DÍA DE LLUVIA 

Mi primera experiencia, si es que de experiencia se trata, la tuve hace ya algunos años, pero que indefectiblemente me marcó por varios más, ahora a la distancia tanto de tiempo como geográficamente, me siento con la necesidad de contárselas tal y como fueron sucediéndose los hechos.

Corría el año 1986 y yo para aquel entonces contaba con 13 años de edad y ninguna experiencia sexual o cosa que se le pareciera hasta la llegada del mes de Diciembre de ese año en donde me ocurrió lo que aquí les voy a relatar. 

Mi familia era una familia bastante atípica de barrio de una ciudad bastante importante, lo de atípica es referente a que no contábamos con un padre, ya que murió cuando yo era bastante pequeño y mi madre debió hacerse cargo de una hermana con problemas de salud que le consumían casi todo el tiempo y casi todo el sueldo en remedios y tratamientos con los médicos, por lo que la situación era vivir con lo justo para llegar a terminar cada uno de los meses que iban pasando, por lo que yo trataba día a día de colaborar en lo que pudiera con mi madre y de esta forma hacerle la vida un poco más simple de lo que en realidad era. Ese mes mi madre invitó a pasar las Navidades a una de sus mejores amigas que hacía relativamente poco tiempo se había divorciado y para que no la pasase sola fue convidada por mi madre para tal fecha, permaneciendo con nosotros los días previos hasta el 25 de ese mes. Fue así que llegando el día 24 y con motivo de preparar una gran cena, ambas se marcharon toda la tarde junto con mi hermana de shoping, como yo tenía pensado algo más divertido que salir con ellas me marché a jugar al fútbol toda esa tarde, me concedieron el permiso a cambio que al retornar fuera yo el que pondría mi ropa junto la que ya mi madre había seleccionado para lavar en la máquina automática, cosa que al regresar por la noche sólo debía ser sacada y secada por parte de ella, ganando así tiempo, no me pareció nada difícil por lo que acepté y se retiraron tal como les había contado. Me alisté y me marché a mi partido de fútbol de toda esa tarde, al salir cerré el apartamento, tomé el ascensor y al tomar la calle me topé con quien en ese momento era el encargado del edificio en donde vivíamos, Don Ceferino, un hombre de unos 50 años sumamente generoso para solucionar siempre cualquier problema, vivía sólo allí en un apartamento del mismo edificio y todos en mi familia le sentíamos un gran cariño y un gran respeto, lo saludé y me marché tranquilamente. 

Pasaron alrededor de 2 horas hasta que una tremenda lluvia hizo que suspendiéramos el partido de fútbol regresando todos a sus casas corriendo por el viento y por el agua. Mi casa quedaba a 3 cuadras de la plaza donde habitualmente nos juntábamos, así que me marché lo más rápido que pude llegando a tiempo pero todo embarrado y todo mojado, pero por lo menos pudiendo regresar ya que en esos momentos era casi imposible poder ver ni a dos metros para adelante. 

Llegué por fin, subí al 7º piso, lugar donde vivíamos, este era el último piso, entré a mi apartamento, bebí una gaseosa y me marché un piso más arriba en donde teníamos una sala solamente dedicada al lavado de la ropa, una gran máquina automática para todos los moradores del edificio, una pileta, una secadora, una mesada gigante, dos bancos de madera y una puerta que comunicaba al lugar al aire libre destinado para secar la ropa. Cuando me disponía a poner en funcionamiento esta máquina me encuentro con una nota de mi madre que decía ..."hijo, no te olvides de buscar ropa limpia en la casa y deja la que traes aquí, así hacemos todo en un sólo lavado, te veo luego, mamá" , siempre me caractericé por ser bastante vago, por lo que pensé que si en este edificio no hay nadie (la mayoría de los moradores eran estudiantes) y que para la fecha de las Navidades habían retornado ya todos a sus hogares, mejor me cambio aquí y bajo las escaleras desnudo rápidamente sin necesidad de hacer dos viajes, así pues comencé a quitarme la chaqueta que me identificaba con un equipo de fútbol del cual soy simpatizante, cuando en ese momento siento que alguien caminaba por las escaleras hacia el lugar donde yo me encontraba, no supe qué hacer y tampoco imaginar quién sería, ya que según yo, nadie quedaba allí viviendo, cuando se abrió la puerta y entró Don Ceferino, el encargado, quien al verme me dijo: 

- Hola querido amigo.. ¿qué haces aquí solo?
- ¿Cómo le va, Don Cefe?, he venido a cumplir con mi madre en un pedido, ya me retiraba...

Él venía con unas herramientas en las manos dispuesto a reparar no sé qué cosa de una cañería, según la explicación que me dio, y que había calculado que al no haber moradores, sería el día perfecto para poder trabajar tranquilo, pero que no había problema, que esperaría a que terminara y que luego haría su trabajo, que para nada era urgente y que le daba lo mismo hacerlo ese día o al día siguiente. 

Le dije que estaba bien, se acercó y tomó la carta que había dejado mi madre (había quedado allí abierta) y leyéndola me dijo:

- Listo amigo, hazle caso a tu madre y continúa con lo que estabas haciendo, que bien embarrado estás, puedes continuar, vamos, ven, que te ayudo...

No supe qué decir, y él al ver mi duda me dijo...

- Mira, yo te voy a explicar cómo se hace esto de la máquina y de paso te doy una mano, así dejas de pasar frío... 

Se retiró hacia la puerta cerrándola y poniéndole llave.

- Mírate, si estás temblando todo...

Luego se acercó a mí y me dijo: 

- Ven, siéntate aquí... - dijo señalando un gran banco de madera blanco que allí se encontraba.

Allí la gente ponía bolsos de ropa y cosas así, de ahí que eran grandes y largos. 

- Mira, haremos una cosa, pondremos este jabón dentro de la maquina y colocaremos tu ropa allí, ¿te parece?

A mis 13 años tenía todavía esa timidez que hizo que respondiera con un:

- Más vale, Don Cefe, seguro que sí... - dije sin darme cuenta de cuál era la real idea de mi amigo.

Mi estatura era mediana para esa edad, siendo yo delgado y bastante bronceado por el efecto de los rayos solares, ya que siempre andaba dando vueltas de acá para allá, casi siempre de pantalón corto y camisa deportiva. Ese día mi vestimenta era la casaca deportiva como les decía que ya me la había retirado al momento de entrar el cuidador, medias blancas embarradas, zapatillas igualmente embarradas y mi ropa interior siempre slip, nunca boxer, ya que no tenía ninguno, mi madre siempre me había comprado slips.

Al momento de acomodar el banco de madera blanco, yo le ayudé, a lo que me respondió:

- Mira vecinito querido, siéntate de este lado y levanta uno de los pies apoyándolo sobre la madera... 

Me sujetó por el tobillo y me lo colocó allí y comenzó a desatarme el cordón que tenía con bastante barro, pero por haber levantado mi pierna había quedado al descubierto parte de mí que podía apreciarse por el borde del pantalón corto dejando allí posible ver parte de mi slip, por vergüenza coloqué mi manos allí intentando ayudarle con los cordones y de paso taparme un poco, pero Don Cefe me dijo:

- Deja, no te molestes, hombre, si yo puedo, mejor relájate.

Y retirándome las manos me dijo que mejor apoyara los codos detrás de mí y que él me ayudaría a sacar la ropa, nada dije y me ubiqué tal cual fue su pedido.

Podía ver cómo su mirada se ubicaba sobre esa parte pequeña del slip y ese hecho hizo en mí que comenzara a sentirme raro, ya que nadie (sacando a mi madre) me había visto nunca jamás. 

- Mira, ahora te quito esta media que está imposible, mi hijo, listo, ahí está... mira, no más cuánto barro! ahora te quitaré la otra zapatilla...

La máquina de lavar tenía una puerta que estaba como a un metro de alto, ya que era una gran máquina para todos, casi diría yo industrial, aunque no conozco mucho de este tema. Don Cefe se paró y mientras me tomaba el otro pie dejó caer la media ya sacada sobre mí a la altura de mi pene, yo continuaba acostado con los codos apoyados y vestido, con lo que me restaba de ropa.

Se paró y abrió la puerta de la máquina, preparándola para meter allí la ropa, y me dijo:

- Encenderé la secadora de ropa con algunos trapos húmedos que hay allí para calentar el ambiente ¿te parece, vecinito? 
- Claro Don Cefe, y de paso se calienta un poco más el cuarto, así es mejor, bárbaro, hágalo...

Cuando se levantó, intenté quitarme la media que había depositado sobre la zona de mi pene para arrojarla tipo aro de basquet sobre la máquina...

- Noooo... después se pierden, déjala allí, al quitarte la otra las ataré y las pondré juntas.. 
- Como quiera, usted sabe más que yo en esto y no quiero recibir un reto por parte de mi madre.- repliqué.
- Aguarda que te retiro la otra zapatilla, a ver, déjame ver...

Levantó mi pierna y al igual que la vez anterior, su mirada se depositó nuevamente en el slip, pero esta vez me abrió un poco la pierna, ya que intuía que podía observar más en detalle, retiró la zapatilla, la dejó caer en el piso y esta otra media también la dejó sobre mi pene, junto con la otra, las agarró y comenzó a estirarlas, sacudiéndolas para anudarlas, este movimiento con sus manos producía un roce que poco a poco comenzaba a lograr en mí una leve erección, e inmediatamente intenté sentarme para no sentirme avergonzado.

- Deja... - me dijo - no te sientes, todavía, me falta quitarte el resto, esto está listo, las medias van a la máquina y ahora te quito el pantalón corto... espera, no más.

Se paró, metió las medias en la máquina y quedó parado a mi lado, se inclinó y me dijo:

- Sigamos ¿sí? - a lo que asentí con la cabeza.

Mi simple erección había dejado de ser tal para pasar a ser una casi erección total, fue allí que me preguntó.

- Oye, ¿de dónde es que se desata tu pantalón??
- Es con un cordel que va por la cintura y queda anudada aquí, por el frente.

Yo a ese momento ya había perdido alguna posible inhibición y me sentía cómodo al saber que don Cefe, mi amigo, continuaría hasta no sé qué punto... y eso me hacía sentir de una forma especial y más sabiendo que todo era nuevo para mí. Me estiró un poco el elástico de mi pantalón corto para afuera, intentando recuperar el nudo del cordel para desatarlo, yo continuaba con los codos apoyados y así pude ver cómo al hacer esto la punta de mi pene sobre mi calzoncillo podía verse sin problema y me dolía un poco el hecho de tenerlo aprisionado contra esa tela de algodón, por fin encontró el nudo y comenzó a desatarlo, pero con movimientos y leves roces que finalmente provocaron en mí una completa erección, de alguien de 13 años, pero completa erección al fin. Don Cefe nada murmuró y continuó como si nada hasta que logró soltarme el cordel, a lo que me pidió:

- Bien, ahora párate sobre el banco, que te lo quito...
- Bueno, me paro... - dije.

Al ponerme de pie, casi sin trabajo cayó mi pantalón corto sobre el banco de madera, lo sostuvo y lo tiró sobre la máquina y agarrándome de la cintura me dijo:

- Mira, no más, cómo te has puesto!, no te hagas problema, a tu edad es muy normal que por cualquier cosa te pongas así, descuida...

Y comenzó a bajarme el slip que llevaba puesto, era uno colorado con elástico de color blanco, y si no recuerdo mal, tenía ese elástico algunas letras azules, fue así que comenzó a quitármelo y yo lo agarré de los hombros para poder levantar de a uno los pies, pude ver su mirada sobre mi miembro, mediano, erecto hasta más no poder, con algunos vellos pero muy pocos, retiró mi ropa interior, la arrojó a la máquina, cerró la puerta y la activó rápidamente, para luego alzarme de los brazos y ponerme sobre la pileta que allí había para enjuagar ropa y esas cosas, y me dijo:

- Para que tu madre no te rete, ¿por qué mejor no te higienizo un poco aquí en esta pileta?, y luego tú en tu casa te bañas tranquilo, pero sin nada de barro, vamos, veras que quedarás mejor.

Abrió el agua caliente para que se llenara y me acomodó para que yo me sentara en el interior, así lo hice y comenzó a pasarme el jabón por todo el cuerpo, nadie nunca lo había hecho, el sentir sus manos en mí hacían de mi erección algo increíble, me pasó el jabón por las piernas, los brazos, la espalda, el frente de mi pecho, mis nalgas, y por último la zona de mi pene y mis testículos, en donde el tiempo destinado fue mayor que el tiempo para el resto de las otras zonas, me enjuagó con el agradable agua y al final sostuvo mi pene con sus dedos y arrodillándome comenzó a masturbarme, algunas veces yo ya había experimentado con mis compañeros de la escuela, pero así otra persona no, para nada. Me miró y me dijo:

- Verás qué lindo que se siente... deja que te muestre.

Sólo pude esgrimir una sonrisa. Comenzó a mover sus dedos rápidamente, sin parar, en un momento quise no sé si llamarlo quitar sus dedos, ya que sentía algo realmente hermoso, pero agarré su mano a lo que él me respondió con una seña, llevando su dedo índice sobre sus labios objetando silencio...

Mis piernas comenzaron a temblar, estimo yo que Don Cefe se percató que podría venirme por lo que se detuvo llevándose mi pene a sus labios, guau!!!! Me la estaban mamando, era mi primera vez!!!!! Qué sensación increíble !! A mí me la estaban mamando, no sé cuánto tiempo fue, e intenté separarme de sus labios ante mi eyaculación que ya se me presentaba, él me sostuvo por las nalgas y continuó aún con más velocidad que antes, logrando que yo eyaculara en su boca, no sé cuántos chorros de semen habrán sido, quizás unos pocos, para mí fueron ríos interminables. Más que todo, esa sensación nueva de lograr mi primer "acto" sexual, me marcó para el resto de mi vida.

Terminó de enjuagarme y me quitó de ahí ubicándome en una gran mesada donde se doblan las prendas ya terminadas, luego me acurrucó y me bajó en sus brazos el piso que quedaba hasta mi hogar, llegamos temprano todavía, mi madre y el resto de los que habían salido, es decir su amiga y mi hermana, regresaron casi una hora después, encontrándome mirando televisión en el living, me saludaron y mi madre colocó un pequeño arbolito de Navidad que habíamos armado justamente con unos alambres que gentilmente "Don Cefe" nos había alcanzado. Mi madre me dijo:

- Mira hijo, sólo hemos comprado pequeños regalos para esta noche y coloco una cajita pequeña a los pies del arbolito, tanto uno para mí como para el resto, no quiero que te sientas mal pero es lo que puedo comprarles aunque va con mucho amor, no sabes la lástima que me da que no tengas un gran regalo como muchos niños en esta Navidad...

Sonriendo le respondí:

- No te sorprendas madre, quizás estas sean las mejores Navidades que he pasado, quizás, ¿no te parece? 

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Las frases en general han sido re-confeccionadas por el tiempo que ha pasado ya, pero no la idea de las mismas, ya que encierran correctamente el contenido.

La historia es 100 % real, simple, pero real.

Con los años, Don Ceferino se jubiló y se retiró a vivir al campo, en las afueras de nuestra ciudad.

Todos lo recordamos con cariño en mi familia, a la que también me sumo, nunca supe que le haya hecho daño a nadie, no comparto sus gustos, soy una persona hetero que llevo dos años de casado y espero mi primer hijo para los próximos meses, no le guardo en absoluto rencor ya que no me hizo ningún daño, sólo me hizo ver el otro costado de algunas cosas. 

Saludos a todos quienes lean mi relato. 


elkolmo@hotmail.com