El futbolista
Lo conocí en el negocio de computación al que fui un día a
comprar insumos para mi compu y él me atendió. Lo ví mirarme y le sostuve la
mirada porque me volvió loco: alto (1,85), moreno, ojos claros, cuerpo bien
formado de futbolista, labios carnosos y una sonrisa hermosa.
Iba muy seguido a ese negocio solo para verlo, hasta que un día
me encontré con que no trabajaba más. Bueno, qué se le iba a hacer no?
Un día hago señas a un taxi y cuando subo me encuentro con que
el chofer era Tomás (ese era su nombre) que conducía el auto de su padre. Por
supuesto que me volví loco de alegría, aunque no lo demostré. A partir de allí
comencé a llamarlo cada vez que necesitaba un auto y se fue transformando casi
en mi chofer particular. Y empecé a actuar de a poco. Cuando subía al auto, le
daba la mano para saludarlo y la sostenía un poco más de lo normal. Lo iba
tocando de a poco, le ponía la mano sobre su pierna así como al pasar y la iba
dejando cada vez más. Él no decía nada. Nunca retiró ni corrió la pierna.
Un día, después de un tiempo de no verlo, comenzamos a charlar y
yo empecé a tocarlo y a levantar mi mano en su pierna hasta llegar a su pija y
la puse encima. Él me miró sonriendo y yo le pregunté si le gustaba. Me
contestó que sí. Yo sentía como se le iba parando debajo de la tela de su
pantalón. Se imaginan? Era lo que yo estaba esperando desde hacía tanto tiempo.
Y me dijo que él también, pero que estaba esperando que yo actuara, porque a
veces no estaba del todo seguro acerca de lo que yo buscaba. Ese día fue todo.
Pero a los dos o tres días vuelvo a encontrarlo y empezamos de
nuevo y Tomás, que es muy atrevido, me preguntó si quería vérsela y ahí nomás
bajó su pantalón y apareció ese trozo que había sido el oscuro objeto de mi
deseo.
Para no hacer larga la historia, quedamos en que ese fin de
semana iríamos a un hotel para parejas. Y así lo hicimos.
Bueno, no puedo encontrar palabras para describir lo que pasó.
Cuando entramos empecé a desnudarlo de a poco, descubriendo lentamente su
cuerpo, con sus pectorales bien formados y sus abdominales de lavadero. Bajé su
pantalón y descubrí un bóxer rojo Calvin Klein que tapaba lo que yo tanto
deseaba ver y tener en mis manos y sentir el placer que vendría de allí. Él me
fue desnudando también a mí y nos metimos en la cama.
Empecé a besar su cara, sus ojos, el lóbulo de sus orejas,
pasaba mi boca por encima de la suya apenas rozándola hasta que la abrió
totalmente y mi lengua entró en su boca y quedamos pegados totalmente, mientras
nuestras lenguas jugaban un juego que nos calentaba cada vez más, nuestras
pijas se enfrentaban duramente, porque estábamos acostados de costado, y yo
había metido una de mis piernas entre las suyas. Mientras lo besaba, acariciaba
sus cabellos y bajaba por su espalda hasta llegar a su culo, y empecé a jugar
en ese orificio que yo quería disfrutar.
Sus besos hacían que sus labios se pegaran a los míos, y su
lengua jugaba con la mía de una manera tal que nadie lo había hecho antes, pero
me despegué y comencé a bajar por todo su cuerpo. Le lamí sus tetillas hasta
que las sentí bien duras. Fui bajando y me detuve en su ombligo y un poco más
abajo. Hasta que empecé a jugar con su pija por encima del bóxer y cuando la
sentí bien dura y húmeda, se lo saqué y me saqué el mío. Él es totalmente
lampiño, salvo esa pequeña fila de "hormigas" que nace de su ombligo
y que va a perderse entre sus piernas. Yo seguí jugando con esas
"hormiguitas" y sentí como a le gustaba que levantara esos pendejos
lentamente con mi boca y los soltara. Los dos totalmente en bolas comenzamos a
hacer un 69 que nos llenó de placer.
¡Cómo nos besamos, cómo rodamos en esa cama, sus piernas entre
las mías, las mías entre las de él! Las caricias mutuas. Yo encima de suyo, el
encima de mí. Yo de rodillas mientras él me chupaba la pija. Los dos acostados
y yo que jugaba con mis dedos entrando y saliendo de ese hoyito delicioso
mientras se quejaba de placer.
Hasta que no aguantó más y me pidió que lo penetrara. Debo decir
que su pija tiene un tamaño considerable (17 o 18 cms.) pero él pidió primero y
no me iba a hacer rogar. De espaldas a la cama abrió sus piernas para mostrarme
ese agujero que yo había ido dilatando. Con mis dedos humedecidos empecé a
trabajar en su culito, primero uno, después dos y finalmente tres, y me humedecí
también mi pija, para hacerlo más fácil,
y jugué un rato con mi pija entre sus nalgas y después le apoyé la cabeza en la
entrada. Me quedé ahí, sólo puenteando, mientras él me rogaba que se la metiera
hasta que empecé a entrar de a poco: primero mi cabeza, ahí me detuve un rato
para que se fuera acostumbrando y luego empecé a entrar lentamente dentro de él
mientras miraba su cara de éxtasis.
Comencé a jugar a entrar y salir hasta que se la metí toda y
volví a quedarme un rato quieto y luego empezamos los dos a movernos
simultáneamente, ya no sé por cuanto tiempo, mientras su pija dura se apretaba
contra mí. En un momento dado Tomás empezó a decir que se corría, pero le pedí
que se aguantara hasta que yo lo hiciera también. Así estuvimos hasta que le dije
que me venia y él también, así que cuando todo mi semen se desparramó dentro de
su cuerpo, yo sentí su líquido caliente mojaba el mío.
Nos quedamos abrazados un rato largo, besándonos yo todavía
dentro suyo, hasta que salí y Tomás empezó a chuparme la pija para sentir el
sabor de mi semen, mientras que yo lamí su cuerpo donde habían quedado algunos
restos del suyo.
Mientras descansábamos me contaba cómo a veces cuando cogìa con
su novia pensaba que lo estaba haciendo conmigo y que también a veces en el vestuario
tenía que contenerse porque había muchos compañeros atractivos, incluso alguno
le había tirado onda, pero que prefería estar conmigo, que no tengo un cuerpo
como el suyo y que soy más grande que él.
Después de un rato empezamos a acariciarnos y a besarnos
nuevamente, y empezamos a sentir cómo nuestras pijas se volvían a poner duras y
él a pedirme nuevamente que lo penetrara, aunque esta vez en otra posición. Se
puso en cuatro y yo empecé a juguetear con esa colita redondita y dura que
tanto me excitaba. Hasta que se la metí y empezamos de nuevo el juego del mete
y saca y yo lo sentía como se quejaba y me decía que siguiera, que la estaba
pasando como nunca.
Esa fue la mejor de mis noches, y debo decir que tuve unas
cuantas, inclusive con futbolistas, como la primera. Será que en el mundo del
fútbol hay más gays de lo que suponemos?
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