Chico de Playa

Hola a todos los que pudieran leer esto, me llamo Rodrigo y vivo en la Cd. De México, hace una semana fui de vacaciones con mis padres a la playa de Tampico. Yo tengo 19 años, soy alto y delgado, de tez morena clara. En un principio yo no quería asistir a ese viaje puesto que no había nada atractivo para mí, pero unos días después no iba a querer regresar.

Nos hospedamos en un hotel frente al mar, y como era de esperarse las salidas a la playa que se encontraba a escasos metros fue lo predominante en el viaje. Yo nunca me había fijado en los cabillos que nadaban en el mar hasta un martes cuando mientras nadaba, me topé con un crío de unos 14 años que me hipnotizó en el primer segundo que vi sus hermosos ojos obscuros, que como abismo me atraparon. No pude quitarle la vista en toda la tarde, pero en mí sabía que era imposible pensar que él se fijaría en mí, además de parecer un jovencito normal, jugando con sus amigos. De tanto observarlo pude notar hasta los mínimos detalles de aquella hermosa criatura, medía como 1.58, tenía la piel bronceada de un cálido color, se veía suave y frágil, sus piernas estaban perfectas y proporcionadas, y su culito era respingón llenando por completo ese slip azul que llevaba puesto. Aun así no había podido verlo de cerca completamente, pero para mi sorpresa cuando me dirigía a la entrada del hotel, él se despedía de sus amigos y también tomaba el rumbo a la puerta principal, y es cuando pude contemplarlo en todo su esplendor, luciendo un impresionante bulto en el frente, resaltando airoso, y sin estar excitado, con esa cara de niño santo.

Al día siguiente durante el desayuno, me había quedado de ver con mis padres en el restaurante del hotel, pero como siempre llegué un poco tarde, y cuando iba entrando, oh sorpresa!!!! El pequeñuelo estaba ahí, sentado con una señora, que supongo era su madre, vistiendo el mismo slip azul y con una toalla, suponiendo enseguida que procedería a tomar un baño en el mar, o en la alberca del hotel. Me moría de ganas de poder verlo de nuevo en acción, con el agua deslizándose por su piel y llegando a sus más recónditos lugares, mis padres propusieron una visita familiar a los parientes de la ciudad, yo fingí estar enfermo para poder quedarme y ellos gustosos aceptaron. Una vez que se fueron, subí a ponerme un short para ir en busca del chavillo que tanto me llamaba la atención, lo encontré de nuevo en el mar, jugando solo esta vez, me dediqué a observarlo hasta que creo él empezó a notarlo, y para mi gusto no lo tomó a mal. Como a la hora, salió del agua y se dirigió hacia mí, no podía creerlo. Cuando estuvo frente a mí me dijo:

- Hola, soy Roberto… ¿Por qué me ves tanto?

No sabía cómo contestarle, me puse pálido y súper nervioso puesto que nunca había estado en una situación igual. Él creo que lo notó y volvió a hablar, tranquilizándome y dándome la oportunidad de escuchar su linda vocecilla:

- Tengo sed, ¿me invitas a un refresco?

Yo afirmé con la cabeza y me paré de donde estaba para dirigirme a un puestito donde vendían refrescos, él pidió una soda y yo sólo pagué. Nos apartamos a un lugar donde se podía platicar y ahí me armé de valor y me presenté. Él parecía muy tranquilo. Poco a poco me empezó a contar sobre su vida, sus padres, su familia, su escuela, sus amigos y de tantas cosas que empezaba a marearme, hasta que hizo la pregunta que me hizo temblar.

- Oye Rodrigo, ¿por qué me mirabas tanto?. Lo noté desde ayer que jugaba con los otros chavos… (Hubo un corto instante de silencio) ¿Eres homosexual?

Esa pregunta me dio escalofrio, la manera de decirlo fue tan tranquila de su parte, mientras tomaba de su refresco por el popote, succionando sensualmente el contenido. Yo no respondía, y para presionar hizo una mueca de inconformidad por mi silencio, y la amenaza de irse al avanzar unos pasos más. Pero yo no podía dejar que se me fuera ese bombón. Así que le contesté…

- Sí, y ¿por qué tan interesado en eso?

- No lo sé (respuesta clásica para evadir, se quedó callado un momento y continuó) ¿tienes habitación para ti solo en el hotel?

Cielos, este chiquillo estaba en todo, en ese momento supe que ya lo tenía, y sabía que él también lo buscaba. Y claro para que todo el cuadro estuviera completo, yo sí tenía un cuarto para mí solo. Y él creo que sabía que estaba muy consciente de lo que quería, por lo que no lo hice esperar la respuesta:

- Claro, ¿te gustaría ir para allá? Podemos estar más cómodos que aquí.

Él no tardó ni una milésima de segundo en aceptar, en el trayecto me confesó que él noto que lo veía y eso le excitaba mucho y que era la primera vez que se atrevía a hacer algo así, y eso porque se encotraba en un lugar extraño y foráneo, donde nadie lo conocía, y muchas cosas más, pero la que me prendió fue cuando me dijo que era virgen aún. El hecho de poder devorar ese traserito me inundó la imaginación con innumerables imágenes.

Llegamos a la recepción y pedí mi llave, subimos a la habitación y entramos rápidamente. Prendimos la televisión y yo fui hacia el baño a lavarme las manos, él se acostó en la cama, mientras se tocaba por encima de su bello slip azul, su paquete. Cuando salí del baño lo pude apreciar en toda su extensión, su cabello lacio y corto permitían ver su cuello largo pero muy estético, unos pectorales y un abdomen trabajados por el ejercicio pero infantiles aún, y sus piernas eran hermosísimas. Me acosté al lado de él, yo sólo llevaba puesto una bermuda y una playera. Sentí algo cálido posándose sobre mi rodilla y empezaba a subir, poco a poco su tierna mano llegó a su fin y comenzó a apretar mi paquete que rogaba por que lo liberaran de esa bermuda.

No me pude contener, y lo besé mientras mis manos recorrían todo su cuerpo, suave y tierno. El dulce y tierno beso se transformó en un fogoso morreo, y mis manos pasaban por encima de ese trasero que tanto me llamaba la atención. Él por su parte, no dejaba de suspirar y pronunciar palabras entrecortadas por la excitación. Hubo un momento en el que se quedó quieto y me miró, ahora sus ojos reflejaban la fogosidad que sentía en el momento, muy tranquilo me dijo:

- Ponte de pie.

Una vez que me paré de la cama empezó a quitarme la playera que salió volando, y después muy despacio desabrochó el botón de la bermuda que cayó al suelo atraída por la fuerza de la gravedad, dejando libre mi pija que en contra de esta fuerza se alzaba airosa y desafiante. Lucía en su esplendor su tamaño total, que no es exagerado como en otros relatos, pero estaba como nunca antes llegando a los 18 centímetros, e hinchada por la excitación. Por un momento se quedó con la boca abierta admirándola hasta que mis manos lo condujeron a sentarse en el borde de la cama, y guiaron a sus labios carnosos a la punta de mi pene que con sus líquidos pre-seminales humedecían su linda boquita. Una frase faltó para que el chiquillo se pegara a mi polla:

- Trágatela, mámamela despacito.

El crío se pegó a mi rabo, y lo chupó en un principio de manera inexperta, hasta que mis manos lo tomaron de nuevo de la cabeza y condujeron el ritmo. Su lengua era suave, al igual que toda su boca, y recorría todo el tronco, sacándola de vez en vez para chupar mis bolas. Yo veía al chiquillo y lo conducía, imaginando que se trataba de los pliegues de su ano, y de esta forma la mamada se trasformó de lenta y pacifica, a acelerada y brutal. Llegando en varios momentos a que Roberto tuviera arcadas por recibir mi pene en su totalidad, pero en ningún momento dudando de lo que hacía.

Cuando percibí que la corrida podía estar cerca, lo detuve y lo levanté, lo besé lentamente cayendo a la cama acostados mientras besaba su cuello y bajaba por sus pezones, hasta llegar al lindo slip que olí y lamí por encima. Su paquete estaba al máximo también, alrededor de unos 17 cm, lo cual era grande para su edad. Lo bajé con los dientes y después con mis manos liberándolo de él, y su pija saltó golpeando contra su ombligo. Resultaba extraño ver una pija así en un chiquillo de 13 años como él me había confirmado, y casi sin pelo, más que una mata de pequeños pelos en la base, y lo demás como su cuerpo, totalmente lampiño.

No pude dejarlo esperar más y engullí su nabo, golosamente lamía el capullo y el tronco, chupando después sus dos pequeñas bolas, sin un pelo. Él gemía tan fuerte que pensaba que nos oirían en las habitaciones contiguas. Y sus suspiros empezaron a aumentar, cuando de la mesita de al lado de la cama saqué un lubricante y con el dedo índice empecé a masajear su ano que se escondía entre esas dos nalgas tan sabrosas. Sus gemidos estallaron en el momento en el que metí un dedo en su ano, y este lo acogió dentro de sí, pudiendo palpar la suavidad de su interior, mientras él me decía:

- Hijo de puta, qué bien mamas… sí, méteme tus dedos, me matas… hijo de puta, méteme tu verga en mi culo, clávamela de un jalón!

No tuvo que decir más, saqué su verga de mi boca, toda llena de saliva, y con un movimiento que él entendió bien, lo volteé quedando a cuatro patas, y viendo por primera vez un culito rosado y apretado. Sabía que iba a ser una tarea difícil clavármelo pero no iba a desistir ahora que él lo pedía. Empecé a lubricarlo y metía un dedo mientras él gemía y de vez en cuando se tocaba su pija. Después dos, que entraron con dificultad, y poco a poco resbalaron. Él ya estaba ansioso y en un momento me exigió:

- Métemela ya, por dios, párteme en dos, estoy esperándola…

Siguió en ese tono, lo cual me molestó y me decidí a poner lubricante en mi verga. La apunté hacia su anito cerrado y rosado, y cuando lo tocó él suspiró y dijo sarcásticamente:

- Por fin...

Así que lo tomé por la cintura y lo apreté fuertemente, y con todo mi peso y de un sólo golpe dejé que entrara todo lo posible, entró la mitad aproximadamente, y él ahogó un grito en la almohada, y empezó a moverse tratando de sacarla. Yo lo mantenía fuertemente aprisionado y antes de que pudiera zafarse o recuperarse di otro empujón que terminó por dejar dentro de él mis 18 centímetros.

Sentía cómo su ano cortaba la circulación a mi verga, por lo cerrado que estaba, y él metía su cabeza en la almohada, murmullando varias cosas. Yo me recargué y pude escucharlo:

- Hijo de puta, me duele hasta el alma, pero no la saques, no te muevas, quédate quieto!

Seguí presionando y empecé poco a poco un mete saca muy lento, no obstante sus súplicas por que no me moviera, él empezó a gemir y en sus dos lindos ojos se dibujaron unas lágrimas. Ante ello aceleré el ritmo, y poco a poco fue menguando el dolor, y él sólo se limitaba a gemir.

Podía ver su espalda sudada, y cómo mi verga entraba por completo en su ano, ahora ensanchado y estirado, y salía limpiamente. Él sólo gemía y apretaba las manos, su pene empezó a crecer poco a poco, señal de que empezaba a disfrutar, lo que me dio pie a aumentar el ritmo de la enculada.

Pronto pedía más, y chillaba cada vez que no la sentía dentro. Su verga estaba erecta e hinchada, y la cogida estaba tomando un ritmo vertiginoso y salvaje, él se agarraba de donde podía ante mis embestidas y pedía casi a gritos:

- Sigue así, métemela, me revientas… no me la saques, donde pares te madreo!

El crío se había convertido en un leoncillo, disfrutando de la buena verga de un hombre, empezó a aventarse para atrás a cada embestida para aumentar la penetración. Y cuando la cogida ya no podía llegar a más soltó un grito que debió escucharse hasta en la planta baja del hotel.

- Me vengo, me corro!… cabrón, me cooorroooo!

Y terminado de decir esto soltó uno, dos, tres y cuatro grandes chorros de semen, que se impactaron contra mi cama, y a cada uno de ellos sentí cómo su colita me apretaba la verga que permanecía adentro. Cuando terminó con todos los espasmos se dejó caer sobre la almohada dejando sólo el culito parado para que continuara con la embestida.

Su cuerpo se encontraba suelto totalmente lo que me permitía disfrutar del terciopelo de su ano, que seguía recibiendo mi verga con salvaje arremetida. De nuevo empezaron tan sólo a aparecer sus gemidos, pero su cuerpo seguía rendido por la explosiva eyaculación propiciada por la cogida, y según él me explicó después, nunca se había venido así.

Seguí con mi embestida, disfrutando de cada momento, tintinado su ano dilatado cubriendo por completo mi verga, y en mis oídos la música de sus gemidos, mientras a cada metida su cuerpo se movía y contorsionaba.

Empezó a reaccionar como a los 4 minutos, y sus gemidos aumentaron de tono de nuevo, y me preguntó con la voz entrecortada por mis metidas:

- ¿Te fal..ta mu… ch…ooooo?

A lo que le respondí con dos embestidas más fuertes y profundas, él sólo siguió gimiendo hasta que su verga reaccionó de nuevo. Y sus palabras salieron otra vez.

- Ya no aguanto, me rompes, me quemas por dentro!

Esto alentó mis embestidas que fueron más rápidas disfrutando del momento, hasta que sentí el cosquilleo en mis bolas, y apreté fuerte de la cadera, mientras estas últimas metidas hacían que él exclamara dos o tres gritos de dolor, tensé mi cuerpo y mi pene bien clavado en ese ex-virgen ano, empezó a soltar chorros y chorros de leche caliente que él recibió gustoso.

Al terminar caí rendido sobre él, quedando yo arriba y él abajo aun con mi rabo clavado, él sólo sollozaba, y decía cosas como:

- ¡Qué rica cogida me acabas de poner!, aún no te salgas, quiero sentirlo aún adentro.

Y cosas por el estilo, yo estaba en la gloria, durante un segundo me quedé quieto y después me retiré sacando mi pene de su colita que quedó abierta. Él se quedó acostado boca abajo con las piernas bien abiertas lo que me permitía ver su ano rosado ahora todo estirado y dilatado y los restos de mi semen mezclándose con un poco de sangre y materia fecal.

Él no se había dado cuenta del pequeño sangrado que a mí no me preocupó porque sabía que era normal. Un instante después se llevo sus deditos a su ano aún abierto, donde pudo introducir dos, retirando un poco de los restantes. Al ver la sangre y semen en sus deditos se volteó, y con una mirada de angustia me vio parado atrás de él con la verga aún enhiesta y ésta también ligeramente manchada de sangre y semen. Pude ver su precupación por lo que le dije:

- No te preocupes, sanará, vamos al baño a ducharnos.

Él confió en mis palabras y nos dirigimos al baño donde pasaron más cosas, que en otra oportunidad les contaré…



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