Mi Primer Campamento
Hola, mi nombre es Luis Andrés y esto me ocurrió cuando tenia 18 años,
estaba en el sexto año de la preparatoria y jamás en la vida había salido
de viaje con nadie que no fuese mi familia, así es que se imaginarán lo feliz
que estaba cuando dos de mis compañeros de la clase de teatro me invitaron
a salir de camping con ellos. Uno de ellos, Carlos, era un chico de 19 años,
era una visión divina, practicaba fútbol e iba a diario al gimnasio, y siempre
asistía a la clase después de su rutina, por lo que siempre llegaba con un
micro-short que, oh Dios mío, en serio que era muy difícil disimular cuando
lo veía. El otro, David, era el típico muchacho de prepa, delgado, que
practicaba basquet-ball. En esos momentos yo no pensaba nada acerca
de lo que significaría este campamento para mí.
Me costo muchísimo trabajo convencer a mis padres de que me dejaran ir,
pero finalmente accedieron, así que con mochila en la espalda y todo el equipo
salimos un viernes en la tarde. El sol era espantoso, y cuatro jóvenes,
Carlos, David, Juan y yo caminábamos por un paraje solitario del estado de
Veracruz. Finalmente acampamos cerca de un arrollo y todo transcurrió
tranquilo hasta que llegó la noche. Eran las diez de la noche y yo ya estaba
dormido en mi tienda, cuando un grito me despertó, me asomé por mi tienda y
vi que Carlos había colgado a David de las manos a la rama de un árbol, y lo
golpeaba con un pequeño fuete de piel. Estaba a punto de correr hacia ellos
cuando escuché bien los gritos de David: "¡Mas, mas, oh sí, así, Agg!", y
cuando me di cuenta ya se me había parado. De pronto Carlos volteó y me
miró, y sólo sonrrió. Yo en ese momento me decidí a acercarme y en ese
momento me olvidé de todo. Carlos se bajó el pantalón y entonces vi su
verga,
gruesa, venosa, grande, y no pude más, me lancé y se la comencé a mamar.
Sentía que me ahogaba, jamás lo había hecho, jamás había soñado hacerlo,
pero al sentir ese enorme miembro dentro de mi boca, jugoso, firme, duro, me
sentí en el paraíso. No me di cuenta en qué momento, pero de pronto sentí a
Juan detrás de mí, tomó mis nalgas, las abrió y me comenzó a lamer el
ano. Esa sensación me hizo soltar por un momento el grueso miembro de Carlos,
y este procedió a desatar a David que me había quedado viéndome desde que me
acerqué a chupársela a Carlos. En cuanto estuvo desatado, todos dimos rienda
suelta a nuestros impulsos, y se armó una orgía maravillosa, yo seguía
chupando y metiéndome a la boca el maravilloso miembro de Carlos, mientras
Juan me penetrabra, al principio sentí que me partía en dos, pero
después,
oh la la!!, de sentir su miembro dentro de mi ano, lo sacaba y lo metía y me
hacía sentir en el paraíso. Qué nochecita señores, de pronto no pude
más
y me vine, y sentí de verdad que las estrellas se estaban cayendo.
Después
de mí se vino Carlos, y probé ese néctar de los dioses, ya así, uno a uno.
La noche del sábado me tocó a mí el árbol, y de pronto, sentí ese dolor del
látigo en mi piel, doloroso, picante, pero excitante. Mi captor era en ese
momento David, que manejaba con maestría el instrumento, mientras Carlos
y Juan observaban atentos, apenas sentí el cuero en mi piel, inmediatamente
tuve una erección, y después de un rato cuando ya todos estaban bien
calientes, me soltaron y la orgía se volvió a repetir.
Nunca olvidaré ese viaje, todos juntos a la luz de las estrellas. Hombres,
jóvenes, yo no lo sé, sólo sé que no veo las horas de que me volvamos
a ir al campo.
Luis Andrés.
Si quieres saber más de mis aventuras escríbeme a luisbrambila80@hotmail.com