Mi cuñado el doctor II
Hola, soy Francisco de nuevo y aquí tengo otra historia de mi cuñado Luis y yo.
Como les conté en el primer envío, soy de México y entre los 13 (casi 14) y 15
años mi cuñado, que es doctor me recetaba profundas “inyecciones” para la
calentura que me mataba de calor entre las nalgas. Cuando se divorció de mi
hermana yo sufrí mucho porque sabía que nunca más recibiría sus “tratamientos”
pero estaba equivocado.
Estaba cerca de cumplir los 17 que, como establecí en el relato anterior, tocaba
en el verano cuando un día al salir de la escuela (estudiaba la preparatoria) vi
a mi ex cuñado conduciendo su automóvil. El también me vio y se estacionó. Yo
estaba feliz por volver a verlo. El me preguntó como estaba y cómo estaba mi
hermana. Yo le dije que bien y que me daba gusto verlo. El me dijo que en ese
momento llevaba prisa pero que le diera mi número telefónico celular (móvil) y
que me llamaría. Así lo hice y le recordé: “La próxima semana salgo de
vacaciones y es mi cumpleaños”. Pues habrá que celebrarlo, dijo él.
En las siguientes dos semanas no recibí llamada alguna. Mis padres me ofrecieron
enviarme de veraneo a Veracruz a una casa de playa que teníamos. Mi padre me
propuso ir solo porque comprendía que a mi edad ya no era tan fácil veranear con
ellos.
Cuando iba en el autobús rumbo a la playa mi teléfonos celular sonó. Era mi ex
cuñado. Le dije que salía de vacaciones hacia la casa de Veracruz. “¿Vas con tus
padres o tu hermana?”, me preguntó. “No”, le dije, “me mandaron solo”. “Qué
bien, contestó, porque tengo que ir a Veracruz el próximo fin de semana. Te
llamo para que nos veamos”.
Y así, el viernes por la noche, Luis me llamó diciéndome que estaba también en
Veracruz y que quería verme. Le dí la dirección de la casa y llegó con su
maleta. Yo estaba contentísimo y así se lo hice saber. Platicamos un buen rato
mientras tomábamos cervezas en la playa mientras me contaba lo que había hecho
durante los dos años que no nos vimos. Yo no dejaba de sonreír y de mirar su
entrepierna. Llevaba unos jeans azules y una playera negra que marcaba sus
pectorales y dejaba escapar, en el cuelo, algunos vellos de su pecho. Animado
por las cervezas comencé a decirle que lo había extrañado, que sus inyecciones
eran las únicas que me bajaban el calor del cuerpo y que nunca había dejado de
pensar en él. Luis sonrió y dijo: “Pues vamos a ver si es cierto”. Se levantó y
me dijo que lo siguiera al interior de la casa. Yo comencé a sudar nervioso
mientras veía que él se quitaba la playera y de su maletín sacaba el gel a base
de agua, sus guantes y la crema de afeitar y el rastrillo. Primero, como lo
había hecho antes, me desnudó, me subió a la cama y encuclillado en cuatro patas
me rasuró las nalgas pero ahora, además, le volteó y comenzó a embarrarme de
jabón la verga y los huevos. Me dejó completamente lampiño mientras de su boca
salían cosas como ésta:
“Así, mi nene, así, te voy a dejar limpiecito y lisito, lisito, quiero que
quedes como un baby”.
Yo tenía la verga completamente dura y traté de sóbramela para darme placer pero
él me lo prohibió. “Tu única zona de placer será tu culo, ahora te enseñaré como
venirte por ese hoy tan rico, tú aquí ya no tienes pito sino una rica concha que
yo me voy a comer”. Y diciendo esto se agachó y comenzó a mamarme la verga de
manera profunda y lenta. Después bajó a mis huevos y de ahí siguió hasta mi ano,
hasta tenerme otra vez completamente caliente. Yo le pedí que me inyectara de
una vez que no podía aguantar ni un minuto más sin su “jeringa”. Luis sonrió y
cogiendo el tubo de gel se escurrió una porción suficiente para batirse todo su
miembro. Estando yo acostado de espaldas me ordenó subir y abrir las piernas lo
más que pudiera. Entonces puso una almohada debajo de mis nalgas y se colocó
enfrente mío.
Con sus manos cogió mis nalgas y las abrió. Acercó su verga lubricada a mi hoyo
mojado con su boca y apenas sentí la punta de su miembro arquee mi espalda y le
ofrecí mi culo. El empujó su pelvis y sentí como se deslizaba algo duro y firme
por entre mi cuerpo. Yo siempre había calculado el tamaño de su verga pero nunca
había sabido bien a bien cuánto medía. Al tercer empujón que dio sentí sus
huevos pegados a mis nalgas lo que me indicó que la tenía toda en mi interior.
Cerré los ojos, emití un gemido de placer y comencé a moverme mientras mi ex
cuñado decía:
“Te acabas de tragar 20 centímetros de carne, nene, ni tu hermana los había
aguantado todos, ¿te gusta que te meta la verga completa en tu culito tan rico?”
Mis movimientos de cadera y mis menos en sus brazos jalándolo hacia mí eran mi
única respuesta. Luis tomó mis piernas y las puso en sus hombros levantándose y
acostándose al compás de sus embestidas. Mi verga estaba dura y me dolía pero el
placer en mi ano era mayor. Intentaba tocarme pero Luis me lo impedía. “Ya verás
cómo te vienes rico con mi verga adentro de tu coño”, me gritaba, mientras
jadeaba conmigo y me elevaba al cielo.
En un momento me separó las piernas y cogió mis tetillas con sus manos,
apretándolas y escupiéndolas. Su verga seguía complemente adentro de mi culo y
él comenzó a moverla no sólo hacia adentro y hacia fuera sino también de un lado
hacia otro.
Yo comencé a gritar y a exigirle más y más, mi culo se expandía por sus
movimientos y se ensanchaba permitiendo a su verga deslizarle por completo en mi
interior. En un momento sentí que hasta sus huevos me cabían.
Luis comenzó a acelerar sus embestidas mientras me gritaba:
“Quiero que te vengas nene, quiero que ese culo me apriete el pito para
escupirlo por dentro”.
Yo tenía mis manos sosteniendo mis piernas y recibiendo sus embestidas comencé a
venirme. No eyaculé ni nada, a pesar de que mi verga estaba completamente húmeda
y un líquido preseminal aparecía. Mi venida estuvo en mi culo que al compás de
su ritmo comenzó a contraerse y a expanderse. Luis embistió una vez más y
potentes chorros de semen inundaron mi interior. AL recordarlo ahora aún me
estremezco. Fueron cinco o seis chorros largos de caliente. Cuando arrojaba el
último mi verga reaccionó y comencé a eyacular también sin habermela tocado.
Luis sonrió y sin sacarme la verga me dijo:
“Ahora vuelves a ser mío y para siempre. Te convertirás en el culo que mi verga
requiere para venirse. Este fin de semana serás mío todo el tiempo y te meteré
la verga de la forma en que más te guste. Disfrutarás de mi verga como la única
cosa que te satisfaga”.
Fue el mejor fin de semana de mi vida, pero lo que siguió se los contaré
después.
frodo_a@hotmail.com