David, el primero y el mejor.
Tercera y última parte.
Desde la segunda vez que nos vimos, David y yo nos hicimos inseparables, aunque tratábamos que lo nuestro pasara desapercibido. Sus visitas a mi casa se hicieron más que comunes y como sus padres me conocían, poco a poco se fueron acostumbrando a verme junto a él sin levantar sospechas. En mi casa se sorprendieron de que David y yo entabláramos amistad, misma que era compartida con mi hermano menor, que era su “real” amigo. El caso es que durante toda nuestra relación las cosas marcharon viento en popa, con algunos sustos, pero sin inconvenientes mayores. David resultó ser un muchachito inteligente y maduro, por lo que logró sortear los “peligros” de nuestro amor exitosamente.
Aproximadamente a los 3 meses de estar juntos se presentó la oportunidad de oro que tanto había deseado: Pasar una noche con David. Resulta que sus padres y hermanas se iban de fin de semana a casa de una tía en las afueras de la ciudad. Él no podía ir porque en esos días iban a seleccionarse los integrantes de su equipo de natación que participarían en unas competencias intercolegiales. Mis padres, atendiendo solicitudes mías y de mi hermanito, le pidieron que lo dejaran en casa, por lo que se quedó con nosotros durante todo el fin de semana. David estaba emocionado. Yo estaba que me moría con sólo pensar en lo que habría de ocurrir durante los siguientes 2 días con sus noches.
La familia de David partió el viernes a las 5:30 p.m. Mi hermano y yo compartíamos la misma habitación, la cual tenía dos camas no muy grandes pero si bastante cómodas, y un baño. Yo estaba “maquinando” cómo me las arreglaría para lograr que David durmiera conmigo, pero todo se resolvió cuando mi madre dispuso que mi hermanito dormiría con mi hermana en su habitación. A mi hermana no le gustó mucho la idea, pero terminó aceptándola. Durante el resto de la tarde y la noche David estuvo compartiendo con todos nosotros. Nos dio un trabajo enorme guardar las apariencias, pero salimos adelante. Nos mirábamos, nos sonreíamos. A veces, dizque jugando, le prodigaba un abrazo o le acariciaba la cabeza. Me pasé todo el tiempo con la polla como una roca, imaginando las cosas que haríamos más tarde. Recuerdo que mi madre me preguntó si no iba a salir de fiesta con mis amigos, como casi todos los viernes. Cuando le respondí que no, que prefería quedarme en casa con David y mi hermano menor, se alegró mucho.
Como a eso de las 11:00 p.m. mi madre le sugirió a David que se fuera a dormir, ya que debía levantarse temprano por aquello de las competencias. Así lo hizo. Al rato mi hermana también se fue a la cama, seguida, minutos después, por mi hermanito. Yo, para no levantar sospechas, me quedé hasta la medianoche viendo la tele situada en el primer piso de la casa, junto a mis padres. Cuando las ganas pudieron más que la conciencia me levanté, me despedí y me fui a “dormir”.
Subí al segundo piso de la casa. La habitación de mi hermana estaba cerrada y sólo se escuchaba el ruido provocado por el aparato de aire acondicionado. Sin dudas ya estaban durmiendo. Me acerqué a mi habitación, abrí la puerta, entré y cerré con seguro y pestillo. Encendí La lámpara de mesa colocada al lado de mi cama, la cual iluminaba tenuemente y no se notaba desde afuera. David estaba en la cama de mi hermano, arropado hasta el cuello. Me acerqué a él, me senté a su lado y le di un beso en la mejilla. Pensé que estaba durmiendo. No era cierto. Cuando le planté aquel beso abrió los ojos y sonrió. Me dijo que pensaba que yo no iba a subir nunca y que no quería dormirse antes de que llegara. Le expliqué lo de mi treta para no levantar sospechas y rió. Me levanté y me desvestí, dejándome puestos sólo los pantaloncillos, ya mojados de líquido preseminal y con mi pene marcándose perfectamente. Él se quedó mirándome todo el tiempo; cuando me quité la camisa, cuando me bajé los pantalones, cuando me quité los zapatos y las medias. Me senté de nuevo a su lado y antes de que hiciera cualquier movimiento, se quitó la sábana que lo arropaba y la tiró al suelo. Me quedé sin habla, David estaba desnudo. La visión de su esbelta figura tirada a todo lo largo de la cama, sin ninguna prenda y con el pene enhiesto como un mástil, me dejó atónito. Rápidamente me quité los pantaloncillos, me acosté a su lado y empezamos con la sesión de sexo más hermosa que sin duda tuvimos, antes y después.
Lo primero que hicimos fue besarnos apasionadamente, como locos, mientras nuestras manos acariciaban cada centímetro de nuestros cuerpos. Había pasado más de una semana desde el encuentro anterior, así que estábamos a toda capacidad. Nos revolcábamos en la cama, frotando nuestros cuerpos. A veces él quedaba encima de mí, a veces yo encima de él. En ambos casos, nuestras lenguas luchaban en nuestras bocas, y nuestras manos agarraban todo lo que podían. Nos decíamos cosas hermosas, tales como palabras de amor y frases llenas de candente deseo. Después de varios minutos, me coloqué encima de él y acto seguido le besé el cuello y luego las tetillas. Se las chupaba frenéticamente, alternando el chupe con leves mordiscos que le provocaban gran placer. Luego bajé a su barriguita, llena de músculos abdominales. Después bajé a sus pies; le chupaba los dedos y los tobillos, mientras le acariciaba las pantorrillas y los muslos. Subí otra vez para lamerle los cuadritos del abdomen mientras mi mano derecha le acariciaba el pene, prodigándole una lenta masturbación que lo tenía a punto de venirse. David gemía de placer, haciendo grandes esfuerzos para no ser escuchado. Cuando noté que ya estaba por reventar, me metí su miembro en la boca e inicié una mamada de película, chupando golosamente su pedazo de carne dura. Me agarró la cabeza, por lo que supe que se venía, y concentré mis chupones en toda la cabeza de su hermoso pene circuncidado, mientras le acariciaba la base y los huevos. David tensó su cuerpo y, tras sentir su glande palpitar y endurecerse en mi boca, soltó un enorme caño de semen, seguido de otros tantos chorritos más pequeños. Yo seguía chupando fuertemente, tragando cada gota de su leche. David gozaba con el placer que le estaba dando, y me pedía que siguiera, asegurándome que esa era la mejor mamada de su vida.
Cuando terminé la mamada y estando a punto de estallar, me le tiré encima y lo besé. Nos dimos la vuelta y quedó encima de mí. Me besó los brazos, las tetillas. Agarró mi miembro y empezó a masturbarme. Yo estaba en el paraíso. Luego empezó a chupármelo. Cuánto había aprendido!!!. Sus chupadas eran cada vez mejores, y aquella en particular merecía un 100. Se tragaba una y otra vez mi palo, parando por breves momentos para besar, lamer y relamer el glande. Le pedí que fuera más despacio, para no venirme tan rápido. Siguió con su faena, matándome del gusto. Se volteó y pude ver que de nuevo lo tenía parado, así que lo acomodé y empecé a mamárselo otra vez. Estábamos ahí, en un 69 perfecto, cuando noté que ya no podía aguantar más. Me saqué su pene de la boca y le acaricié las pantorrillas, mientras le chupaba los dedos de uno de sus pies. Le pedía que siguiera, que no parara, que se la comiera toda. Me vine abundantemente. Varios trallazos de leche caliente le llenaron la boca. Él se la tomó toda, sin botar una gota. Me limpió el miembro con su lengua. Me besó y me acarició el cuerpo. Me dijo que me quería, le dije que lo amaba. Nos abrazamos, nos besamos de nuevo, platicamos largamente con las pollas tiesas otra vez.
Hablamos de todo, pero especialmente de lo mucho que habíamos deseado dormir juntos para amarnos durante toda una noche. Al rato le propuse lo que tanto había recreado en mi mente: Cogernos por el culo.
- David, ¿qué piensas acerca del sexo anal, de que nos cojamos por detrás?
- No sé, dicen que duele mucho.
- Sí, eso dicen, pero supuestamente es sólo al principio, después dizque es el mejor gusto del mundo.
- ¿Quién te dijo eso?
- Nadie, es lo que sé por lo que he leído sobre eso.
- ¿Tú quieres hacerlo?
- He pensado en eso. Contigo quiero hacerlo todo. Nunca he hecho nada parecido, pero si lo voy a hacer con alguien, quiero que sea contigo.
- ¿Por qué? -respondió David curioso y excitado.
- Porque te amo. Eres lo que más quiero en este mundo. Además, quiero que sepas que cuando estoy contigo nada me da asco, nada me molesta. Siento que puedo hacer lo que sea, dejar que me hagas cualquier cosa que se te ocurra, lo que quieras. Me gusta todo de ti, me gusta tu cara, tu cuerpo fibroso y musculoso, tu culito paradito, tu polla, tus pies, tu olor, tus anchas pantorrilas y tus muslos tan bien formados... Todo me gusta, todo me excita, no me lo puedo explicar, pero es así.
- Tú también me gustas mucho.
- ¿Lo hacemos entonces?
- Si quieres lo intentamos.
- Está bien, pero vamos a gozar los dos. Yo te lo meto a ti y tú me lo metes a mí.
- ¿Quién empieza?
- Si estás de acuerdo, yo te cojo a ti primero. Te prometo que si vemos que no resulta, ahí mismo paramos el asunto.
- Está bien.
Me acerqué a él, lo besé. Él ya estaba excitado de nuevo. Le pedí que se pusiera en cuatro, de espaldas a mí. Cuando ví su culito frente a mí, con sus nalguitas redonditas, no pude evitar acariciarle los glúteos, dándole pequeñas mordidas. Le separé las nalgas y sin pensarlo dos veces me lancé a chuparle y lamerle el agujerito. David se estremeció. Le pregunté si le gustaba y respondió con un largo sí. Al principio me molestó un poco el olor de su culito, pero después me lo comía con gula, con decisión. David gemía, me decía que siguiera, que le gustaba. Paré, saqué un preservativo que había guardado estratégicamente en una de las gavetas de la mesita de al lado y me lo puse. Acerqué mi miembro a su culito y empujé, no entró. Intenté de nuevo con igual resultado. Entonces recordé algo que había leído sobre cómo trabajar un culito virgen con los dedos de las manos. Le abrí el ojete y lentamente le introduje un dedo. David se tensó y respiró profundo. Cuando empecé con el mete y saca del dedo, a la vez que le acariciaba las paredes interiores del recto con un suave movimiento circular, empezó a gemir como un loco. Soltaba expresiones de placer, se retorcía, me pedía que no parara con lo que estaba haciendo. Me dijo que el placer se le extendía hasta la punta de su miembro, que se le había puesto durísimo. Comprendí que todo iba bien, así que después de unos minutos le saqué el dedo e intenté de nuevo con la penetración. Le abrí el culo lo más que pude con una mano y con la otra dirigía mi mástil. Lo coloqué justo en la entrada y empujé. Entró la cabeza y David tembló. Le pregunté que si dolía, dijo que un poco. Una segunda embestida y mi pene entró casi un tercio. David se retorció. Le pregunté si quería que se lo sacara, dijo que no, que siguiera. Al tercer empuje, que fue lento pero decisivo, mi pene entró casi completamente. Me dijo que le dolía un poco. Yo estaba en el cielo, su culito apretaba firmemente mi miembro y el calor interno de su cuerpo casi me hizo eyacular sin moverme. Empecé con un movimiento rítmico de atrás hacia delante, primero lento, luego un poco más rápido. David se estremecía. Al rato de estar con el mete y saca le pregunté si le dolía y me dijo, con voz entrecortada, que lo que sentía era algo mejor que cualquier mamada, que cualquier masturbación. Arrecié con mis embestidas, mi cintura chocaba con sus nalguitas y mi palo entraba y salía de su culito una y otra vez. Trataba de pensar en otras cosas para no venirme, mientras le daba palmadas en las nalgas. David gemía y gemía de placer, pidiendo más. Yo estaba tan excitado, tan entregado, que en una le saqué el miembro completamente. Se lo iba a meter de nuevo cuando se me ocurrió voltearlo y ponerlo boca arriba. Recreando lo que había visto en una revista, tomé sus piernas y las separé, colocándolas por sobre mis hombros. David no preguntó ni opinó. Su culito dilatado no opuso mayor resistencia cuando se lo metí otra vez y reinicié de nuevo las embestidas.
- Ayyyy David!!!, esto sí es bueno, no sabes cuánto había deseado cogerte por el culo.
- Sigue, sigueeeee...... No paarees..... sigueeeeee!!!!!
- David..... te quieeeero, te aaaamo, me vueeelves looooco!!!!
Con la nueva posición adoptada el placer parecía incrementarse. Además, tener de frente a David, apreciando su cuerpo lleno de fibras y músculos y poder agarrarle y acariciarle sus piernas que tanto me gustaban, todo mientras le partía su culito con mi miembro, hizo que me pusiera a mil. David, por su parte, gozaba de lo lindo; abría y cerraba los ojos, se mordía los labios, cerraba los puños y gemía insistentemente. La cabeza de su pene había cambiado de color. Del rojo había pasado a color morado, y la tenía dura como una piedra. De repente, empezó a acariciarse el glande y en sólo unos segundos se puso tenso como una barra de acero, su cara palideció y sus músculos se contrajeron duramente. Al compás de un largo:
- AHHHHHHH!!!! -de intenso placer.
Se vino brutalmente, disparando chorros de leche sobre su barriga, su pecho y hasta sobre su cara. Aquella visión fue demasiado, por lo que poco después sentí cómo mi glande se endurecía dentro de él para inmediatamente soltar trallazos y trallazos de semen. Yo seguía embistiendo el culito de David, como poseído, hasta que se me acabaron las fuerzas y sentí como que iba a desfallecer. Se lo saqué, me quité el preservativo, tomé una toalla pequeña y me limpié el miembro, al mismo tiempo que limpiaba el cuerpo de David de los chorros de su propia leche. Me le tiré a su lado, abrazándolo. Le pregunté qué le había parecido, a lo que contestó que había disfrutado de la mejor experiencia de su vida. Le confesé que desde la primera vez había estado pensando en penetrarlo, en cogerlo por detrás, en poseer su culito virgen y lampiño, con sus nalguitas redonditas y duras, pero que no me atrevía a proponérselo. Dijo que estaba bien, que era lo mejor que habíamos hecho. Le dije que era su turno de penetrarme, pero no quiso. Poco después apagué las luces y nos dormimos juntos, fundidos en un largo abrazo hasta el amanecer.
La siguiente noche repetimos la cogida, pero él me penetró primero. Fue sensacional. Era la primera vez que alguien me lo hacía por atrás y la verdad es que fue fabuloso. Como era más pequeño que yo, no le resultó difícil. Le gustó bastante y a mí me causó gran placer. A partir de ese momento, la mayoría de nuestros encuentros terminaban en soberbias
cogidas por el culo. Cada vez que recuerdo mi polla entrando y saliendo de su culito, sus músculos tensos, sus caderas chocando con mis nalgas y cómo su pene entraba y salía de mi culo, termino en una masturbación, aún a 15 años de todo aquello.
David, mi querido David. Quién diría que menos de un año después de ese maravilloso fin de semana te irías a vivir a Venezuela. Recuerdo nuestras lágrimas la noche antes de que te fueras, y los largos meses de tristeza que pasé pensando en ti. A veces me encerraba en el baño a llorar como un niño y fueron muchas las noches que soñé contigo, aferrándome a tu recuerdo. Espero de corazón que estés bien. Algo me dice que eres feliz y eso me conforta. David, quiero que sepas que he encontrado la felicidad otra vez. Tengo una pareja y ambos hemos construido una hermosa relación de casi 4 años. Amo y me aman, pero necesito decirte, aunque de seguro lo sabes, que fuiste el primero y el mejor.
Nunca te olvidaré.
Carlos1589@yahoo.com