Esclavo de ese macho
 

Les voy a contar un historia real. Paso cuando habia terminado la secundaria
y me fuí a Lima a seguir mis estudios. Yo tenía 16 años y todavía era virgen. Pues,
un sábado decidí visitar las tiendas y recorrer las plazas limeñas. Para mi sorpresa,
me encontré con un amigo de mi colegio. Este era uno de los chicos más atractivos
del aula: Robusto, tostado, buen trasero, unas piernas fuertes y musculosas, pero
sobretodo, una imagen bastante varonil y de macho. Siempre me ponía nervioso
esa pose de macho dominador. Yo siempre lo miraba a hurtadillas, no puedo negar
que me gustaba. Yo soy bastante masculino también, era bastante discreto, nadie
en ese entonces, en la etapa escolar, sabía de mis inclinaciones, yo mismo aún me
las negaba, tenía algunos prejuicios. Cuando veía a mi amigo fastidiando a las
muchachas de otro colegio (el nuestro solamente era de varones), lanzandoles
piropos, yo me sentía muy mal.
 

Cuando me fuí a Lima, nunca pensé encontrármelo. Ese sábado nos saludamos
efusivamente y me animó a ir un bar para celebrar el encuentro. Debo decir que
dada mi discreción, en nuestras conversaciones, tragos van, tragos vienen,
incluíamos historias de mujeres, bromas pícaras que la verdad algo me decía que
lo ponían caliente a mi amigo. Esa mirada cachonda, y ese bulto que se le hacía en
la bragueta me llevaba a desear desconocidas e imposibles situaciones. En ese
momento, deseé ser mujer, hasta mis pezones adolescentes se endurecieron. De
pronto deseaba como loco, y embriagado, que mi amigo me tomara y que aplacara
su arrechura. Pero eso estaba fuera de toda discusión, pensé.
 

Luego de unos minutos pues ya era tarde, quedamos en ir a un prostíbulo al día
siguiente. Pero esa noche pasamos por su casa. Allí seguimos tomando un poco
más, y como ya era demasiado tarde, mi amigo dijo que mejor me quedaba allí.
Se lo dijo a su hermana mayor, de unos 25, que aún veía televisión. Y nosotros
pasamos a su cuarto.
 

El encendió una luz tenue y me dijo que podía dormir en el suelo. Tendí una
frazada, y yo como si nada, empecé a desvestirme. La bebida me volvió desinhibido,
me quedé en calzoncillos y me cubrí con la frazada. En eso mi amigo dijo que no había
problema si dormíamos los dos allí. El corazón me comenzó a latír fuerte. Pero no
pensé más allá. Sin embargo, me sorprendí grandemente cuando mi amigo se quedó
en calzoncillos y al acercarse pude ver un bulto bastante pronunciado debajo de él.
Ya para ese momento yo tenía ya la verga parada al cien. Era un hermoso sueño
hecho realidad, tenerlo a mi lado, y hasta allí no más iba a llegar, pensé. Estuvimos
hablando casi en susurros de cosas del colegio. Pero ese cacharro debajo de las
sabanas no se me quitaba de la mente. Yo no lo escuchaba, la verdad, quería
agarrarlo, palparlo, pero sobretodo, sentir lo que se siente tocar una verga de
hombre, ese bulto de sus calzoncillos.

En eso, no me aguanté más y como una putana, estiré la mano y se la toqué
simulando más borrachera, casi como una casualidad. Para mi estupefacción, la
tenía tiesa como un fierro, lo cual significaba que algo quería conmigo, o ¿no? El
siguió hablando como si nada, al parecer no le disgustó para nada que se la tocara.
Y sin pensarlo dos veces, me agaché y la olí. Era una pieza gorda y mediría como
18 cms. Era gorda y fuerte, olía como a licor, olía a hombre, a orin de hombre
caliente, y viendo ese glande morado, me atolondré ante tal manjar y lo seguí oliendo
para capatar la esencia, su esencia. Me apetecía tanto esa verga delante de mi
rostro, que me lo eché a la boca sin pensar. Lo engullí como un lobo ansioso, y
enseguida puder saber del sabor rico de ese hombre, de su verga que tantos
insomnios me había costado. Lo engullí y lo chupé como si al chuparlo me adueñara
de él, de esa parte que tanto había escondido entre sus piernas, de ese bulto que
me negaba la sociedad. En esos momentos su verga era mía, eso es lo que más
me importaba, y estaba en mi boca y a él al parecer no le disgustaba la idea. Era
mía, y si a los primeros segundos lamí con una especie de temor, ahora la
mamaba como un experto. Que palo tan delicioso, jugoso y a la vez duro como un
fierro, que olor. Lo lamí de arriba abajo, y luego bajé a esos huevos colgantes como
dos naranjas. Jalé suavemente de esos vellos púbicos y hasta me comí algunos con
desperación. Le lamía las bolas como un perro, las olía, le lamí los pelos. La verdad,
me deseperaba demasiado esa pinga gorda, que, si hubiera sido posible se la
hubiera cortado con los dientes de tan sabrosa que estaba. Me acomodé un poco
más en la cama, y me puse en medio de sus piernas mientras él acostado miraba
el techo en silencio. Le lamí esas piernas musculosas y velludas, qué trofeos, qué
delicia, mías, solo mías, en esa noche caliente. Me bajé y hasta le lamí los pies,
pies que varias veces los ví cubiertos por sus botas.
 

Después subiendo mi lengua por sus rodillas, por sus muslos, le lamí los rincones que
quedan entre sus huevos y absorbí ese sudor rico. Caldo de hombre que me alocaba.
Brujería viril que me perdía, nectar maravilloso que succioné hasta la última gota. Volví
a lamer ese fierro de carne una vez más, mi boca sonaba a esas alturas como la de un
niño. Yo era el niño, esa era mi teta. Que rica teta. En aquellos instantes, como nunca
había sentido en la vida, deseé enormemente que atraversara mi culo. Es que mi culo
me latía, el hoyo de mi esfiger se abría y se cerraba como jamás había sentido, me
pedía a gritos esa pinga de macho. Por ello, estaba dispuesto, me dije, a
experimentar cualquier dolor. Así que me quité el calzoncillo y me acosté delante de él.
Entonces traté de metérmelo. A él no le desagradó pues al poco rato, daba sus
movidas que ayudaban a introducir ese chorizo en mis malgas.
 

Sentí enseguida un dolor, un dolor inmenso que atravesaba mi hoyo, pero la idea de
que fuera él, de poseer ese rico miembro, me llenaron de placer, un placer enorme, y
el dolor despareció. Cuando mi hoyo quedó a punto. El se movía más y más, y yo, ay
que rico, papi, con gusto te doy mi culo. Toma papi, es tuyo, siente como una mujer no
te ha hecho sentir. Dame esa verga gorda, siente que con gusto te doy placer. Y él,
luego, calentísimo por mis movidas y mis palabras, me agarró y me puso en cuatro.
Yo con mis manos apoyándome en el piso, ay que dolor, pero que placer también. Le
dí todito mi culo, que rica sensación de sentir sus huevos grandes golpeándome las
nalgas, que emoción de ver en un espejo a lo lejos, sus nalgas que se movían, esas
nalgas redondas de hombre que siempre había soñado en mi detrás. Que ricura sentir
que allí, justo atrás mío, estaba ese macho que tantas veces había deseado.
El imposible, el llorado. Dame papi, le decía, rómpeme ese culo, golpea, golpea!, soy
tuyo. Es tuyo, siempre este culo ha sido tuyo. Y El golpea y golpea fuerte con esa verga.
En eso que la dá. Que delicia, siento su líquido caliente, largo, que corré por mi hoyo,
ahora sí, soy suyo, le pertenezco. Era como si hubieran pasado días y días de
abstinencia para él. Y en ese mismo instante supremo en que sentía sus raciones de
leche, mi culo lo apretó más aún, como queriendo tragárselo, tanto que sin necesidad
de correrme, la dí. Di como nunca había dado, lechada tras lechada. Hasta la última
gota lo esprimí y me la esprimí de solo pensar en su verga, de solo ver en el espejo sus
nalgas. El apenas aguantaba la risa, pues ya había eyaculado y daba jadeos
entrecortados de placer. Luego de eso, le volví a lamer la pinga, como un subdito le
limpié la polla con mi boca, como un siervo otra vez se la mamaba hasta sentirla
nuevamente dura.

Esa noche nos tiramos tres polvos, así sin hablar. Pero, antes de dormir, mi amigo
me abrazó y me recosté en su pecho. "Quiero que algunas veces te vengas a dormir
conmigo, ¿podra ser?", "Claro", dije "claro". Que feliciadad. No me importaba más
nada. Mi culo ya era esclavo de ese macho. Desde esa vez, todas las veces que él
ha querido me ha ido a buscar para tirarme. No importa si alguna vez lo había visto
con una mujer en el pasado, y no quiero saber del presente o futuro, pues
interiormente sé que culo comelón como el mío, no hay. Yo soy varonil, totalmente
masculino, y atractivo, nadie sabe lo mio. Pero definitivamente mi culo por esa pinga
gorda y rica se rinde por los siglos de los siglos.


Si gustan pueden escribirme. Agradezco los comentarios de los lectores.

fernandohombre@aol.com