EL DIARIO SEXUAL


22 DE JULIO DE 2002

Entre las luces y el sonido de la música rebotando en mi cabeza, había algo que despertaba mi apetito sexual, era como algo que me quemaba y no podía dejar de pensar en las cosas más oscuras que podía llegar a hacer, los lugares más escondidos de mi cuerpo, descubiertos por una persona totalmente desconocida, sin saber qué pasaría mañana, todo se escondía entre el humo del tabaco; ahogado por el consumo de licor, las pocas neuronas que quedan en mi cerebro respondían a la inquietud de poseerlo, sus manos pasando por lugares extraordinariamente ocultos, mi mente giraba y giraba sin conciencia alguna, las palabras se me hacían pocas para describir lo que el cuerpo me pedía, sólo quería llegar y posar para él, esa mirada penetrante, los ojos más místicos que jamás haya visto; no faltó quitarme la ropa para decirme que sería algo que no olvidaría aun muerto, eran apenas las 2 de la madrugada y ya nos habíamos cansado de jugar al lobo, era hora de ocultarnos entre la gente y salir de ahí, salimos callados sin decir nada esperando que el tiempo matara nuestras palabras que no se encontraban, sin sentido alguno mis movimientos eran controlados por su deseo, nos subimos al coche que al parecer era el medio de decir 'no hay marcha atrás', una vez estando adentro abrí la ventana tratando de escapar junto con el viento que pegaba en mi rostro y al parecer tenía inquietud de saltar, desvanecerse, era la parte de mí que se resistía al ocaso, me tomó por la cintura y sólo me dejó acariciar lo que en unos minutos ya no tendría, sería suyo, pasaría a su posesión, a su control, dominio. Llegamos al lugar donde los amores se corrompen, era la habitación en donde tantas ganas tenía de perderme entre las sábanas, sentirme grande. Prendió la luz, acarició mis hombros suavemente como diciendo: 'calma, sé lo que hago'. Parecía saber por dónde empezar, era el maestro de la seducción inmoral, no tardó en tirarme en la cama con todo y ropa, empezó a besarme como si fuera la última vez que besara, pasó sus manos por mi cabeza despeinándome, alzó mi camisa, recorrió mi tórax con sus labios deteniéndose en cada espacio, inmóvil yo por la seducción quitó el cinturón, después desabrochó lentamente el botón del pantalón, bajó el cierre, se detuvo mirándome, como diciéndome que pusiera atención en cada paso, mis pupilas se dilataron, el corazón parecía salirse de control, la cintura dejé de sentirla, cerré mis ojos inmediatamente y lo abracé como un niño que no quiere desprenderse de su juguete nuevo, besé su cuello susurrando en su oído 'tuyo eternamente', desprendí cada uno de los botones de su camisa y ahí estaba la cicatriz de la experiencia, bajó su pantalón rápidamente y sus manos ya estaban en mi cintura, la apretó tanto que contuve la respiración, quitó mi pantalón, lo aventó muy lejos para que no pudiera arrepentirme pero estaba muy lejos de hacerlo, lo abracé sin desprenderme de él ni un segundo, parecía entenderme, me perdí entre sus sábanas y fue justo ahí donde parecía tomarme, no vi cuándo se quitó el bóxer pero sí sentí cuándo muy lentamente me lo bajó con las manos. Mi miembro se encontraba dentro de su boca, de ahí subió suavemente al ombligo, pasó justo por mi pecho deteniéndose en mi pezón como si fuera una mujer amamantando a su hijo, terminó en mi boca, elevó todo su cuerpo quedando enfrente de mi boca su pene tan erecto que se sentía el palpitar de su sangre correr dentro de mi boca, se movía de forma simultanea gimiendo de placer, la lengua parecía ser un órgano propio que bailaba al ritmo de su éxtasis; el tiempo giraba de manera que no existía el futuro, descendió nuevamente, sus manos ahora estaban en mis piernas, las tomó y besó hasta llegar a mi ano, su lengua disfrutaba en tan exquisito banquete, repetía una y otra vez, al parecer tenía cierto gusto por aquel sitio tan pequeño, un ligero espacio permitió darme tan salvaje mordida en la nalga izquierda, sus manos son tan grandes que en ellas cabe todo mi reducido trasero, no sé aún si es un hombre o una deformación de la naturaleza el que tenga semejante pene erecto. Una vez degustado el rico sabor de mi ano y dejándolo casi abierto por la carnosa lengua que entraba y salía recorriéndola hasta los testículos que se hacían cada vez más grandes y terminado en un ligero lengüetazo por el pene dejándome listo para la siguiente fase, para la cual tuvo que hacerme girar quedando boca abajo, con sus manos tomó mis pezones y apretó, un grito de placer, ya no cabía más en la habitación. De pronto algo pareció entrar en mi cuerpo, algo muy grande, era su miembro que con cuidado lo introducía lentamente. Una vez que estaba en dirección lo metió con tal fuerza que gemí un minuto, después de haber entrado totalmente empezo a moverlo lentamente, como si fuera un auto de carreras que aumentaba la velocidad, cada vez más rápido, seguía y seguía, no podía contener el placer, me elevó con sus manos en forma de una perra a punto de parir, se arrodilló y de nuevo aumentaba, sus manos golpeaban mi trasero incesantemente, se paró cargándome, me acorraló en la pared, sentía la esencia de la perversión de un violador, quedamos boca arriba unidos sólo por la fricción del movimiento, sus manos se deslizaron a mi cintura tratándome como un trapo en el que se limpia las manos, dio tremendo jirón que medio cuerpo quedó afuera de la cama, mis manos sostenían mi cuerpo, las suyas en mi cadera la forzaban a doblarse, fue inminente su placer que terminó llenando mi ano de una enorme cantidad de semen; tardamos unos segundos en recuperar el aliento, después sólo dijo: 'aprendes rápido', pero eso es cuestión que alguien más lo descubra. 

LAS COSAS SON TAN PERFECTAS HASTA DONDE UNO QUIERA.

Ludovic