La línea del tren
Hola!!! Mi nombre es Jhon, y siempre me ha gustado leer de esta pagina relatos, y por eso ahora quiero compartir con ustedes una de mis mejores vivencias. Para empezar mi edad es 20 años actualmente, yo soy de cabello largo negro y lacio, contextura media, ojos negros y piel blanca, donde vivo es en la provincia de San José, Costa Rica. Mi historia empieza un día del mes de septiembre del 2002, en el cual salí a trabajar, mi trabajo es hacer encuestas, y ese día andaba en otra de las provincias de mi país en Cartago. A eso del medio día decidí ir a un abastecedor a comprarme algo para tomarme, en lo que entré en el abastecedor, miré a un muchacho de no más de 18 o 19 años, según creía yo. El muchacho me llamó mucho la atención por su mirada que me hizo a la hora que entré en el abastecedor, aparte también me llamó la atención sus bellos ojos negros y su linda sonrisa. Él mide igual que yo, 1.80, es de contextura delgada, blanco y de cabello negro corto. Me acerqué a comprar un jugo para tomar y él me seguía mirando, me acerqué para comprar un panecillo prefabricado que calientan allí mismo, él me lo calentó y me lo entrego en mis manos. Ahí inició el primer contacto físico con él. Salí del abastecedor a comerme eso en la calle y cuando miré a la entrada del local vi que el muchacho estaba allí mirándome, y supuse que era que le gustaba, al igual que él me gustó a mí. Me acerque a botar la basura, y pensé en un pretexto para poder hablarle, el cual fue hacer referencia a la encuesta con la que andaba trabajando, esa encuesta era sólo para mayores de 18 años y que consumieran cerveza. Así lo hice:
- Hola, disculpe, mi nombre es Jhon, y ando haciendo una encuesta por aquí, ¿usted vive por acá?.
A lo cual él respondió que sí.
- ¿Cuál es su nombre?
- Federico.
- ¿Y usted consume cerveza?
- Sí.
- Ok. ¿Usted me ayudaría con la encuesta?
- Sí.
Esos dos minutos fueron maravillosos, los dos teníamos dibujada una sonrisa en los labios y nuestras miradas estaban fijas el uno en el otro. Mientras sucedía el transcurso de la encuesta, nos mirábamos y vacilábamos.
Federico- ¡qué rico ir a tomarse una cerveza!
Jhon– ¿Verdad que sí?. Desde hace días quiero tomarme una Budwaiser.
Federico– ¿Y qué te parece si vamos ahora?
Jhon- ¡Listo! Nos miramos acá. ¿A que hora?
Federico– 4.00 PM
Jhon– ok.
Ya tenía su número de teléfono, no podía creer mi suerte, haber conocido ese chavalo y salir a tomar con él. No paré de pensar en Federico en todo el transcurso de la tarde. A eso de las 3.30 comenzó a llover, y no andaba con ningún paraguas para protegerme de la lluvia, lo que hice fue irme a escampar al techo del abastecedor. También pensé que llegaría y lo vería allí y me diría que ya no podría ir o algo así, pero para mi sorpresa fue distinto.
- Hola Jhon!
- Hola Federico!
- Mira, voy a ir a mi casa a dejar esto y regreso en 10 minutos y nos vamos, ¿te parece, Jhon?
- Ok, me parece.
Yo no podía creerlo, realmente iba a salir con ese muchacho, qué suerte la mía. Al cabo de los 10 minutos llegó y me dijo:
- ¿Estás listo para irnos?
A lo cual respondí que sí. Lo que me agradaba de ese muchacho y a lo que vi más adelante es que él y yo compartíamos los mismos gustos de música, como el rock.
En nuestro camino me iba haciendo referencia de que quería dejarse crecer el cabello como yo, me contaba que tenía un arete en un pezón y que había tenido uno en la lengua y ceja, y yo le dije:
- Yo siempre he querido uno pero me da miedo.
- Pues mira... -me dice.
Y me muestra dónde lo tuvo en su ceja, también me mostró el arete que llevaba en su pezón, y yo con ganas de agarrárselo con la lengua. Pero calma, fue lo que me dije.
Cuando llegamos al centro del cantón, me dijo:
- Jhon, ¿nos compramos un six pack y vamos a La Linea del tren o vamos a un bar?
A lo cual respondí que fuéramos mejor al bar. Él aceptó, nos dirigimos al bar, entramos, había poca gente y pedimos una cerveza para cada uno y nos compramos nuestros cigarrillos, empezamos a intimidar el uno más con el otro, y me pregunta Federico:
- John, ¿tienes novia?
A lo que le respondí que no, pero por costumbre le pregunté:
- ¿Y tú?
Me respondió que sí... Yo quedé como un idiota, me sentí mal, me dije a mí mismo que estaba creándome historias falsas en mi cabeza, me sentí un poco incómodo, pero me quedé allí, charlando con él.
Seguía yo con la idea de que él era gay, pero ¿cómo averiguarlo?. Esa era la pregunta que me planteaba, después de tres o cuatro cervezas y de charlar sobre todo, sexo, drogas, mujeres,
música...
Las cervezas que ya me había tomado me animaron a averiguar si era gay, pero ¿cómo?. Se me ocurrió preguntarle:
- Oye, ¿qué es lo más loco que has hecho en una borrachera, Federico?.
A lo que me respondió:
- No sé, dime tú lo más loco que has hecho.
Esta era mi oportunidad perfecta. Le respondí:
- Lo más loco que he hecho fue una vez, que me emborraché, y tuve sexo con un chico...
Él se me quedó mirando, fijo, y pensé 'ahora sí metí la pata'. Para mi alivio, me respondió:
- Yo nunca he hecho eso, nunca he tenido relaciones con otro hombre.
- ¿En serio? -le dije.
- Sí, pero me gustaría.
Seguimos hablando del tema, yo ya estaba excitado con hablar con él de eso. Al rato, después de que se calmaran las aguas, le dije:
- ¿Realmente estás interesado en tener sexo con otro chico?
- Sí –me respondió.
- Si yo te dijera 'vamos a tener sexo' ¿qué me dirías?
- Pues te diría... vamos!
Yo en mis adentros no podía creer la suerte que tenía. Le dije:
- ¿Y a dónde vamos?
- ¿Te parece que subamos a la línea?
Yo quedé anonadado, pero le dije que sí. Salimos del bar, caminamos como 100 metros para llegar a la famosa línea.
Allí empezamos a adentrarnos, él caminaba delante mío, se le veía de espaldas un hermoso trasero, bien paradito, una espalda cuadrada, lo más rico.
Después de caminar unos 100 metros, para llegar a una parte bien oscura, no aguanté más y lo tomé de espaldas y empecé a
besarle el cuello, le di la vuelta y le planté un beso en su boca, rica, carnosa y apetitosa, al cual respondió, nos enpezamos a tocar todo, yo le tocaba ese trasero delicioso, él me tomaba por la verga, por encima del pantalón. Empezamos a desvestirnos allí mismo, cubiertos por la oscuridad, en medio de unos matorrales. Le bajé el pantalón, le subí esa camisa, que me mostró el pezón con ese sexy arete, el cual empecé a chupar, él mientras tomaba por primera vez entre sus manos un pene que no fuera el suyo. Le bajé el boxer que usaba y salió al aire un pene de buen tamaño, de 18 o 19 cm, grueso, rojito, apetecible para una buena mamada.
Él estaba disfrutando acariciando mi verga, yo disfrutaba tomando su culo con mis manos, mis dedos explorando ese culo virgen, que decía que estaba caliente. Como yo llevaba la iniciativa, me agaché, tomé su pene y se lo comencé a mamar, él se retorcía de placer, y yo gozaba teniendo ese buen pedazo de carne entre mis labios. Terminé de mamarlo y le di vuelta para mirar ese culo que iba a ser mío, era blanco, redondo, medio peludito, pero muy apetecible, comencé mordiéndole sus nalguitas, después seguí chupándole el ano virgen, se retorcía, gemía de placer, me levanté, lo tomé entre mis
brazos, lo abracé y le di un beso en esa boquita. Lo invité a agacharse a que me mamara, a lo cual él accedió muy gustoso,
comenzó a mamar de una forma muy inexperta, le corregí y siguió mamando como se merece, estaba como un bebé pegado a su mamila, chupaba y chupaba, era exquisito y excitante sentir el viento fresco rozando en tu espalda y trasero, mientras te dan una mamada como esa. Lo detuve, porque sentía que iba a reventar de excitación. Me dice:
- Quiero que me desvirgues.
A lo cual le dije que sí.
- Quiero sentir que soy tuyo.
Nuevamente me agaché, empecé a chuparle el ano y a meterle un dedo para que su hoyito comenzara a dilatarse, después de logrado eso, comencé por la puntita muy despacio para no hacerle daño, me pedía que se la metiera y así lo hice. Empecé a embestirlo despacio, pero según la excitación, eso fue aumentando, al punto que mis embestidas ya eran muy fuertes, sentía que me iba a correr, tenía un culito calentón y tragón, se tragó mi pene que mide 19 cm, y un poco más grueso que el de él. Le dije:
- Federico, me corro!
- Hazlo! quiero sentirte.
Así lo hice, me corrí en ese culito bien calentón, fue una corrida mortal, estaba exhausto, pero con ganas de más. Le saqué mi pene de su culito, él todavía no se había corrido, así que lo empecé a besar y a masturbar para que se corriera. Nuevamente me volví a excitar, ahora los dos nos regaríamos a la vez, empezó él a masturbarse como loco, yo le decía que quería sentir su lechita caliente en mi mano, y me
pidió algo que no pensé que llegara a pedir:
- Jhon, me gustaría que te regaras en mi boca.
A lo cual accedí, y le pedí lo mismo a él. Así lo hicimos, empecé yo a mamarlo, mamé como nunca lo había hecho, y después de varios minutos sentí esa delicia caliente pegando en mi garganta, yo chupé con mi lengua, exhalé para sacarla toda y así lo hice.
Él comenzó con su faena, fue mejor esta mamada que la anterior, y al igual mi corrida fue mucho mayor que la anterior.
Después de que me corrí, nos miramos a los ojos y nos fundimos en un beso apasionado, revolviendo el semen de ambos que teníamos en nuestras bocas, fue un momento lindo.
Después de terminar de allí, salimos, nos miramos y comenzamos a andar por la calle, salimos por un tiempo más, siempre me agradeció por haberlo ayudado a salir de su escondite y por enseñarle cómo disfrutar del sexo.
Lo repetimos por varias veces más, pero como dicen, toda historia bella tiene su fin.
La moraleja que les dejo, y en especial a los chicos de Costa Rica, es de que si un chavo llega y toca su puerta, y les dice que si les puede realizar una encuesta, digan SI, porque no sabes lo que podrá ocurrir...