Mi nombre es Ricardo y actualmente tengo 16 años y soy de Chile...
a continuacion mi historia... espero que les guste...
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Con este juego perdí mi virginidad a los 13 años.
Les contaré como pasaron las cosas:
Mi mejor amigo de esa edad era un niño de nombre Arturo,
a quien me
encantaba visitar por las tardes. Sobre todo a la hora de que llegaba
su
hermano Walter de entrenar fútbol. Ya conocía su rutina:
entraba todo sudado
directamente a bañarse, salía del baño envuelto
en una toalla, se metía al
cuarto donde estábamos jugando (y que compartía con Arturo),
se quitaba la
toalla para cambiarse y yo podía admirar su cuerpo desnudo.
Tenia 15 años de edad, era un muchacho alto, de tez muy blanca,
de cabello
castaño claro y un cuerpo muy bien formado: espaldas anchas,
caderas
estrechas, músculos pectorales y abdominales perfectamente marcados,
unas
hermosas nalgas redondas con apariencia tersa y firme y una zona genital
poblada por un vello ligeramente rubio.
Walter me sorprendió varias veces mirándolo desnudo pero
nunca hizo el
intento de cubrirse, inclusive se paseaba por la habitación
como si quisiera
que lo observase.
La verdad que cuando entraba Walter a cambiarse después del baño,
difícilmente podía yo poner atención al juego
que en ese momento
llevábamos a cabo Arturo y yo.
Una tarde fui de visita con Arturo y al rato de estar tocando la puerta
de su
casa me abrió Walter envuelto en una toalla y me invitó
a pasar. Me
informó que estaba solo en la casa, que los demás se
habían ido a un rancho
cercano y que iban a regresar al día siguiente. Yo le dije que
buscaba a
Arturo e intente despedirme, pero me pidió que no me fuera,
que estaba
aburrido, que si quería jugar con él.
Nos dirigimos a su cuarto y él se quitó la toalla y se
puso un pantalón
corto. Le pregunté que a qué quería jugar y él
me dijo que a los doctores.
Para empezar él sería el doctor y yo el paciente, yo tenia
que hacer todo lo
que él me indicara aunque me pareciera extraño. Me pidió
que me quitara los
tenis y me acostara en la cama. Después me levantó la
playera hasta el pecho
y palpó mi estomago. Enseguida me indicó que me pusiera
boca abajo y
comenzó tocar mi espalda. De pronto me bajó el pantalón
corto que traía
puesto dejando mis nalgas desnudas. Al principio intente protestar
pero me
dijo que era parte del juego, además que no tenia nada de malo
que le
enseñara las nalgas, que muchas veces yo había visto
sus nalgas desnudas y
él no se andaba cubriendo ni nada; que si yo también
quería, podía
revisarlo luego a él.
Por un lado, ante la perspectiva de poder tocar sus nalgas y por
otro lado
porque me gustaba la sensación de sus manos recorriendo mis
nalgas
centímetro a centímetro, dejé que terminara de
quitarme el pantalón y la
trusa dejándome solo con la playera puesta. Me pidió
que abriera las piernas
lo mas posible y comenzó a frotarme el culo. Después
me untó un poco de
aceite para bebe y me introdujo poco a poco uno de sus dedos. Me dijo
que me
estaba preparando para el tratamiento que me iba a recetar, que me
relajara,
que no me iba a doler. Yo estaba disfrutando cada caricia. Nunca nadie
me
había introducido nada en las nalgas y el sentir la presión
de su dedo
dentro de mí me excitaba enormemente.
De pronto se quitó el pantalón corto, quedando completamente
desnudo. Pude
ver su verga erecta por primera vez: era de tamaño medio (aunque
a mi me
pareció enorme), mas bien delgada que gruesa, de un color rosa
suave y
perfectamente erguida, formando un ángulo de casi 45 grados
con su vientre.
Su glande era muy bonito, con la punta angosta y el resto del miembro
iba
aumentando de grosor dándole una apariencia de flecha. La verdad
que cuando
le vi la verga se me antojó besársela.
- Nunca te han puesto una inyección con una de estas?.
Me preguntó mientras se sujetaba la verga y me apuntaba con ella.
Le dije que no,
que de hecho era la primera vez que veía una de ese tamaño.
Sonrío mientras
murmuraba :
- Te voy a agarrar quintito.
Luego me explicó que me iba a poner un tratamiento de inyecciones,
que tenia que
ser con "esa aguja" porque eran profundas pero que no dolían,
que no me preocupara.
Estando yo boca abajo me pidió que abriera las piernas lo mas
que pudiera,
luego se subió arriba de mi y con las dos manos me abrió
las nalgas;
después me pidió que colocara "la jeringa" en la entrada
de mi pozo. Yo tomé
su verga con una mano y la coloqué en la entrada de mi culo.
Él, al sentir
la entrada de mi culo, empezó a hacer presión poco
a poco. Su verga fue
penetrándome lentamente. Cuando llego al esfínter, se
detuvo y comenzó a
darme pequeños piquetes.
- Me duele un poco. Le dije. Y él me contestó que me aguantara,
que iba a ser
mínimo el dolor. En realidad era una mezcla de placer con un
poco de dolor.
Sentía su verga dentro de mi y la sensación me encantaba.
Además, el
sentir su cuerpo desnudo sobre el mío y mis nalgas pegadas a
su vientre
potenciaban el placer. Yo pase mis manos por su espalda y comencé
a
acariciarle las nalgas, si bien no se las alcanzaba del todo, podía
rozar su
división. .
Los pequeños piquetes dieron resultado. De pronto sentí
su verga entrando
completamente en mi. Di un pequeño gemido y él me abrazó,
comenzando a
meterme la verga con mas fuerza y profundidad. En un momento mis nalgas
estaban completamente pegadas a su bajo vientre, sintiendo sus bolas
que se
aplastaban contra mi culo. Yo empecé a lanzar pequeños
gemidos de placer
y con mis dos manos lo jalé por las nalgas hacia mi.
Mi maniobra le agradó, pues comenzó a meterme la verga
de una manera mas
cadenciosa y profunda.
- Qué rico culito tienes!. ¿Te gusta que te pongan así
las inyecciones ? Me
decía mientras la presión de su verga sobre mis nalgas
bajaba y subía.
Los gemidos de placer que lanzaba y la fuerza que hacia sobre sus nalgas
para
atraerlo hacia mi, eran mi única respuesta. Era mi primera cojida
y las
sensaciones eran muy diversas: me agradaba su cálido abrazo
mientras sentía
su verga bajar y subir dentro de mi culo; me encantaba sentirlo encima
de mi,
friccionando mis nalgas desnudas sobre su vello púbico; el hecho
de que mis
nalgas despertaran su deseo, el que gimiera de placer al poseerlas,
en pocas
palabras estaba fascinado, quería que me metiera la verga hasta
el tope.
Su ritmo comenzó a acelerarse hasta que sentí que el interior
de mi culo era
inundado por un liquido tibio. Walter me sujetó de las caderas
y me apretó
fuertemente contra él. Sentí que su verga me atravesaba
de lado a lado.
Después aflojo la presión y lentamente se retiró
de mi.
- Te gustó el tratamiento ? Muy bien, pues es la primera parte,
son varias las
inyecciones que tengo que ponerte. Ahorita que tenemos oportunidad
debemos de
aprovechar tu culito tan bonito. Me dijo, mientras me acariciaba las
nalgas. Yo
le dije que también quería ser el doctor y él
me contestó que estaba bien,
pero que luego tendría que hacer todo lo que él me pidiera
sin protestar.
Le pedí que se acostara boca abajo y comencé a acariciar
sus nalgas. Se las
abrí y toque su culo. Al verlo me gustó tanto que me
incline y se lo bese.
El me dijo que le pasara la lengua por el culo y lo hice, pero de manera
torpe.
- Te voy a enseñar como se hace !. Me dice y me pide que me ponga
boca arriba
y que con mis brazos sostenga mis piernas lo mas pegadas posible a
mi pecho.
Me puse en la posición señalada y el comenzó a
lamerme el culo. Ante la
nueva sensación, no tardé mucho en empezar a gemir de
nuevo. Después de un
rato le pedí que me volviera a "inyectar" y él me contestó
que lo iba a
hacer, pero que primero me iba a tomar la temperatura, que me hincara
frente a
él, abriera la boca y cerrara los ojos. Así lo
hice y comencé a sentir
algo tibio y terso dentro de mi boca. Cuando abrí los ojos me
percaté que era
su verga la que tenia en los labios. En un principio me la saqué,
pero él me dijo
que si quería que me volviera a "inyectar" tenia que hacer
lo que él me
ordenara. Si bien tenia cierto asco el sentir en mi boca su verga,
tuve dos
motivos poderosos para mamársela: primero, tenia muchas ganas
de que me
cojiera de nuevo y segundo, su verga me encantaba, se me antojaba
agarrarla
a besos y también se me antojaba mamársela.
El poder tocar sus nalgas a mi antojo y el sentir su verga en mi boca
incrementaron de manera notable mi excitación. En un momento
estaba
mamándosela apasionadamente mientras mis dedos iban de estrujarle
las nalgas
a acariciar suavemente su culo. Además sus exhalaciones de placer
incrementaban mi deseo.
- Te gusta mi verga, verdad ? me preguntó mientras mis labios
se movían a lo
largo de su miembro, que ya para entonces empezaba a liberar un liquido
ligeramente salado, pero muy sabroso. El sentir ese liquido me trajo
a la
mente la posibilidad de que Walter fuera a eyacular y la idea de que
se
viniera en mi boca comenzó a ser cada vez mas atractiva.
Procure mamársela
a un ritmo mas lento, dándole mamadas mas profundas (y cada
vez mas
disfrutables para mi). Llegó el momento en que Walter
me sujetaba la cabeza
y me metía la verga en la boca cada vez mas rápido hasta
que sentí un suave
chorro de un liquido tibio y con un sabor parecido al de la avena
en mi
cavidad bucal. Deguste todo su semen, saboreando cada gota hasta que
su verga salió limpia de mi boca.
- Ay cabrón !, qué rápido le agarraste el modo!
- me dijo, mientras se
acostaba boca arriba en la cama y me pedía que me montara en
él, pero
viendo hacia sus pies. Enseguida comenzó a acariciarme las nalgas
y a
mamarme el culo.
- Quieres que te meta la verga en las nalgas ? me pregunto, a lo que
le
respondí que si.
- Te la voy a meter otra vez! te lo mereces por la mamada tan rica que
me
diste!. Me dijo y me pidió que me montara en su verga. Después,
con las dos
manos me abrió las nalgas y comenzó a penetrarme lentamente
hasta que mi
culo topó con el nacimiento de su verga. Luego me pidió
que me moviera
despacio como si estuviera montando un caballo. Al hacerlo, su
verga empezó
a deslizarse por mi culo. A cada determinado numero de movimientos
míos, el
me daba un piquete mas profundo, haciéndome gemir. Esa
posición me encantó
porque sentía mis nalgas perfectamente pegadas a su vientre.
Además,
acomodado de esa forma me metió hasta las bolas. Mientras me
mecía encima de
él, comencé a acariciar su estomago y su pecho, jugando
con el fino vello
que cubría su torso. Él por su parte, me sujetaba de
las caderas y me
presionaba hacia abajo o bien, pasaba sus manos por mis nalgas,
acariciándolas o abriendolas para que su verga entrara mas profunda
o con mas
facilidad. En determinado momento empece a sentir que su verga vibra.
Al finalizar, le volví a agarrar y besar las nalgas y la
verga, él me dio
un beso en las nalgas.
- Te ha metido la verga alguien mas? -Me pregunto- Porque te moviste
muy bien
y me la mamaste muy rico para ser tu primera vez . Le respondí
que no, que
era la primera vez que hacia algo así, que si me había
movido de esa manera
era porque me había gustado mucho lo mismo que me la metiera
en las nalgas
que mamársela.
- Esta bien -me dijo-, me toco quitarte lo quintito del culo y de la
boca; y
lo difícil es hacerlo la primera vez porque luego te gusta y
te mete la verga
el que sea. Yo le respondí que no quería que cualquiera
me la metiera,
quería que fuera él nada mas.
-Bueno - me dijo-, si quieres que te la vuelva a meter, no le platiques
a
nadie lo que hicimos y yo te voy a estar hablando para que vengas conmigo.
Después de esa cojida yo dure varios días con las nalgas
irritadas, y el
ardor me hacia evocar los momentos en que le entregue mis nalgas por
primera
vez. Si bien, tenia algunos remordimientos por haberme dejado cojer,
el
recuerdo de lo placentero de la ocasión y la oportunidad de
acariciar
aquellas nalgas que me hacían suspirar, me convencieron que
había valido la
pena entregarle mi virginidad a Walter.
Después de esa ocasión, teníamos un encuentro cada
10 o 12 días, según su
familia fuera al rancho a pasar la noche. En esas oportunidades ensayamos
otras posiciones (A el le gustaba estar experimentando) como la del
pollo
asado, pero las que mas me gustaban eran yo boca abajo y el encima
y montarlo.
Para mamarle la verga me gustaba ponerme de rodillas frente a el porque
así
podía agarrarle las nalgas. También seguí viéndolo
desnudo, gozando de la
vista de sus hermosas nalgas, hasta que se mudaron de casa.
La víspera de que se marchaban, me dio una cojida de antología,
pero esa luego se la cuento...