
CHAVAL (Primera parte)
Las Verdades Duelen.
Hace cosa de tres meses estando tomando una cerveza en un pueblo de un amigo de Sevilla, me di cuenta que en chico de unos 17 años no paraba de mirarme, él estaba con otros dos chicos y una chica. El chaval era guapo, 177 aproximadamente, delgado, unos ojos color miel preciosos, parecía un modelo.
Yo no sabia cual era la causa que le llamaba la atención, pero me gustaba que me mirara y yo mirarle. Nos fuimos y se me olvidó por completo el chavalote.
A los dos o tres días tuve que volver al pueblo y mi amigo me esperaba en la cervecería. Hacía calor, me bajé del autobús y en vez de ir para casa me dirigí a la cervecería pues tenía bastante sed, cuando estaba bebiendo entró el chaval, también solo, pidió una coca cola, y como la vez anterior empezamos a mirarnos, esta vez me pareció más guapo que la otra, como esta vez estábamos los dos sin compañía nos miramos con más descaro, el chaval sacó un tema de conversación. Estaba claro que a aquel chico le atraía. Mientras hablábamos nos mirábamos fijamente a los ojos. Yo no me atrevía a tomar ninguna iniciativa en medio de aquel pueblo de Sevilla. Se marchó y al pasar por mi lado me sonrío y me dijo:
- Hasta otro día
- Adiós, hasta mañana -le conteste.
El chico me dejó desconcertado, pero pensé que eran cosas propias de la edad, no obstante al día siguiente fui a la misma hora a la cervecería y allí estaba, -hola que tal- le dije, -muy bien- me contestó, nos miramos como las veces anteriores y se fue.
A partir de ese día le perdí la pista y no le volví a ver por la cervecería, pero no se me olvidaba el chico sobre todo cuando entraba en la cervecería. Luego nos fuimos de veraneo con mi pareja y se me fue de la cabeza.
Después del veraneo tenía que quedar con mi amigo en la cervecería, no era el sitio que más me gustaba, pero él pagaba y ya el chico era historia. Mi pareja y yo habíamos estado en Grecia con unos chicos muy complacientes y verdaderos modelos.
Al día siguiente quedé con mi amigo, por cierto Carlos, en su casa. En cierta forma era todo un alivio, quedamos para la mañana siguiente que era sábado en su casa para tomar un aperitivo y hablar de un negocio en el que estaba muy interesado.
Me comento que su hijo había estado en Inglaterra perfeccionando el inglés pero como ahora tenía que ir a la universidad en Sevilla estaba ya en casa, yo lo sabía porque ya lo había comentado antes que tenía un hijo en Inglaterra.
Llegué a su casa y antes de entrar en temas de negocio me comentó que tenía que comprale un ordenador a su hijo pero que antes quería que aprendiera algo, estábamos conversando sobre modelos y marcas, los dos, cuando en plena conversación apareció Juan, su hijo, me quedé sorprendido, allí estaba el chico de la cervecería. Me lo presentó su padre y se unió a la conversación.
Algo había cambiado en Juan, los ojos, la mirada seguía siendo tan provocadora, pero algo más había en esa mirada. Me dijo directamente “le interesaba aprender una hoja de cálculo y quería que le enseñara“. En cierta forma me estaba poniendo en un aprieto, y el chico lo sabía, el padre estaba delante y era con el que iba ha hacer un importante negocio. No pude negarme. Para mi sorpresa el chico fijó a la hora que iría a mi casa de Sevilla para que le enseñara la hoja de cálculo Excel. A todos les pareció de maravilla y así quedamos en que Juan iría a las cinco a mi casa.
Seguimos hablando de su padre y yo, y Juan permaneció allí no sin mirarme de vez en cuando de forma muy provocadora.
Yo sentí ganas de orinar y como estábamos en el jardín y no me conocía bien la casa de Carlos, les pregunte -oye donde tenéis el baño- y Juan se levanto y me dijo:
Ven que te lo indico y de paso me lavo las manos que las tengo pegajosas de la coca cola.
Me levante y le seguí, entramos en la casa y me preguntó mientras nos dirigíamos al servicio:
- ¿Eres buen maestro, Antonio?
- Ya lo comprobaras -le conteste-. Haré lo que pueda.
Juan me miró y dijo: “espero mucho de mis maestros“
Llegamos al baño, entré y me sorprendí porque él se metió detrás de mi, yo no me corté, me bajé la bragueta y me puse a orinar, Juan abrió el grifo y se lavó las manos, no se miraba las manos, miraba fijamente mi polla, se pasó la lengua por los labios y sonrío, se acerco a mí y empezó a tocarla: “buena polla tienes, me la enseñarás cuando me vaya a tu casa?”, la meada se me había cortado. Juan se había puesto delante mía y masajeaba mi polla erecta con placer y la verdad aquello estaba empezando a gustarme. Se puso de rodillas y metió la polla en su boca, la mamaba con gran maestría. Teníamos que volver o su padre sospecharía, estaba de acuerdo pero me dejó claro que terminaría el trabajo el próximo día. Salí del baño yéndome al jardín, a los pocos minutos apareció también Juan.
Yo estaba perplejo y mi pareja no estaría allí ese día. El negocio con el padre era muy importante para mis intereses. Juan me estaba poniendo en una situación complicada. A las cinco y cuarto sonó el teléfono, lo cogí, era Juan, solamente dijo:
- ¿Puedo ir?
- Sabes que tengo pareja
- Lo he sabido siempre, desde el primer día que te vi en la cervecería.
- Sabes que no podré tener sexo, que debo ser fiel a mi pareja.
Juan no dudo en contestarme:
- Sólo debes elegir entre complacerme o perder los negocios con mi padre, ¿qué decides?
- Ven -le conteste-.
Al cabo de diez minutos llamó a la puerta. Le abrí y entró, venia con el pelo muy corto, unos pantalones cortos blancos, una camisa color vino burdeos de seda y unas zapatillas sin cordones.
- Hola Antonio
- Hola Juan, pasa -le dije.
Entramos en el salón y se sentó en el sofá, yo me senté a su lado. Nos miramos y él rompió el silencio:
- ¿Te gusto?
- Eres un chico guapo Juan, seguramente gustes a muchos hombres -le contesté.
Me dijo:
- Quiero ser tu efebo y que me desvirgues. No me importa que tengas pareja, quiero que me poseas y de no hacerlo no cuentes con más negocios con la familia Martín, puedo joder tus negocios con mi familia y si no haces lo que te pido hablaré con mi padre. ¿Qué decides?
Sin mediar más palabra me cogió la polla por encima del pantalón, yo le atraje hacia mí y le besé en la boca largamente, mientras le bajé la bragueta y le bajaba los pantalones. Me levanté y le conduje a la habitación de huéspedes, lo desnudé, mientras nos comíamos la boca y le acariciaba el cuerpo desnudo. No tardó en bajarme los pantalones, los calzoncillos y entonces (quizás por furia) le cogí con fuerza la cabeza y le obligué a mamarme la polla, al principio se resistió, pero un golpe seco dejaba claro que en aquel asunto que él había comenzado YO llevaría la voz cantante.
De rodillas, desnudo, obligado por mis manos, Juan Martín mamaba con maestría mi polla, ese chico había aprendido mucho en su viaje a Inglaterra. Me la comió como pocos lo había hecho hasta entonces (y muchos me la habían mamado), le levanté y le comí los pezones con fuerza, mordiéndoselos, mis manos pasaban por su culo y mis dedos entraban cada vez más. Gemía de placer y me pidió:
- Fóllame ya!
No dudé y le pegué un guantazo que lo tiró al suelo, diciéndole:
- Mierda de niño! te follaré cuando quiera!
Y con fuerza le metí mi polla erecta por su boca hasta dentro, le entraban arcadas, pero le hacía trabajar la polla sin contemplaciones. Sólo una vez se negó a seguir mamando la polla y con fuerza lo puse en mis rodillas y le pegué con fuerza en el culo con la correa. Ese mierda de niño se merecía eso y mucho más. Le dejé claro que haría lo que yo le mandara y como se lo mandara y Juan no sólo pareció entender la situación, le encantaba. Así que seguí pegándole con más fuerza, mientras mis dedos penetraban con fuerza por su ojete. El muy cabrón no era virgen, bien que lo habían follado ya.
No lo pensé, lo puse boca arriba le obligue a abrir las piernas a tope mientras lo golpeaba con la correa, pedía ahora sumisamente que lo penetrara y mi polla erecta entró con fuerza por su culo, hizo un gesto de dolor y dijo:
- Más despacio por favor, toda de una vez no, por favor.
No, pues claro que aquella polla erecta entró rápidamente, violentamente hasta lo más profundo de ese culo susurrándole al oido: “puta cállate y mueve ese puto culo“ ... gemía de dolor y de placer. Moviendo ese culo a mi gusto como una verdadera putita. Aquel mierda de niño iba a aprender una lección ese día.
Se la saqué rápidamente (lo que le dolió) y sin dejarle reaccionar le metí la polla hasta lo más profundo de su boca diciéndole: “mama la polla, puta, o ya sabes lo que te espera“. Al principio con asco, pero al enseñarle el cinturón bien que se comió mi polla, en la cara se le veía que sentía placer por aquello. No dudé en colocarle de nuevo, había lubricado mi polla lo suficiente y esta vez el envite fue más violento que el primero y se la metí hasta los huevos... él nuevamente hizo un gesto de dolor y gemía de placer y me pedía que siguiera. Yo estaba cabreado, no me gustaban los niños de papa y aquel era un puto niño que me había arrastrado a ser infiel a mi pareja, así que seguí follándolo, con una furia inusitada se la sacaba totalmente para volver a metérsela de una sola embestida una y otra vez, Juan ya no hacía muecas de dolor, al contrario, jadeaba y decía:
- Así… así… más fuerte… sigue…
Al rato me dijo:
- Sigue que me corro! -yo aceleré el ritmo y se corrió...
Juan dijo:
- Ha sido estupendo, mejor de lo que creía, me voy a tener que duchar antes de volver a casa.
Le cogí por la cabeza, estaba medio tumbado en la cama y le dije: “puta, esto terminará cuando yo lo decida y te bañarás en la casa de tu padre“. Lo cogí con fuerza, le abrí las patas y mientras le obligaba a mamarme la polla y mis cuatro dedos entraban por su culo con fuerza. La muy puta no tardó en excitarse y hacer todo lo que le pedía mi polla, volvió a entrar una y otra vez con cada vez más violencia... yo dentro de él y él sobre su pecho, me corrí cuando me dio la gana. Estaba extenuado y sin duda aquella puta tenía una cara de placer enorme, eso me puso a cien de nuevo. Estaba con el culo muy abierto, me había corrido y aproveché para inmovilizarlo y esta vez fue mi puño el que fue penetrando en su culo como una taladradora, la puta gritaba pero esta vez no paré, mi puño siguió entrando y no hice nada para lubricarlo, en seco... aquel niño se iba recordar aquel puto día, toda su puta vida. Ese puño no paró hasta que entró en seco hasta lo más profundo de su ano... para entonces había dejado de gritar, sólo asumía que era un mierda a mi servicio. Del dolor había pasado a la obediencia más absoluta, al servicio de mis deseos y muy bien que le gustaba aquello al puto niño de papá.
Al rato de estar así no se cuanto, me levante y le miré, estaba tumbado, cansado pero con la cara de felicidad y sonriente, hasta entonces no me había fijado en su cuerpo desnudo, era delgado, sin músculos, nada de vello. Estaba lleno de semen y le dije “dúchate...” Dudó y de un correazo no dudó en levantarse e ir a la puerta que le había indicado. Aquello no podía terminar así. Mientras se duchaba llamé al padre y con la excusa de que aquello se había complicado le sugerí que esa noche Juan se quedara en mi casa. El padre no dudó en decirme “sí Antonio, no hay problemas, cuídamelo y que me llame cuando pueda. Es mejor que aprenda eso, estaba muy interesado en que le enseñaras eso de la hoja de cálculo”.
Lo cogí en la ducha, abrí la puerta desnudo y con la polla erecta le dije: “¿sabes las buenas noticias putilla?. Tu padre te deja hasta mañana bajo mi cuidado“. Él me miró y dijo: “seré tu puta toda la noche“. Entré en el baño y cerré la puerta. Aquella noche iba a ser una noche que el niño nunca olvidaría. Sin mediar palabra lo saqué de la bañera mojado, lo coloqué sobre el lavabo y se la metí de un sólo envite comenzando a follarle con un frenesí inusitado, paré el ritmo un poco y comencé a masturbarle, el efecto fue inmediato, ya no era yo el que se movía (era ella la que se movía el ritmo que yo deseaba), era Juan el que se la metía y sacaba al mismo ritmo al que yo se la meneaba. Nos corrimos brutalmente a la vez.
Estábamos jadeantes y sudorosos, nos metimos en la ducha. Juan en la ducha me dijo: “Eso me gusta Antonio, que sin decirme nada me tomes para tu placer cuando quieras, como quieras y donde quieras. Quiero ser tu esclavo o como dices tu putita “. A aquellas alturas de la película me había dado cuenta de que Juan deseaba ser mi esclavo, en aquel bar con sus amigos me había elegido como el hombre que sería su amo. Tenía que saber si era así o simplemente era un vicioso, un niño de papá que deseaba pasajeras experiencias en el sexo. Tenía que saber si me había utilizado, si me había empujado a aquella situación para saciar su placer o había sido algo espontáneo, no calculado por una mente retorcida.
En este momento lo saqué del cuarto de baño, cogí un cordón de algodón del que se usa para las cortinas y lo corté en cuatro trozos de un metro aproximadamente y le até a las muñecas y tobillos sendos trozos de cuerda empujándole boca arriba en la cama, y le até a las cuatro esquinas de la cama en aspa. Juan cada vez estaba más excitado, le cogí de los huevos y tire de ellos hasta que gritó, su polla cada vez estaba más excitada. Me fui al tendedero y cogí varias pinzas de la ropa, le puse dos en las tetillas; Juan gritó, y tres en los huevos.
- ¿Te gusta esto, verdad esclavo? -pregunté.
- Sí amo -contestó.
De vez en cuando movía un poco las pinzas de las tetillas y Javi gritaba y se retorcía.
Estaba claro que aquel chico de 17 años me había manipulado, me había llevado a hacerle las cosas que él deseaba y que en circunstancias normales no habría hecho.
Me desnudé, le desaté los tobillos de los pies de la cama y se los até a donde tenía atadas las muñecas, yo estaba bastante cabreado, y su ano estaba ante mí abierto, sin mediar palabra sé la metí otra vez, mientras le follaba le movía las pinzas de las tetillas a mi gusto, le proporcionaba un dolor cada vez más grande, se retorcía pero se veía a simple vista que gozaba como nunca lo había hecho, esta vez sólo terminé cuando vi que las pinzas cambiaban su cara de placer a la de dolor y sumisión... sólo entonces le dije “explícate y procura convencerme”. Empezó diciendo que lo que más le gustaba era ser tratado como un esclavo y saber que pertenecía a alguien y ser torturado, que todo empezó cuando a los 16 años estuvo viendo unas paginas en Internet y que desde entonces había sido una obsesión para él. Cuando me vio por primera vez en la cervecería supo que sería yo su amo y tramó un plan, dijo que hoy estaba gozando más que en toda su vida porque era mi esclavo. Me pidió que le castigara, que le usará, que le humillara y que por favor no le dejara nunca. Quería ser mío de por vida.
Me quedé fuera de lugar, un simple niñato había estado jugando conmigo, me había elegido para sus propósitos y había sabido utilizar la situación en la que me encontraba para que yo hiciese lo que él deseaba. Esa era la vedad, la situación se había complicado.
FIN DE LA PRIMERA PARTE (Continuara)
