Perdiendo la virginidad con el amigo de mi madre

En esta historia les voy a contar cómo perdí mi virginidad a los 18 años. Los nombres que aparecen aquí no son los verdaderos, para proteger la identidad de mi primer hombre y la mía. 

Mi mamá me había dicho que vendría a la casa un amigo suyo que no veía hace tiempo, así que me pidió que mantuviera la casa limpia y ordenada para recibirlo. 

Iván llegó a eso de las 5:30 de la tarde. Yo no lo veía desde que tenía 10 años, pero me acordaba un poco de él. Cuando lo vi, lo saludé de la mano y con un abrazo. Inmediatamente me fijé en sus manos fuertes con unos dedos gruesos y me imaginé uno de esos dedos en mi ano (qué placer me daría) Él mide como 1,75 metros y es de contextura normal, moreno, de pelo negro y corto. Tiene 42 años, pero se conserva bastante bien. Tomamos once, conversamos con él y mi madre por un rato. En la conversación me di cuenta que él era casado. De pronto, como a las 8:30 de la tarde, a mi madre la llamaron del hospital (es doctora) porque había llegado un caso grave y debía ir a atender. Mi madre se fue y me dijo “preocúpate de atender bien a Iván”. 

Me quedé solo con él y nos pusimos a conversar como por media hora. De pronto, él se paró para ir al baño. Ahí me fijé que él tenía un buen paquete, se veía gordito y abultado, y eso que no la tenía parada. Como se demoró mucho, me empecé a aburrir y me puse a jugar con la consola de videojuegos. Iván salió del baño y se sentó al lado mío. De repente me puso una mano en el hombro y el corazón me empezó a latir más rápido. Después sacó su mano de ahí y me la puso sobre la pierna. La verga se me puso durísima. Estaba muy nervioso, no sabía qué hacer. Luego me empezó a acariciar la pierna y de un momento a otro me agarró el paquete. Entonces me di media vuelta y le agarré el suyo. Era la primera vez que yo agarraba un paquete y la primera vez que me lo agarraban. Él tenía la verga blanda. Era exquisito. Era bien gorda y no muy larga. Entonces nos besamos. Nuestras lenguas jugueteaban, se buscaban la una a la otra con pasión y desenfreno. Era la primera vez que besaba a un hombre. Me sacó el sweater y la polera y yo hice lo mismo con él. Tenía un poco de vello en el pecho. Empecé a besarle el cuello, el pecho, le lamí las axilas, le mordí suavemente las tetillas mientras le amasaba su exquisito abdomen que estaba un poco suelto. Tenía ante mí al prototipo de hombre que siempre había soñado. Nos abrazamos y empezamos a frotar nuestros cuerpos semidesnudos. Entonces él me agarró el culo y me dijo “tienes un culito rellenito”. Yo por mi parte le agarré el suyo. Era gordo y blando. Ya no aguanté más y le bajé el pantalón. Tenía unas piernas peludas y hermosas y llevaba puesto un slip burdeo que mostraba claramente su redondeado y gordo paquete. Mi verga ya no daba más y él me sacó el pantalón. Entonces me empezó a lamer las piernas y luego la verga por sobre mi slip mientras me amasaba el culo. Se levantó, nos besamos nuevamente y le di media vuelta. Le empecé a lamer la espalda mientras le amasaba su blando y gordo paquete. Cuando llegué al borde de su slip, se lo quité y quedó ante mí el culo más hermoso del planeta. Moreno y bien peludo. Se lo empecé a besar y a morder suavemente mientras le acariciaba sus huevos grandes y peludos. Entonces me decidí y le abrí las nalgas y comencé a lamerle el ano. Era sabroso, ese sabor a sudor, ese olor a macho me volvían loco. Tenía el ano apretado, así que me costó un poco meterle la lengua, hasta que al fin lo conseguí. Iván jadeaba suavemente, lo que me calentaba cada vez más. Gracias a que tengo una lengua larga, pude meterla bien adentro. Era el momento de meterle mi verga. Nunca antes lo había hecho, así que le apoyé el glande en su ano negro y peludo que estaba todo húmedo y empecé a meterla suavemente. Iván jadeaba cada vez más fuerte y me decía “Carlitos, me duele”. Su voz de placer me calentaba mucho, así que seguí con mi faena. De pronto, ya tenía todo el glande adentro, entonces empecé a empujar suavemente mis 17 cm. de carne dentro de su ano. Estaba apretado, incluso me dolía un poco la verga. Los gemidos de Iván eran cada vez más fuertes y eso me ponía a mil. Cuando ya la tenía toda adentro, empecé a hacer un movimiento circular que me excitó mucho, después empecé a sacarla lentamente y se la volví a meter. Hice eso varias veces suavemente y después lo empecé a hacer más rápido. Sentir las paredes interiores de su culo apretando mi verga, me hizo gemir como un animal. El vaivén era cada vez más rápido hasta que no aguanté más y le dije “Iván, me voy a correr” y me pidió que lo hiciera dentro suyo, entonces exploté. Nunca había botado tanta leche. Le saqué la verga y él lamió los últimos restos de semen que quedaban en ella. Cuando Iván se levantó, por fin pude ver su verga. Era hermosa, era de un color café un poco oscuro, sólo se le veía la punta del glande, era gorda y medía unos 10 cm. Tenía unos huevos oscuros, peludos y grandes que colgaban, con mucho vello púbico. Lo que más me calentó era que no la tenía parada, estaba blandita, lista para amasar. Se la manoseé bien y él me dijo “haz que este animal despierte”. Eso me entusiasmó y empecé a agarrársela y a besársela. Me agaché bien y me metí sus huevos en la boca. Eran grandes y peludos, estaban todos sudados, los mamaba con mucho deseo, jugueteaba con ellos dentro de mi boca. De pronto, me di cuenta que su verga se había puesto dura. Ahora medía como unos 16 cm. y se había puesto recta, en 90 grados. Su glande salió de su escondite completamente y las venas de su verga estaban hinchadas y a punto de explotar. No me lo pensé dos veces y le empecé a dar lametones en el glande. Estaba un poco salado, ese sabor era fenomenal, le lamí todo el contorno del glande, sobre todo la parte de abajo, donde está el frenillo, parece que esa parte era la más sensible, ya que lo hacía gemir más. Me metí toda su hermosa verga a la boca. La mamé lo mejor que pude hasta que después de un buen rato Iván me dijo que se iba a correr. Seguí mamando y me tragué su sabrosa leche. Me sacó la verga que se empezó a ablandar de la boca y empezó a sacudírsela y me saltaron a la cara algunas gotas de semen que él mismo me lamió. Después de eso nos fuimos al dormitorio y nos tendimos sobre la cama y me dijo “ahora me toca a mí”. Se acostó arriba mío y me empezó a besar. Me costaba respirar con el peso de su cuerpo encima, pero eso me excitaba mucho. Empezó a bajar mientras me besaba y lamía todo el torso. Cuando llegó a la verga, la besó y se la metió entera a la boca. Era sabroso sentir su lengua en mi verga. Mientras me la chupaba, con las manos me amasaba el culo. De repente acercó un dedo a mi boca y me dijo que lo chupara y le obedecí, de pronto, Iván abandonó su tarea y también empezó a chuparse el dedo. Lo puso entre nuestras caras y empezamos a lamerlo con desesperación. Después volvió a chuparme la verga y empezó a introducir su dedo grueso y ensalivado en el ano. Me dolió mucho y se lo dije, pero me dijo que no me preocupara que sólo dolía un poco al principio, que después sería placentero. Iván tenía razón, empezó a meter y a sacar su dedo de mi ano y de pronto no sentí más dolor, sólo un exquisito placer. A todo esto, mi verga ya no daba más y exploté dentro de su boca. Iván se tragó todo mi semen y dejó mi aparato limpio, sin ni una gota de leche. Entonces me volteó y me empezó a lamer el ano. Era una de las cosas más placenteras que había experimentado, lo hacía como un rey. Su lengua jugueteaba con mi ano, produciéndome algunas contracciones de placer y algunos escalofríos. Me introdujo la lengua y lamió las paredes internas de mi ano. Después de eso, se levantó, me puso en 4 patas y me abrió el culo con las manos. En ese momento sentí la punta de su verga en mi ano y empezó a penetrarme lentamente mientras me besaba el cuello. Me dolió mucho y se lo dije, entonces me sacó la verga, me  puso boca arriba en la cama y me flectó las piernas, dejando mi culo abierto. En ese momento me metió la cabeza de su verga suavemente. Igual sentí dolor, pero no tanto como antes. Cuando ya tenía su glande adentro, empezó a empujar suavemente para meterme el resto de su palo grueso y venoso. Sentí un dolor inmenso, pero era rico sentir algo caliente dentro de mi ano. Me la metió hasta el fondo, podía sentir sus pelotas sobre mi culo, lo cual me calentaba más y más. En ese momento empezó un vaivén suave que me producía dolor, pero también un placer innarrable. Después de un rato, el dolor desapareció casi por completo y se había transformado en puro placer. Las embestidas empezaron a ser cada vez más rápidas y fuertes, podía sentir como sus peludas bolas golpeaban mi culo. Mientras Iván me culeaba, nos besábamos y él me masturbaba con furia. De pronto yo no pude más y acabé sobre su pecho y después de un rato él me dijo “Carlitos, mi amor, me voy...” y acabó dentro mío. Fue sensacional sentir cómo su verga se ponía aún más gruesa en el momento en que Iván eyaculó su leche dentro de mi culo. Entonces me lamió las gotas de semen que salían por mi ano y se sacó con la mano la leche que tenía en el pecho y me la pasó por las pelotas como si fuese una crema.  

Quedé muerto de cansancio y nos besamos por largo rato, frotamos nuestras vergas cansadas la una con la otra y nos lamimos los restos de semen que quedaban en nuestros cuerpos. Nos quedamos dormidos y de pronto sonó el teléfono. Era mi madre que me avisaba que no llegaría a dormir por el turno en el hospital.

 Me dolía un poco la verga, la sentía un poco irritada y pensé que mi amante sentía lo mismo, así que le agarré las pelotas y la verga a Iván y se las amasé toda la noche, dándole un masaje suave para aliviarle el dolor. Esa sensación de tener una verga, que no era la mía, en mi mano me volvía loco.

 Iván me hizo gozar como un rey, me dio el mejor sexo que nadie podría tener jamás. Al día siguiente nos bañamos juntos y en la bañera hicimos un sabroso 69 que no voy a olvidar jamás. Después nos vestimos e Iván se fue a su casa no sin antes decirme que había gozado mucho y que era bueno en mamar vergas. Me dijo que pronto volvería a visitarnos y que nos juntáramos nuevamente para volver a disfrutar de una sesión de sexo como la de anoche. Nos besamos, le agarré su paquete por última vez y se fue.

 Esta fue mi historia, espero que les haya gustado. Lo único que les puedo decir es que no hay nada como una buena verga y un buen culo de un hombre ya experimentado.

 Hasta otra.