Dando clases a Mikel
Tengo que decir que tengo 17 años, y entreno un equipo de chicos en mis ratos libres.
Un día de verano normal como otro cualquiera, uno de mis jugadores del equipo, me telefonea a casa. Hasta ahí la historia no deja de ser una pura anécdota, ya que les tengo dicho que me llamen si es que tienen algún problema, pero pensando siempre en el equipo. Pero aquel no me llamaba por nada relacionado con el equipo ni mucho menos. Me pedía ayuda en sus estudios, me decía que tenia algunas dudas, y que por favor le ayudara a resolverlas. Yo le contesté que quizás no fuese la persona mas indicada para hacerlo, pero ante su insistencia, accedí.
Mikel, que así se llamaba él, es un chico muy inteligente, con el que tenía una buena relación. Ni que decir tiene, que desde siempre he sentido algo especial por él. Tiene un buen físico, aunque su juego no haya sido nunca muy brillante, siempre ha entrado en mis planes. Su físico tampoco está mal. Es un chico de metro ochenta, moreno de cabello y piel clara. Complexión tirando a fuerte, pero sin exagerar, con una piernas fuertes y bien formadas y lo más importante su culo, bien prieto, de concurso, en pantalones cortos una delicia.
La idea de dirigirme a su casa no me importaba, pero sí que por lo menos me ponía nervioso.
Por fin llegó la hora a la que habíamos quedado, cogí algunos apuntes que pensé me ayudarían y me dirigí a su casa.
Al llegar al portal, llamé al portero automático y me contesto él, me pidió que subiera y me abrió la puerta.
Al llegar a su puerta, me la encontré entreabierta. Toqué el timbre y oí su voz diciéndome que pasara y que cerrara. Así lo hice, cuando cerré, me gire hacia el pasillo, y le vi salir de una habitación y dirigirse hacia mí. Me quedé congelado ante aquélla visión. Seguramente si llega a salir desnudo no me hubiera estremecido igual. Aquello era un sueño hecho realidad. Cuantas veces había soñado con aquella imagen. Se dirigía hacia mi con una sonrisa de oreja a oreja, y como ropa lo único que llevaba puesto era un pantalón de peto vaquero, que por cierto lo llevaba muy holgado, que nunca antes le había visto. Eso de repente hizo que mi sexo reaccionara, izándose en tiempo record. Por no llevar, no llevaba ni calzado. Al acercarse a mí, yo todavía estaba petrificado, cogió los papeles que llevaba en la mano, y los colocó encima del comodín de la entrada. En ese momento unas hojas cayeron al suelo. Él reacciono antes que yo, y al agacharse para cogerlas, por la abertura lateral del pantalón, que también llevaba desabrochadas, pude observar, que tampoco llevaba ropa interior. Ya no podía mas. Iba a explotar.
En ese momento, como intuyendo mis pensamientos, con una sonrisa picara me preguntó si tenía algún problema. Mi respuesta fue negativa. Entonces se giró y me dijo: “sígueme”.
Le acompañé como me pidió hasta una habitación. Yo anonadado con lo que estaba contemplando. No podía quitar la vista de su cuerpo. Tengo que decir que a titulo personal, que a mi los tíos con pantalón de peto, me ponen súper cachondo. Me pidió que pasara a un cuarto y él se quedó fuera y que le esperara.
En ese momento en que estaba solo intente aclarar mis ideas. Recordé el motivo que me había llevado allí, y también quien era y lo que me jugaba. Digo esto, por que estaba seguro que nadie en el club sabia mis preferencias, mis jugadores mucho menos y no concebía que Mikel pudiese saber mi aprecio por ese tipo de ropa masculina. Así que decidí sentarme y centrarme en la materia. En ese momento caí en la cuenta de donde él había dejado mis papeles, de que en aquella habitación no había ni una silla, y mucho menos una mesa de estudio, y un escalofrió recorrió mi cuerpo de nuevo.
Entro en la habitación y me dijo:
- Espero no haberte hecho esperar mucho.
- No –le conteste- Mikel, ¿qué pasa aquí?.
Se acerco a mí, y me dijo:
-Estos son mis pantalones favoritos, por la forma en que me has mirado, se que a ti también te han gustado.
Sin decir mas, me cogió de la mano, y me llevo hasta la cama, me senté y sin dejar de mirarme a los ojos, sus manos fueron desabrochando mis pantalones. Yo no me atrevía a menear ni un pelo. No podía estar pasando aquello, pero si, era cierto. El cogió mi verga erecta, y se la fue introduciendo en su boca con suavidad. Me hizo la mejor mamada de mi vida. Estaba en la gloria.
Cuando llevaba un rato trabajándose mi verga con la boca, se la sacó, y comenzó a lamerme el pecho, a la vez que me levantaba la camiseta que llevaba. Cuando me la quitó, fue con un largo beso en la boca, obligándome a recostarme en la cama. En ese momento aprovechó para incorporarse y quitarme los pantalones, dejándome completamente desnudo encima de la cama. Me acomodé, y él se sentó encima de mis piernas para continuar con su felación y poder así ver mi cara de satisfacción. Aquello era magnifico. Mejor de lo que había soñado.
Cuando ya estaba casi apunto y pensando que no podía haber placer mejor que aquel, paró y se sentó de nuevo pero esta vez sobre mi pecho, rozando con sus pantalones, la punta de mi pene. Me sonrió y se me quedo mirando, esperando que yo hiciese algo. Agarré los tirantes de sus pantalones y uno a uno y con suavidad fui soltándolos, dejando caer sobre mi pecho la tela de su pantalón. Entonces se incorporó, y dejó caer su ropa sobre mi cuerpo, quitándosela por fin. Vi por fin su verga, la había visto otras muchas veces, pero no de aquella manera, aunque no estaba dura, como la había visto en la ducha, sabia que aquella vez esa verga seria mía. Se sentó de nuevo sobre mí, pero esta vez con suavidad, y con una mano fue agarrando con suavidad mi pene, e introduciéndoselo poco a poco por su culo. Me lo estaba follando, me estaba follando Mikel. Por fin. Aquello era mejor que lo de la mamada. Mi pene le entró fácil, y una vez lo tenia dentro, empezó a moverse rítmicamente abajo y arriba, sin dejar que se saliese. Yo veía su cara de placer, con los ojos cerrados y aún si cabe disfrutaba más. Él me miro y me sonrió, se agachó y me besó en la boca de nuevo. Estaba en el cielo. En ese momento me di cuenta de que su verga estaba dura como un palo. Ahora era más hermosa, estaba a punto de acabar, cuando para mi asombro, él comenzó a correrse encima de mi pecho. Aquello si que era nuevo para mí, y ni siquiera había tocado su verga. No pude más y acabé dentro de él. Fue fantástico. Él notando el calor de mi leche en su interior, comenzó a bajar el ritmo, hasta que paró, y sin sacar mi verga, se recostó sobre mi pecho. Así estuvimos no sé cuánto tiempo. Salí de él de forma natural. Me desperté a su lado, y no quise moverme por no molestarle.
De repente, sonó un despertador en la mesilla, y se despertó. Me preguntó si quería ducharme, él lo iba ha hacer, y si quería lo hacíamos juntos. No hubo mas sexo, simplemente me enjabonó con delicadeza todo mi cuero, como si se lo estuviese estudiando. Cuando terminamos, me vestí y me fui a mi casa.
Todavía no me lo podía creer. Pero había pasado de verdad.
iker ikeradan@hotmail.com
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