En la Montaña
Alex era un enamorado de la montaña y un verano fue a
caminar por una zona de la sierra muy poco frecuentada, un parque natural. Era
principio de Julio.
Hacía ya calor, pero al ser día de diario, llevaba caminando más de cuatro horas
y no se había tropezado con nadie. Eso se sumaba a que hacía más de dos horas
que había abandonado el camino y no tenía mapa. Estaba perdido.
Seguía el curso de un pequeño río, pensaba que si lo seguía aguas arriba,
acabaría en el pueblo del que había salido. Pero no era seguro.
Al salir a un claro, vio sentado a un hombre sobre una piedra, comiendo un
bocadillo.
- ¡Buenas tardes! -Le dijo desde la distancia.
El hombre le miró sorprendido.
- Hola. ¿De dónde sales?. Estás en la zona restringida del parque. Por aquí no
está permitido caminar.
- Lo siento, pero hace un buen rato que ando perdido.
- Sí que estás perdido, a unas cuatro horas de camino del lugar habitado más
cercano -dijo sonriendo- ¿Pensabas hacer noche en el campo?
- La verdad es que pensaba que por aquí llegaría al pueblo.
- Pues por aquí no tienes salida, salvo que lleves material de escalada.
- Entonces ¿Tengo que darme la vuelta? No estoy seguro de encontrar el camino de
nuevo.
El hombre pensó un rato mientras miraba a Alex, parecía estudiarlo.
- Tienes dos opciones -dijo al fin-. O das media vuelta, con suerte llegarás al
pueblo entrada la noche. O tendrás que pasar la noche al raso ¿Tienes saco de
dormir?.
- Sí, siempre lo llevo por lo que pueda pasar.
- Haces bien viniendo preparado, yo voy a hacer noche un poco más arriba del
río, hay una vieja cabaña de pastores, no es gran cosa, pero hay agua y si cae
una tormenta no nos empaparemos ¿Qué vas a hacer?.
- Me temo que no tengo alternativa, te lo agradezco.
- Entonces, vamos, nos queda muy poco, y podremos bañarnos, que hoy está
haciendo mucho calor. Por cierto, mi nombre es Raúl, y estoy aquí porque soy
guarda del parque.
- Encantado, yo me llamo Alex.
- Pues sígueme Alex.
Raúl le dio la mano, giró en redondo y apretó el paso río arriba, caminaba
ligero, con la costumbre de moverse a menudo por el bosque.
Al cabo de media hora, el bosque se había cerrado, caminaban por un territorio
casi virgen, ni rastro de civilización, el río se había vuelto más bravo y caía
entre grandes peñascos, la pendiente era más pronunciada, hasta que llegaron a
un claro, con las orillas de hierba, el río se remansaba en una presa natural
hasta la que caía desde una pequeña cascada, a un lado estaba, en efecto, la
cabaña que había dicho Raúl, el paraje era una preciosidad.
- ¿Este es el sitio?. Es una maravilla.
- Pero no se lo digas a nadie, somos pocos los que lo conocemos y me gustaría
que siguiese así.
- Te lo prometo, Raúl. Seré una tumba.
- Desde luego, si te vuelvo a ver por aquí con más gente, te aseguro que os
corro a palos hasta el pueblo, JAJAJA...
- ¿Nos podemos bañar?
- Nos debemos bañar, al menos yo, que llevo dos días persiguiendo domingueros
-dijo Raúl sonriendo.
- Pero no he traído bañador, qué faena.
- Para bañarse sólo hace falta agua -dijo Raúl mientras dejaba su macuto en el
suelo y se iba desnudando- ¿Te importa?.
- No, sólo lo decía por si te molestaba a ti -Alex dejó también su macuto en el
suelo y se desnudó- ¿Cubre mucho?
- Desde esa piedra se puede saltar de cabeza, si quieres.
Raúl se quedó mirando cómo Alex se subía desnudo a la piedra y saltaba de cabeza
al agua, mientras él se iba metiendo despacio por la orilla. El agua estaba
bastante menos fría de lo que Alex había esperado, nadó un rato, buceó un poco,
era delicioso, tanto tiempo andando y poder bañarse en aquel paraje, braceó
hacia una gran piedra que asomaba casi en el centro del pequeño lago, estaba al
sol, y era plana, muy lisa por la continua erosión del agua, se tumbó en ella,
estaba incluso caliente por el sol que le había dado todo el día. Miró hacia la
orilla y vio cómo Raúl se frotaba el cuerpo lavándose, pudo fijarse bien en él,
desnudo, le gustó aquel hombre que se había portado tan bien con él.
- ¡Raúl! Ven aquí, se toma el sol estupendamente, y se está muy calentito.
- Lo siento, pero yo no nado ni la mitad que tú, me da bastante miedo, esta poza
cubre mucho, y yo estoy medio ahogado en tres brazadas, nunca he sido capaz de
llegar.
- Si quieres, yo te ayudo ¡Anímate! -Alex se tiró de cabeza y nadó hacia donde
estaba Raúl.
- Es que me da bastante respeto el agua, por no decir miedo ¿Y quién me asegura
que una vez en la piedra te tiras al agua y me dejas allí como un náufrago?
JAJAJA.
- No podría, si te dejo como dices, no sería capaz de volver al pueblo ni en dos
días, de todas formas, como quieras, no pretendo obligarte, sólo me siento en
deuda contigo, me has traído hasta este paraíso y me apetece devolverte el
favor. Confía en mí, soy socorrista y nado bastante bien. Tú pones tus manos en
mis hombros y yo te llevo a remolque, estamos muy cerca ¿No te apetece?.
- Sí que me apetece, siempre me he quedado con las ganas de tomar el sol en ésa
piedra, vamos.
Alex se dio la vuelta y caminó hacia la piedra, hundiéndose en el agua. Raúl
puso las manos en sus hombros y se dejó llevar a remolque. Las brazadas hacían
que Alex se hundiera y volviera a subir, rozándose contra Raúl, aquella
sensación les hacía estremecerse, ambos disfrutaban de la sensación.
- Qué bien nadas, puedes con los dos y me siento seguro, me alegro de haberme
atrevido.
- Te lo dije, puedes confiar en mí, como yo he confiado en ti y no me
arrepiento. Además, después de tomar el sol un rato, te daré unas clases para
que la próxima vez puedas llegar tú solo.
- No sé si quiero las clases, me está encantando el paseíto... JAJAJA.
- ¡Qué morro! Menos mal que ya llegamos... JAJAJA
Ambos estaban disfrutando del agua, del paisaje, y el roce de sus cuerpos les
iba excitando. El momento de salir del agua y que esa excitación fuese demasiado
evidente se acercaba, Raúl se soltó en el último momento y se agarró a la
piedra. No se atrevía a salir y Alex también estaba sumergido, flotando cerca.
- ¿Quieres una ducha bien fría? -dijo Raúl- Desde aquí se hace pié para llegar a
la cascada, y el agua está mucho más fría que ésta.
No esperó la respuesta de Alex, se dirigió hacia el chorro que caía muy cerca,
el agua le llegaba al pecho, y pensó que con el agua helada se le pasaría
aquella tremenda erección. Con mucha decisión se colocó bajo la cascada, el agua
estaba helada...
- Brrrrrr! esto sí que es sensación... se te corta hasta la respiración -decía a
Alex mientras éste se acercaba.
Alex estaba como Raúl, y quería también disimular aquella indiscreta erección,
de modo que se colocó muy cerca de Raúl para que el agua cayera sobre él.
- Jo...o...oe! Pues sí que está fría, desde luego se te quita todo JAJAJA.
- Vamos a tomar el sol para entrar en calor -dijo Raúl en cuanto que notó que la
presión en su miembro había disminuido.
Se colocó sobre la piedra boca arriba y cerró los ojos, con la expresión
tranquila de los que toman el sol. Alex le siguió y después de mirarle
detenidamente se tumbó a su lado. Decididamente aquel hombre le gustaba. La
piedra no era muy grande y sus cuerpos estaban muy cerca, casi tocándose.
Estuvieron un rato así, en silencio, sintiéndose muy cerca y tratando de
controlar aquella atracción que sentían el uno por el otro. El sol calentaba sus
cuerpos por arriba y la piedra les cedía un poco más de calor por abajo.
Ambos notaban que la ducha sólo les había tranquilizado momentáneamente, se
miraban por el rabillo del ojo, sin atreverse a nada más, aunque ambos tenían la
sensación de que el sexo del otro había crecido un poco más que en el vistazo
anterior.
- Bueno, se acabó el recreo, es hora de tu clase de natación -dijo Alex mientras
se zambullía de cabeza en el agua, justo antes de que su sexo volviera a
"dispararse" involuntariamente.
- Jo, con lo bien que se está aquí, además ya no tendré excusa para que vuelvas
a "remolcarme" JAJAJA, venga, vamos -dijo notando que su sexo volvía a
"despertar" gracias al calor.
Raúl entró despacio en el agua, se agarró a los hombros de Alex que comenzó a
nadar de vuelta a la orilla. Nadaba más despacio que antes y Raúl se dio cuenta,
lo que aprovechó para rozarse un poco más con Alex, que no decía nada, ambos
estaban excitados, disfrutando, pero asustados de la reacción del otro. Así
llegaron hasta que el agua les llegaba por el pecho.
- Aquí está bien -dijo Alex-. ¿Qué sabes hacer en el agua?
- Ahogarme si me cubre, JAJAJA.
- No, en serio. ¿Sabes hacer el muerto?
- Sí, eso sí que sé -dijo Raúl tumbándose en el agua sin pensárselo dos veces.
Cuando se dio cuenta de que su erección se hacía visible, era tarde, Alex le
había visto y se le quedó cara de sorpresa.
- Casi más el "vivo" que el muerto JAJAJA -dijo enseguida para quitarle hierro
al asunto.
Entre la risa, el nerviosismo y el pudor por la situación, Raúl perdió la
flotabilidad y se hundió, tan sólo un palmo, lo suficiente como para asustarse.
Alex lo agarró enseguida y Raúl se aferró a él, se puso en pié, tosiendo,
respirando como si se fuese a acabar el aire, con los ojos cerrados por el agua.
Se quedaron así un instante, abrazados, ninguno dijo nada en ese segundo
larguísimo.
- Ya te dije que sólo sabía ahogarme, disculpa. Te debo parecer un cretino. No
sé qué me ha pasado, llevo solo por el campo casi una semana sin ver ni hablar
con nadie, y supongo que el cambio de agua fría a piedra y sol me ha...
- No, tranquilo, lo que importa es que no hayas tragado mucha agua, no te
preocupes, además, yo también he sufrido el "efecto cascada".
- ¿Sí? No lo puedo creer.
Alex se tumbó en el agua, y su sexo quedó apuntando al cielo.
- Sí, es que la cascada estaba muy fría, y la piedra muy calentita y... -dijo
Alex.
- Bueno, a ver si es verdad que me enseñas a nadar ¿Qué hago profe?
Alex ayudó a Raúl a tumbarse boca abajo en el agua, pasando sus manos bajo su
cuerpo, Raúl movía despacio manos y pies sin ir a ninguna parte, sentía aquellas
manos en el pecho y en el vientre, le gustaba aquella sensación.
Quizá sería bueno a estas alturas del relato decir que tanto Raúl como Alex no
habían tenido una relación homosexual plena en la vida, apenas alguna
masturbación furtiva en su adolescencia, pero sin haber llegado a mayores. Quizá
por eso se sentían cohibidos, inseguros aunque llenos de deseo y, por otra
parte, de desconfianza hacia los deseos del otro.
- De momento, no te ahogues, relájate y trata de disfrutar un poco del agua, yo
iré dejando de sujetarte poco a poco, para que veas que flotas por ti mismo,
trata de estirarte lo más posible y mueve manos y pies despacio, así...
Alex indicaba a Raúl cómo debía moverse para avanzar, aprovechaba para mover sus
manos acariciándolo disimuladamente, ambos estaban muy excitados, acababan de
evidenciarlo, pero tal como estaban en el agua, no podían ver la excitación del
otro. Raúl estaba encantado, le gustaba sentir aquellas manos que le sujetaban
acariciándolo, se sentía cada vez más confiado, trataba de seguir las
indicaciones de Alex y concentrarse en lo que estaba haciendo, pero aquella
sensación de sentirse en las manos de Alex, su propia excitación, el deseo de
seguir así y el miedo a no saber si aquel hombre sentía lo mismo que él, no se
lo permitían. A pesar de todo, conseguía avanzar despacio, lo que aprovechó Alex
para dejar que sus manos se hundiesen lentamente, el avance de Raúl hizo que su
pene erecto rozase la palma de la mano que Alex había dejado quieta.
Inmediatamente, la poca concentración que Raúl conservaba, se desvaneció, volvió
a hundirse.
Rápidamente Alex lo agarró para sacar su cabeza del agua. Raúl se abrazó a él,
nuevas toses...
- Lo siento Raúl, pensé que podías mantenerte a flote, pero...
- ¿Ves? Sólo sé ahogarme -dijo tristemente Raúl.
Seguía abrazado a Alex que retiraba el agua de sus ojos para que pudiese
abrirlos, esta vez se habían acercado tanto que ambos notaban su excitación bajo
el agua, sus penes estaban duros entre sus vientres casi pegados.
- Y ni siquiera el susto ha conseguido hacer desaparecer esta... Bueno, ya ves
que estamos igual. No quiero incomodarte, no sé qué me está pasando ¿Te molesta?
- Yo tampoco lo sé... bueno, nunca me ha pasado esto Raúl, no sé qué decir. ¿Tú
estás bien?
- Estoy como tú, también es la primera vez que me pasa esto así, pero no sé qué
decirte, estoy como... aturdido, pero despierto... Ya te digo que no sé... Quizá
sea el "efecto cascada" ése que has dicho...
- Sí, debe ser eso, por que si no, yo diría que...
Durante esta conversación incoherente, ambos se habían ido acercando, sus
cuerpos estaban pegados y entre sus caras apenas había espacio, sentían palpitar
sus sexos bajo el agua, y su respiración era más profunda, ya no hablaron más,
sus bocas se acercaban y se entreabrían y sus manos se atrevían a acariciarse
con un poco más de confianza. El silencio los envolvía mientras se fundían en un
beso lleno de pasión y de deseo.
Estuvieron así mucho rato, aunque ninguno sabría calcular cuánto, ambos
disfrutaban de todo aquello, el bosque con sus ruidos, el aire puro, el agua, su
propia excitación, el calor y el sabor de sus bocas, el tacto húmedo de su piel,
las caricias.
Su timidez y la sensación de posible rechazo les impedían ir mucho más lejos
pero querían seguir. Estaban embelesados... Se separaron un momento para
mirarse, incrédulos, sorprendidos, apenas consiguieron mantener la mirada un
instante. Alex comenzó a tiritar.
- Tienes frío, ¿no?. Disculpa, no me había dado cuenta, el sol comienza a estar
bajo y aquí a la sombra nos podemos coger un resfriado. Ven.
Raúl cogió de la mano a Alex y le llevó fuera del agua. Abrió su macuto y sacó
una toalla, la echó por los hombros de Alex y, frente a él, comenzó a frotarle
los hombros y la espalda, secándole.
- Bueno, parece que estamos... un poco idos ¿no? Llevamos un buen rato...
bueno... excitados, no sé si te pasa a ti lo mismo, pero a mí me gusta, nunca
había estado así con un hombre, no digo que en mi juventud no haya tenido
algún... bueno, ya me entiendes...
- Digamos "escarceo" ¿no? -Alex abrió su macuto y, sacando su toalla, la echó
sobre Raúl.
- Gracias. Sí, eso, tan sólo alguna furtiva masturbación, pero jamás había
estado así, como hemos estado en el agua... Espero que no te haya molestado...
- Claro que no, Raúl.
Iban cogiendo confianza, se miraban con una cierta sonrisa de complicidad, se
secaban mutuamente, lo que les permitía seguir acariciándose, seguían excitados
pero habían perdido el pudor. Raúl extendió su toalla en el suelo, Alex puso la
suya al lado. Raúl se sentó, mirando a Alex y sonriendo.
- Ven, Alex ¿has entrado en calor? ¿seguimos?
Se había sentado con las piernas abiertas y estiradas Y Alex se sentó entre
ellas, con sus rodillas sobre las de Raúl, se abrazaron, arrimándose, apretando
sus sexos entre sus vientres, mientras se besaban profundamente, los dos estaban
ya decididos a regalarse todo el placer de que fuesen capaces.
Se unían y se separaban, se miraban, parecía que se comían con los ojos cuando
dejaban de devorarse con las bocas, sus manos se perdían en el otro cuerpo y
disfrutaban de todas y cada una de las intensas sensaciones que se daban. Raúl
metió su mano entre ambos y agarró el sexo de Alex, comenzó a masturbarlo,
estrujándolo para que se lubricase, pasando su pulgar por el glande para
esparcir por toda la piel el abundante líquido transparente que asomaba por la
punta. Alex hizo lo mismo, se separaron un momento para mirarse bien, para
sonreír.
- ¿Te gusta Alex? A mí me está encantando, bueno, ya ves cómo me tienes...
- Es delicioso, estoy a punto de... bueno, que si seguimos no va a ser mucho
rato.
- Pues vamos, no quiero parar, yo estoy como tú...
Aceleraron el ritmo, Alex fue el primero, se estiró hacia atrás, suspiró y gritó
sin soltar el sexo de Raúl, y su pene escupió abundantemente sobre el pecho y el
vientre de Raúl. Pero su propio orgasmo no le impidió seguir masturbando a su
amigo, que tres golpes más tarde también se vació entre suspiros y la tensión
que había acumulado durante el baño.
Ambos se besaron, seguían agarrando sus sexos, pero los movían despacio, como
queriendo alargar aquel inmenso placer que acababan de sentir. Su beso era ahora
más tierno, más dulce...
- Comienza a anochecer, va a hacer frío, hay que preparar la cabaña para cenar y
dormir. ¿Tienes hambre?
- Sí, vamos, yo te ayudo.
- Bien, coge un poco de leña del montón que debe haber detrás de la cabaña, yo
voy a ver si está todo tal y como lo dejé la última vez. Pero antes voy a
lavarme.
Ambos se metieron un momento en el agua, y después de lavarse Raúl se dirigió a
la puerta, había cogido su macuto y buscaba la llave del candado en uno de los
bolsillos. Alex se perdió detrás, encontró la leña y cogió una brazada y entró
en la cabaña. Aunque por fuera parecía una cabaña abandonada, dentro estaba
limpia y ordenada, había una chimenea en el rincón opuesto a la puerta, una
estantería, una mesa y dos sillas eran todo el mobiliario. Por la pequeña
ventana entraba muy poca luz.
- Venga, enciende fuego Alex, mientras voy hinchando la colchoneta.
Alex amontonó ramitas finas sobre un trozo de periódico que había en un rincón
de la chimenea y prendió fuego al papel. Mientras Raúl pisaba rítmicamente la
bomba que iba dando forma a una colchoneta grande.
Enseguida creció el fuego, que iba alumbrando todo aquello, dándole un aspecto
muy rústico. La colchoneta estaba hinchada y se pusieron a calentarse con las
llamas, uno junto a otro.
- Bueno ¿qué quieres cenar Alex?. Tenemos... fabada o... fabada, JAJAJA.
- Pues fabada, que me hace falta recuperar fuerzas.
- Entonces calentaré una lata de fabada.
Abrió la lata apoyándose en la mesa, cogió una de las sillas, la puso frente a
la chimenea y dejó la lata junto al fuego, para que fuese calentándose.
Alex cogió la otra silla y fue a sentarse al lado de Raúl. Ambos seguían
desnudos, comenzaron a hablar, largo y tendido, de sus historias, de sus
experiencias, se sinceraron y reconocieron que era la primera vez que habían
estado con un hombre así, más de lo estrictamente necesario para "aliviarse".
Compartieron la lata sentados a la mesa, sin parar de hablar, de sincerarse.
Cuando terminaron, colocaron la colchoneta junto a la chimenea y se tumbaron. La
conversación fue haciéndose más dulce, el tono más sensual, comenzaron a
acariciarse muy despacio.
- No te lo he preguntado, pero ¿te ha gustado, Alex?
- Ha sido delicioso, de verdad que... bueno, me ha gustado tanto que estoy
deseando repetir.
- Y yo...
Seguían acariciándose, se miraban con deseo, a la luz inestable del fuego,
tumbados de lado, frente a frente y con sus bocas cada vez más cerca, sus manos
iban del vientre a la espalda, pellizcaban suavemente sus pezones, se besaron
profundamente, se arrimaron, se volvieron a excitar. Rodaron por la colchoneta,
apretándose y rozándose, sintiendo su calor, sus caricias, sus besos. Habían
roto el fuego y querían ir más lejos, confiaban el uno en el otro.
Alex había quedado debajo. Raúl estaba sobre él, moviéndose para rozar su piel y
sentir la dureza de Alex bajo su vientre. Tenía ambas piernas a los lados de
Alex, avanzó despacio hasta que el sexo de Alex saltó entre sus piernas, Raúl lo
sentía duro y caliente entre sus muslos y retrocedió un poco hasta que lo rodeó
con sus nalgas. Aquella sensación era deliciosa, comenzó a moverse y abrió al
límite sus piernas para sentir aquel glande terso y húmedo allí en medio de su
suave y caliente intimidad. Seguían besándose y eran perfectamente conscientes
de lo que hacían, disfrutaban con cada sensación.
Raúl se incorporó, agarró el sexo de Alex y lo frotó arriba y abajo entre sus
nalgas, sintiendo cómo se mojaba con él, lo colocó justo en su propio ano,
sentándose sobre él mientras Alex le sonreía y le animaba con la mirada. Entró
despacio, abriéndose paso dentro de su cuerpo. Parecía mentira, pero a pesar de
que era su primera vez, no sintió el dolor que se supone que debía padecer para
perder su virginidad, si no que disfrutaba de aquella sensación de plenitud,
aquel "tener dentro a su amigo". Se movía despacio, subiendo y bajando, haciendo
círculos, mientras miraba cómo las manos de Alex masajeaban su sexo.
Ambos aceleraban sus movimientos mientras gemían, se miraban con pasión y se
besaban entretanto, Raúl sintió que iba a llegar, agarró las manos de Alex para
que parase, quería seguir disfrutando de aquello un rato más. Alex se incorporó
y ambos permanecieron quietos un largo rato mientras se besaban para darse un
respiro. Querían llegar al orgasmo, pero el camino que les llevaba hasta el
placer final era tan estupendo que no querían que se acabase.
Respiraban hondo y acelerados, mientras sus corazones latían fuerte y muy
deprisa, Raúl se separó despacio, dejando a la vista el sexo de Alex, plantado
como un mástil. Se miraron sonriéndose y volvieron a acostarse uno al lado del
otro, como si volviesen a empezar de nuevo.
- Me encanta hacer esto contigo, Alex.
- Quisiera que no acabásemos nunca. Ven que te voy a...
Alex se puso sobre Raúl, rozándose con él y besándolo profundamente. Besó su
cuello y su pecho, lamiendo sus pezones. Besó su vientre, recorriéndolo
despacio, jugando con su lengua en el ombligo. Y siguió más abajo, lamiendo las
ingles de Raúl, que se retorcía literalmente de placer mientras jugaba con su
pelo. Retiró su prepucio y dejó al descubierto un glande terso y brillante, lo
lamió como si fuese un caramelo, para engullirlo después; mientras introducía un
dedo entre sus nalgas, buscando profundamente dentro de él.
Raúl comenzó a sentir que no podía más, aquel placer lo estaba derritiendo,
notaba demasiado próximo el orgasmo.
- Alex, cariño, si sigues me voy a correr...
- Sí, eso quiero Raúl, pero espera, deseo sentirte dentro antes.
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