La sesión de entrenamiento había sido larga
y extenuante para José Luis
aquel día. Se acercaban las competiciones de invierno
y la meta era repetir
los buenos resultados de la temporada anterior.
Por eso habían practicado más de tres horas
con el entrenador y los otros
seis integrantes del equipo.
El equipo del Colegio San Ignacio tenía fama de
exigente y para los
muchachos era un verdadero honor integrarlo, considerando
que había dado
varios campeones nacionales.
El actual entrenador del equipo había sido miembro
del equipo cuando
estudiaba y participó en las Olimpiadas de Munich
en representación del
país. No obstante, aparte de su amor por la natación,
a José Luis le gustaba
la práctica por que podía satisfacer una
insaciable necesidad de ver cuerpos
como los de él: jóvenes y hermosos. En
las duchas y vestuarios se excitaba
viendo como se desnudaban y se ponían esos ajustados
bañadores de competición.
En su casa se masturbaba recién llegado recordando
las figuras de sus
compañeros y pensando que bueno sería que
la polla de Miguel se metiese en
su trasero o dar una chupada a la de Pedro.
Al terminar la práctica, como de costumbre, escucharon
los comenatrios y
recomendaciones que les hacía el entrenador y
luego se fueron a los
camarines a ducharse y vestirse. En eso estaba, dándose
una exquisita ducha
con agua caliente, cuando pudo percatarse que casi todos
ya se habían ido y
que Pedro se despedía con un hasta mañana.
Prolongó la ducha, hasta que
sintió que alguien entraba a la sala y se quedaba
mirándolo. Era el
entrenador que lo observaba cuidadosamente.
José Luis se sobresaltó y cerró
la ducha, pero el entrenador le dijo que
continuara, que no había problema, a lo cual José
Luis se quitó lo que
le quedaba de jabón y se puso la toalla a la cintura,
y se dirigió a los
vestuarios, donde comenzó a secarse y buscar su
ropa. Sólo se había puesto
los calzoncillos cuando notó en su hombro la mano
firme del entrenador, que
le hizo estremecerse como si hubiera recibido una descarga
eléctrica:
- Tienes un buen cuerpo, José Luis- , le dijo
el entrenador,
a lo cual este respondió con un "gracias profesor",
nervioso y
entrecortado. Le quitó la mano del hombro, pero
al hacerlo recorrío con
sus dedos la espalda, lo cual provocó un nuevo
estremecimiento en el
muchacho de 17 años, que volteó para ver
como el entrenador salia por la
puerta y se despedía con un movimiento de manos.
José Luis se quedó impresionado y angustiado
por el suceso y durante los
días siguientes tuvo una sensación de curiosidad
y también de miedo por lo
que había sucedido. Le preocupaba que sus amigos
y compañeros se enteraran
de aquello. El ya había participado en conversaciones
donde esos mismos
compañeros afirmaron que jamás saludarían
ni se relacionarían con gente
con esas inclinaciones. La estricta disciplina del colegio
era muy celosa
de toda conducta que supusiera una violación al
rígido código moral que
buscaba formar "ciudadanos de bien" y "hombres de verdad".
Para nadie era
un misterio la expulsión de un alumno que tenía
una conducta impecable pero
que fue sorprendido con fotos de desnudos masculinos.
El era miembro de una conservadora familia y para él
tenían dispuesto un
futuro como Ingeniero y un paso fundamental era que aprobara
con
calificaciones excelentes el bachillerato y que tuviera
un desempeño
deportivo ejemplar. Con el paso de los días sus
inquitudes se disiparon
porque el entrenador no se preocupaba mayormente de él
y nadie hizo
comentarios sobre el incidente.
Todo parecía volver a la normalidad cuando un
nuevo incidente vino a
inquietar su espíritu. Un día, viernes,
cuando estaba con Pedro y Miguel
en los vestuarios, antes de iniciar la práctica,
llegó el entrenador y
tras saludarlos les dijo a los tres que mañana
en la noche debían ir a su
casa, que tenía una sorpresa. Pedro y Miguel respondieron
que allí estarían,
pero José Luis no dijo nada, pensando que eso
era muy extraño y que sus
padres tenían una visita familiar y se molestarían
si él no estaba presente.
Al concluir el entrenamiento cuando estaba en las duchas
con sus compañeros,
llegó el entrenador y cruzó algunas palabras
con Pedro y Miguel y otro
muchacho llamado Iñigo, los cuales salieron del
recinto dejando sólo al
profesor y José Luis, quien se intranquilizó.
Su nerviosismo aumentó cuando vió acercarse
hacia él al entrenador, quien
se puso junto a él, en la ducha y dirigió
sus manos hacia el trasero y le
dijo al oído "Te espero mañana" y se fué.
José Miguel no dijo nada a sus padres, pero cuando
se acercaba la hora
decidió solamente salir con rumbo a la casa del
profesor, con una mezcla
de curiosidad y temor. Llegó a eso de las 21:15
horas a la discreta casa
del profesor y notó que adentro ya estaban Pedro
e Iñigo y un poco después
de él lo hizo Miguel. El profesor les ofreció
bebidas y se entretuvieron un
rato conversando sobre competiciones futuras y viendo
un video con imágenes
de las últimas en las que participaron. Cuando
ya iban a ser las 10:00 de la
noche, la conversación estaba fluída y
distendida y el profesor puso un
nuevo video, pero esta vez no contenía imágenes
de nadadores, sino de otros
jóvenes practicando algo más completo que
ese deporte.
José Luis vió como sus compañeros,
sin disimulo comenzaron a desabrocharse
vaqueros y camisas. Pedro introdujo la mano en la entrepierna
de Miguel y
éste le retribuyó ayudandole a quitarse
la camisa.
Casi sin darse cuenta Iñigo estaba haciendo lo
mismo con él, mientras el
profesor ya estaba desnudo y atraía a los muchachos
hacia el dormitorio de
la casa. En un momento todos estuvieron en la cama o
sobre el piso,
acariciándose completamente desnudos: Iñigo
hacia lo suyo con José Luis,
mientras el profesor acariciaba las rubias bolas de José
Luis y de Miguel.
La vorágine de caricias fue forzando la adopción
de nuevas posturas, que
calentaron más el ambiente. Pedro y Miguel hacian
un 69 tirados en la cama,
mientras en un borde de la misma José Luis acariciaba
el cabello de Pedro en
tanto Iñigo le chupaba las bolas. Ya era casi
media horas de caricias,
sobadas y mamadas, cuando el profesor tomó suavemnete
de las caderas a
José Luis y lo puso a cuatro patas sobre la cama,
le aplicó abundante
lubricante en el trasero y comenzó suavemente
a horadar el hoyo negro de
José Luis, nunca tocado por nadie antes.
A José Luis le pareció que introducían
una bombona de butano en su culo y
se cogió su polla y la frotó, lo cual fue
interrumpido por Iñigo que se
instaló bajo él y comenzó a hacerle
una felación que le pareció increíble.
Para que el gozo fuera mayor, Pedro, con su formidable
cuerpo y su gran
polla se puso frente a su rostro. Las manos del compañero
ayudaron para
que ese poderoso miembro llegará hasta las amígdalas
de José Luis, que
parecía que se iba a desmayar por las sensaciones
que recibía y que
estremecían toda su humanidad. El profesor continuaba
con movimientos
cadenciosos y esa gran pija iba conquistando más
terreno en el cuerpo
del muchacho, que sentía como su propia polla
parecía estallar por las
succiones que le daba Iñigo y él mismo
se esforzaba en lograr de Pedro.
Cuando llego el moemnto, todo fue un estallido de gritos,
movimientos y
semen esparcido por todo su cuerpo. Quedó bañado
en el líquido masculino
y siguío así mientras Pedro y Miguel lo
acariciban y frotaban y él se
estrechaba a su profesor con un gran beso.
La noche continuó y no faltó célula
en el cuerpo que no sintiera el placer
total. Exhausto, la noche concluyó cerca de las
cuatro de la mañana.
Los días siguientes la fiesta continuó
y cada vez fué mejor.
El equipo de natación logró los mejores
resultados de la historia.
Todos decían que tenía gran espíritu
de compañerismo y un gran entrenador.
Y José Luis estaba de acuerdo.
Autor: Juan Bautista