El agente

Cierto día circulaba en mi auto por la cuidad, rumbo a mi oficina, ubicada en la ciudad de México, en Reforma. Tengo 37 años, soy abogado en un buffet que se ubica en esta zona de la cuidad. Ese día tenía un poco de prisa, así que se me hizo fácil pasarme un semáforo en rojo, pero para mi sorpresa un motociclista de la policía de tránsito me hizo una señal para que me detuviera, y así lo hice. De pronto se acerca un policía de tránsito, muy joven, como de unos 26 años:

- Hola señor, buenas tardes, me llamo Ricardo Hernández, lo detuve porque se pasó el alto del crucero.
- Hola, qué tal Ricardo –respondí- la verdad lo hice porque tengo un poco de prisa, así que bueno, aquí están mis documentos, para que me levante la infracción.
- Pues sí, pero lo estoy siguiendo desde hace ya unos 5 minutos, y veo que viene a alta velocidad, así que también le levantaré una infracción por eso, y bueno, pues creo que va a ser bastante dinero, aunque nos podríamos arreglar de otra forma (decía esto mientras se ponía la mano cerca de su paquete, no sé si por insinuar algo o por coincidencia) así que usted dirá.
- Pues como tú veas, lo que sí es que ya me tengo que ir, además mi trabajo está a sólo unas cuadras.
- Mmmmm, pues bueno, este es mi celular, después quedamos en cómo lo arreglamos, así que, pues tú sabrás si lo arreglamos de otra forma o no.

Me sorprendió que cambiara su forma de hablar primero muy serio y respetuoso y después más informal y con más confianza.

- Claro, yo te llamo más tarde y nos ponemos de acuerdo.
- OK, entonces espero tu llamada, mientras tanto me llevo tu licencia (permiso para conducir) y te lo entrego después.
- Pero…

Después de esto se subió a su motocicleta y se fue, yo seguí mi rumbo y llegué a la oficina, le dije a mi secretaria que tenía una mala mañana, que me pasara los pendientes del día para ver si se arreglaba. Así que entré en mi oficina y comencé a trabajar como si nada hubiera pasado, pero no podía quitarme de la mente la imagen del rostro de ese policía, que era muy guapo, y pues se veía muy bien equipado entre las piernas. De pronto suena mi celular, era mi hijo, él tiene 18 años, vivo únicamente con él ya que me divorcié hace unos 12 años.

- Hola papá, ¿cómo estás?.
- Hola Daniel, bien ¿y tú?
- Bien, sólo quería pedirte permiso para salir esta noche con mis amigos, queremos ir de compras y después al cine, ¿puedo ir?
- OK, pero… ¿como a qué hora llegarás?
- Pues no sé, tal vez llegue como a las 11 de la noche.
- OK, pero con cuidado, supongo que tienes dinero ¿no?
- Sí papá, gracias, nos vemos en la noche.
- OK.

Después de hablar con mi hijo, me decidí a llamar a Ricardo, el policía:

- Hola, te habla Diego, ehmmm, me detuviste esta mañana por pasarme un alto.
- Ah sí, qué pasó, ¿quieres que te levante la infracción o cómo quedamos?, vamos a hablar, digo, más personalmente y quedamos.
- Pues sí, mi oficina está a dos cuadras de donde me detuviste, no sé a qué hora puedas venir, y podamos, charlar un rato, y quedar en un arreglo.
- Sí, mira, dame la dirección de tu trabajo y yo paso como a las 6, estaré libre en la tarde.
- OK.

Le di los datos y me apresuré a terminar mis pendientes de la oficina… 5:50h.

- Licenciado, lo busca un oficial de tránsito –era mi secretaria.
- OK, en un momento salgo.

Me apresuré a guardar todo, y salí listo para lo que fuera, noté que Ricardo platicaba muy a gusto con mi secretaria.

- ehm, Lorena, me retiro, ya es algo tarde, nos vemos mañana, me despides de los demás ¿OK?
- Sí licenciado, que disfrute el resto del día.
- Sí, igualmente, créeme que yo sí lo haré -decía esto mientras estrechaba la mano del oficial de tránsito.

Salimos y me preguntó que a dónde íbamos, le dije que tenía que ir a casa a dejar unos documentos, que está cerca, yo vivo por la Colonia Lomas de Reforma, relativamente cerca de donde estábamos.

- Después iremos a donde tú quieras.

Así que me contestó que él me seguía en la patrulla.

- ¡OK! -respondí.

Rumbo a casa, yo no podía creer lo que estaba haciendo, y sólo podía observar por el retrovisor del auto a aquel chico tan guapo que me seguía.

Llegamos a casa y metimos mi vehículo y su motocicleta.

- Pasa, ponte cómodo, y en un momento nos iremos.
- Pues yo no tengo prisa, jejeje.

Nos sentamos en el sofá y comenzamos a platicar de muchas cosas sin importancia. Durante un largo tiempo, no me di cuenta de la hora.

- Pues bien, dime, en qué quedamos, de lo de la multa –le dije.
- No sé qué es lo que estés dispuesto a hacer por que te dé nuevamente tu licencia -tomó mi mano y la colocó sobre su pierna.
- No sólo por la licencia, si no por ti, creo que todo.

Sacó mi licencia y la colocó en mi entrepierna, me miró y me dice:

- Bueno, la licencia es tuya, ya me voy.
- No te puedes ir, apenas comenzamos.
- Lo que pasa es que tengo que alistarme para mañana, tengo que limpiar mis botas y mi uniforme.
- Preocúpate por tu uniforme, que de tus botas yo me encargo –respondí.

Me coloqué frente a él y comencé a lamer sus botas. Él sólo me miraba sonriendo y se agarraba el paquete, provocando que se pusiera duro su pene, así que al notar que eso le agradaba yo seguí haciéndolo, lamía sus botas desde el empeine hasta arriba, logrando que él suspirara de placer, así que hice que retirara sus manos de su entrepierna y yo le bajé la bragueta del uniforme y comencé a chupar su pene que ya estaba en su plenitud, cerca de 20 cm, no más, pero la verdad estaba delicioso. Él me tomó de la nuca y me acercaba fuerte a su delicioso pene, me decía cosas como:

- Sí, sigue, qué rico la mamas, si lo haces bien te daré leche, cómete mi verga, aaaaaahh!

Repetía esto una y otra vez. En un momento, me la sacó de la boca y me pregunto:

- ¿Te gusta mi verga?
- Sí, la tienes deliciosa, dame más, que es muy rica.

Mientras, me la pasaba por toda la cara y el cuello, tomó mi corbata y se comenzó a masturbar con ella, y me dijo:

- Me gustan como tú, muy guapitos y de traje, niños bien.

Eso me prendió más, así que seguí chupando su pene hasta que eyaculó en mi boca, yo me quise retirar, pero me tomó de la nuca y no me dejó, así que tuve que comer ese semen, que estaba delicioso. Seguí chupando hasta que no salía más.

- Listo, creo que ya pagué mi infracción.
- Pues yo te dije que ya la habías pagado -contestó- así que ahora yo estoy en deuda contigo.

Yo me puse de pie frente a él, y no podía disimular la gran erección que tenía. Él comenzó a sobar mi pene por encima de mi pantalón.

- ¿Hay alguien en casa?
- No, estamos solos.

Lo tomé del brazo y subimos a mi habitación, me recosté en la cama y él sólo me veía.

- ¡¡¡Estás para comerte!!! -me dijo.
- Pues qué esperas, hazlo!!!!!

Saqué mi pene por la bragueta de mi pantalón, me lo agarró y me masturbó muy fuerte, lo introdujo en su boca y succionaba con mucha fuerza, su lengua me daba vueltas por todo mi glande, era delicioso sentir eso, se la sacaba de la boca y me enseñaba cómo su lengua lamía mi glande que comenzaba a gotear líquido preseminal. Él lo lamía todo como un dulce, volvía a introducir mi pene a su boca y seguía succionando cada vez más. La sacó y me masturbó duro, y de pronto dijo:

- ¡¡¡Ya estás listo!!!

Sacó un preservativo de la bolsa y me lo colocó, yo sólo podía disfrutar de sus manos colocándome el condón. Se quitó todo el uniforme, yo me quise quitar la camisa, la corbata, los zapatos, en fin, toda la ropa, pero él me lo impidió y se recostó encima de mí. Nuestros penes se tocaron, y me dijo:

- Ya te dije que me gustan guapos y ejecutivos, así que quiero que te quedes con la ropa, no te preocupes que yo me encargo del resto.

Tomó mi pene y lo comenzó a introducir en su culo, se sentó sobre mí, como si me cabalgara, yo podía sentir que mi pene estaba muy apretado en ese culo tan rico. Ya cuando entró hasta el fondo, comenzó a moverse de una forma riquísima, deliciosa, cada movimiento suyo hacía que mi pene tuviera sensaciones exquisitas. Noté que estaba excitadísimo, así que tomé su pene entre mis manos y lo masturbé riquísimamente mientras lo follaba. Yo le decía muchas cosas morbosas, y logré que se corriera por segunda vez sobre mi camisa y la corbata. Él estaba exhausto y yo a punto, estaba excitadísimo. Él retiró su culo de mi pene y me quitó el condón, lo tiró a la basura y me dijo:

- Dame tu leche, quiero comer tu semen, seguro es delicioso.

Comenzó a chupármela nuevamente. De pronto algo llamó mi atención en la puerta de mi habitación, se me olvidó cerrarla, y vi a mi hijo, muy excitado, pues se le marcaba una erección muy buena. Ricardo el policía lo vio y le sonrió, mostrándole mi pene y ofreciéndoselo le dijo:

- Vamos pasa, ¿no quieres?, veo que también te gusta la verga, y qué mejor que se la comas a tu propio padre.

Entró a mi habitación y se quitó la playera, bajó su bragueta y sacó su pene erecto, comenzó a masturbarse a unos cuantos pasos de nosotros, y dijo:

- Por fin papá, te había visto muchas veces desnudo y varias veces te vi masturbarte, se me antojaba chuparte la verga, pero no me atrevía a hacerlo, papá, ¿me das permiso de hacerlo ahora?

Yo solamente asentí con la cabeza, se acercó a mi pene y sentí su respiración muy acelerada, algo nervioso. Ricardo lo tomó por la cabeza y le metió mi verga en su boca, él le marcaba el ritmo de la mamada que me daba, yo no lo podía creer, mi propio hijo me la estaba chupando. Después, Ricardo me la chupaba por un rato, y así fueron alternando la chupada que me daban.

De pronto noté que Ricardo, el policía, estaba lamiendo mis zapatos, decía que le excitaba lamer los zapatos de un hombre, como yo, todo un semental, guapo y con dinero.

- Déjame lamer tus zapatos, por favor, quiero ser tu esclavo, los zapatos de un ejecutivo como tú me prenden, me excitan.

Él pasaba su verga por mis zapatos y luego los lamía con una lujuria incansable. Mi hijo al escuchar esto se acomodó de cierta forma que me la seguía chupando y su pene lo coloco en mis zapatos, así que Ricardo de momento lamía mis zapatos y de ratos chupaba la polla de mi hijo. Ricardo masturbaba a mi hijo para que saliera un poco de liquido y lo restregaba por mis zapatos para después lamerlos. En una de esas lo masturbó tanto que eyaculó en mis zapatos, eso me incomodó un poco, pero Ricardo apresuradamente se puso a lamer mis zapatos, y los dejo impecables, tanto que me excitó mucho:

- Ricardo, me voy a correr, me vengo!!!!!!!
- Sí papá, dame leche -decía mi hijo Daniel.
- Danos leche -replicó Ricardo.

Así que eyaculé, salían y salían chorros de semen de mi pene, hacía mucho tiempo que no me corría así, para lo cual entre mi hijo Daniel y Ricardo el policía se lo bebían.

Mi hijo siguió lamiendo mi pene ya flácido, mientras yo veía cómo apresuradamente Ricardo se ponía nuevamente su uniforme de una forma muy apresurada, pero morbosa a la vez. Mi hijo se vistió, y yo me alisté, bajamos al comedor a cenar y platicamos un rato.

De pronto Ricardo dijo que ya se tenía que ir, salimos a despedirlo, así que subió a su motocicleta, y solamente sonrió diciendo:

- ¡¡¡Conduzca con cuidado y precaución, que lo estaré vigilando!!!

Mi hijo y yo seguimos con muestra vida normal, pero al menos una vez a la semana recibimos la visita de nuestro, ya gran amigo, Ricardo.


  

 

 

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