Esclavo
Hola, quiero contarles lo que me pasó por curiosidad cuando tenía 25 años. Ahora tengo 30, pero lo recuerdo como si fuera hoy, creo que me marcó.
Un día chateando por internet entré a un sitio gay, y puse como nick 'esclavo', sólo para calentarme con lo que me decían, pero empecé a hablar con un tipo de unos 30 años que me pareció confiable, evidentemente me pudo convencer y no sé ni cómo ni por qué le di mi dirección y lo invité a venir. El tipo se apareció, no estaba mal, media 1,77 aprox., delgado, morocho, buen físico, parecía amable,
así que no dudé en dejarlo pasar. Yo nunca había hecho eso, así que no sabía cómo comportarme, nos sentamos en la sala y le pregunté qué quería hacer, él también se mostraba tímido, me contestó que yo dijera qué quería, le aclaré que era un juego y que yo sería su esclavo. Al minuto comenzó a ordenarme que me quitara la ropa, toda la ropa, a lo que accedí, me quedé parado frente a él, que me observaba sin hablar; me pidió que me masturbara, comencé a hacerlo, todo el trato era cordial y sin violencia, lo que hizo que yo empezara a relajarme y sentirme más confiado. Al rato se desabrochó el pantalón y sacó una hermosa pija de unos 18cm bien dura, me dijo que me arrodillara y que se la chupara, me arrodillé y comencé a meterme ese tremendo pedazo en la boca, a partir de allí comenzó a cambiar su actitud, creo que se sintió más confiado, se sacó la ropa y me dijo:
- Vení para acá, puto de mierda, que vas a ver lo que es un amo.
No me pareció mal, ya que eso era parte del juego, me dio vuelta y empezó a jugar con mi cola, así en seco intentó meterme un dedo, grité de dolor y esto parece que lo excitó más. Les aclaro que a pesar de la edad que tenía, mi cola era virgen.
- ¿Te duele? -me preguntó.
- Sí, mucho -contesté.
- No sabes lo que te va a doler después...
Yo seguía pensando que era un juego y le seguí la corriente.
- Chúpate bien un dedo -me ordenó, cosa que hice- ahora métetelo bien adentro.
Lo chupé y comencé a meterme un dedo.
- Mételo y sácalo, vamos, más rápido.
Cuando ya me entraba bien, me ordenó que chupara mi dedo, lo hice tímidamente, confieso que con un poco de asco, ahí me dio vuelta y me metió su dedo, yo no lo veía pero sentía que intentaba ya meterme otro. Me dolía mucho y le pedí que parara, a lo que me contestó:
- ¿Me estás jodiendo, pelotudo? puto de mierda! sos mi esclavo y hago lo que quiero!
Me agarró del pelo y me tiró sobre un sillón, sacó una cuerda, no se de dónde, y empezó a atarme las manos al respaldo del sillón dejándome inmovilizado. Yo no sabía qué pensar, no sabía si jugaba o la situación se me había ido de las manos. Así, atado como estaba, quedaba mirando al respaldo del sillón agachado con mi cola apuntándole, me abrió bien las piernas y ató cada una a las patas del sillón, así no podría cerrar mi cola. Ya me encontraba a su merced sin posibilidad de resistirme a nada. Comenzó a meter sus dedos y opté por relajarme para no sentir dolor, primero uno, luego dos, luego tres y ya no sé qué sentía. Mi cola estaba ya bien abierta y sentía su mano entrar y salir, en eso siento que en menos de un segundo saca su mano y tira mi cabeza hacia atrás, tirándome del cabello, y mete su mano sucia en mi boca, fue una sensación horrible, comencé a escupir y me dieron náuseas, nunca había hecho algo semejante, me enojé y le dije que eso no era parte del arreglo, que se había equivocado, que ya basta, que me soltara, que no quería seguir.
- Discúlpame -me dijo- no sabía, ¿te sentís bien?
Eso me tranquilizó un poco y le dije que sí, que me dejara lavar. Me soltó, me fui a lavar y cuando volví lo vi como arrepentido, y le dije que estaba bien, que no pasaba nada. Me preguntó si seguíamos, y no sé qué tenía que te convencía facilmente, y dije sí. En ese momento me dio vuelta y sin decirme más nada me dijo:
- Agáchate.
Y me metió ahí mismo su verga bien dura de un sólo saque, y comenzó a bombear a lo loco, tanto fue que al minuto yo estaba acabando en cantidades insospechadas. Cuando terminé lo miré como si ya termináramos y me dijo:
- Quédate quieto, que esto recién empieza.
Nuevamente me ató las manos y los pies y me tiró boca arriba sobre el sillón, se sentó arriba mío y me metió su pija en la boca
cogiéndome por la boca con la misma violencia que lo había hecho con mi culo, unos instantes
después me dijo:
- Puto, me parece que te estás aburriendo.
- No -le contesté.
- Trátame con respeto, mierda, a mí me decís 'Sr'.
- Bueno, está bien.
- Sí sr, te dije, pelotudo! -y me dio una bofetada.
- ¿Qué haces?
- Hablas mucho! -me dijo, y sacó una cinta ancha y me la pegó en la boca.
Eso ya no me gustó, me dejó atado y fue hacia la cocina de donde trajo algunas cosas, sacó unos broches de ropa y me los puso en los
pezones, eso sí que dolía, pero lo peor no llegaba, mi pánico comenzó cuando encendió una vela; yo no sabía qué quería hacer. Me puso boca abajo y me
metió la vela en la cola como si fuera un candelabro, el cebo chorreaba quemando mi cola y yo no podía gritar, me sacó la vela y me la pegó en la espalda, mientras él
metía nuevamente su pija dentro mío, el cebo caía y me quemaba y él con mucha violencia me poseía, era interminable.
Al rato me sacó la vela y me puso nuevamente boca arriba, pensé que ya terminaba pero parece que nunca pensaba acabar, mis pezones seguían con los broches y estaban morados, me los quitó y sentí alivio, sin sospechar que recibirían el cebo caliente. Me quitó la cinta de la boca y pegué un grito desgarrador y le dije:
- Basta! basta, por favor!
- Te dije que hablas mucho, putito, cagón! -y me metió nuevamente la pija en la boca.
Sentado sobre mi pecho y levantándome la cabeza por mis cabellos me cogía la boca sin parar, no sé cuánto duró, ya todo era interminable, se fue nuevamente a la cocina y cuando volvió me dijo:
- Si te portas bien, terminamos.
- Sí, Sí, por favor, me porto bien -le dije.
Entonces me levantó, me desató y me hizo inclinar en una banqueta, yo pensaba que me la metería otra vez y terminaría, ya mi cola estaba acostumbrada a su tamaño, así que no me dolería, pero para mi sorpresa sacó un pepino que había traído de la cocina que era enorme, dos veces su pija y anchísimo, cuando lo vi me puse blanco.
- Ahora quédate quietito y si no decís nada, termino.
Me incliné sobre la banqueta, cerré bien mis ojos y apreté mis dientes para recibir ese tremendo pedazo en mi cola, me lo acercó lentamente y lo sentía frío, lo que hacía que mi cola en lugar de abrirse se cerrara, causándome así más dolor; él no se inmutó y mientras orinaba sobre mi espalda, empezó a forzar su entrada, sentía como si me desgarrara, no puedo expresar el dolor, hasta que sentí ese pedazo dentro mío, mis gritos se ahogaron creo en un desmayo. Cuando reaccioné estaba tirado en la sala con el pepino aún dentro mío y mi cola sangrando, mi "amo" se había ido dejando una nota que decía:
- Si no sabes no juegues, chau, puto de mierda.
Esta experiencia me marcó para toda la vida, me hizo desconfiado, ahora sólo salgo con chicos menores que yo y nunca volví a repetir esa actividad de esclavo, me volví muy cariñoso y cuido mucho a mi pareja por temor a que sienta la violencia que yo sentí. No se lo deseo a nadie, cuidado con quien salen.
Si quieren contactar conmigo, manden mails a fernancito2001@yahoo.com.ar
Soy de Argentina.