Hola a todos, esta es la primera serie de relatos que pongo en una página, mi nombre es Nicholas, soy de México y actualmente tengo 23 años, soy blanco de tez, mido 1,75 de estatura, cabello castaño y ojos azules. En mis relatos trataré de contar con todo lujo de detalles todas mis "chocoaventuras" desde las más tiernas hasta las más sucias que he vivido, espero que las disfruten, cualquier comentario mi mail es

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Sucio como un ángel (parte I)

El inicio.

Empecé un poco grande en este asunto del sexo, como a los 12, con un muchacho mayor. Él iba en prepa y yo acababa de entrar a secundaria. Eduardo, mi primer novio, yo no sabía muy bien lo que era estar enamorado hasta que lo conocí, creo que al principio lo veía como un papá pero después de tratarnos me empezó a gustar… es raro porque yo iba a un internado y llegaba hasta prepa, por eso los mayores fungían a su vez de tutores, pero bueno… el punto es que a las 2 semanas de haber entrado él me fue asignado como tutor, al principio a mí me sacaba de onda porque yo era muy nena y siempre buscaba estar con él, simplemente me hacía sentir protegido, él era... es imposible de describir con palabras planas, sus ojos son como 2 abismos sin fondo del índigo más puro, su cabello es lacio del color de las espigas de trigo, su cuerpo, en aquel momento de adolescente de 17 años, a mí me parecía todo un semental… DIOS!!! Me volvía loco, no te diré que era hiper mamado ni nada, simplemente era fuerte y tenía músculos normales de cualquier chavo de 17 que juega americano y practica natación, él era, sin que yo lo supiera a esa edad, muy deseado por varios y varias. Yo sólo lo veía de forma inocente, o al menos al principio, como un hermano grande que siempre estaba ahí para mí, era mi osito tierno.

Pasaron los meses y las hormonas se me empezaron a disparar como a todo puberto, ahora ya no buscaba el simple abrazo, ahora quería más contacto, hasta lo empezaba a besar, en la mejilla obvio, pero él parecía no rechazar mis ataques, fue hasta ese día, 5 junio de 1997, el día que me marcaría de por vida y a él también, con mis apenas casi 14 años se lo dije, después de que ganara unas competencias de natación contra el otro colegio, se veía divino, iba en su penúltimo año de prepa y yo en 2do de secundaria, ya llevábamos 1 año y meses con aquel estira y afloja tan placentero, pero ese día no aguante más, al verlo con su spedo de competencia mi cuerpo se volcó sobre él y lo besé, pero para mi sorpresa no se resistió, al contrario, lo disfrutaba, jugaba con mi lengua y yo, inexpertamente con la suya, la neta yo no sabía besar, así que creo que lo llené de baba o algo así, pero él me permitió hacerle lo que quisiera, me levantó en vilo de los vestidores y me llevó a su auto.

Cuando llegamos, me sentó en sus piernas y creo que tuve mi primer faje, fue algo dulce pero muy arriesgado o al menos así lo consideraba en ese tiempo, simplemente sentí su bulto frotarse contra mi trasero, se sentía delicioso, comprenderás que en aquel tiempo yo estaba super verde y no sabía cómo ahogar gemidos de placer ni nada, así que sin más me puse a gemir y gemir como una perrita en celo. Él me tapaba la boca pero yo sentía que toda la escuela nos escuchaba, así que aun conmigo entre las piernas arrancó su auto, un VW del año del caldo que a mí me parecía el más flamante deportivo último modelo, y así nos fuimos fajoneando por todo Polanco y periférico. Una pareja de viejitos nos vio y pareció sorprenderse o algo... un poco arriesgado pero en fin.

Al llegar a su casa yo ya no aguantaba más, sentía mi cuerpo a punto de explotar, no sabía qué era por el placer de un futuro orgasmo, sólo sabía que si no me besaba o me acariciaba moriría o algo así. Entramos a su recámara y me tumbó en la cama, se echó encima de mí y empezaron las 3 horas más calientes en ese entonces de toda mi vida, su pene parecía una serpiente cíclope, rosada, gruesa, húmeda, con un olor que me invadía todo el cuerpo, era de un grosor bastante amplio, me parecía tan lindo, pero no sabía qué hacer con él, primero le pasé los dedos lentamente, después le di un lengüetazo. Lalo me decía:

- Se siente delicioso, no pares mi chiquito mamador, te voy a enseñar cómo se hace.

Y sin avisar me arremetió la boca con ese falo de hierro. Al principio sentí que iba a vomitar o algo, pero al ver que no sabía nada de cómo mamar, se volvió nuevamente dulce, me dijo que abriera la boca y se la empezara a chupar como un chupete… mmmmm fue tan rico, a pesar de que me equivoqué mucho, él me dijo que lo disfrutó inmensamente, se vino en mi boca, pero en lugar de ablandarse, seguía duro como piedra. Le pregunté el por qué y me dijo que aún tenía algo riquísimo, que me iba a encantar, entonces puso su dedo en la entrada de mi ano con mucha suavidad, yo sentí riquísimo, me empecé a mover como un perrito, de atrás a adelante. Él aceleró el ritmo, empecé a sudar y me dijo:

- Creó que estás listo.

Justo frente a la cama había un espejo, por lo que al levantar la vista me di cuenta de mi aspecto, estaba totalmente sudado, el cabello desarreglado y la boca muy húmeda y roja, le pregunte si así le gustaba y él me dijo suavemente:

- Si así te vieras siempre, me encerrarían por faltas a la moral, porque te ves extremadamente cojible y no pararía de hacértelo en todos lados.

Apenas había reaccionado de aquello cuando sentí el dolor más grande de toda mi vida, parecía como si me hubieran ensartado un tronco por el ano, me solté a llorar, le pedí que parara que por favor se detuviera, no aguante más y me desplomé en la cama. Él me tomó de la cintura y sin salirse de mí se sentó, me viró sobre su pene, yo sentí como si un taladro diera vueltas en el ano, hasta que quedé cara acara frente a él. Me decía algo pero no lograba entender, creo que fue lo que los médicos llaman "soponcio", simplemente mis sentidos no me respondían, todo se puso negro de repente…

Desperté y ahí estaba él, se veía preocupado y le pregunté que pasaba, me dijo que me había desmayado y que no habíamos podido terminar, que no me preocupara que estaría bien, pero con un poco de dolor los siguientes días, entonces se soltó a llorar y me pidió perdón, me dijo que se sentía un violador, un ser sucio y que por favor lo perdonara. Yo lo tomé por el rostro y le besé tiernamente, creo que al fin había dominado el complejo arte de besar, le dije que cómo podía decir eso, que había sido mi culpa el no poder brindarle más placer y que era yo el que debía excusarme. Le pedí que lo volviéramos a intentar pero me dio una respuesta que me impacto… me dijo que no, que no sería lo más sano, que no quería lastimarme, que por favor esperara un poco, hasta estar completamente seguro de que lo podría aguantar dentro de mí.

Así me dejó en la habitación del internado, con el ano aún sangrando y una duda que no me podía quitar de la cabeza… ¡¡¿¿cómo demonios podría aguantarlo, cómo aguantar algo tan grande??!!

Me puse a pensar y pensar, hasta que me pareció haber encontrado la solución, tenía que intentar con algo más pequeño e ir aumentando el tamaño, así fue como entré al fetichista mundo de los consoladores, primero empecé con algo pequeño, un palo de escoba, después aumenté los grosores, una zanahoria, un pepino grandote etc. Un poco raro pero sería la única forma de satisfacerlo por completo.

Dos meses después de mi "soponcio" regresé a él y le dije que estaba listo, que no se preocupara, hice que deslizara su mano hasta la entrada de mi ano y viera lo que había aprendido, mi ano seguía siendo milimétrico, pero al meter el dedo, lo empecé a apretar y soltar rítmicamente, con lo que él me sonrió y me dijo que lo visitara esa noche en su habitación, que no habría problema con su compañero de cuarto y que esta vez todo sería diferente, y así fue, apenas entré a la habitación sentí el portazo, era él, con unos ojos lujuriosos que jamás me había mostrado, 2 tirones y estaba completamente desnudo y de piernas abiertas sobre su cama, él se me fue encima y me embistió sin piedad, yo lloré y me quejé, él sólo me decía:

- Muéstrame qué aprendiste, puta…

A mí me sacó de onda eso, pero al tratar de protestar él me cerró la boca con uno de sus besos matadores, supe que todo estaba normal, pero que al parecer le gustaba ser sucio en la cama de vez en cuando, así que le seguí el juego, lo cabalgué toda la noche, por increíble que parezca, no se vino hasta que yo me había corrido ya tres veces, fue entonces que le dije que terminara que me estaba lastimando, entonces sentí su pene hincharse, sentí que esta vez sí me iba a partir en dos y sin aviso se vino, bramó como un toro y me llenó las entrañas de leche hirviendo. Tardó muchísimo en terminar, estuve goteando su leche toda la semana, fue entonces que volvió a ser el mismo osito tierno de siempre, me puso contra su pecho y me empezó a hablar dulcemente. Por el cansancio yo caí rendido mientras él seguía acariciándome y besándome... duramos hasta que él pasó al segundo año de universidad, jamás olvidaré cómo me desvirgó.




 

 

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