CUESTIÓN DE SUERTE (I)
Iba saliendo de la universidad esa tarde, me gradué hace algunos meses, pero tuve que ir a recoger unos papeles. Siempre me pongo muy nervioso cuando voy a ese lugar porque él trabaja ahí, y es tan fuerte lo que siento por él, que me cuesta mucho controlarme cuando lo tengo cerca, sin exagerar, puedo decir que casi tiemblo.
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El hombre al que me refiero se llama José, lo conocí hace como 3 años en la universidad donde estudiaba, él acababa de entrar a trabajar en esa universidad como maestro. Me lo presentó un compañero que lo conocía y no me llamó la atención en absoluto, era un tipo común y corriente, hasta algo desgarbado, y en pocas palabras no llamaba la atención por su físico. El semestre siguiente comenzó a darme clases, y ahí empezó todo… debo decir que no logro ubicar en el tiempo el momento en que empecé a sentir atracción por José, no sé si fue desde que empecé a tomar clases con él, o un poco después, el caso es que, sin darme cuenta, comencé a sentir algo muy extraño por ese maestro que podía derretirme con su sonrisa, me encantaba tener clases con él, esperaba todo el día, con ansia, que llegara el momento de tener a aquél hombre durante 2 horas frente a mí (y al resto de la clase, por supuesto), era tal su encanto que yo necesitaba verlo y escucharlo para sentir que el día había valido la pena. Tardé algo en darme cuenta de que me había enamorado, después de todo, nunca me había sentido de ese modo con ninguna persona, pero cuando reparé en que pensaba en él todo el día, le escribía (sin entregarle nunca nada, claro), me convertía en un idiota cada vez que me hablaba o se me acercaba, y todo eso que hace uno cuando ama, tuve que llegar a una conclusión: “Carajo, estoy enamorado de José”, y el carajo era porque no esperaba enamorarme, no de un hombre. No voy a ahondar en el duro conflicto que representó enamorarme de José, mi maestro, un hombre, y además un hombre casado, con un hijo…
Recuerdo que estaba de vacaciones, iba a pasar 2 meses sin verlo, no recuerdo cuánto de ese tiempo había transcurrido, pero yo estaba desesperado, me sentía como encerrado en una jaula, sentía una necesidad asfixiante de verlo, de escuchar su voz, de ver su sonrisa que yo tanto amaba, necesitaba que supiera lo que yo sentía por él… pero era imposible. Mi desesperación era tan grande que le mandé un e-mail diciéndole todo lo que sentía (con una identidad distinta de la mía, claro), él respondió y ese intercambio de mensajes hizo un poco más soportable aquella lejanía. Siendo breve diré que cometí un error muy estúpido, y al parecer, José descubrió quién era aquella persona misteriosa que le mandaba los mensajes, sobra decir que me llevé el susto de mi vida, dejé de escribirle y la preocupación se convirtió en fiel compañera para mí hasta que volví a clases… nunca supe a ciencia cierta si José se había dado cuenta de que era yo quien le había escrito confesándole que lo amaba; por una actitud un tanto más distante e indiferente de su parte, yo supuse que sí, y viví tragándome lo que sentía por él, y enfrentando aquél tumulto de emociones que me invadían, caí en una depresión que, literalmente, estuvo a punto de matarme, pero a final de cuentas logré recuperarme un poco y resistir. Llegó el momento de graduarse y alejarse…
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Me saludó distraídamente desde su escritorio en la dirección, recogí mis papeles con la secretaria, y salí de ahí apresuradamente, me resultaba sencillamente insoportable recibir sólo indiferencia de la persona más importante para mí.
Cuando estuve afuera, me relajé un poco, recuperé el aplomo, y comencé a alejarme de ahí, no vivo muy lejos de la escuela y había decidido ir caminando, no había dado muchos pasos, cuando escuché una voz llamándome…
- ¡Javier!, ¡Javier!
Me di vuelta y lo ví, era José que se acercaba a mí apresuradamente, el corazón me dio un vuelco al darme cuenta de quién estaba llamándome y me detuve a esperar para ver qué quería…
- Oye, te quería preguntar, ¿no tendrás un monitor viejo por ahí que todavía sirva?, fíjate que el mío se descompuso y no tengo presupuesto ahorita para comprar uno nuevo. Me dijo Sandra -es una ex-compañera mía- el día que vino por una constancia, que cambiaste el tuyo y pensé en preguntarte si no lo has vendido, a ver si me lo vendes a mí.
- Pues sí, ahí lo tengo todavía -le respondí-, no está tan viejo, lo cambié porque quería uno más grande, si quieres pasa por mi casa saliendo de aquí, y si te sirve, pues te lo llevas.
- Orale, ¿si vas a estar en tu casa?
- Sí, ahí voy a estar, sales a las 8:30, no?
- Sí, a las 8:30
- Bueno, pues si quieres pasar, ahí te espero.
- Sí, dime por dónde vives, porque la verdad si me urge, no he podido usar la computadora porque no tengo monitor.
Le di mi dirección, nos despedimos con un apretón de manos, él regresó a la escuela y yo seguí caminando. Mi corazón estaba latiendo muy aprisa y si no fuera tan controlado con mis emociones habría saltado y gritado de felicidad en ese momento; no podía creerlo, no solamente se me había acercado después de un buen tiempo sin hacerlo, sino que además iba a estar en mi casa un par de horas después… simplemente no podía creerlo, después de todo, la vida sí da giros impresionantes, hasta la mía.
Caminé lo más rápido que pude, no podía dejar de sonreír, por fin llegué a mi casa y pude festejar con expresiones que en plena calle se habrían visto ridículas, lo que acababa de pasarme. Me paré frente a un espejo que hay en la sala y me dije: ¡Va a venir José!, ¡puedes creerlo!
Había algunas cosas fuera de lugar en la sala, normalmente no habría puesto atención en ello, pero dadas las circunstancias, me apresuré a desaparecerlas, revisé el resto de los espacios visibles de la casa e hice lo mismo, finalmente me dirigí a mi habitación en la segunda planta, que es donde está mi computadora, ahí sí que había un desorden más notorio, que pronto desapareció tras las puertas del closet.
Faltaban unas 3 horas para las 8:30, me di un baño y me dispuse a vestirme, era muy importante la visita que iba a recibir en un rato, quería lucir muy bien, pero no podía exagerar, uno no se arregla para recibir a un tipo que va a ir a su casa, eso puede resultar extraño. Elegí un pantalón deportivo negro con jareta que me gusta mucho y una playera del mismo color que también me gusta, así como mi perfume favorito, no estaba muy arreglado, pero me veía bien.
Me dirigí a la estancia que está a la salida de las habitaciones en la planta alta y puse un disco en el aparato de sonido, yo sabía que a José le gusta mucho un grupo de rock irlandés, porque lo había escuchado decirlo alguna vez casualmente, por lo que el disco era de ese grupo, me aseguré de que el volumen fuera adecuado para que no resultara molesto, y me dispuse a esperar. Estaba muy emocionado, sabía que lo más probable era que José llegara, tomara el tan mentado monitor y se marchara de inmediato, pero de cualquier manera, su presencia en mi casa era algo muy importante para mí.
Las condiciones no podían ser mejores, mi madre estaba de vacaciones y había ido a visitar a su hermana que vive en otra ciudad algo retirada de la nuestra, sólo ella y yo vivíamos ya en casa, de modo que no habría ninguna presencia inoportuna.
Cuando escuché el timbre, el pulso se me aceleró, esperé un poco para que no pareciera que lo estaba esperando, bajé a abrir la puerta y lo hice entrar.
- Pásale.
- ¿No tienes perro?, no me vaya a tragar.
- No, no te preocupes, no hay perro ni gato, ni nada que se les parezca, jaja. Vamos arriba por el monitor -le dije cuando estuvimos dentro de la casa.
- Vamos… oye, ¿puedo usar tu baño?
- Sí, ahí esta, mira -y le indiqué cuál era la puerta-. Te espero arriba.
Subí las escaleras y me senté en uno de los sofás de la estancia, mientras subía él. Instantes después apareció por las escaleras y se dirigió a donde estaba yo sentado, me levanté del sofá, tomé del piso la caja donde estaba el monitor, la puse sobre el sofá y lo saqué para mostrárselo.
- Aquí está, míralo -dije.
- Sí, está casi nuevo, yo pensé que tenías uno ya viejito -respondió.
- No, no es tan viejo, tampoco muy nuevo, pero está bien cuidado.
Lo metió de nuevo en la caja, y le dije:
- Oye, ¿qué programa usas para grabar cd’s? -tratando de hacer conversación para que se quedara un poco más de tiempo.
Nos sentamos, me respondió con el nombre del programa, y le dije:
- Yo lo tengo, me lo acaban de prestar -mintiéndole, pues ese programa me lo habían prestado hacía como 6 meses, pero no había querido usarlo-, porque el que uso está dándome algunos problemas, pero no he podido instalarlo, me pone un mensaje de error, y no puedo terminar la instalación; ya que estás aquí, ¿por qué no me ayudas a instalarlo?
Me incorporé y me dirigí a mi habitación y él me siguió mientras conversábamos acerca de los problemas que había tenido con el programa aquél. También notó la música que estaba puesta y preguntó si yo había grabado ese disco, y si podía prestárselo porque esas canciones no estaban juntas en ninguno de los álbumes originales del grupo, a lo que yo respondí que sólo había incluido las que me gustaban más y que se lo podía llevar si quería, que yo grabaría otro después. Entramos, encendí la computadora y le dije que se sentara para que lo instalara él, y que yo iba a ver cómo lo hacía para darme cuenta en qué me había equivocado; le di el disco, lo insertó, y empezó a instalar el programa, yo me sitúe detrás de él, porque sólo hay una silla en la habitación para sentarse frente al escritorio. Inclinado, con los brazos extendidos apoyados sobre las rodillas flexionadas, pretendiendo estar muy atento a su explicación, quedé muy cerca de su cabeza, de modo que cuando él volteaba, buscando mi rostro para dirigirme las explicaciones, quedábamos demasiado cercanos. Yo estaba hipnotizado con aquella proximidad, él algo nervioso en principio, pero yo actuaba mostrando tanta atención a la explicación, que no le dio importancia. Terminó con aquello y se levantó, yo estaba verdaderamente embelesado con él, así que me levanté torpemente por el mismo lado que él y chocamos…
No sé por qué lo hice, creo que no controlaba mis acciones en ese momento, pues no me habría imaginado capaz. No me aparté, en la inercia de aquél choque, busqué su boca con la mía y lo besé, esperé un empellón violento buscando alejarme, pero sentí sus labios besándome también. Aquello era increíble, yo no quería dejar esos labios, en primer lugar, porque estaba trepado en una nube, en segundo, porque no sabía qué iba a pasar después, y habría hecho eterno ese momento si hubiera podido. No fue eterno, pero sí un largo beso; apasionado, lento, pues aunque estaba cargado de urgencia, yo trataba de hacerlo menos desesperado y más disfrutable, y es que estaba deleitándome con el beso más esperado, deseado, soñado de mi vida. Mis manos se acomodaron en su cintura y las suyas me acercaron a él, empujando suavemente mi espalda, creo que aquél fue el mejor beso que cualquiera de los dos haya dado o recibido en su vida. Cuando finalmente nos separamos, ninguno sabía qué hacer, qué decir, cómo comportarse, qué cara poner, después de todo éramos dos tipos que jamás habían tenido ninguna clase de acercamiento con un hombre.
Decidí hablar yo, le dije lo que sentía (y siento) por él, y lo terrible que me había resultado ocultarlo por tanto tiempo, él me dijo que lo sospechaba, que no se había atrevido nunca a afirmar que aquellos e-mails eran de mi autoría, pero que aquél error que había cometido yo en el afán por ocultar mi identidad, casi lo había convencido, y por supuesto que ahora estaba confirmado. Añadió que en aquella ocasión, yo había regresado de las vacaciones con una actitud muy cerrada y distante hacia él (la misma percepción que yo tuve de su actitud), además de que se había sentido muy incómodo y extraño por aquélla declaración, sin contar con la confusión que le provocó la sospecha de que un fulano estuviera enamorado de él. Para abreviar, explicamos y aclaramos muchas cosas esa vez, él terminó aceptando que sentía una atracción especial por mí desde hacía tiempo, pero que sentir eso lo había asustado y su reacción había sido tratarme de modo más distante. En un momento dijo que era muy tarde y que no tenía forma de explicar un retraso tan largo en su casa, así que tenía que irse, yo le pregunté si podíamos vernos otro día para seguir hablando, respondió que si yo quería que nos viéramos entonces podíamos hacerlo, y le dije que nos pondríamos de acuerdo a través del correo electrónico, él asintió, nos dirigimos hacia la planta baja de la casa, nos despedimos, volvimos a besarnos, y se fue.
José iba por un maldito monitor, y cuando recuperé el sentido de la realidad, me dí cuenta de que la caja estaba ahí en el piso de la estancia, se le había olvidado!, como él vive en otra ciudad (a 20 minutos de la mía) y recordé que me había dicho que le urgía la porquería aquella, tomé el teléfono y marqué el número de su celular:
- ¿Bueno?
- José, soy Javier, ¡se te olvidó el monitor!, ¿por dónde vas?
- ¡Ah cab…!, sí, es cierto. Voy saliendo de la colonia.
- Pues regrésate por él.
- Pues sí, ching… se me va a hacer tardísimo, ahí voy.
- O.K.
Unos minutos después llegó y yo estaba esperándolo en la cochera con la caja, pude haberla sacado para que no tuviera que entrar considerando que tenía prisa, pero ya que había tenido que regresar hice que entrara, lucía nervioso, le di un beso más, tomó su caja, y caminó hacia la puerta.
- Bueno, y ¿cuánto vas a querer por el monitor? -preguntó mientras salía.
- No inventes, te lo regalo. ¡Adiós! -agregué antes de que protestara.
Y como ya no tenía tiempo de discutir, sólo dijo que luego le dijera, se subió al auto y ahora sí, se fue.
Definitivamente, aquél fue el día más extraño e increíble de mi vida, el mejor… o uno de los mejores, porque debo decir que después vinieron otros también muy buenos, si bien no tan sorpresivos e inesperados como aquél primero.