En la mili

Ya queda lejos el tiempo en que los muchachos hacían la mili, que si bien era un tiempo perdido, para otros era una oportunidad de salir de casa y de hacer nuevas amistades. Bien, comenzaré mi relato que es la historia que me ocurrió con un chico que estaba haciendo la mili. Yo vivía para ese entonces en una pequeña ciudad de provincia donde me había alquilado un piso por motivos laborales. En el mismo rellano había otro piso donde vivía una familia con tres hijos, uno de ellos estaba haciendo la mili y de vez en cuando llegaba con algún compañero, así fue como llegó Jose Luis, un muchacho que transmitía en su mirada una alegría inmensa, tanto que cuando sabía que había llegado a pasar el fin de semana con el hijo de la familia, yo me acercaba a tomar café, bueno, siempre iba a tomarlo pero cuando sabía que había venido no fallaba. Así fue como empezamos a saludarnos y nada más, además era un chico muy educado, tanto que le animaba constantemente a que estudiara, pues sólo con el graduado no era suficiente para un chico tan inteligente, pero a él lo que le gustaba era trabajar de camarero y para eso no necesitaba estudiar. Sucedió una de esas tan buenas casualidades que ocurren alguna vez en la vida y el buen muchacho quiso llegar un día por sorpresa a visitar a su compañero que estaba de quince días de permiso y claro precisamente ese fin de semana la familia había salido a pasarlo en un pueblo de la sierra. Allí me vi al muchacho esperando sentado en el rellano para ver si llegaba alguien, le pregunté que qué era lo que hacía, a lo que me respondió que le habían dado un pase por nota y se había venido desesperado porque no aguantaba más, y que al parecer no había nadie. Yo lo tranquilicé y le expliqué que no esperara a la familia, que no llegaría, pero que no se preocupara, que pasara a la casa, él no estaba muy convencido o al menos eso quiso aperentar. Entró y le sugerí que se podía dar una ducha y poner la ropa en la lavadora, ahí sí puso una cara de felicidad de las que acostumbraba a tener siempre. Le dije que se acomodara, que yo iba a salir a comprar algo para la cena y a alquilar una película al video club mientras él se duchaba, y así lo hicimos. Al regresar puse la ropa en la lavadora, preparé la cena, cenamos y después nos pusimos a ver una película, al terminar nos fuimos a nuestras respectivas habitaciones que se enfrentaban por la galería de tal manera que desde la ventana de una habitación se podía ver la otra. Tomé la precaución mientras él entraba en el aseo de bajar la persiana de mi habitación de tal manera que quedaran los huecos suficientes para poder ver por ellos, además no encendí la luz. Al momento llegó a su habitación, quitó el cubrecama y se dispuso a desnudarse, se quitó la ropa y quedó en slip. Aquello era un buen espectáculo pues el chico tenía un cuerpo de las mil maravillas, bien formado, con unas espaldas anchas, unas piernas gruesas y contorneadas, unos pectorales que sobresalían con una esbeltez impresionante, y lo que era de cine, sus abdominales, de esos que parece que sólo salen en las revistas. Encendió un cigarrillo y se puso a fumar junto a la ventana, aquello era como si estuviera programado, una escena tan inocente y tan erótica que me ponía a más de mil. Cuando terminó de fumar, sin apagar la luz se acostó mirando al techo como meditando y comenzó entonces a acariciar suavemente su cuerpo, lo hacía lentamente, como si tuviera todo el tiempo del mundo y como si tuviese que inspeccionar cada parte de su cuerpo, además daba unos giros con los dedos como si estuviera grabando una escena de masturbación, sus pechos los tocaba contorneando los pezones y daba círculos con la mano alrededor del ombligo bajando por su paquete y acariciando la entrepierna de tal manera que poco a poco se le iba abultando el slip que aprisionaba su miembro, así que introducía la mano, lo acariciaba un poco y después lo dejaba dentro y seguía acariciándose. Así estuvo por un buen rato, después comenzó a moverse sensualmente con pequeños giros y torsiones mientras acariciaba todo su cuerpo e iba quitándose poco a poco el slip quedando totalmente desnudo. Movía la cintura y sujetaba con los dedos índice y pulgar su pene de tal forma que apenas lo tocaba pero se veía cómo quedaba el glande al descubierto y cómo se volvía a cubrir a cada ida y venida de la cintura, después fue agarrando su pene con la mano completamente y ahora sí la comenzaba a mover, primero fue despacio y después más rápido, de vez en cuando dejaba unos segundos todo quieto como inmóvil, hasta que volvía otra vez a la misma operación, cogió la almohada y se la puso encima moviéndola de arriba a abajo, después se puso boca abajo y se puso a moverse como si estuviera penetrando, cada vez que apretaba se le marcaban los músculos de los glúteos y su redondez era extremadamente excitante, con esa espalda ancha y musculada y sus piernas gruesas. De repente se volteó y quedó viendo al techo y quieto con las piernas abiertas, así estuvo un momento hasta que movió lentamente el brazo, con su mano comenzó a sacudir el pene que estaba muy erecto, aunque era de un tamaño normal su erección era completa, sacudía y sacudía, subía y bajaba, yo observaba como si me estuviera masturbando a mí y cada movimiento lo sentía en mi pene, pero sin darme cuenta yo había eyaculado y él seguía con el movimiento, parecía como que nunca fuera a terminar, se le notaba el cuerpo sudado y su brazo tenso marcando todos los músculos como si estuviese haciendo una demostración de bíceps, al fin dio una sacudida, quedó quieto y entonces surtió un chorro de semen que le llenó del pecho al vientre. Así quedó unos momentos, respirando profundamente, y luego se levantó y se limpió, quedando desnudo mientras encendía otro cigarro y se asomaba a la ventana a tirar el humo. Cuando terminó de fumar se acercó al armario, comenzó a mirarse en el espejo de cuerpo entero como si él mismo se estuviera seduciendo, se acercó al espejo y comenzó a sacar la lengua como si se estuviera dando un beso y tocaba con las manos el espejo como si a otro yo estuviese acariciando. Se separó un poco del espejo para poderse observar mejor, hacía movimientos con la cintura viendo cómo su pene bailaba al ritmo del movimiento de arriba, abajo, de lado y dando círculos, hasta que con tanto movimiento el miembro había tomado nuevamente posición de guerra y esta vez estaba dispuesto a terminar pronto porque comenzó con la mano a darle el sube y baja con mucha rapidez, cada vez más rápido, así estuvo un buen rato. De vez en cuando se paraba como a descansar y enseguida proseguía el movimiento rápido, hasta que consiguió eyacular y lo hizo en la mano, y lo más sorprendente es que teniendo el semen en la mano en forma de cuenco comenzó a absorberlo y después a chupar la mano provocativamente hasta que ésta quedó completamente limpia. Después cogió la toalla y se fue a dar una ducha, yo simplemente alcancé a ver cómo se duchaba porque dejó la puerta abierta, pero me fui a acostar en cuanto cerró el chorro de la ducha.

Al día siguiente nos encontramos en la cocina para el desayuno, él estaba muy sonriente y yo bastante confundido y nervioso, tanto que no sabía muy bien si todo había sido verdad o si parte había sido un sueño. Se despidió hasta otra ocasión que viniera a ver a su compañero. Pero la vuelta la dejo para otra ocasión porque es la más interesante. 

Si les gustó el relato les contaré después lo que ocurrió y como no todo son historias de ficción sino que también la fortuna nos puede sonreír algún día, espero vuestros comentarios.

Roberto Martínez
martinez_sierra@ozu.es
Valencia (España)