EL CHICO DEL SOFÁ

No puedo olvidar aún esos momentos tan entrañables en aquel barrio, tenía 25 años, estaba lejos de mi familia, de mis amigos, al principio un poco duro pero poco a poco fui haciendo amigos. Era maestro en una pequeña escuela del suburbio de esa cálida ciudad. Conseguí una casa algo grande para una persona sola pero poco a poco se fue llenando, al estar en la escuela conocí a mucha gente, así que ante los problemas de la comunidad comenzamos a reunirnos en la casa. Poco tardaron los jóvenes en solicitarme apoyo, así que algunos frecuentaban la casa y me pedían que les ayudara en las actividades deportivas. Llegaron a establecer algunas reuniones zonales en la casa. Así fue como un día al finalizar la reunión y ante una gran tormenta tuvieron que quedarse a pasar la noche. Se acomodaron los cinco, dos en una habitación, dos en otra y uno en el sofá. Como no podía conciliar el sueño me fui a la sala buscando el paquete de cigarrillos, despacio para no despertar al joven que allí dormía, al encender el cigarrillo oigo que me pide uno también, le pido disculpas por haberle despertado a lo que me responde que el calor no lo deja dormir, "pues date una ducha le digo", "será lo mejor", así que se dirige al baño, yo mientras sirvo unos wiskis. Ya duchado con la toalla enrollada a  la cintura y la ropa en la mano aparece, deja la ropa en el sofá y se acerca, le ofrezco el cigarrillo y la copa, comenzamos a conversar sobre nuestros hogares y familia. Fuimos cogiendo confianza, así que le dije que si en algo podía ayudarlo que no dudara en venir a la casa y cuando hubiera necesidad de quedarse que no había problema, me contestó que me tomaba la palabra y que dentro de unos días tenía que volver que pasaría por aquí si se le hacía tarde. Nos dimos las buenas noches y me fui a la habitación. 

Como a la media hora seguía sin conciliar el sueño, así que me levanté despacio, me asomé a las habitaciones y allí dormían todos, uno se había acostado vestido, otro en shores, los otros dos dormían tranquilamente en interiores, y al parecer muy placidamente ya que se les notaba un abultamiento en las partes, al más delgado se le asomaba del interior el miembro, el otro muchacho de un cuerpo muy atlético y bien musculado conservaba su miembro bien guardadito, por su tamaño más normalito. Proseguí hasta llegar a la sala y allí estaba el muchacho que se había acostado con la toalla enrollada y al parecer por los movimientos la tenía un poco aflojada, me quedé un momento mirándolo fíjamente, su respiración era de estar dormido profundamente, a mí el corazón se me aceleraba, parecía un ángel, su cuerpo no era espectacular, más bien pequeño, aparentaba menos edad, sus músculos sí los tenía marcados y una cara de ángel con sonrisa complaciente. No pude evitarlo y me acerqué lentamente con temor por si se despertaba, me agaché y pude ver que debajo de la toalla no llevaba nada aunque no podía distinguir bien, me incorporé para irme pero era como un imán que me atraía, me acerqué y poco a poco fui quitándole la toalla hasta que quedó desnudo, lo estuve observando un momento, aquel cuerpo parecía como sacado del paraíso, precioso, angelical y como sin malicia, además su pene estaba flácido, no era grande, más bien pequeño, que se ocultaba tras una enorme mata de pelo que resaltaba en medio de todo un cuerpo lampiño. Me quedé mirando, encendí un cigarrillo lo fumé y allí seguía en la misma posición, ya no pude aguantar más y ante aquel espectáculo empecé a acariciarme el pene y los testículos con algo de temor por ser descubierto, pero era más la excitación que el temor,  así que terminé masturbándome de tal manera que la propulsión del esperma fue tan grande que hasta me quedé asombrado de tal manera que revisé bien que no quedara nada de semen por la sala, lo limpié, me lavé y me fui a dormir, ahora sí que caí como rendido. 

A la mañana siguiente se fueron, el chico me dijo que a lo mejor tenía que pasar el viernes que si venía al partido se quedaría. Casi contando los días, y así fue, llegó el viernes y el chico vino a decirme que vendría a dormir a la casa, que el partido terminaba tarde y que seguramente cenarían todos juntos. Se presentó tarde en la noche, yo estaba viendo televisión en calzoncillos, me enrollé la toalla para ir a abrir la puerta y después me la quité para seguir viendo la televisión, él dejó sus cosas en la habitación que le había indicado y también salió en calzoncillos, me pidió un cigarrillo, fumamos y me dijo que se iba a dormir que estaba cansado y con el cuerpo dolorido, le dije si quería que le hiciera un masaje y aceptó con gusto, así que al momento de irse a la cama entré despacio, estaba boca abajo, comencé a darle el masaje en la espalda, después en la cabeza y después en las piernas, cuando pasaba por los glúteos procuraba hacerlo con naturalidad para que no se fuera a molestar pero en ningún momento hizo gesto de molestia, de vez en cuando algún suspiro. Después lo volteé y comencé a darle por el estómago, por el pecho y las piernas, cada vez lo hacía con mayor suavidad, y cuando acariciaba la parte interna del muslo sentía una pequeña sacudida del pene, como todo estaba tranquilo poco a poco le fui bajando los calzoncillos, pero no me atreví a tocarlo, sólo a mirar su cuerpito bien formado, musculado, lampiño, como de 15 años, pero tenía 19; eso sí, en el pubis la mata de pelo era abundante, tanto que casi tapaba su pene pequeño pero erguido totalmente, me tuve que consolar mirándolo únicamente ya que no quería echar a perder aquella oportunidad que se me venía de tener tan cerca un chico tan sensual en mi misma casa, pensé en qué me podía conformar, sólo masturbándome, pero poder tener siempre cerca aquel cuerpo. 

No pude dormir en toda la noche, cada cinco minutos me asomaba a su habitación para verlo. Al amanecer oí que se levantaba, yo me levanté y salí de la habitación a la cocina, se acercó y me dijo si le podía dar una toalla, le dije que enseguida, pero para que no se me saliera la leche que había puesto en un cazo al fuego, tardé unos instantes, él ya se había puesto en la ducha, entré y al decirle que le dejaba la toalla corrió la cortina para decirme gracias y pude ver su cuerpo desnudo y su sonrisa complaciente. Después de desayunar se fue.

El sábado siguiente volvió, cenamos juntos y vimos televisión hasta tarde, esta vez le pedí que me diera un masaje y que yo después le daría a él uno también. Aceptó y me dio un masaje muy agradable, tanto que me excitó muchísimo. Después fui a dárselo yo, y estaba en su cama, casi parecía como dormido, a pesar de que hacía poco tiempo que me había dado el masaje, así que comencé, pero esta vez noté que él respiraba muy sensualmente y que al pasar la mano por las nalgas comenzó a moverlas eróticamente, tanto me excité que me armé de valor y le fui quitando los calzoncillos, después le pasé la mano por la raja, nunca había hecho nada de eso y como se movía y empinaba el trasero, me quité los calzoncillos y empecé a pasar mi pene por su raja hasta el momento que intenté metérselo con tal desatino que le hice daño y se puso a llorar, a mí se me vino el mundo abajo, comencé a acariciarlo para ver si se le pasaba y cuando estuvo más tranquilo lo volteé boca arriba y comencé a acariciar su pene y sus huevecillos, empezó a cambiar la situación y entonces con mi pene acariciaba el suyo, comencé a masturbarme cogiendo los dos penes, haciendo coincidir lo más posible los frenillos, él comenzó a acariciarse y a moverse sensualmente mientras me acariciaba, y cogió un pene con cada mano y masturbaba a la par hasta que eyaculamos, primero él y después yo, me quedé sorprendido porque comenzó a restregarse todo el semen por el estómago y el pecho, y con el índice se chupaba algo de semen dando lengüetazos; yo me levanté y fui a darme una ducha, cuando ya estaba en la cama oí que él también se estaba duchando. 

A la mañana siguiente nos tratamos como si no hubiera pasado nada. Tardó como un mes en regresar de nuevo, esta vez le invité a cenar por fuera y tomamos unas cervezas, así que andábamos medio borrachos, pero yo me había propuesto no tocarlo por si metía la pata tratando de penetrarlo, así que me dije "cuídate y no te busques problemas". Como íbamos medio borrachos, al llegar a casa nos dimos una ducha como para espabilarnos, salimos a fumarnos un cigarrillo sólo con la toalla, él me pidió un cigarro y se quitó la toalla, después nos fuimos a nuestras habitaciones, cada quien a su cama, yo de curioso me acerqué a la habitación y allí estaba boca arriba desnudo, me atraía entrar pero me había propuesto no hacerlo. Oí unos ruidos, me enrollé la toalla porque también yo me había acostado desnudo, y salí a la sala. Allí estaba él acostado, en el sofá y fumando un cigarro, yo me encendí uno y cuando ya había terminado de fumar me preguntó que qué me pasaba, yo le dije que nada, en eso se incorpora, se acerca, coge mi mano y la pone en su vientre, la mueve, yo comienzo a acariciarlo, él se agacha, me quita la toalla y comienza a chupármela, yo extrañado, nunca me lo habían hecho, entre la mano y la boca me puso a mil, me levanté y me fui a la cama, él me siguió, continuó chupándola y después se arrodilló abriendo sus piernas una a cada parte del cuerpo, comenzó a pasar su pene sobre el mío que estaba mojado de tanta lengua, lamió sus dedos y se los pasó por el hueco para lubricarlo, después también con sus dedos ensalivó mi pene, lo cogió y lo encaró, después comenzó a moverse suavemente hasta que se lo tragó por completo, yo no lo podía creer, después de aquel intento de penetrarlo como ahora lo había introducido de tal manera que ni cuenta me había dado, cabalgó suavemente hasta que me hizo eyacular pero fue una sensación como nunca ya que el momento en que parecía que ya me venía de placer se alargaba de tal manera que hasta en medio del orgasmo sentí como todo el cuerpo disfrutaba, él se masturbó sobre mí y después nos dimos una ducha.

Despues seguimos teniendo visitas esporádicas que yo las ansiaba. Hasta que llegó el fin del curso y a mí me destinaron a otra ciudad, pero siempre pensé que podría conocer a otro chico como el chico del sofá.