El hijo de los vecinos y yo nos ayudábamos a veces con el jardín, era un muchacho moreno, con unos ojos bonitos y una sonrisa muy atractiva.
Un día, cuando fuimos los dos a cambiarnos de ropa después de haber hecho un trabajo en el jardín decidí quitarme los pantalones viejos delante de él, en un cuartito que teníamos en el sótano del chalet para las herramientas. Y él, al verme a mí hacerlo, también se cambió sin reparo alguno. Me fije en su entrepierna cubierta por los calzoncillos y me pareció que tenía un bulto hermoso. Y le pregunté cuánto medía su polla. Un poco ruborizado me contestó que nunca la había medido.
Aproveché cogiendo un metro que había sobre una mesa vieja y le dije:
- Vamos a ver quien la tiene mayor.
Y comencé a bajarle los calzoncillos, pero en un primer momento parece que se resistía... cambió cuando le dije que yo también me los bajaba para que él mismo midiera la mía, que ya estaba bastante tiesa. Comencé a meneársela un poco para que se le subiera. Le dije que hiciera lo mismo con la mía y así adelantábamos tiempo. El caso es que parecía le agradaba cuando le subía y bajaba la piel y se le iba poniendo tiesa... ni nos preocupamos de medirla. Yo comencé a acariciarle las piernas y el culo y observé que sus ojos brillaban mucho del placer que sentía. Le pregunté si alguna vez le habían tocado. Me contestó que entre amigos siempre se hace algo en confianza.
Luego me agaché para besarle la entrepierna, la tenía muy tiesa y era hermosa. Y no pude resistir y comencé a mamársela mientras que con una mano la acariciaba los huevos y con la otra le metía un dedo en el ano. Yo observaba como respiraba de gusto. Por fin, estando mamándole, se corrió diciendo:
-!Que me corro, que me corro!
Yo tiré toda la leche fuera de la boca al
suelo y comencé a besarle. Le dije que
me la meneara para hacerme una paja y lo hizo. No me
atreví a pedirle que me
la mamara por ser la primera vez y a lo mejor no quería.
Cuando terminamos, le dije muy en serio que por favor no dijera nada de todo aquello, que había sido un acto de confianza y una tentación muy fuerte la que yo había tenido y le pedí disculpas. Le dije que varias veces me había masturbado en la cama pensando en él porque sentía algo que no podía resistir. Me contestó que otra vez no me masturbara pensando en él, sino que lo hiciera directamente con él sin reparo. Que cuando hay confianza se puede permitir eso entre amigos.
Aquella misma noche, Luis se quedó para hacerme compañía. Los dos nos acostamos, y como no teníamos sueño, empezamos a hablar de todo tipo de situaciones.
Me contó la primera vez que le vino la leche. Fue en casa de un primo suyo de 16 años, cuando Luis tenía 13. Su primo comenzó a acariciarle primero por las piernas estando sentados... poco a poco subía más la mano... por fin, fueron a una habitación con alguna disculpa. El chaval se estaba poniendo caliente y su primo posando su mano sobre la polla de 13 años de Luís, comenzó a acariciársela y cuando se le puso dura se la sacó del pantalón y comenzó a meneársela. El chaval comenzó a sentir tanto placer que pensó que se estaba orinando y le dijo:
- Primo, que me meo.
Y su primo le dijo que no, que era la leche que le había salido por primera vez.
Otra vez fue en el colegio, cuando ya tenía 14 años, estaba castigado con un amigo, y sin malicia, en plan de amistad comenzó a acariciarle y a meterlo mano hasta que masturbándole le sacó la leche.
Desde entonces ya no lo había hecho hasta que coincidió conmigo. Aquello fue calentándome y al rato tenía mi polla a reventar dentro de mi pijama.
- Mira Luis, ¿quieres ver como suelto la leche?
Al decirme que sí, aparté las sábanas,
me bajé el pantalón del pijama y empecé a
masturbarme. Mientras le daba a la polla le pregunté
si él no se pajeaba, a lo que respondió que sí. Al
rato empezó a masturbarse. Al fin solté mi leche y Luis se
corrió poco a poco.
A medida que pasaban los días yo le masturbaba
a él y él a mí hasta que terminamos comiéndonos
las pollas.
Una noche me dijo:
- Ahora tienes que hundirme tu polla en el culo, para sodomizarme hasta que te corras en mi culo y me lo llenes de tu espesa y caliente leche.
Rápidamente, separé sus nalgas, le puse un poco de vaselina y apoyé mi polla contra su esfínter. Este no ofreció ninguna resistencia; así la clave por entero en su resbaladizo y abierto culo. Mi polla se deslizaba con toda comodidad por el estrecho canal, hasta que no pude resistir más y le solté una descomunal lechada en el pasadizo anal.
De esto ya hace unos años, y aún hoy nos
vemos de vez en cuando para gozar a tope de nuestros cuerpos.
Anónimo.