Puse mis manos alrededor de su nuca y le besé los
labios. Introduje la lengua en su boca saboreando el chocolate que tenía
en los dientes, lamiendo su paladar y sus encías, raspándome
la lengua con sus dientes. Le tumbé en la alfombra y me eché
encima del cachorro. Le seguí besando, aspirando el aire de su boca
y depositando mi saliva en ella. Le besé el azul de sus ojos en
introduje mi lengua en su nariz, chupando sus agujeros húmedos.
Mi polla estaba tan dura que parecía poder quebrarse como una barra
de hielo. Le lamí las orejas, echándole saliva en ellas,
y soplando después, lo que provocó que soltara un gemido.
Me levanté y me senté en el sofá,
me quité toda la ropa, lo más rápido que pude, mientras
el cahorro permanecía tumbado sobre la alfombra con los ojos cerrados.
Me senté sobre sus muslos y le fui quitando la camiseta, él
se incorporó un poco.
Su pecho desnudo sin vello, sus tetillas sonrosadas y
su ombligo hundido me hicieron cerrar los ojos y sumergirme en su cuerpo.
Le lamí el cuello y acerqué mi nariz aspirando
su aroma. Bajé hasta su pecho y le lamí los pezones, chupándolos.
El cachorro posó sus manos sobre mi cabeza. Noté cómo
se le erectaban los pezones y dejé toda la saliva allí. Descendí
lamiendo y oliendo su pecho y su abdomen, hasta su ombligo, donde me recreé
depositando
un poco de saliva en él. Después puse la
punta de mi capullo en el interior de su ombligo humedeciéndolo
con la saliva.
Desde este punto crecía una estrecha línea
de vello oscuro y suave que desaparecía justo en el borde de su
chandal. Me situé en sus pies y le quité las playeras, las
acerqué hasta mi nariz oliéndolas, aspirando su aroma. Me
las pasé por mi pecho. Le quité los calcetines blancos de
deporte que llevaba y también los olí, llenándome
del olor que desprendían.
Los froté contra mi rabo rodeándolo y después
me los llevé a la boca, lamiéndolos, humedeciéndolos.
El aroma del cachorro empezaba a invadir mi cuerpo, el aire de la habitación
olía a él. Acerqué mi lengua hasta sus pies con un
ligero vello oscuro, y empecé a lamérselos dedo por dedo,
recreándome entre sus dedos. Sentí la lengua totalmente seca.
Me tumbé a su lado, y le dije que se pusiera encima
mío y dejara caer su saliva sobre mi boca. Él lo hizo y un
chorro de saliva casi continuo lleno mi boca. Cogí su mano y le
chupé los dedos, que aún tenían restos del helado
de chocolate.
Sentía unas ganas irrefrenables de tragarme de
un solo bocado al cachorro, de comérmelo, de vomitarlo y volvérmelo
a comer. Hacerle desaparecer en mi interior, confundiendo mi ser con el
suyo. Le puse de nuevo sobre la alfombra y le bajé el chandal, mientras
mantenía alejada de mi cabeza la idea de correrme en ese mismo instante.
Olí su chandal por la parte del culo, cerrando los ojos y lo puse
en el sofá. Llevaba unos calzoncillos blancos. El vello de su ingle
sobresalía. Sus huevos quedaban escondidos debajo de la tela y su
rabito quedaba apoyado a un lado. Acerqué mi cara al calzoncillo
y lo chupé, oliéndolo, mientras mis manos acariciaban su
culo por debajo del calzoncillo.
Le fui chupando el rabo por encima del calzoncillo, sintiendo
su calor y su movimiento, recorriéndolo con la lengua y los dientes,
introduciéndomelo en la boca con la tela de su slip. Su rabo comenzó
a ponerse duro, y en un instante formó una tienda de campaña.
Recorrí sus huevos metiéndomelos en la boca y comencé
a bajarle los calzoncillos con los dientes.
El cachorro levantaba el culo para que pudiera hacerlo
mejor. Logré bajárselos hasta las rodillas. Su rabo tieso
quedaba apoyado sobre su abdomen. El vello de su pubis de color negro rodeaba
toda su polla y sus huevos. Le quité los calzoncillos. Me los llevé
a la cara. Aspiré profundamente su aroma. Les di la vuelta, y los
lamí.
Rodeé mi rabo, con el glande ya amoratado, con
los calzoncillos del cachorro. Me meneé la polla un par de veces
y estuve a punto de correrme. Me paré. Los puse junto a su chandal.
Me dirigí hacia su polla tiesa, me la metí en la boca y empecé
a chuparla. El cachorro gemía mientras sentía cómo
su rabo ardiendo recorría mi boca. Me tumbé sobre la alfombra
e hice que me metiera la polla por la boca descargando todo su peso sobre
mi rostro. Su rabo llegaba hasta mi garganta. El cachorro gemía
sin parar. De repente sentí como una oleada de líquido caliente
invadía mi boca. El cachorro se había corrido y su leche
caliente se deslizó por mi garganta. Se quedó quieto, recobrando
la respiración. Saqué el rabo de la boca, le chupé
el resto de semen que aún seguía saliendo. Le apoyé
de rodillas en el sofá y le levanté un poco el culo, introduje
mi nariz en el interior de su raja y aspiré produndamente, hasta
que el olor de su culo, quedó grabado en mi memoria para siempre.
Su raja aparecía poblada de un vello suave y negro.
Sus nalgas totalmente sin vello. El olor de su culo me recordó noches
de verano, en lugares exóticos, rodeados de belleza oriental. Me
lo hubiera comido, sin más, sino fuera por las fuertes ganas que
tenia de correrme. Le abrí el culo hasta que apareció su
agujero, introduje la lengua y lo lamí con deleite. Le levanté
el trasero para poder acceder a su orificio más fácilmente
y seguí chupándolo. Me tumbé boca arriba sobre la
alfombra y dije al cachorro que colocara su culo sobre mi cara. Le volví
a abrir el culo y metí de nuevo la lengua hasta el fondo de su agujero.
Sus gemidos, me excitaban, sentiendo cómo gozaba,
cómo el placer recorría todo su joven cuerpo. Pasé
un rato en esa posición hasta que me quedé sin aire, hasta
que tuve la necesidad de respirar. Entonces le levanté y le volví
a tumbar sobre la alfombra. Le dije que se introdujera un dedo en el culo.
Él lo hizo, y lo sacó, tras lo cual se lo chupé. Le
empujé de nuevo el dedo hacia dentro, invitándole a que se
introdujera dos dedos.
Después de hacerlo, se los volví a chupar,
recorriendo con mi lengua sus dedos de arriba a abajo, absorbiendo la humedad
y el sabor que contenían. Finalmente fui yo quien le introduje dos
dedos por el culo. El cachorro se agitaba de gusto, abriendo más
su duro y firme culo.
Su agujero caliente y húmedo rodeaba mis dedos.
Noté su mucosa, su textura, su ardor. Me decidí a follarlo,
pero no pude contenerme, me corrí sin tocarme. El semen salió
de mi rabo a borbotones mojando su trasero, resbalando por el interior
de sus nalgas.
Me agaché a chuparlo. Me lo tragué junto
al sabor de la piel de su culo. Algún
vello de su raja quedó en mi boca. Me coloqué
junto a él. Besándole la cara, la
nariz y los labios. Le acaricié la espalda y las
nalgas, mientras colocaba mis piernas por encima de las suyas, mirándole
a la cara y sonriéndole.
Le pregunté qué tal se lo había
pasado y me contestó que mogollón de bien, pero se le había
hecho un poco tarde y tenía que irse. Se levantó y comenzó
a vestirse.
Contemplé su joven desnudo cuerpo observando una cicatriz que tenía
cerca de la rodilla izquierda. Me dijo que se cayó jugando al fútbol.
Cogió el calzoncillo y le dio la vuelta poniéndoselo
después, luego se colocó la camiseta de Nike, mientras yo
acariciaba sus piernas ya pobladas de vello, intentando no olvidar ninguna
de las sensaciones que percibía la palma de mis manos y mis dedos.
Se colocó el chandal. Se sentó en el sofá y se puso
los calcetines, luego las playeras.
Me sonreía cuando me miraba. Le dije que me parecía
muy guapo y el cachorro agachó la cabeza. Dijo que ya estaba listo
para irse. Mi rabo se había puesto de nuevo tieso, mientras observaba
los movimientos que el cachorro hacía en mi presencia. Me levanté
y me acerqué a él. Le llevé hasta la puerta de la
calle y le puse contra ella. Le agarré de la cintura, apretándolo
hacia mi, mientras pasé mi rabo por su culo.
Me agaché y le bajé los pantalones y los
calzoncillos hasta los tobillos. Le separé las piernas. Escupí
sobre mi palma de la mano y la pasé por su raja. Llené de
saliva mi rabo, lo agaché atrayéndolo hacia mi, mientras
apoyaba sus manos sobre la puerta de la calle. Le introduje un dedo lleno
de saliva, hasta dentro. El cachorro gimió. Acerqué mi rabo
hasta la entrada de su culo.
Le fui metindo el rabo, todo lo lentamente que pude,
hasta tener mis pelotas pegadas a su culo. El cachorro empezó a
mover el culo y a masturbarse. Comencé a encularlo. Se la sacaba
despacio y la volvía a introducir. Imprimí más movimiento
a mis caderas.
Él empezó a masturbarse más rápidamente.
Me dijo que me corriera, que le ardía el culo y que él se
iba a correr ya. Yo le enculé más deprisa. El cachorro gemía
y cerraba los ojos fuertemente, a la vez que apretaba los dientes y colocaba
su cabeza sobre la puerta. Me gritaba que me corriera.
El cachorro se corrió salpicando la puerta con
su leche, y yo al verlo también lo hice, llenándolo con mi
leche caliente. Me quedé apoyado sobre su espalda, mientras notaba
cómo mi polla empezaba a salir de su culo, lentamente. La saqué.
Él se incorporó y se subió el calzoncillo y el chandal.
Se dio la vuelta y me miró. Le retiré de la puerta. La leche
del cachorro, blanca, espesa y caliente resbalaba. Comencé a lamerla
y a tragarla.
Después me acerqué a su lado y le di un
beso en los labios. Él dijo que tenía que irse y que ya nos
veríamos en el centro comercial otro día. Abrió la
puerta y se fue, bajándo las escaleras de dos en dos. Cerré
la puerta y me tumbé en el sofá. Sobre la alfombra estaba
uno de sus aros plateados. Seguramente se le cayó y no se dio cuenta.
Se lo llevaré mañana pensé.
Creo que me quedé dormido recordando el olor de
su cuerpo.
La verdad es que la sala olía al cachorro.
* * *