EN EL SEMINARIO

Por el título, muchos os imaginareis que en los seminarios de curas o de frailes se vive una vida muy disoluta y bastante poco promiscua, pues bien, aunque no se parece mucho a lo que acontece en las películas, tampoco es todo vida de santidad y recogimiento.

Esto que os contaré a continuación me sucedió hace ya varios años, cuando yo cursaba estudios en un colegio de frailes que, a la vez, era seminario e igualmente internado para los seminaristas.

Nosotros, los internos seminaristas, teníamos nuestros dormitorios en las plantas más altas del edificio y anexo a ellos estaban nuestros baños y duchas, por supuesto en común, aunque había cortinillas para guardar un poco la intimidad.

Un día, al acabar nuestra clase de gimnasia, subimos para ducharnos, pero cual fue nuestra sorpresa cuando nos encontramos con que estaban arreglando unas tuberías que se habían estropeado. La mayoría optó por esperar, pero algunos fuimos más avispados y bajamos a los semisótanos, pues allí había duchas comunitarias para los estudiantes que no eran internos y que, al acabar sus partidos de fútbol o baloncesto se duchaban. Coincidió que ese día habían disputado un partido de fútbol el equipo del colegio contra otro colegio y esas duchas comunitarias eran un hervidero de cuerpos atléticos de alumnos mayores que nosotros, bastante mayores diría yo. Pues bien, yo cogí mi toalla y mi albornoz y allí me fui. Los frailes llevaban bastante a rajatabla que nosotros no bajásemos a esas duchas, puesto que teníamos las nuestras, pero en casos de fuerza mayor también podíamos utilizarlas. Este fue el caso. Yo me armé de valor, pues era casi un crío y bajé a ducharme. Como me daba un poco de corte, esperé hasta que la mayoría de jugadores se hubiesen ido y, cuando quedaban pocos, entré en las duchas. El vapor hacía casi invisible cualquier cuerpo, así que entré en una de las duchas, separadas por los laterales por muritos, y comencé a ducharme. Poco a poco el murmullo se fue disipando, así como el vapor. Yo, que estaba deseoso de ver carne fresca, miraba de reojo a ver si podía ver alguno de esos cuerpos que tanto ansiaba contemplar, pero poco a poco iban saliendo de allí entre bromas y fiestas. De tanto en tanto miraba sacando poco en claro, pero me extrañó que uno de los jugadores se demorase tanto, así que empecé a mirar cada vez más. Me daba bastante vergüenza, pues yo por aquel entonces era virgen de todos los sitios. Él advirtió que yo miraba, así que me deleitó con muchas y diferentes posturas para que yo contemplase aquel prodigio de cuerpo. Era bastante mas alto que yo, pues tendría unos 18 años y yo sólo contaba por aquel entonces con 14 ó 15. No muy moreno, pero así se advertía mucho más su virilidad, pues tenía un cuerpo muy bien formado de tanto deporte, el cabello negro azabache ensortijado y el vello justo, tanto en el pecho como por el cuerpo, excepto en el paquete, pues tenía una mata de pelo negro impresionante del que sobresalía un pollazo de impresión que colgaba muy sugerente y unos huevos hinchados y hermosísimos. Eso me pareció a mí que soñaba con tener un cuerpo así, aunque yo era nuevo en esas cosas, nuevo no, nuevísimo.

Salió de la ducha y comenzó a secarse exhibiéndose; yo, bastante atontado, no pude mantener la mirada y me di la vuelta, pero de tanto en tanto miraba. Cuando ya no pude contenerme me volví y lo admiré con el mayor descaro que podía. Él sonreía pícaramente y a mí se me hacía la boca agua. Se fue acercando hasta mi ducha y habló. ¡Qué voz! La de un buen macho que tiene ganas de marcha. Eso lo aprendí más tarde. 

- Hola, ¿tú estudias aquí? Pues no te he visto nunca. 
- No. -dije yo, ya no sabía ni contestar- sí, perdona, sí estudio aquí, pero no me has visto porque soy interno. 
- Ah, así que curilla, eh! -y su cara se iluminó- Claro, por eso no te había visto por aquí, en estas duchas. Me llamo Joel, ¿y tú?

Joel, dije yo, un nombre poco frecuente. 

- Yo me llamo Alejandro, bueno, Alex me llama todo el mundo. 

La visión de su cuerpo era ya como el éxtasis. De pronto entró en mi ducha y rozó mis nalgas mojadas con su mano y sin esperarlo me besó en la boca, yo me retiré porque para mí eso era pecado, je, je, je, qué iluso era en aquel tiempo, pero él, con bastante más fuerza que yo, me sujetó los brazos y me volvió a besar, a mí no me quedaba otro remedio que permanecer quieto como un muerto, pero noté cómo mi verga jovencita empezaba a crecer desmesuradamente, Joel miró y se echó a reir.

- Vaya, vaya, parece que estás calentito! 

Yo no sabía qué decir ni qué hacer. Era mi primera vez y con 15 años, así que le solté de sopetón: 

- Estás buenísimo! 

Y me quedé tan ancho. Él comenzó a reír, pero se fue serenando y bajando la voz. 

- Te gusta, eh! -me dijo- pero estás como un flan! 

Yo temblaba por el tremendo nerviosismo que tenía. 

- Es que tengo miedo que venga algún cura -dije yo, y me tapó la boca con su mano. 
- No hables -dijo Joel- ¿lo has hecho alguna vez?
- No -contesté. 
- Vale, no te preocupes pero no hables mucho que nos pueden oír. 

Con una maestría impresionante, llenó mi cuerpo con sus besos, sabía bien cómo y dónde besar, yo en mi impericia, me derretía a cada beso, a cada roce, a cada susurro suyo. Mi cara no tenía ni un lugar que no hubiese besado, después continuó con mi cuello y ahí se esforzó porque me dejó un chupetón impresionante (eso os lo contaré en otra ocasión), sus labios raspaban por la incipiente barba que tenía, pero a mí eso me producía mucho más placer; fue bajando por mi pecho deteniéndose en mis tetillas, Joel sabía hacerlo bien, muy bien, besaba pero al mismo tiempo mordisqueaba produciéndome una sensación de dolor y de inmenso placer; bajó besando por los lados haciendo que mi cuerpo se convulsionase hasta que llegó a mi paquete, no era muy grande en aquel tiempo, pero sabía reaccionar muy bien a las lecciones que estaba recibiendo de ese semental. Lamió con gula mi vello y rozaba incesantemente mi polla que reventaba y mis huevos que se hinchaban por momentos. De un sólo golpe se tragó mi polla y yo vi las estrellas, era la primera vez que me la mamaban y me resultaba delicioso, estaba en el séptimo cielo. Yo me dejaba llevar. Joel se retiró de golpe y se quedó mirándome, vi en sus ojos la ternura de tener un niño a tu cuidado, de enseñarle cosas que no sabe, y me besó en los labios, fue un beso suave, muy suave y dulce; yo me agaché, quería tener su olor de macho en mi cara, quería besar y mamar esa polla que me parecía grandiosa, pero él me agarró de los brazos y me levantó. 

- No, -dijo- por ser tu primera vez quiero que me folles, quiero que el estreno sea todo tuyo, quiero que explotes en mi culo y recuerdes cómo te follaste a un tío en tu estreno. 

Yo no sabía cómo reaccionar, mi polla estaba bien lubricada por su tremenda mamada y él estaba chorreando sudor y agua de la ducha, se dio la vuelta y se inclinó hacia adelante, pero tuvo que agacharse un poco porque yo no llegaba. Pasó su mano por debajo de su paquete y agarró mi verga, la puso en la entrada de su culo y en un susurro dijo 'empuja', yo lo hice sumisamente y mi polla entró de un golpe, Joel comenzó a moverse, a empujar hacia atrás y en esos empujones me arrastraba, la naturaleza hizo el resto y tras un breve periodo que me pareció eterno, yo empujé todo lo que pude y me vacié dentro de él. 

Permanecí inmóvil y él lo notó y esperó alargando mi placer, hasta que poco a poco se irguió, se dio la vuelta y me volvió a besar con un pequeño roce en los labios. Yo estaba atontado, no sé si por la corrida o por la irrealidad en la que me encontraba, parecía que estaba soñando. Pude ver que su gran polla volvía a pender lánguida y alargué la mano, pero Joel me agarró y me dijo que no quería, que ese momento era mío. Salió de la ducha, se vistió y desapareció. Yo me quedé inmóvil, pero el bullicio del exterior me hizo reaccionar, me vestí a toda prisa y subí corriendo las escaleras hasta el dormitorio; me senté en mi cama y me quedé en blanco. Al poco rato, eso creo porque estaba soñando despierto, pasó por allí el tutor, un cura, y me dijo:

- Vístete rápido que tienes que ir a misa. 

Como imaginareis no sólo la misa, sino un día y otro día y así unos cuantos, los pasé recordando lo que me había sucedido.

Los días siguientes, en el recreo, yo miraba a todas partes con la intención de encontrar esa cara conocida y poder ver ese cuerpo que me había iniciado, pero no había forma de encontrarlo, hasta que fui reaccionando y me acomodé de nuevo a la vida del internado.

A nosotros no nos dejaban salir del colegio, pese a vivir en una ciudad no excesivamente grande pero tampoco pequeña, una ciudad preciosa, pero de vez en cuando, algún sábado o domingo nos dejaban dar una vuelta, eso sí, a las ocho debíamos estar de regreso en el colegio. Una de esas tardes, íbamos paseando unos cuantos compañeros, cuando de repente vi, a través de unas cristaleras de un bar, una cara que me resultó muy conocida. Efectivamente, era Joel que estaba con otros chicos. Yo sugerí a mis compañeros entrar en el bar a tomar algo a lo que ellos accedieron. Nos sentamos en una mesa y pedimos nuestras consumiciones. Joel no miraba hacia nosotros, así que tenía que ideármelas para que se diese cuenta de que yo estaba allí. Me levanté y les dije a mis compañeros que iba al baño, pasé estratégicamente al lado de Joel y me di un pequeño encontronazo con su hombro, él me miró y se sorprendió de verme allí, yo me disculpé por el golpe y seguí caminando hacia el baño. Era demasiado raro que él se levantase de su mesa y fuese también al baño, así que se tiró parte de su refresco de cola por encima de su camiseta y, con la excusa de limpiarse un poco fue al baño. Al entrar me encontró allí, yo le sonreí y él hizo lo mismo, se acercó y me besó como sólo él me había besado. 

- Tenía ganas de verte -me dijo. 

Yo por poco me caigo de la impresión, pero acerté a contestar. 

- Llevo buscando tu cara entre todas las del colegio todos los días en el recreo y nunca te encuentro. 

Joel puso un dedo sobre mis labios haciéndome callar y dijo. 

- No te preocupes, yo te buscaré, ahora sal del baño y no te preocupes que pronto nos veremos. 

Salí del baño entre decepcionado y nervioso y volví a mi mesa. Nos tomamos nuestras consumiciones y nos fuimos. Allí quedó Joel con sus amigos.

Al día siguiente, en el recreo, cuando salíamos al patio, divisé ese rostro ansiado. Joel estaba sentado en la escalinata de salida. Se levantó y vino hacia mí, yo estaba con algunos compañeros míos, pero él me dijo de frente: 

- Ven conmigo, tenemos que hablar. 

Mis compañeros se extrañaron pero siguieron caminando y dijeron que ellos se adelantaban. Joel caminó en dirección a recepción y a los jardines delanteros y yo le seguía como un perrito faldero. Salimos a los jardines y empezamos a pasear. Yo no sabía qué hacer, pero él dijo: 

- No te preocupes, no hables, te tengo que decir varias cosas y espero que te gusten. 

Sus palabras eran como un premio para mí... pero eso os lo contaré más adelante.



Espero que el relato os haya gustado. En breve os contaré más cosas de esa etapa de mi vida, pero os aseguro que es el hombre más dulce que he encontrado hasta ahora y que sigue siendo mi primer gran amor, del que todavía sigo enamorado, aunque hace muchos años que no nos vemos.

Joel, fuiste el primero. Me enseñaste el amor con tus besos y el placer con tu cuerpo. Nunca te olvidaré. 

Tuyo siempre, Alex.



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