Y a tí, te encontré en la calle
 

Billy, espero que si algún día lees mi relato, este te guste y que de alguna manera
haga honor al cariño que nos tuvimos, al amor que me diste. Sé que te fallé al final,
sé que aún me esperas...

Yo, me muero cada día un poco, deseando estar contigo, tenerte de nuevo en mis
brazos, estoy loco por ver de nuevo tu sonrisa.
 

 Ya sabes que te quiero.

Es curioso cómo te conocí, llegué a Nicaragua de voluntario, con una ONG. De esas
que se dedican a salvar el mundo, salvando incluso a los que no quieren ser salvados.
Mi intención era simple, quería ayudar en lo que pudiera a la gente que estaba
sufriendo las consecuencias de la catástrofe provocada por el huracán Micht.

Para mí fue un choque brutal, llegar desde Madrid, desde la vida de lujos y consumo a
tu aldea, en el norte de Nicaragua, en la zona más castigada por la catástrofe. Pasar
del asfalto al lodo, de los Pubs y discotecas, a las pulperias y a las cantinas. Lo que
más me chocó sin duda fue el poco valor que tiene la vida, en tu país. Mi vida cambió
radicalmente. Muertos, violencia, armas, asaltos, machetes, pasaron de pronto a ser
palabras usuales en mi vocabulario.

La primera imagen que conservo tuya, no la olvidaré nunca, estabamos un grupo de
voluntarios repartiendo ayuda alimentaria, en un barrio castigado por las inundaciones,
todo era lodo; el barro cubría las casas hasta una altura de 2m. Tú estabas entrando y
saliendo de lo que quedaba de tu casa, sacando los enseres que podías,  para que tu
madre los fuese limpiando, estabas cubierto de lodo, apenas si se veían los dos
luceros que tienes por ojos. Vestías solo unos calzoncillos ajustados, que goteaban
agua lodosa, tus piernas largas y juveniles enseguida llamaron mi atención. Desde
hacia un buen rato, estaba observándote, incluso te hice algunas fotos, mientras con
mis compañeros avanzábamos casa por casa, acercándonos a la tuya. Imagino que
nos viste, porque cuando estábamos prácticamente en tu casa decidiste ir hacia la
pila a bañarte.

¡Ni te imaginas lo que sentí, al ver que sin ningún tipo de tapujo, te quitaste la ropa,
(si se le puede llamar ropa al calzoncillo que portabas), y comenzaste a bañarte!

Al ver que te desnudabas y que comenzabas a limpiarte el barro, con una naturalidad
tal que hacia pensar que estabas sólo en el mundo, mi cuerpo reaccionó y mi erección
fue visible a distancia. Aluciné ante tu inocencia y falta de pudor, una combinación que
siempre fue explosiva para mí. Al verte por fin libre de lodo, tuve claro que las flores
más hermosas siempre crecen entre la basura.

Los siguientes días, tu colonia (barrio), fue mi favorita, para ir a entregar ayuda, me
gustó ayudar a limpiar las casas y las calles, no me importó que fuera un trabajo
agotador, paleando el lodo acumulado por la inundación. Me gustó trabajar a tu lado,
observándote a placer, no tuve que hacer ningún esfuerzo para conocerte, tu sonrisa
me invitó a hablarte, tu belleza, tan atrayente, fue un imán de cuya fuerza no pude, ni
quise huir. Cada vez que terminaba la jornada, por muy dura que esta hubiera sido, yo
tenia mi premio, asistiendo a tu baño, viendo como lentamente te despojabas del
calzoncillo, dejando en libertad tus partes más intimas. Cuando el agua corría
lentamente por tu cuerpo, bajando desde tu hermosa cabeza, recorriendo tu pecho, tu
estómago, llegando hasta tu sexo, yo quería ser agua, para acariciar tu cuerpo con la
suavidad y dulzura que tu cuerpo demandaba. Al darte la vuelta, y ver el agua
recorriendo tu espalda y luego suavemente bajando entre tus nalgas, entrando en los
rincones más amados por mí, yo, simplemente era una estatua, incapaz de moverme,
incapaz de respirar, pendiente de todos tus movimientos.

Ahora creo que tú sabias que te observaba con deseo, la sonrisa que me dedicabas
al terminar de bañarte, la exhibición que me prodigabas, enseñándome cada rincón
de tu cuerpo, enjabonándote, o mejor dicho acariciándote con el jabón. Ahora sé que
lo hacías a propósito, para volverme loco. Lo conseguiste.

Hice lo posible para conocerte mejor, fumamos juntos hablando de tonterías, los
momentos libres de trabajo, te busqué para bebernos un refresco juntos, conocí a tu
familia, a tus hermanos y a tu madre, que estaba conmovedoramente agradecida por
la ayuda que los españolitos aportábamos. Pero todas mis buenas intenciones de
ayudar se fueron borrando de mi mente, conforme tu ocupabas cada día más espacio
dentro de ella. Mis sueños, fueron llenándose de ti, cuando lograba conciliar el sueño,
mi cuerpo ardía de pasión, mi temperatura subía con solo acercarme a ti.
¡Eres tan hermoso!

15 años, moreno, con ese moreno de piel que sólo los descendientes de los mayas
pueden tener, eres del color del otoño, hermoso como un parque lleno de hojas caídas.
Tienes una piel suave, limpia, incluso cuando estás lleno de lodo, tus líneas suaves
hacen que mis manos se tiendan hacia ti, calientes, deseosas de acariciarte. Quiero
abrazarte durante el resto de mi vida, quisiera sentir para siempre tus labios
besándome. El brillo de tu mirada cuando me sonríes, consigue que todo mi ser se
enerve reaccionado violentamente ante tu belleza.

El trabajo en común, hizo que naciera entre los dos la confianza, hablamos de muchas
cosas, de nuestros gustos, de las costumbres de nuestros respectivos países, de lo
que nos gustaba comer, de nuestras aficiones...
Así llegamos al tema de la pesca, a los dos nos gustaba ir a pescar, y un día... al
terminar nuestro trabajo, nos marchamos juntos hasta la playa, en el día más
memorable de mi vida como pescador. ¡Capturé mi mejor presa! ¡A ti!

Subimos juntos al carro de la ONG. Y después de una hora recorriendo caminos casi
intransitables, que nunca conocieron el asfalto, llegamos hasta la playa, a un lugar
solitario, lo cual no fue muy difícil de conseguir, ya que la costa caribeña nicaragüense,
apenas si está poblada. Enseguida lanzamos nuestros sedales al agua, y nos
sentamos juntos en la arena, con una cerveza cada uno, tú celebraste con grandes
gestos mi invitación a cerveza, en eso te pareces un poco a todos los nicas... cuando
comienzas a “tomar”, no eres capaz de parar hasta que caes redondo al suelo. Tras la
tercera cerveza, ya no pudiste soportar durante más tiempo la ropa y rápidamente te
desnudaste, para ofrecer al sol poniente la belleza de tu cuerpo. El mar se alegró de
recibir tu cuerpo desnudo, imagino que Neptuno, el Dios de los mares, estaba allí,
gozando de ti. Mientras tanto, yo era incapaz de mover un solo músculo, todo mi ser,
toda mi alma, estaba concentrada en mi mirada, ya que no podía acariciarte con mis
manos, mi mirada acariciaba cada rincón de tu cuerpo. Me ofreciste la escena más
hermosa que nunca ningún hombre pudo ver, cuando lentamente salías del agua,
acercándote a mí, con tu cuerpo lampiño, tu piel morena, brillando gracias a las
caricias del sol que iluminaba las gotas de agua que se negaban a abandonarte.

No pude resistirlo durante más tiempo, lentamente acerqué mi mano a tu pecho y
comencé a acariciarte, enseguida tuve tu respuesta, tu verga se levantó, alcanzando
unas dimensiones dignas de elogio, al ver tu estado, te miré a los ojos y te sonreí. Tu
mirada tenía un brillo pícaro, y tu sonrisa me anunciaba placeres infinitos.

- Mámamela.

Fueron las únicas palabras que pronunciaste.
Lentamente, fui bajando mis manos por tu pecho, acariciando tu estomago,
disfrutando de la suavidad de tu piel adolescente, mis dedos se enredaron en los
únicos pelitos de tu cuerpo, alargando el momento, retrasando el glorioso momento...
 

Tu erección aumentó de tamaño, podía sentir el calor que irradiaba tu cuerpo y yo...
sentía como dentro de mí, desde lo más hondo de mi ser, el deseo aumentaba,
golpeándome,  logrando que ya no fuese capaz de pensar, todo mi ser estaba
concentrado en mis manos, que no pudieron resistir por más tiempo el estar alejadas
de tu hermosa verga. Recta, larga, gruesa, con el glande sonrosado asomando por la
piel, que se movía a cada latido de tu corazón, como si tuviera vida propia. Mientras mi
mano derecha acariciaba tu dulce verga, subiendo y bajando por ella,
acostumbrándose a su tacto, conociéndola; mi mano izquierda se apoderó de tus
bolas, consiguiendo un “quejío” de placer, cuando las apreté.

Te besé la boca, disfrutando de tus rojos y carnosos labios, te besé el cuello, bajando
desde tu cara, te besé en el pecho y en el estómago; besé tu pubis, varias veces, y por
fin besé tu verga, la punta, bajando sin  parar de besarte hasta  tus pelotas que metí
dentro de mi boca. Tus suspiros anunciaban  el placer que estabas recibiendo, mis
manos acariciaban tus nalgas buscando tu agujero, lentamente sin dejar de besarte la
poya, fui dándote la vuelta, acariciándote, llenándome de ti. Cuando vi frente a mí tu
culo moreno, redondo, vi que tenias la piel de gallina, (engrifada, que dicen por tu
país), comencé a besar con pasión tus nalgas, acariciando las piernas, la verga,
mis manos subieron y bajaron recorriendo todo tu cuerpo, mientras mi lengua
buscaba tu raja, tu agujero. Conforme fui acercándome a tu agujero, te fuiste
lentamente inclinando hacia delante, separando las piernas, facilitándome el
llegar más dentro de ti. Terminaste de rodillas en el suelo, con el culo empinado,
ofreciéndome el altar de mis deseos.
Disfruté como un loco de tu sabor, metí mi lengua en tu agujero durante largos minutos,
pasándola por tus bolas, volviendo a meterla, besando tus nalgas. Con mi mano te
sacaba hacia atrás la verga, para besarla y lamerla en toda su extensión.

Me dolía la poya, excitada como nunca dentro del calzoncillo, hice un alto, y me
desnudé, tú no cambiaste de posición, seguías con tu culito levantado hacia mí,
mientras me mirabas, sonriendo. No lo dudé, no te pregunté, simplemente metí
suavemente la punta de mi aparato, en tu culo. Costó un poco de trabajo que
entrara mi glande, que es grueso y creo que te dolió un poco, pero estabas tan
caliente como yo y de tu boca, tan solo salían suspiros y quejidos que hacían que
me excitara aún más. Poco a poco, te fue entrando toda, poco a poco fui
acelerando el ritmo de mi penetración, mientras mis manos no dejaban de
acariciar tus piernas que me volvían loco, tu espalda, tu pecho, tu verga. Te
besaba el cuello y no dejaba de penetrarte cada vez mas adentro, hasta que
me vacié dentro de ti. Con una explosión de gozo que no creí posible. Sin duda
la mejor corrida de mi vida. No la saqué de tu culo, tampoco bajó mi erección,
agradecido por el placer que me habías proporcionado, mis manos te
masturbaron hasta conseguir que tú también te vaciaras.
 

Esa noche tuve el mejor premio que he recibido en mi vida, tu beso en mi boca, y tu
abrazo, tierno, lograron que toda mi vida mereciera la pena, con tal de disfrutar de ese
momento.

Ya casi había anochecido, y la escasa luz te hacia más hermoso aún, no hizo falta que
 habláramos, simplemente te tumbé en el suelo hacia arriba, y me metí tu poya en mi
culo, violentamente, disfrutando del dolor de una penetración violenta, rápidamente me
la saqué y me tumbé boca abajo, ofreciéndote mi trasero, que tú no dudaste en
aceptar. Recibí con gozo tu leche, que no tardó en llegar, disfrutando del peso de tu
cuerpo sobre mí y de la inexperta penetración que me ofrecías.

Nos quedamos toda la noche en la playa, disfrutando del mar, del sexo y de nuestro naciente amor. Repetimos muchas más noches nuestras excursiones de pesca, sin
que nos importara que algunos envidiosos comentaran que cuando íbamos a pescar,
nunca traíamos peces. Fue sin duda una temporada gloriosa, en la que te confesé mi
amor y en la que tú también me dijiste que me querías.  Nuestra despedida fue dura
para los dos, y sé que dudabas de mis palabras, cuando te prometía que volvería a
visitarte.

Ha pasado un año, en todo este tiempo no he podido olvidarte, cada noche en mi
cama miro tus fotos y te recuerdo, cada mañana al despertarme te añoro en mi cama.
No quiero conocer a nadie más, solo te quiero a ti. A veces de pensar que estás con
otro me vuelvo loco de celos. Pero no me queda más remedio que esperar y trabajar,
trabajar como un robot, acumulando dinero, para poder ir este verano a verte.

Pronto cumplirás, 17; y  después vendrán los gloriosos 18, y te podré traer conmigo,
a mi casa, para que no volvamos a separarnos nunca. Para que nunca vuelva a
despertarme en la soledad de mi habitación.
 

¡Te quiero Billy!
 

Foso.
fosofoso@latinmail.com