimos en no sé cuantas cafeterías
y pubs, el caso es que yo, al final,
estaba un poco mareadillo por la
cantidad de bebidas que había
revuelto en mi estómago y la cabeza me
daba vueltas. Por supuesto que
no estaba borracho, aunque tampoco puedo
decir que estuviera en plena lucidez
mental. Mi amigo me invitó a su
apartamento para darme un "invento"
que, según él, era estupendo para
estas ocasiones. Tardamos bastante
en el taxi pues había un tráfico muy
denso. Eso produjo que mi malestar
aumentara y cuando nos hallábamos
subiendo las escaleras de un lujoso
portal, perdí las fuerzas y no
pude por menos que sentarme allí
mismo.
Cuando, momentaneamente, me hube
recuperado, me levanté con su ayuda y
nos introdujimos en el ascensor.
Ya estaba mejor y él me apostó que no
era capaz de pulsar el quinto botón.
Le contesté, riendome, que no estaba
tan mal y, aunque reconozco que
no me fué fácil, pulsé dicho botón. Aquel
ambiente de alegría e inmensa
felicidad me dió valor para, a título de
disculpa, decirle que sentía
el ser tan débil con la bebida y le pedí
que perdonara mi torpeza. El, como
queriendome dar un sentimiento de
confianza, puso sus manos en mis
hombros y su rostro adquirió una imagen
distinta a las que yo conocía
en él. Sus ojos brillaron y su sonrisa se
evadió. En aquella postura,
se acercó más a mí, entonces yo, un poco
temeroso, aunque no imaginaba lo
que iba a suceder, le comuniqué que ya
habíamos llegado, que el
ascensor estaba parado. Sus oidos permanecieron
sordos, entonces me apretó
contra su cuerpo y me besó levemente, tan
superficialmente que sus labios
apenas rozaron los mios, pero esto fué
suficiente para sellar mis hablares.
A los pocos instantes volvió a
besarme, esta vez con un beso profundo
y ardiente mientras me estrechaba
entre sus brazos. Yo permanecía
rígido e impasible, luchaba por
comprender si estaba soñando
o no, pero él no permitió que yo lo
averiguara pues distrajo mi atención
mientras abría el ascensor.
Daniel, este es su nombre, me habló
de sus inclinaciones con toda
franqueza, las mismas que yo había
odiado por culpa de una serie de
superficiales personas que abundan
bastante, y por desgracia, en esta
sociedad. Pero puestas en sus labios,
esas tendencias de una persona que
las sentía cambiaron completamente
y me resultaron hermosas. Entonces,
a partir de aquel momento, comencé
a amar a aquella persona puesto que
me atraía su manera de pensar.
Sus principios eran realmente bellos.
Al final me pidió perdon
y dijo que su casa estaba abierta para cuando
yo necesitara de ella. Luego me
rogó que no me marchase pero que si ese
era mi deseo, que lo hiciera sin
hacerle sufrir más. Yo, llorando de
felicidad le cogí la mano
y se la besé, luego le abracé y le confesé
que le amaba. ¡ Y era verdad
!
Instantes despues, eramos más
amigos que al principio y fuí yo quien le
condujo a la habitación.
Nos desnudamos mutuamente con una delicadeza
infinita, en medio de besos y caricias.
Cuando nos hallamos como la madre
Naturaleza nos trajo al mundo me
dí cuenta que a su gran corazón le
acompañaba un cuerpo hermosísimo.
Me eché atrás pero él me transmitió
un sentimiento de confianza haciendome
superar cualquier prejuicio.
Nuestros cuerpos se fundieron en
una ardiente pasión y un gran deseo.
Nos acariciamos, hablamos e hicimos
el amor de mil maneras. Mi boca besó
cada parte de su cuerpo mientras
él, con su lengua, hacía lo mismo conmigo.
Nos dábamos las gracias
mutuamente al tiempo que soltábamos salvajes
alaridos de placer. Yo, como él,
gocé muchísimo pues a lo carnal se
unió el amor. Acabamos exhaustos
pero nos quedaron fuerzas para salir
de nuevo a la calle, rebosantes
de alegría y satisfacción. Y en cada
sitio que estuvimos no disimulamos
nuestro amor, al contrario, lo
gritamos a los cuatro vientos.
Como suele pasar, enseguida surgió alguna
mirada hipócrita y tal vez
envidiosa de nuestra felicidad, que nos daba pena.
Tuvimos la suerte de hacer amistad
con un matrimonio joven en un pub y
en otro, con un grupo de jóvenes.
Esto demuestra que la mentalidad de la
gente esta cambiando. Yo soy el
primero que, de no haberme ocurrido esto,
sería una de esas personas
que ahora me dan pena por su ignorancia.
Por último, os diré
que alterno mis relaciones sexuales con ambos sexos
gozando igualmente. Lo que importa
es que exista amor.
Anónimo.