Del día que me entregué a un hombre
Esta historia es real y la cuento porque necesito sacármela de adentro y
compartirla con los demás. Soy un joven de 28 años. No muy alto, de buen cuerpo
y carismas. Siempre he atraído a las mujeres y nunca me ha sido un problema
estar con ellas. Soy muy bueno en la cama según algunas parejas me lo han dicho.
Pero también siempre he atraído a hombres, a los más machos, y no porque soy de
carácter femenino, sino porque por las rarezas de la vida, la naturaleza me dio
un cuerpo un poco extraño. De la cintura para arriba soy fornido y varonil, pero
de la cintura para abajo tengo caderas anchas, una cintura delgada y piernas
gruesas. Solo tengo que ponerme un Jean apretado y todos se quedan mirando y
deseando mi trasero. Incluso recuerdo como cuando era un adolescente familiares
o tíos ya viejos me daban una palmada en el trasero o me pedían que me siente en
sus piernas.
Esto fue llenando mi cabeza de confusión. Por naturaleza me habían gustado
siempre las mujeres. Pero de pronto sentir que hombres me deseaban me empezaba a
gustar. Fue así como descubrí frente a un espejo que tenia un trasero perfecto,
redondito y ancho y me empecé a deleitar con migo mismo. Empecé a usar medias
pantis de mi hermana, y sus tacones, y me excitaba la idea de entregarme a un
hombre. Todo eso paso cuando tenia 16 años... y casi 12 años después tuve el
valor de hacerlo.
Un día me tome unas fotos de espaldas vistiendo una tanga y me invente un nombre
y me metí en un chat para gays de la ciudad. Vi muchas caras de hombres
delgaditos y delicados y me daban asco. De pronto un hombre mayor de unos 45
años me empezó a conversar y lo directo de su deseo me llamo la atención. Me
dijo que esa misma noche tenia que ser suyo. Yo estaba excitadísimo, este hombre
me deseaba y yo no estaba listo. Al salir del trabajo fui a una tienda y me
compre una tanga negra, me la puse y fui directo a su departamento. Toque la
puerta y me abrió un hombre subido de peso, un poco mas alto que yo, sin ningún
atractivo normal, pero con una mirada de deseo total.
Entré a su departamento y tuvimos una conversación corta. Me invito a su cuarto,
me dijo, para ver con él una película. Estaba viendo una porno y se veía cómo se
la metían a un tipo. Yo encantado me eché en la cama y él me acariciaba
tiernamente. De pronto me abrió el pantalón como para mamármela y yo me di la
vuelta rápidamente. Empezó a bajarme el pantalón y yo me quebraba más que nunca
para que apreciara mi trasero. Será cierto que es hermoso o era solo mi
imaginación? Él no decía nada, hasta que vio que tenía una tanga, yo con los
ojos cerrados casi sin respirar. Hasta escuché su voz decir que tenía el trasero
más hermoso que jamás había visto y mientras me sacaba la tanga y me empezaba a
lamer y a meter su lengua, yo feliz echadito en su almohada sonreía.
Nunca me lo habían hecho así, sentía que su lengua se me metía y yo solo gozaba.
Era un virgen total y un inexperto, estaba en una cama con un hombre y yo no
sabia que hacer. Me dio la vuelta y yo ya estaba erecto. Me la mamo como si se
la fuera a comer. Me asustaba su fuerza, sus dientes, su respiración, y yo
tiernamente acariciaba su cabello canoso mientras él me mamaba con mucha fuerza.
Hasta ahí todo estaba bajo control. Una buena mamada podía ser todo, y por un
momento me dio desilusión. De pronto mientras estaba yo echado boca arriba él se
arrodilló entre mis piernas y levantó mis caderas acercando mi huequito a su
pene. Asustadísimo yo le pedí que usara condón y él todo un caballero aceptó. Yo
no sabía qué esperar o qué iba a pasar. Se lo puso, elevó mis caderas y
fuertemente me empujó hacia él. Sentí un dolor que me partió en dos. Fue
horrible. Como si estuvieran cortándome y lo empujé, mientras me retorcía de
dolor en su cama casi gritando. Rápidamente me fui al baño, me revisé. Estaba
muy asustado por eso cerré la puerta del baño con llave.
En ese momento me arrepentí de lo que estaba haciendo. Qué haces! me dije. Ves,
esto duele, esto no es para ti. Pero mientras seguía hablándome a mí mismo, me
vi en su espejo, desnudo, y me volteé, y vi mi cuerpo, curvo, mi trasero
perfecto, virgen y me excité. Salí del baño en silencio y me paré delante de la
puerta de su cuarto. Él estaba echado en su cama y al ver que estaba erecto supo
lo que tenía que hacer. Ven, me dijo, ponte en cuatro. Y yo sin decir nada
obedecí. Puso una crema blanca en mi huequito y se puso otro condón. Se acercó a
mí y me la metió poco a poco, despacito, y yo gemía. Una sensación muy extraña,
pero me gustaba. De pronto metía y sacaba y yo sentía dolor por el movimiento de
él. Quise alejarme y me eché en la cama, pero él se echó encima mío, y mientras
mordía mi oreja me la volvía a meter. Fue ahí que decidí gozar y dejé que me
muerda el cuello y que me monte todo el rato que quiera.
Luego de varios minutos se salió de mí, y se echó boca arriba en la cama. Yo lo
vi diferente. Era el único hombre que me había gozado, que me había hecho suyo(a).
Como él aún estaba erecto me acerqué y me senté encima de él. Se sorprendió de
mi iniciativa, y sentado encima de él hice que me la metiese y yo movía las
caderas en círculos viendo su cara como gozaba. Sentí que mi cuerpo empezaba a
temblar, una sensación única y diferente, y más y más me movía en círculos, como
bailando sobre él. De pronto me apretó fuerte los brazos, muy fuerte y gimió de
placer. Sentí que había hecho gozar a un hombre y satisfecho me separé de él y
me eché a un lado.
Estaba yo boca arriba sonriéndole con mi pene erecto al aire, y él se dio cuenta
que yo no me había venido y ahí mismo me abrió las piernas y me volvió a meter
pero como había tratado al principio. Yo echado boca arriba con las piernas
abiertas y él arrodillado dentro de mí. Entro tanto que sentí que su pene tocaba
partes dentro de mí que nunca habían sido tocadas, me excitaba mientras sentía
que mi cuerpo se partía en dos y no nada más, me asusté y lo miré a los ojos y
me dijo "vente tranquilo" Yo cerré los ojos y de mí salió el grito más sensual
que jamás han oído. Me vine a chorros con su pene dentro de mí, y en cada gota
que salía mi huequito se cerraba y él feliz y yo rendido. Se acercó a mí, me dio
un beso y se fue al baño. Yo me quedé rendido, no podía ni moverme, eran las 8
de la noche y ahí, desnudo y sucio me quedé dormido.
Desperté dos horas después solo en la cama, fui al baño y me lavé. Escuché
música en la sala, y fui, desnudo, a ver quién era, y lo vi a él, viejo, con
lentes, en shorts sentado en su sillón leyendo un libro. Me acerque y me senté
en sus piernas, "cómo te llamas?" me preguntó, y yo le hice la misma pregunta
luego.
Desde ese día mi cuerpo tiene hombre. Y cada vez que veo mi trasero o alguien me
lo mira, sonrío porque ya sé que tiene dueño.
alecks
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