Los Castigos de mi Papá

Mi nombre es Alain, tengo 19 años y vivo en la Ciudad de México. Ya había escrito alguna vez un relato sobre una fantasía que tenía (y tengo todavía), pero ahora escribo esto porque me ha nacido y espero que les guste.

No siempre me he considerado homosexual, hubo una parte de mi vida hace aproximadamente dos años en que me daba mucho miedo aceptar lo que casi seguramente era. En esa época tuve novias y trataba de ser lo más masculino posible, a veces incluso llegando a ofender a los homosexuales que veía en la calle. Mis padres estaban separados y pasaban la mayor parte del tiempo trabajando así que casi siempre tenía que estar alternando los tiempos en sus casas y me la pasaba sólo. Un día mi madre desapareció y tuve que quedarme por mucho tiempo con papá, después nos enteramos que se había fugado a algún lugar con un tipo y que le había dejado toda la responsabilidad de mí a mi padre. Él estaba acostumbrado a tener su espacio y el que yo me quedara definitivamente en su casa no le pareció muy bien, pero no le quedó otra opción que aceptarme y fue por ese motivo que nuestra relación (que ya de por sí estaba mal) fue empeorando. Empezaba a culparme de todo tipo de cosas: de que el dinero ya no le alcanzaba como antes, de que ya no podía emborracharse los fines de semana, de que ya no podía llegar tarde, y cosas así, incluso llegó a decirme que por mi culpa ya no cogía.

Según siguieron pasando los meses dejó de hablarme o sólo lo hacía para lo indispensable, trabajaba hasta más tarde y casi no lo veía. Yo por mi parte me hice más despreocupado, más rebelde, no obedecía horarios, le robaba  dinero de las tarjetas, trataba de molestarlo lo más posible hasta que un día al llegar a mi casa lo encontré sentado en un sillón con una mirada de enojo que nunca le había conocido. Me asusté cuando me jaló hacia él y cerró la puerta muy fuerte...

> ¿Crees que soy pendejo? - me preguntó gritando mientras me sacudía del brazo.

> No papá, lo siento, es que... se me hizo un poco tarde y si lo dices por el dinero de la tarjeta pues ... lo utilicé para comprar unos libros que necesitaba.

> Ya te pasaste con esto, no aportas nada a la casa, gastas dinero como si cayera de los árboles y además de eso te das el lujo de llegar tarde casi todos los días... te voy a decir una cosa hijo, las cosas van a cambiar, a partir de ahora vas a llegar temprano, te voy a dar sólo el dinero necesario y vas a hacer algo para poder comer, aquí se acabaron tus pendejadas, ¿me oiste, cabrón?

Cuando dijo todo eso se veía muy enojado, nunca lo había visto de esa forma, me sacudía como si quisiera quebrarme el brazo.

> Pero papá, es injusto, soy joven, me quiero divertir y tú no me dejas... te odio y si no me quieres dar nada ni dejar salir no me importa, prefiero morirme de hambre que tener que soportarte más - después de decir eso caminé a mi cuarto y me encerré hasta la mañana siguiente.

Eran vacaciones así que esperé a que papá se fuera a trabajar para salir a desayunar, no quería verle la cara después de lo del día anterior. Cuando entré a la cocina noté algo raro, todo estaba vacío, no había comida en ninguna parte de la casa (ni siquiera en el refrigerador), me preocupé y recordé que tenía una tarjeta en mi mochila, pensé que con ella podría ordenar algo de comer y no dejar que mi papá ganara la primera batalla; pero desafortunadamente la tarjeta ya no estaba. No tenía dinero e incluso no tenía llaves para salir de la casa. El teléfono tampoco funcionaba y no pude encontrar mi celular. Mi padre estaba demente, me había dejado encerrado y no podría comer hasta que él llegara, quizá me traería algo y después de comer podría disculparme como siempre lo hacía, en ese momento pensé que trataba de asustarme. Cuando escuché que se abría la puerta de mi casa salí a verlo y lo primero que escuché fue:

> ¿Qué se siente al no poder comer, ni hablar, ni salir, ni tener tarjetas de crédito?

Cuando terminó de decir eso soltó una carcajada y me miró como retándome. Yo comprendí que él trataba de intimidarme y me molesté mucho así que sin decir nada regresé a mi habitación. Tenía mucha hambre, pero no quería salir porque sabía que me esperaría para molestarme... estaba antes mi dignidad. Me quedé dormido y desperté al día siguiente, adolorido, como si me hubiera cansado haciendo algún trabajo físico fuerte, me sentía débil y la cabeza me dolía... esa era la primera vez en mi vida que pasaba más de un día sin comer. Logré percibir un olor a comida afuera y decidí salir, mi orgullo comenzaba a desaparecer. Vi a mi padre sentado en la mesa comiendo un pedazo de pollo con puré de papa...

> Papá, tengo mucha hambre, por favor perdóname, yo sé que me he portado muy mal, pero no es justo que me trates así, estás loco...

Cuando terminé de hablar se levantó, se acercó a mí y me dio un puñetazo en un lado de la cara, me miró con una sonrisa extraña y tiró en el suelo un poco de puré.

> Cállate cabrón! y si quieres tragar, cómete eso que está en el suelo! - luego volvió a reírse y se sentó a seguir comiendo.

Yo me quedé asustado, mirándolo, y pensé que era preferible comer lo que había tirado antes que morirme de hambre (había dejado de dudar que fuera capaz de lo que fuera, mi padre estaba desquiciado). Me agaché y con una mano lo traté de recoger hasta que sentí otro golpe en la cabeza y escuché que me gritó:

> No seas fino, cabrón! trágatelo con la boca, si metes las manos te pongo otro madrazo!

Yo me asusté tanto que decidí obedecerlo y comí sólo lamiendo el suelo. Él quedó complacido y noté cómo su rostro cambió de enojo a un tipo de mirada morbosa, quizá malvada, pero no me importó, yo sólo sabía que lo que lamía me estaba llegando al estómago como si fuera lo más rico que hubiera comido en mi vida. Me vio tan desesperado que me arrojó un pedazo de pollo cerca de sus pies y sin dudarlo y sin vergüenza me acerqué y lo comí. Luego levanté la mirada y comprendí su juego, quería que le suplicara.

> ¿Quieres más puto? - al escuchar eso me sentí humillado, pero algo dentro de mí se calentó.

Yo no dije nada y esperé... de pronto se sacó del pantalón su vergota (unos 19 cm muy gruesa) y se embarró en ella el puré de papa que quedaba.

> Estás loco papá!!!, me das asco, eres un cerdo... te odio! - le grité y traté de alarme de él, pero con su mano me tomó del cabello y me restregó la cara contra su verga llena de puré. No sé si fue por el hambre o porque de verdad ya lo quería, pero yo no pude más que abrir la boca y comer, cuando dejé limpia su verga me soltó y me dijo:

> De ahora en adelante así vas a comer, cabrón! - se le veía caliente, pero como si siguiera enojado.

Un miedo raro se apoderó de mí e intenté alejarme, pero de nuevo me tomó del cabello y me volvió a poner su verga en los labios.

> Te la vas a tragar, puto, además si la mamas mucho te va a dar una leche para que te quites el hambre.

Cuando dijo eso tomó mi mano y la torció, yo abrí la boca y cuando iba a gritar me metió su vergota y se empezó a mover hasta que sentí cómo salía el semen de su verga. Por algún motivo su verga dejó de darme asco y sólo me dediqué a tragar y succionar de ella...

> Ahora ya eres libre, hijo, si quieres irte de la casa yo prometo darte dinero y regresarte tu vida normal, si no puedes seguir aquí, prometo no molestarte más...

Pero ahora yo me sentía raro, diferente, no quería soltar su verga, quería que se viniera de nuevo y que me diera su leche... sólo me quedé callado y seguí mamando... me convertí en su puto personal y lo que pasó después lo contaré en otra historia...


Si quieres hacerme algún comentario escribe a


alain@teenlover.zzn.com